Año VII
La Habana

22 al 28
de MARZO
de 2009

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Plácido

Esquema biográfico

 

 

1809

Marzo 18. Nace en el No. 14 de la calle Bernaza, en La Habana. Sus padres: Concepción Vázquez, bailarina procedente de Burgos, España; y el mulato Diego Ferrer Matoso, peluquero del teatro Principal.

Abril 6. A los 19 días de nacido es depositado en la Casa de Beneficencia, presumiblemente por la madre. Según la partida No. 1600 del Libro de Bautismos de esa institución, fue bautizado en esta fecha y se le puso por nombre Diego Gabriel de la Concepción Valdés. El documento agrega: “niño al parecer blanco”.

A los pocos meses es retirado —probablemente por el padre— de ese centro benéfico y pasa a vivir con la familia paterna, al cuidado de la abuela y las tías.

1819

Hasta los diez años no asistió a la escuela. Su primer maestro fue el popular educador Pedro José del Sol, cuyo colegio radicaba entonces en la calle Amargura. De ahí pasaría Plácido al Colegio de Belén y, más tarde, a El Ángel, donde recibió clases de Francisco Bandarían, otro pedagogo importante de su tiempo.

1821

De este año son los versos más antiguos de Plácido —hasta donde se conoce—: el soneto “Una hermosa”, fechado por el testimonio del poeta Ignacio María de Acosta, contemporáneo suyo. Se dice que muy tempranamente improvisaba cuartetas y décimas.

La mayoría de sus biógrafos coincide en que por esta fecha entra Plácido al taller del renombrado retratista habanero Vicente Escobar para aprender pintura y dibujo.

1823

Aunque en fecha imprecisa había iniciado su vida laboral en una carpintería, en este año comienza a trabajar en la imprenta de José Severino Boloña, considerada la segunda en importancia entre las que entonces existían en La Habana. El vínculo con este destacado impresor —quien, además, era aficionado a la poesía— le posibilitará entrar en contacto con personalidades y sucesos significativos de la cultura cubana.

1825

Inicia labores de peinetero en la platería de Misa, en la calle habanera de Dragones. En pocos meses se convierte en un sobresaliente artífice del carey, asombrando a las jóvenes que solicitan sus peinetas.

1826

Procurando mejor mercado para sus productos artesanales, se traslada a Matanzas con su amigo y maestro en el oficio, Nicolás Bota. Juntos, abren un taller en Jovellanos no.4 entre Río y Medio. Aquí permanecerá algo más de cinco años, ganando popularidad por la calidad de sus peinetas y acaso también por los versos que improvisaba entre amigos.

1832

En busca de mayores posibilidades económicas, vuelve a La Habana. Aquí vivirá una intensa pasión por Fela, joven negra de condición libre, de la que Plácido se enamora perdidamente.

Vuelve a laborar en la platería de Misa. Inicia relaciones amistosas con el poeta Ramón Vélez, quien le presentará a otros intelectuales de ese tiempo: Ignacio Valdés Machuca, Manuel González del Valle y Francisco Iturrondo. Este pequeño grupo de amigos comenzará a sugerirle lecturas y a colaborar en su formación literaria mediante consejos y críticas.

1833

Muere Fela como consecuencia de la epidemia del cólera que azota a La Habana. El dolor de Plácido es inconsolable y quedó reiteradamente expresado en sus versos: 4 sonetos (3 fechados en 1834) y una elegía, entre otras más que se refieren al infausto acontecimiento.

1834

26 de enero. Bajo el seudónimo de Plácido se publica en la pág. 3 del Diario de La Habana un escrito titulado “Una observación al autor o autores del artículo sobre la nueva ópera italiana, inserto en el Noticioso y Lucero de La Habana el 19 del presente mes”. En el texto se expresa contrario a las críticas que en ese período le hicieran a Adelaida Pedrotti, cantante de aquel conjunto, aunque su autor se declara “ignorante de las reglas que forman un buen músico” y también reconoce su “insuficiencia en el divino arte de la música”.

