Año VII
La Habana
2009

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Extasiado por la melodía del viento

Guille Vilar • La Habana

Fotos: Kaloian (Sitio de Liuba María Hevia)


“Cuando nos cautiva una grandeza, cuando el corazón se mueve de regocijo, cuando muchas bellezas nos deslumbran se siente amor, y esperanza, y orgullo por los demás, y fe en la gloria. Las  pasiones malas huyen, los brazos se mueven inquietos por el deseo de abrazar, y la pasión buena, la fraternidad hermosa, hace nido y morada de nuestro corazón”[1], pensamiento que escrito por nuestro Apóstol José Martí para la Revista Universal de México en 1876, se acopla armoniosamente al saldo que ha dejado en nosotros el concierto de Liuba María Hevia por sus 25 años de vida artística.

Entonces, ante tanto desborde de emociones para celebrar lo hermoso de la vida, permítasenos imaginar cuánto habría disfrutado de este espectáculo quien no concebía el don de respirar indiferente a la percepción de la belleza como un principio esencial de la ética. Evoquemos al Maestro, como si hubiera estado sentado entre la multitud que colmó la sala del capitalino teatro Karl Marx el pasado 14 de marzo, arrobado por la elegancia y delicadeza  de una música que nos hace cerrar los ojos para adentrarnos en una frescura semejante a la del viento que anima nuestra cubana campiña.

Experimentamos esta sensación de envolvente placer por el disfrute de soberbios temas que clasifican entre lo mejor de la canción hispanoamericana contemporánea como “Alguien me espera”, “Si me faltara tu sonrisa”, “Tu amor es el canto mío” o “Ángel y Habanera” entre otras a las que Liuba les impregna la emotividad de unas cuerdas vocales que solo anidan en el corazón.

Toda la sensibilidad que conforma su repertorio es ampliada hasta el infinito como cierre de una memorable noche al abordar desde su personal impronta versiones de temas clásicos, nada menos que de Joan Manuel Serrat, Silvio Rodríguez y Joaquín Sabina, las principales influencias de sus comienzos.

En este momento de evaluar el trabajo realizado en cinco lustros, compartamos una sentencia del Apóstol que Liuba María Hevia lleva consigo cual código genético de su formación profesional: “La belleza alivia: un canto hermoso es una buena acción: quien da huéspedes al corazón le da compañeros para la amarga vida. Un buen canto es un buen césped”[2].

Notas:

1- Hasta el cielo. Drama de José Peón Contreras. Martí, José. Revista Universal, México, 15 de enero de 1876. Escenas Mexicanas. Obras Completas. 1953. Volumen II pág. 661.
2- Martí, José. Sección constante, La Opinión Nacional. Caracas, 22 de mayo de 1882. Diccionario del Pensamiento Martiano. Galarraga Valdés, Ramiro. Pág. 57 Editorial de Ciencias Sociales. 2007

 

 

 

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