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1809
Marzo 18.
Nace en el No. 14 de la calle
Bernaza, en La Habana. Sus
padres: Concepción Vázquez,
bailarina procedente de Burgos,
España; y el mulato Diego Ferrer
Matoso, peluquero del teatro
Principal.
Abril 6.
A los 19 días de nacido es
depositado en la Casa de
Beneficencia, presumiblemente
por la madre. Según la partida
No. 1600 del Libro de Bautismos
de esa institución, fue
bautizado en esta fecha y se le
puso por nombre Diego Gabriel de
la Concepción Valdés. El
documento agrega: “niño al
parecer blanco”.
A los pocos meses es retirado
—probablemente por el padre— de
ese centro benéfico y pasa a
vivir con la familia paterna, al
cuidado de la abuela y las tías.
1819
Hasta los diez años no asistió a
la escuela. Su primer maestro
fue el popular educador Pedro
José del Sol, cuyo colegio
radicaba entonces en la calle
Amargura. De ahí pasaría Plácido
al Colegio de Belén y, más
tarde, a El Ángel, donde recibió
clases de Francisco Bandarían,
otro pedagogo importante de su
tiempo.
1821
De este año son los versos más
antiguos de Plácido —hasta donde
se conoce—: el soneto “Una
hermosa”, fechado por el
testimonio del poeta Ignacio
María de Acosta, contemporáneo
suyo. Se dice que muy
tempranamente improvisaba
cuartetas y décimas.
La mayoría de sus biógrafos
coincide en que por esta fecha
entra Plácido al taller del
renombrado retratista habanero
Vicente Escobar para aprender
pintura y dibujo.
1823
Aunque en fecha imprecisa había
iniciado su vida laboral en una
carpintería, en este año
comienza a trabajar en la
imprenta de José Severino Boloña,
considerada la segunda en
importancia entre las que
entonces existían en La Habana.
El vínculo con este destacado
impresor —quien, además, era
aficionado a la poesía— le
posibilitará entrar en contacto
con personalidades y sucesos
significativos de la cultura
cubana.
1825
Inicia labores de peinetero en
la platería de Misa, en la calle
habanera de Dragones. En pocos
meses se convierte en un
sobresaliente artífice del
carey, asombrando a las jóvenes
que solicitan sus peinetas.
1826
Procurando mejor mercado para
sus productos artesanales, se
traslada a Matanzas con su amigo
y maestro en el oficio, Nicolás
Bota. Juntos, abren un taller en
Jovellanos no.4 entre Río y
Medio. Aquí permanecerá algo más
de cinco años, ganando
popularidad por la calidad de
sus peinetas y acaso también por
los versos que improvisaba entre
amigos.
1832
En busca de mayores
posibilidades económicas, vuelve
a La Habana. Aquí vivirá una
intensa pasión por Fela, joven
negra de condición libre, de la
que Plácido se enamora
perdidamente.
Vuelve a laborar en la platería
de Misa. Inicia relaciones
amistosas con el poeta Ramón
Vélez, quien le presentará a
otros intelectuales de ese
tiempo: Ignacio Valdés Machuca,
Manuel González del Valle y
Francisco Iturrondo. Este
pequeño grupo de amigos
comenzará a sugerirle lecturas y
a colaborar en su formación
literaria mediante consejos y
críticas.
1833
Muere Fela como consecuencia de
la epidemia del cólera que azota
a La Habana. El dolor de Plácido
es inconsolable y quedó
reiteradamente expresado en sus
versos: 4 sonetos (3 fechados en
1834) y una elegía, entre otras
más que se refieren al infausto
acontecimiento.
1834
26 de enero.
Bajo el seudónimo de Plácido se
publica en la pág. 3 del
Diario de La Habana un
escrito titulado “Una
observación al autor o autores
del artículo sobre la nueva
ópera italiana, inserto en el
Noticioso y Lucero de La Habana
el 19 del presente mes”. En el
texto se expresa contrario a las
críticas que en ese período le
hicieran a Adelaida Pedrotti,
cantante de aquel conjunto,
aunque su autor se declara
“ignorante de las reglas que
forman un buen músico” y también
reconoce su “insuficiencia en el
divino arte de la música”.
4 de febrero.
Publica en el Diario de La
Habana un soneto: “Breve
contestación al taquígrafo,
autor del comunicado impreso en
el Noticioso y Lucero del día de
ayer…”
8 de febrero.