4 de febrero. Publica en el Diario de La Habana un soneto: “Breve contestación al taquígrafo, autor del comunicado impreso en el Noticioso y Lucero del día de ayer…”

8 de febrero. Una oda suya, “A la proclamación de nuestra Augusta Soberana Doña Isabel II de Borbón”, rodeada de otras de diferentes poetas habaneros —entre ellos, Ignacio Valdés Machuca— adorna la primera página del Diario de La Habana.

19 de abril. Firmado por Fela, aparece un romance suyo “Al insigne poeta Don Francisco Martínez de la Rosa”, en las páginas 2 y 3 del Diario de La Habana.

27 de abril. Se concluye la impresión del folleto titulado Aureola Poética al Señor D. Francisco Martínez de la Rosa, por las musas del Almendares, contentivo de 13 composiciones poéticas de igual número de líricos habaneros que homenajean al colega y jefe del gobierno español. Ocupando las páginas 45-50 aparece “La Siempreviva”, de Plácido.

1 de mayo. En la estancia “Las delicias”, en las márgenes de Arroyo Apolo, proximidades de La Habana, se realiza un festín campestre literario en el cual se celebra la partida hacia España de la nave que llevará a Martínez de la Rosa el volumen contentivo de los versos dedicados a él por los poetas cubanos. En este certamen, presidido por el italiano Pablo Veglia, los participantes leen sus composiciones. Plácido inicia el recital leyendo “La Siempreviva” y Veglia lo corona con una guirnalda puesta en las sienes del cantor.

10 de mayo. El periódico matancero El Pasatiempo publica versos suyos: una octava que aparece en la página 3.

10 de junio. Publica en El Pasatiempo su letrilla “La luna de enero”.

Se publica su elegía titulada “El lirio”, incluida en la Corona fúnebre a la memoria del Excelentísimo Señor Don Ángel Laborde…, salida de la imprenta de José Severino Boloña.

1835

19 de abril. Ve la luz “La resurrección”, primeros versos de Plácido que aparecen en La Aurora de Matanzas.

1836

Se traslada a Matanzas y comienza a trabajar en la platería de Dámaso García. Unos meses después (?) firmará contrato con el periódico La Aurora, comprometiéndose a entregar un número determinado de poesías a cambio de 25 pesos mensuales.

Octubre. Primer indicio de un proyecto de publicar sus poesías. Algunos historiadores se han referido, al respecto, al acuerdo logrado entre el poeta y el impresor habanero José Severino Boloña, abortado finalmente por la negativa del cantor a ser retratado con casaca y corbata. Pero, al parecer, existió también otra propuesta, la cual se deduce de una carta de Domingo del Monte a José Luis Alfonso: “Te he suscrito a la edición que se va a hacer en Matanzas de las Poesías de Plácido, aquel mulato poeta, peinetero, autor de La Siempreviva a Martínez de la Rosa”. A la postre, ninguna de las dos empresas fructificó.

Diciembre. Según el testimonio de su amigo, el periodista y botánico Sebastián Alfredo de Morales, encontrándose trabajando en la platería —cita en Jovellanos entre Medio y Río— es visitado por José María Heredia, quien se encontraba de tránsito en la Isla, en visita familiar y que enterado de su popularidad fue a conocerlo unos días antes de su partida. Se dice que el Cantor del Niágara lo invitó a irse a México en procuración de un ambiente más ancho y libre; pero que Plácido se negó, alegando no poder vivir fuera de Cuba, y que finalmente le hace llegar al poeta desterrado su poesía “El eco de la gruta”, en pliego cerrado, para que lo abriera solo cuando se encontrase en alta mar.

1837

21 de febrero-10 de marzo. Se publica en La Aurora su poesía “A Lesbia. La separación”, la cual da pie a una polémica entre el poeta y José Entralgo Mendoza (alias Belcore), desarrollada entre el 26 de ese mes y el 10 de marzo. El incidente se inicia cuando Belcore publica una crítica a la composición de Plácido, señalándole un hipérbaton oscuro y mal usado, así como un verso cojo y otro duro y fatigoso. El 2 de marzo el poeta acusa a su rival de imaginación mezquina por atender a “cosas pueriles” y le pone ejemplos de detalles similares en Cadalso e Iriarte. Entralgo vuelve a la palestra el día 5 y, herido por la ironía de su contrincante, le señala nuevas flaquezas; como que “(…) tres gerundios, uno tras otro, y en versos, saben a chicharrones de sebo”. Y aunque advierte que ni dará ni admitirá contestaciones, Plácido vuelve a publicar el 10 un curioso texto donde demuestra que domina cuestiones básicas de gramática y lexicografía; terrenos en los cuales —vale aclararlo— se ha movido la polémica, mucho más que en asuntos medularmente poéticos.

