Lo que más llama la atención en
este bicentenario de Plácido es
que hoy vamos a presentar un
libro sobre el poeta. Quiere
decir que no ha dejado de estar
presente en toda la inquietud
intelectual cubana en todos los
años desde su fusilamiento en
Matanzas.
¿Qué es lo que ha hecho que
Plácido quede permanentemente en
nuestras ideas, en mayor medida
que otros poetas más elaborados
y de mayor erudición que él?
Pienso que, más allá de si
Plácido fue o no un conspirador,
lo más importante es ese campo
que queda como la sombra utópica
de todo pensamiento, ese campo
en el que la historia no puede
dar respuestas y en el que, sin
embargo, se identifican la
mentalidad popular, las
tradiciones, la historia oral y
en gran medida el sentimiento de
una nación, e incluso crean
alrededor de la figura toda una
leyenda que puede no ser real,
pero que es más fuerte a veces
que la propia historia real. Son
innumerables los ejemplos que se
pueden poner de estos casos, en
los que muchos de los elementos
históricos reales del héroe son
sustituidos por todo el
acumulado cultural que un pueblo
le va atribuyendo. Y por eso en
la historia nunca es igual la
lectura fría del documento, en
dependencia de quien lo lea, de
su intención y sobre todo de su
cultura. El documento histórico
está sujeto también a muy
variadas interpretaciones en las
que puede tener más de una
lectura incluso una simple frase
o una oración.
De lo que sí no hay dudas en el
caso de Plácido es de que nos
perteneció desde el mismo
instante en que lo fusilaron.
Desde entonces la "Plegaria a
Dios" fue casi un segundo himno
nacional —no hay dudas de que el
primero fue el "Himno del
desterrado", de José María
Heredia. ¿Por qué esta
connotación de la "Plegaria…"?
Pienso que es importante en esta
historia contraponer las figuras
de Aponte y de Plácido y las
imágenes que de ellos
transmitieron no solo los
historiadores, ya que muchas
veces ellos son el reflejo de
una mentalidad, de una
concepción de época y del modo
en el cual les llega una
tradición y la tratan de
vindicar o no. La imagen de
Aponte era exactamente la
contraria a la de Plácido. Del
primero se decía —y esta es una
frase que se recoge desde el
siglo XIX: "más malo que
Aponte", y entonces hay que
preguntarse por qué se logró
acuñar esa frase, qué significó
Aponte y qué no significó
Plácido.
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En 1811 se ha producido el
derrumbe de todo un sistema
económico, político y social en
toda la hispanidad. El antiguo
régimen, con todo lo que
significa de monarquía absoluta,
ha hecho crisis desde 1808 con
la invasión de Napoleón
Bonaparte a España y en ese
momento pierde el control el
poder colonial.
Entre 1810 y 1811 surgen varias
conspiraciones, pero la primera
conspiración, como no había sido
vista con anterioridad en toda
esta Isla, es la que organiza
Aponte. Primero porque fue una
conspiración que no tuvo un
color, se compuso de personas de
todos los colores; segundo,
porque no fue una conspiración
habanera sino una nacional, se
estaba conspirando en Holguín,
en Camagüey, en Las Villas,
etc., y tercero, fue una
conspiración por la
independencia y por un cambio
social. Nadie quiso nunca
reivindicar ese movimiento, y es
el primer movimiento que tiene
un carácter nacional. Fue
marcado como lo que no debía
ser. A ese carpintero, que
además tenía conexiones en La
Habana y que todo el mundo
respetaba, se le cortó la cabeza
y se le puso en una jaula a la
entrada de la ciudad, en
Belascoaín, para que todo el
mundo la viera y aprendiera de
ese acto de represión.
Entonces se transmite por los
medios de la época no solo el
hecho de que le cortaran la
cabeza a Aponte, sino algo mucho
más importante, la creación de
la figura como símbolo de lo más
malo. Este hombre representaba
la independencia, y más que eso,
la unidad. Cualquier cosa podía
pasar en Cuba menos lo que
proyectó Aponte —quien no era
esclavo, era libre y además
tenía una biblioteca muy
respetable, era un hombre de
lectura y de acción—, por eso
fue más malo que ninguno.
Tuvo lugar una represión que dio
cierto resultado, pero luego, en
la década del 20 del siglo XIX,
ocurre algo que José Antonio
Saco trata muy bien en sus
memorias sobre la vagancia en
Cuba, cuando explica que los
jóvenes blancos de clase media
de la época detestaban el
trabajo manual. Era una ofensa y
un deshonor ganarse la vida con
el trabajo manual y, por tanto,
fundamentalmente en las ciudades
puerto donde hubo un mayor
crecimiento en los trabajos de
los muelles, en la construcción
y en el comercio, se desarrolla
impetuosamente una clase media
de negros y mulatos libres,
capaces no solo de comprarse la
libertad con su trabajo, sino
incluso de comprársela a su
familia. Algunos se dieron el
lujo, porque hay que contar la
historia tal y como es, de tener
esclavos. Esa clase media tuvo
músicos como Brindis de Salas
padre e hijo, y propietarios, no
tan grandes como Arango y
Parreño, pero cuando fusilan a
José Dolores Pimienta este tenía
13 esclavos y varias caballerías
de tierra, y el doctor Andrés
Dodge, negro que fue fusilado
también, era dentista y estudió
en París. Es decir, era una
clase media de negros y mulatos
albañiles, carpinteros, sastres,
peineteros, músicos, etc., y
estaban ganando mucho dinero a
través del trabajo artesanal que
los ubicó y les permitió ganar
un espacio cada vez mayor en las
sociedades de la Isla. En
tiempos de Plácido este es un
sector muy importante ya, sobre
todo en las ciudades de la zona
occidental. No es casualidad que
los abakuá surgieran en esta
región. Y así se llega a lo que
me interesa recalcar: Plácido es
un símbolo.