Una oda suya, “A la proclamación
de nuestra Augusta Soberana Doña
Isabel II de Borbón”, rodeada de
otras de diferentes poetas
habaneros —entre ellos, Ignacio
Valdés Machuca— adorna la
primera página del Diario de
La Habana.
19 de abril.
Firmado por Fela, aparece un
romance suyo “Al insigne poeta
Don Francisco Martínez de la
Rosa”, en las páginas 2 y 3 del
Diario de La Habana.
27 de abril.
Se concluye la impresión del
folleto titulado Aureola
Poética al Señor D. Francisco
Martínez de la Rosa, por las
musas del Almendares, contentivo
de 13 composiciones poéticas de
igual número de líricos
habaneros que homenajean al
colega y jefe del gobierno
español. Ocupando las páginas
45-50 aparece “La Siempreviva”,
de Plácido.
1 de mayo.
En la estancia “Las delicias”,
en las márgenes de Arroyo Apolo,
proximidades de La Habana, se
realiza un festín campestre
literario en el cual se celebra
la partida hacia España de la
nave que llevará a Martínez de
la Rosa el volumen contentivo de
los versos dedicados a él por
los poetas cubanos. En este
certamen, presidido por el
italiano Pablo Veglia, los
participantes leen sus
composiciones. Plácido inicia el
recital leyendo “La Siempreviva”
y Veglia lo corona con una
guirnalda puesta en las sienes
del cantor.
10 de mayo.
El periódico matancero El
Pasatiempo publica versos
suyos: una octava que aparece en
la página 3.
10 de junio.
Publica en El Pasatiempo
su letrilla “La luna de enero”.
Se publica su elegía titulada
“El lirio”, incluida en la
Corona fúnebre a la memoria del
Excelentísimo Señor Don Ángel
Laborde…, salida de la
imprenta de José Severino
Boloña.
1835
19 de abril.
Ve la luz “La resurrección”,
primeros versos de Plácido que
aparecen en La Aurora de
Matanzas.
1836
Se traslada a Matanzas y
comienza a trabajar en la
platería de Dámaso García. Unos
meses después (?) firmará
contrato con el periódico La
Aurora, comprometiéndose a
entregar un número determinado
de poesías a cambio de 25 pesos
mensuales.
Octubre.
Primer indicio de un proyecto de
publicar sus poesías. Algunos
historiadores se han referido,
al respecto, al acuerdo logrado
entre el poeta y el impresor
habanero José Severino Boloña,
abortado finalmente por la
negativa del cantor a ser
retratado con casaca y corbata.
Pero, al parecer, existió
también otra propuesta, la cual
se deduce de una carta de
Domingo del Monte a José Luis
Alfonso: “Te he suscrito a la
edición que se va a hacer en
Matanzas de las Poesías de
Plácido, aquel mulato poeta,
peinetero, autor de La
Siempreviva a Martínez de la
Rosa”. A la postre, ninguna de
las dos empresas fructificó.
Diciembre.
Según el testimonio de su amigo,
el periodista y botánico
Sebastián Alfredo de Morales,
encontrándose trabajando en la
platería —cita en Jovellanos
entre Medio y Río— es visitado
por José María Heredia, quien se
encontraba de tránsito en la
Isla, en visita familiar y que
enterado de su popularidad fue a
conocerlo unos días antes de su
partida. Se dice que el Cantor
del Niágara lo invitó a irse a
México en procuración de un
ambiente más ancho y libre; pero
que Plácido se negó, alegando no
poder vivir fuera de Cuba, y que
finalmente le hace llegar al
poeta desterrado su poesía “El
eco de la gruta”, en pliego
cerrado, para que lo abriera
solo cuando se encontrase en
alta mar.
1837
21 de febrero-10 de marzo.
Se publica en La Aurora
su poesía “A Lesbia. La
separación”, la cual da pie a
una polémica entre el poeta y
José Entralgo Mendoza (alias
Belcore), desarrollada entre el
26 de ese mes y el 10 de marzo.
El incidente se inicia cuando
Belcore publica una crítica a la
composición de Plácido,
señalándole un hipérbaton oscuro
y mal usado, así como un verso
cojo y otro duro y fatigoso. El
2 de marzo el poeta acusa a su
rival de imaginación mezquina
por atender a “cosas pueriles” y
le pone ejemplos de detalles
similares en Cadalso e Iriarte.