4 de marzo. Se publica en La Aurora su soneto “Lo que yo quiero”, considerado con posterioridad por la crítica como uno de los mejores e incluido en algunas antologías con el título “A una ingrata”.

13 de abril. Ve la luz en La Aurora su composición “A la señorita Doña Virginia Cardi, por su inimitable ejecución de los Caprichos en el arpa”; oda en la cual —según estudiosos— el poeta se autocritica al reconocer que posee dos maneras de hacer versos, una de ellas solo para agradar:

No con aquella degrada lira

de ingratas cuerdas y oropel cubierta,

con que tan sin razón y sin justicia

aplausos suelo prodigar, malgrado

de mi fiel corazón, en voz ficticia,

celebraré tu mérito elevado;

sino con aquel plectro

libre de la lisonja y la impostura(…)

1838

En la habanera publicación El plantel, editada por Ramón de Palma y José Antonio Echeverría, aparece “El poeta envilecido”, composición poética de José Jacinto Milanés que ha sido, por más de siglo y medio, centro de una aguda polémica, al afirmar Domingo del Monte, en 1844, que aquellas estrofas retrataban a Plácido. En 1880 Federico Milanés negó públicamente que su hermano hubiese escrito esos versos pensando en un modelo particular, pero la crítica histórica más juiciosa concuerda en que esta poesía es vivo reflejo de la actuación lírica del poeta mulato.

7 de noviembre. Anuncia La Aurora la suscripción a las Poesías de Plácido. El prospecto de la obra comenzaba así: “Bien conocido es ya de todos los amantes de la bella literatura el talento verdaderamente poético con que plugo a la naturaleza agraciar a este joven, cuyas obras han sido acogidas con entusiasmo y leídas con aplausos y admiración general”. La circular estuvo insertándose en este periódico hasta el 31 de diciembre. Entre los suscriptores, amén de poetas e intelectuales, aparecieron personajes de la nobleza como el marqués de Villalta y varios condes: de Casa Bayona, de O´ Reilly y de Mopox y Jaruco.

1839

23 de febrero. Se publica en La Aurora  su romance “Jicotencal”, juzgado por críticos cubanos y extranjeros como su mejor composición. En opinión de Marcelino Menéndez y Pelayo, es “magistral y primoroso” y “Góngora no lo desdeñaría entre los suyos”. Raimundo Lazo lo calificó de antológico.

7 de mayo. Muere en México José María Heredia. El suceso inspirará la composición poética de Plácido “La malva azul”, la cual —según afirmación de Domingo Figarola Caneda— se publicó por primera vez en la Gaceta de Puerto Príncipe, en este año.

15 de julio. Se informa en la página 3 de la Aurora de Matanzas que se encuentra a la venta el volumen de Poesías de Plácido, cuya suscripción se iniciara desde el año anterior: “Vencidos los obstáculos que por bastante tiempo se opusieron a que viesen la luz pública las producciones del célebre poeta que tanto honra la literatura cubana, nos congratulamos (…) al verlas anunciadas en nuestro periódico”.

Se entrevista con el general del Ejército mexicano, Don Andrés de la Flor, nacido en Cuba y ahora de visita en Matanzas, tras un largo exilio causado por su participación en la Conspiración separatista de la Gran Legión del Águila Negra. Como ocurriera con Heredia, Plácido le entregó una poesía, rogándole que la leyera solo después de abandonar la Isla.

1840

Febrero. El poeta se traslada a Santa Clara, ciudad donde permanecerá alrededor de diez meses. Allí laboró en la platería de Juan Bautista Moya, primero. Después consiguió empleo en la imprenta que publicaba El Eco de Villaclara, en cuyas páginas vieron la luz varias poesías suyas, entre ellas su soneto “El Juramento”.

