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Comienza ahora la etapa
poética cubana, cenital,
creadora inmensamente
afirmativa. Nuestra
tierra fue besada por
Martí, eso quiere decir,
que nuestra tierra tiene
el aliento, le ha sido
insuflado un soplo,
tiene aire transfigurativo. Cantar
como el gallo, el señor
alboso, el que anuncia.
Aquella tierra
transfigurada entra
ahora en el misterio de
su porvenir. Qué gracia,
qué fuerza en Maceo, el
remplazo de Dios
mediante por Dios
delante. Tener la
imagen, la tierra
insuflada o creadora, la
anunciación del porvenir
americano, obligan a
hablar a Dios. Volvemos
a los períodos
mitológicos, Dios
delante del hombre, en
sus cosechas y en sus
hijos, en su
conversación y en la
mesa de todos los días.
De cierta manera, el
positivismo y el
cientismo, habían traído
ese pesimismo causalista,
donde la historia
carecía de símbolos y
del tuétano de sus
ensalmos. Pero ahora,
por ese retomar de
nuestra era mitológica,
sabemos que hay un Martí
que hizo en vida y el
mismo que engendró
después de muerto,
“Tengo miedo de morirme,
sin haber sufrido
bastante”, nos dice.
Sufrió mucho Martí,
ascendió purificado por
la escala del dolor,
dice Rubén Darío.
Después de muerto, tiene
que haber sufrido aún
más. Germinativo en la
tierra que transfiguró,
ahora es una imagen
fecundante, como el
Hércules preñador de su
vejez.
Comenzaban así a hervir
los prodigios, desde la
suerte del Almirante
misterioso, que
sorprende en las
cabelleras de las
indias, como una seda de
caballo. Aquí lo sutil
se hace fuerte, lo
ahilado viste como una
resistencia acerada,
refugiándose en la
convocatoria para lo
secular eterno.
Sorprende después, un
perro grande, pero sin
habla, que lleva en su
boca una madera, donde
el Almirante jura que ve
letras. La imantación de
lo desconocido es, por
el costado americano,
más inmediata y deseosa.
Lo desconocido es casi
nuestra única tradición.
Apenas una situación o
palabras se nos
convierten en
desconocidas, nos punzan
y arrebatan. La
atracción de vencer las
columnas de la
limitación o las leyes
del contorno, está en
nuestros orígenes,
parece como si el
misterioso Almirante,
siguiese desde el puente
nocturno, el traspaso
entre la sexta y la
séptima morada, donde ya
no hay puertas, según la
mística teresiana, y
ganase como la regalía
de la aventura en el
misterio. Sorprende
además, la diferencia
extrema entre el pequeño
círculo mágico. Un árbol
que tiene ramas como
cañas y otra rama que
tiene lentiscos. Los
peces tienen forma
callos azules,
amarillos, colorados.
Toda esa riqueza de
formas produce espera y
descanso. En medio de
esa diversidad, el
hombre se nutre como de
una espera, que tiene
algo del arco y de la
flecha.
Con esos hechizos
acumulados en su centro,
la Revolución Cubana ha
vuelto sobre el poder de
irradiación que hay en
la pobreza. El siglo XIX
nuestro, fue creador
desde su pobreza. Desde
los espejuelos modestos
de Varela hasta la
levita franciscana de
las oraciones solemnes
de Martí, todos nuestros
hombres esenciales
fueron maestros pobres.
Después, el mono de
Hollywood, con sueldazo
de quinientos pesos
semanales, fue el final
apetecido de los cubanos
negativos, no creadores.
Claro que hubo hombres
ricos en el siglo XIX,
que participaron de la
integración nacional.
Pero comenzaron por
quemar su riqueza, por
morirse en el destierro,
por dar en toda la
extensión de sus
campiñas una campanada
que volvía a la pobreza
más esencial, a perderse
en el bosque, a lo
errante, a la lejanía, a
comenzar de nuevo en una
forma primigénea y
desnuda. Sentirse más
pobre es penetrar en lo
desconocido, donde la
certeza consejera se
extinguió, donde el
hallazgo de una luz o de
una fulmínea intuición,
se paga con la muerte y
la desolación primera.
Ser más pobre es estar
más rodeado por el
milagro, es precisar el
animismo de cada forma,
es la espera, hasta que
se hace creadora por la
ley del árbol, es
sorprendida por el
estilo de la pobreza en
una fulguración, donde
la realidad y la imagen
están perennemente a la
altura de la mirada del
hombre pobre. La suerte
que se echa sobre los
pobres, visto por quien
más tenía que ver, gana
de antemano el número
sagrado y las batallas
con la tumultuosa prole
plutónica.
La vigilia y la agudeza
del pobre lo llevan a
una posibilidad
infinita. Como tantas
veces, esta frase mía me
vuelve a rondar: lo
imposible al actuar
sobre lo posible,
engendra un potens,
que es lo posible
moviéndose en la
infinitud. Ahora se ha
adquirido ese potens,
esa posibilidad por el
cubano. Toda imagen
tiene ahora el altitudo
y la fuerza de su
posibilidad. Todos los
posibles atraviesan la
puerta de los hechizos.
Todos los hechizos
ovillan esa posibilidad,
como una energía que en
un instante es un
germen. La tierra
transfigurada recibe ese
germen y lo hincha al
extremo de sus
posibilidades. Son así
ahora alegres nuestros
campesinos, al sentirse
muy adentro en la
melodía de nuestro
destino.
La Revolución Cubana
significa que todos los
conjuros negativos han
sido decapitados. El
anillo caído en el
estanque, como en las
antiguas mitologías, ha
sido reencontrado. El
héroe entró en la
ciudad. Comenzamos a
vivir nuestros hechizos
y el reinado de la
imagen se entreabre en
un tiempo absoluto.
Cuando el pueblo está
habitado por una imagen
viviente, el estado
alcanza su figura, pues
la plenitud de un estado
es la coincidencia de
imagen y figura. El
hombre que muere en la
imagen, gana la
sobreabundancia de la
resurrección. Martí,
como el hechizado
Hernando de Soto, ha
sido enterrado y
desenterrado, hasta que
ha ganado su paz. El
estilo de la pobreza,
las inauditas
posibilidades de la
pobreza, han vuelto
entre nosotros a
alcanzar su plenitud
eficiente. La Revolución
Cubana no es otra cosa
que la creación del
verídico estado cubano.
Albricias, aquí
revolución es creación.
No revolución dentro de
un estado anterior, que
nunca existió, sino
creación de un nuevo
ordenamiento estatal,
justo y sobreabundante.
Este texto fue hallado
entre los papeles del
escritor depositados en
la Biblioteca Nacional
José Martí. Su autor
nunca lo publicó
íntegramente en vida.
Algunos de sus párrafos
los integró en su ensayo
“A partir de la poesía”,
incluido en el volumen
La cantidad hechizada
en 1970 y ciertas
frases vuelven a
aparecer dispersas en
cartas y entrevistas. La
Revista de la
Biblioteca Nacional José
Martí lo dio a la
luz en su número de
mayo-agosto de 1988,con
el título "Triunfo de la
Revolución Cubana" y
Librínsula, el
boletín electrónico de
la misma institución lo
reprodujo este año por
su actualidad dos
décadas después.
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