Entralgo vuelve a la palestra el
día 5 y, herido por la ironía de
su contrincante, le señala
nuevas flaquezas; como que “(…)
tres gerundios, uno tras otro, y
en versos, saben a chicharrones
de sebo”. Y aunque advierte que
ni dará ni admitirá
contestaciones, Plácido vuelve a
publicar el 10 un curioso texto
donde demuestra que domina
cuestiones básicas de gramática
y lexicografía; terrenos en los
cuales —vale aclararlo— se ha
movido la polémica, mucho más
que en asuntos medularmente
poéticos.
4 de marzo.
Se publica en La Aurora
su soneto “Lo que yo quiero”,
considerado con posterioridad
por la crítica como uno de los
mejores e incluido en algunas
antologías con el título “A una
ingrata”.
13 de abril.
Ve la luz en La Aurora su
composición “A la señorita Doña
Virginia Cardi, por su
inimitable ejecución de los
Caprichos en el arpa”; oda en la
cual —según estudiosos— el poeta
se autocritica al reconocer que
posee dos maneras de hacer
versos, una de ellas solo para
agradar:
No con aquella degrada lira
de ingratas cuerdas y oropel
cubierta,
con que tan sin razón y sin
justicia
aplausos suelo prodigar,
malgrado
de mi fiel corazón, en voz
ficticia,
celebraré tu mérito elevado;
sino con aquel plectro
libre de la lisonja y la
impostura(…)
1838
En la habanera publicación El
plantel, editada por Ramón
de Palma y José Antonio
Echeverría, aparece “El poeta
envilecido”, composición poética
de José Jacinto Milanés que ha
sido, por más de siglo y medio,
centro de una aguda polémica, al
afirmar Domingo del Monte, en
1844, que aquellas estrofas
retrataban a Plácido. En 1880
Federico Milanés negó
públicamente que su hermano
hubiese escrito esos versos
pensando en un modelo
particular, pero la crítica
histórica más juiciosa concuerda
en que esta poesía es vivo
reflejo de la actuación lírica
del poeta mulato.
7 de noviembre.
Anuncia La Aurora la
suscripción a las Poesías de
Plácido. El prospecto de la obra
comenzaba así: “Bien conocido es
ya de todos los amantes de la
bella literatura el talento
verdaderamente poético con que
plugo a la naturaleza agraciar a
este joven, cuyas obras han sido
acogidas con entusiasmo y leídas
con aplausos y admiración
general”. La circular estuvo
insertándose en este periódico
hasta el 31 de diciembre. Entre
los suscriptores, amén de poetas
e intelectuales, aparecieron
personajes de la nobleza como el
marqués de Villalta y varios
condes: de Casa Bayona, de O´
Reilly y de Mopox y Jaruco.
1839
23 de febrero.
Se publica en La Aurora
su romance “Jicotencal”, juzgado
por críticos cubanos y
extranjeros como su mejor
composición. En opinión de
Marcelino Menéndez y Pelayo, es
“magistral y primoroso” y
“Góngora no lo desdeñaría entre
los suyos”. Raimundo Lazo lo
calificó de antológico.
7 de mayo.
Muere en México José María
Heredia. El suceso inspirará la
composición poética de Plácido
“La malva azul”, la cual —según
afirmación de Domingo Figarola
Caneda— se publicó por primera
vez en la Gaceta de Puerto
Príncipe, en este año.
15 de julio.
Se informa en la página 3 de la
Aurora de Matanzas que se
encuentra a la venta el volumen
de Poesías de Plácido,
cuya suscripción se iniciara
desde el año anterior: “Vencidos
los obstáculos que por bastante
tiempo se opusieron a que viesen
la luz pública las producciones
del célebre poeta que tanto
honra la literatura cubana, nos
congratulamos (…) al verlas
anunciadas en nuestro
periódico”.
Se entrevista con el general del
Ejército mexicano, Don Andrés de
la Flor, nacido en Cuba y ahora
de visita en Matanzas, tras un
largo exilio causado por su
participación en la Conspiración
separatista de la Gran Legión
del Águila Negra. Como ocurriera
con Heredia, Plácido le entregó
una poesía, rogándole que la
leyera solo después de abandonar
la Isla.
1840
Febrero.
El poeta se traslada a Santa
Clara, ciudad donde permanecerá
alrededor de diez meses. Allí
laboró en la platería de Juan
Bautista Moya, primero. Después
consiguió empleo en la imprenta
que publicaba El Eco de
Villaclara, en cuyas páginas
vieron la luz varias poesías
suyas, entre ellas su soneto “El
Juramento”.
Regresa a Matanzas a fines de
ese año.