Regresa a Matanzas a fines de ese año.

El escritor español Jacinto Salas y Quiroga publica en Madrid su libro Viaje a la isla de Cuba, en el cual relata su visita del año anterior a la Antilla y ofrece los primeros criterios sobre el poeta mulato vertidos fuera del continente: “Plácido es un hombre de genio por cuyas venas corre mezcla de sangre europea y sangre africana, un peinetero de Matanzas, un ser humilde por el pecado de su color, que habla a un blanco por miserable y estúpido que sea, con el sombrero en la mano. Sin embargo, este hombre así humillado, en sus cantos medio salvajes tiene los arranques más sublimes y generosos que hombre ninguno puede comprender. Al través de la incorporación de su lenguaje hay chispas que deslumbran; yo no conozco poeta ninguno americano, incluso Heredia, que pueda acercársele en genio, en inspiración, en hidalguía y en dignidad”.

1841

En la matancera Imprenta del Comercio se publica El Veguero. Poesías Cubanas. Dedicadas por Plácido a sus amigos de Villaclara. Se trata de un folleto de 48 páginas, cuyo proceso editorial culminó justamente a fines de año.

1842

2 de enero. La Aurora de Matanzas anuncia la venta del volumen poético recién editado: “(…) Plácido, más conocido que la yerba Bermuda, no necesita sino dejar oír un solo acento de su arpa de oro para que todos soliciten sus versos, sus inspiraciones hijas del genio, de la poesía que cual un torrente caudaloso, brota (de) su mente poética y tierna”.

12 de enero. La sección Mesa Revuelta del Faro Industrial de La Habana critica las formas estróficas populares incluidas en El Veguero: “(…) Sentimos que Plácido, el poeta por la Naturaleza, revierta su musa, siempre rica, en cantar las glosas que inserta entre las páginas 15 y 43 de su cuaderno, cuando el destino y su propio genio parecen llamarlo de continuo a más noble y alto asunto”.

14 de enero. Desde el habanero periódico Noticioso y Lucero publica Juan Antonio Soriano una segunda crítica al flamante poemario de Plácido.

10-11 de mayo. En la Aurora de Matanzas responde a la tercera crítica que se le hace a El Veguero desde los números 30 y 31, de El Eco de Villaclara. Allí, Luis Eduardo del Cristo, expresa indignación por las glosas de Plácido, las cuales lo llevan a “hermanarse a la multitud de copleros que infestan nuestros pueblos”. El poeta arremete con ironía, calificando a su contrario de atrasado en lectura y escritura, de ignorante en las reglas artísticas y de haber imitado el texto de Soriano, publicado anteriormente. Sin piedad se mofa de su rival, llamándolo “Sapientísimo Maestro geógrafo alegorizante”.

17 de noviembre. Se anuncia en La Aurora de Matanzas haberse concluido la impresión de las Poesías escogidas de Plácido, volumen de 96 páginas, hecho en la yumurina Imprenta del Gobierno.

27 de noviembre. En la Iglesia de San Carlos Borromeo contrae matrimonio con María Gil Ramona, morena, hija del músico y sastre Doroteo Morales y de Pilar Poveda, partera  de gran clientela en la ciudad.

Sale a la luz en Matanzas una segunda edición de El Veguero.
 

1843

2 de marzo. Parte del puerto de Matanzas en un barco de cabotaje.

4 de marzo. Desembarca en Sagua la Grande.

5 de marzo. Llega a Villaclara.

31 de marzo. Se dirige a Cienfuegos.

4 de abril. Vuelve a Villaclara.

6 de abril. Es detenido como consecuencia de una denuncia anónima donde se le acusa de ser uno de los organizadores de cierta conspiración de negros y mulatos contra los blancos. En la cárcel de Trinidad permanecerá preso por seis meses.

11 de octubre. En vista de que no ha sido posible probar las acusaciones que le hacen, se da la orden de ponerlo en libertad.

15 de noviembre. El Teniente Gobernador de Trinidad dirige un informe al Gobernador de Matanzas referido al encarcelamiento de Plácido en el cual le sugiere que sería conveniente se “estuviera al tanto de su comportamiento” y opina que se trata de un “hombre sospechoso” y que es “perjudicial su permanencia en la Isla”.