Estoy convencido de que la
conspiración existió y de que
hay que hablar de
"conspiraciones", algo mucho más
complejo, porque en ella había
figuras como David Turnbull, un
agente inglés enviado a Cuba
como lo prueban los documentos
que el historiador Rodolfo
Sarracino encontró. En 1838 se
había logrado la abolición de la
esclavitud en las colonias
inglesas y Turnbull ha sido uno
de los hombres clave en este
movimiento en Jamaica. En
Inglaterra, Lord Palmerston es
el hombre que está llevando a
cabo todo el proceso de
abolicionismo inglés. A Turnbull
lo ubican aquí, junto a otros
agentes, para trabajar en la
abolición de la esclavitud en
Cuba, eso está absolutamente
probado.
La segunda parte del problema es
más complicada porque los
documentos no son lo
suficientemente claros acerca de
todos los grupos en acción que
son mencionados por Turnbull y
otros agentes. También sale a
relucir el epistolario de
Domingo del Monte, que le estaba
pasando información diaria a
EE.UU. a través de Alexander
Everett, el hermano del
Secretario de Estado
norteamericano, sobre el
inminente estallido de la
situación. Es decir, existió una
conspiración bastante clara. Hay
otro fenómeno cuya conexión
tampoco se ha podido probar,
pero las insurrecciones de
esclavos se multiplicaron como
nunca antes y estallaron por
todas partes. ¿Hasta qué punto
estaban conspirando Domingo del
Monte y José de la Luz y
Caballero?, no me atrevería a
afirmarlo. En ese momento hay
varios núcleos de los que aún
quedan por descubrir los nexos.
Hay otra conspiración para mí
clara y es la del gobierno
español y Leopoldo O'Donnell. Este es un
momento en el cual se está
decidiendo el futuro no solo de
la esclavitud, sino de la
economía de Cuba y el papel de
O'Donnell al respecto tampoco
está muy claro, tal parece que
inicia una represión que no era
como la esperaban algunos
hacendados cubanos. El
enfrentamiento entre O'Donnell y
este grupo de los ilustrados,
fundamentalmente la situación
compleja que se crea entre él y
Del Monte en un momento
determinado, que después tomó
otra arista, explica también
parte del tema.
Pero, como decía inicialmente,
creo que lo más hermoso de
nuestra historia es cómo estos
temas de nuestra identidad, que
nos tocan cardinalmente, siguen
estando presentes en la
investigación no solo de los
historiadores, sino de los
literatos e intelectuales, y que
hoy estemos presentando un libro
donde se estudia a Plácido lo
demuestra. Plácido sigue
presente, el problema "Plácido"
es algo más que la duda de si
conspiró o no conspiró. Plácido
representa un momento donde,
como diría Guillén, "esta
sociedad mestiza" obtiene una
carta de presentación cultural y
política.
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Para nosotros, Plácido siempre
será un referente necesario,
aunque polémico, y es bueno que
exista un área a la que nuestra
historia debe seguir
acercándose. Creo que lo
fundamental de aquella represión
fue también lo fundamental en
1912, cuando los hechos del
Partido de los Independientes de
Color: fue una represión, con
razones o sin razones, a un
sector que había que cortarle
las alas, a esa pequeña y
mediana burguesía de las
principales ciudades que era
potencialmente revolucionaria,
no solo por ser clase media, si
no por ser clase media excluida,
es decir, que ni siquiera esa
condición le era reconocida
porque estaba sometida a la
doble condición de clase y de
raza.
Queda otro asunto que para mí es
fundamental: aquel fue un modo
de sembrar el terror. Lo
hicieron con Aponte cuando
pusieron su cabeza a la entrada
de La Habana y luego lo hicieron
con Plácido y todo aquel grupo,
para reprimir y dejar una señal
en ese sector, y lo hicieron en
1912 con una represión que no
fue solo contra los
Independientes del Color, sino
que se convirtió en un
holocausto para que nunca más
hubiese ninguna aspiración de
esa clase obrera y clase media
de negros y mulatos. Para que
nunca más pudieran aspirar, no
ya por los mecanismos jurídicos,
si no por el terror y el miedo,
a determinados espacios
políticos y sociales. Es ahí
donde Plácido engarza y
engarzará siempre con cualquier
pensamiento de auténtica
reflexión en una sociedad de
justicia social por la cual
todos ellos, o fueron víctimas,
o lucharon heroicamente. Es una
de las claves que unen un largo
período y que no aparece en los
manuales, porque es la historia
de la gente sin historia y es lo
que no nos permite entender
nuestro pasado. Mientras esas
ausencias existan, no podremos
explicarnos nada, nos
explicaremos solo una parte de
lo acontecido, precisamente la
que siempre ha estado a la luz
pública. La otra, la oculta, esa
sombra que ha acompañado a
nuestra historia, seguirá
invisible hasta que no seamos
capaces de asumirla tal y como
fue, para entender esta sociedad
que es hoy nuestro país.
Intervención en el Panel
“Plácido en la encrucijada de la
identidad cubana”. Teatro de la
Biblioteca Nacional de Cuba, 18
de marzo de 2009. |