El escritor español Jacinto
Salas y Quiroga publica en
Madrid su libro Viaje a la
isla de Cuba, en el
cual relata su visita del año
anterior a la Antilla y ofrece
los primeros criterios sobre el
poeta mulato vertidos fuera del
continente: “Plácido es un
hombre de genio por cuyas venas
corre mezcla de sangre europea y
sangre africana, un peinetero de
Matanzas, un ser humilde por el
pecado de su color, que habla a
un blanco por miserable y
estúpido que sea, con el
sombrero en la mano. Sin
embargo, este hombre así
humillado, en sus cantos medio
salvajes tiene los arranques más
sublimes y generosos que hombre
ninguno puede comprender. Al
través de la incorporación de su
lenguaje hay chispas que
deslumbran; yo no conozco poeta
ninguno americano, incluso
Heredia, que pueda acercársele
en genio, en inspiración, en
hidalguía y en dignidad”.
1841
En la matancera Imprenta del
Comercio se publica El
Veguero. Poesías Cubanas.
Dedicadas por Plácido a sus
amigos de Villaclara. Se trata
de un folleto de 48 páginas,
cuyo proceso editorial culminó
justamente a fines de año.
1842
2 de enero.
La Aurora de Matanzas
anuncia la venta del volumen
poético recién editado: “(…)
Plácido, más conocido que la
yerba Bermuda, no necesita sino
dejar oír un solo acento de su
arpa de oro para que todos
soliciten sus versos, sus
inspiraciones hijas del genio,
de la poesía que cual un
torrente caudaloso, brota (de)
su mente poética y tierna”.
12 de enero.
La sección Mesa Revuelta del
Faro Industrial de La Habana
critica las formas estróficas
populares incluidas en El
Veguero: “(…) Sentimos que
Plácido, el poeta por la
Naturaleza, revierta su musa,
siempre rica, en cantar las
glosas que inserta entre las
páginas 15 y 43 de su cuaderno,
cuando el destino y su propio
genio parecen llamarlo de
continuo a más noble y alto
asunto”.
14 de enero.
Desde el habanero periódico
Noticioso y Lucero publica
Juan Antonio Soriano una segunda
crítica al flamante poemario
de Plácido.
10-11 de mayo.
En la Aurora de Matanzas
responde a la tercera crítica
que se le hace a El Veguero
desde los números 30 y 31,
de El Eco de Villaclara.
Allí, Luis Eduardo del Cristo,
expresa indignación por las
glosas de Plácido, las cuales lo
llevan a “hermanarse a la
multitud de copleros que
infestan nuestros pueblos”. El
poeta arremete con ironía,
calificando a su contrario de
atrasado en lectura y escritura,
de ignorante en las reglas
artísticas y de haber imitado el
texto de Soriano, publicado
anteriormente. Sin piedad se
mofa de su rival, llamándolo
“Sapientísimo Maestro geógrafo
alegorizante”.
17 de noviembre.
Se anuncia en La Aurora de
Matanzas haberse concluido
la impresión de las Poesías
escogidas de Plácido,
volumen de 96 páginas, hecho en
la yumurina Imprenta del
Gobierno.
27 de noviembre.
En la Iglesia de San Carlos
Borromeo contrae matrimonio con
María Gil Ramona, morena, hija
del músico y sastre Doroteo
Morales y de Pilar Poveda,
partera de gran clientela en la
ciudad.
Sale a la luz en Matanzas una
segunda edición de El
Veguero.
1843
2 de marzo.
Parte del puerto de Matanzas en
un barco de cabotaje.
4 de marzo.
Desembarca en Sagua la Grande.
5 de marzo.
Llega a Villaclara.
31 de marzo.
Se dirige a Cienfuegos.
4 de abril.
Vuelve a Villaclara.
6 de abril.
Es detenido como consecuencia de
una denuncia anónima donde se le
acusa de ser uno de los
organizadores de cierta
conspiración de negros y mulatos
contra los blancos. En la cárcel
de Trinidad permanecerá preso
por seis meses.
11 de octubre.
En vista de que no ha sido
posible probar las acusaciones
que le hacen, se da la orden de
ponerlo en libertad.
15 de noviembre.
El Teniente Gobernador de
Trinidad dirige un informe al
Gobernador de Matanzas referido
al encarcelamiento de Plácido en
el cual le sugiere que sería
conveniente se “estuviera al
tanto de su comportamiento” y
opina que se trata de un “hombre
sospechoso” y que es
“perjudicial su permanencia en
la Isla”.