17 de noviembre. El poeta embarca por el puerto de Casilda en el vapor “Cisne” con destino a Matanzas.

26 de noviembre. Desembarca en el puerto yumurino.

Se concluye la impresión de su nuevo libro: El hijo de maldición; poesía del tiempo de las cruzadas, en la matancera Imprenta del Gobierno.

                                                     1844

28 de enero. Encontrándose Plácido en la valla de gallos, se le acercó Benigno Gener para sugerirle que se fugara o se escondiera porque estaba enterado de que pronto vendrían a prenderlo.

30 de enero. Mientras disfrutaba de un baile es detenido el poeta, acusado una vez más de conspirador, según el testimonio del esclavo Tomás Adan, el primero de los 32 incriminados que tendrá en su contra durante el proceso.

13 de febrero. Clemente Blanco, Censor interino de Imprenta en Matanzas, rechaza la poesía de Plácido dedicada a la Reina de España que ha sido sometida a su juicio para posible publicación en La Aurora. En estos versos, el autor se proclama “bardo español-americano”, le recuerda a Isabel Segunda que él le ha cantado a ella constantemente (inclusive antes de que naciera) y lanza un quejido que es mezcla de denuncia y de defensa legítima: “No importa, ¡vive Dios! que se desmande/ la vil calumnia en eclipsar mi estrella…”

28 de marzo. Tras mantenérsele incomunicado hasta este día, se le toma declaración ante el fiscal Pedro Salazar. Plácido niega conocer a la mayor parte de los encausados, no acusa a nadie, se declara inocente y aunque admite conocer a Luis Gigaut desde cinco años atrás, sostiene que sus relaciones con él no son de carácter íntimo.

2 y 4 de mayo. En interrogatorios a que se le somete durante estos dos días, Plácido arremete contra los criollos blancos: Domingo del Monte, José Antonio Echeverría, Santiago Bombalier, Juan Manuel de Castro y Aguiar… al primero lo acusa abiertamente de hallarse en contubernio con los ingleses.

7 de mayo. Plácido solicita ampliar sus declaraciones. Esta vez mezcla a David Turnbull en particular e insiste en general en los ingleses como incitadores.

9 de mayo. Careo entre Juan Francisco Manzano y Plácido. Ambos se acusan mutuamente, pero el primero defiende a Del Monte, mientras el segundo dirige furibundos ataques al crítico y mentor.

12 de junio. Se emite la sentencia que condena a muerte al poeta y a otros diez acusados.

22 de junio. Se hace firme la sentencia al ser aprobada por el Capitán General Leopoldo O`Donnell.

23 de junio. En la declaración de este día, Plácido reconoce la existencia de una conspiración, admite la participación de negros y mulatos, pero los caracteriza como instrumentos de los blancos a quienes achaca el peso de la culpabilidad.

27 de junio. Plácido y los otros diez condenados a la pena capital son llevados a la capilla del Hospital de Versalles a las 6 de la mañana. Según el testimonio de Francisco Jimeno Fuentes, el poeta, llegado al nuevo recinto, solicitó del escribano que le quitara las esposas, pidió un lápiz y entonces escribió en la pared de la habitación la décima suya titulada “A la justicia”. Horas más tarde, por solicitud del reo, el Fiscal se presentó en el sagrado sitio y el autor de “Jicotencal” aseguró que revelaría importantes secretos si antes se le concedía un perdón absoluto. La negativa del funcionario judicial a perdonarlo por anticipado provocó el silencio del encausado.

28 de junio. Con gran entereza salió el poeta de la Capilla del Hospital a las 6 de la mañana hacia el patíbulo, situado en la explanada contigua. Testigos presenciales afirman que avanzaba hacia su destino recitando su “Plegaria a Dios”, escrita en prisión. Según testimonio de Plutarco González —presente en el acto— al sentarse en el banquillo de ejecución, Plácido emplazó a sus verdugos ante el juicio del Supremo. Al producirse los primeros disparos, el cantor sobrevivía aún y entonces gritó: “Adiós… adiós, Cuba… ¡No hay piedad para mí! ¡Fuego aquí!”. A una orden militar, fue rematado.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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