17 de noviembre.
El poeta embarca por el puerto
de Casilda en el vapor “Cisne”
con destino a Matanzas.
26 de noviembre.
Desembarca en el puerto yumurino.
Se concluye la impresión de su
nuevo libro: El hijo de
maldición; poesía del
tiempo de las cruzadas,
en la matancera Imprenta del
Gobierno.
1844
28 de enero.
Encontrándose Plácido en la
valla de gallos, se le acercó
Benigno Gener para sugerirle que
se fugara o se escondiera porque
estaba enterado de que pronto
vendrían a prenderlo.
30 de enero.
Mientras disfrutaba de un baile
es detenido el poeta, acusado
una vez más de conspirador,
según el testimonio del esclavo
Tomás Adan, el primero de los 32
incriminados que tendrá en su
contra durante el proceso.
13 de febrero.
Clemente Blanco, Censor interino
de Imprenta en Matanzas, rechaza
la poesía de Plácido dedicada a
la Reina de España que ha sido
sometida a su juicio para
posible publicación en La
Aurora. En estos versos, el
autor se proclama “bardo
español-americano”, le recuerda
a Isabel Segunda que él le ha
cantado a ella constantemente
(inclusive antes de que naciera)
y lanza un quejido que es mezcla
de denuncia y de defensa
legítima: “No importa, ¡vive
Dios! que se desmande/ la vil
calumnia en eclipsar mi
estrella…”
28 de marzo.
Tras mantenérsele incomunicado
hasta este día, se le toma
declaración ante el fiscal Pedro
Salazar. Plácido niega conocer a
la mayor parte de los
encausados, no acusa a nadie, se
declara inocente y aunque admite
conocer a Luis Gigaut desde
cinco años atrás, sostiene que
sus relaciones con él no son de
carácter íntimo.
2 y 4 de mayo.
En interrogatorios a que se le
somete durante estos dos días,
Plácido arremete contra los
criollos blancos: Domingo del
Monte, José Antonio Echeverría,
Santiago Bombalier, Juan Manuel
de Castro y Aguiar… al primero
lo acusa abiertamente de
hallarse en contubernio con los
ingleses.
7 de mayo.
Plácido solicita ampliar sus
declaraciones. Esta vez mezcla a
David Turnbull en particular e
insiste en general en los
ingleses como incitadores.
9 de mayo.
Careo entre Juan Francisco
Manzano y Plácido. Ambos se
acusan mutuamente, pero el
primero defiende a Del Monte,
mientras el segundo dirige
furibundos ataques al crítico y
mentor.
12 de junio.
Se emite la sentencia que
condena a muerte al poeta y a
otros diez acusados.
22 de junio.
Se hace firme la sentencia al
ser aprobada por el Capitán
General Leopoldo O`Donnell.
23 de junio.
En la declaración de este día,
Plácido reconoce la existencia
de una conspiración, admite la
participación de negros y
mulatos, pero los caracteriza
como instrumentos de los blancos
a quienes achaca el peso de la
culpabilidad.
27 de junio.
Plácido y los otros diez
condenados a la pena capital son
llevados a la capilla del
Hospital de Versalles a las 6 de
la mañana. Según el testimonio
de Francisco Jimeno Fuentes, el
poeta, llegado al nuevo recinto,
solicitó del escribano que le
quitara las esposas, pidió un
lápiz y entonces escribió en la
pared de la habitación la décima
suya titulada “A la justicia”.
Horas más tarde, por solicitud
del reo, el Fiscal se presentó
en el sagrado sitio y el autor
de “Jicotencal” aseguró que
revelaría importantes secretos
si antes se le concedía un
perdón absoluto. La negativa del
funcionario judicial a
perdonarlo por anticipado
provocó el silencio del
encausado.
28 de junio.
Con gran entereza salió el poeta
de la Capilla del Hospital a las
6 de la mañana hacia el
patíbulo, situado en la
explanada contigua. Testigos
presenciales afirman que
avanzaba hacia su destino
recitando su “Plegaria a Dios”,
escrita en prisión. Según
testimonio de Plutarco González
—presente en el acto— al
sentarse en el banquillo de
ejecución, Plácido emplazó a sus
verdugos ante el juicio del
Supremo. Al producirse los
primeros disparos, el cantor
sobrevivía aún y entonces gritó:
“Adiós… adiós, Cuba… ¡No hay
piedad para mí! ¡Fuego aquí!”. A
una orden militar, fue rematado.
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