Año VII
La Habana

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de 2009

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Entrevista con el académico y crítico paraguayo Ticio Escobar,
ministro de Cultura de Paraguay

“Yvy maraney”: En busca de la utopía

Maribel Acosta Damas • La Habana

Foto: Tomada de Internet


Afirma la leyenda que los  guaraníes creen en “la tierra sin males” o “yvy maraney”, un lugar donde las flechas vuelan, los frutos caen de los árboles y es posible vivir como hermanos.

En grandes peregrinaciones que se prolongaron de generación en generación, ellos marchaban al este, guiados por los karai, en busca del “yvy maraney”. Esa búsqueda no ha cesado. Así lo confirma el académico y crítico Ticio Escobar, ministro de Cultura de Paraguay, tierra de guaraníes, donde hoy se despierta la esperanza.

A su paso por la X Bienal de Artes Plásticas de La Habana, sostuve una conversación con este prestigioso intelectual latinoamericano, para mirar y repasar caminos desde la intensa contemporaneidad que nos atraviesa a todos.

A finales del siglo pasado usted afirmó:Lo que se presenta ahora es quizá recuperar la idea de la utopía (…) deconstruyéndola en el sentido de volver, no tanto a una promesa de un mundo realizable, como a recuperar el sentido etimológico del no-lugar, de umbral de aspiraciones, de sitio del deseo, que se convierta en el espacio donde el hombre coloque sus construcciones, sus demandas, apuntalando sus sueños, haciéndolos sin un sentido mesiánico.” ¿Cómo valoraría sus palabras cuando ya casi acaba la primera década del Siglo XXI?
 

Yo sería aún más radical. Realmente creo en ese horizonte-deseo, en un momento en el cual el mundo, en clave de mercado, ha tratado de uniformar nuestros sueños y convertirnos en registro de una productividad meramente medible en términos de renta-beneficio. Conservar ese espacio utópico, ese espacio de no-lugar, en el cual las cosas no se cumplen totalmente, no son enteramente propensas a hacerlo desde la fuerza de lo que quieren ser.
 

“Creo que es la posibilidad más grande que tiene no solamente el arte, sino la cultura e incluso la cultura de la izquierda. Esa posibilidad de aspirar a un espacio en que las cosas no están realizadas y tienen que hacerse. Un espacio donde no existen dogmas absolutos, marcado por una sensibilidad y una poesía. Es la poesía la que marca fuertemente el lugar de la falta, y que espera ser dicha.
 

“Los guaraníes, indígenas que habitan mi país, tienen un nombre para esa utopía: 'yvy maraney', que quiere decir tierra sin mal. Para ellos es un horizonte en el sentido que le da Eduardo Galeano, que es aquel lugar que nunca termina, que se aleja mientras uno va acercándose y que mantiene vivas las ganas. Pues, creo que en este momento mantener vivas las fuerzas del deseo es nuestra posibilidad más grande en el plano del arte. Quizá el arte sea en cierto sentido un vigilante de ese deseo.

 

¿Y en el plano sociológico y del pensamiento?
 

En el plano del pensamiento creo que hay una contaminación muy fuerte. El pensamiento ha dejado de ser una cuestión meramente cuantitivista, desarrollista, fijada en términos de cifras y de números y, también, se ha visto atravesado por la metáfora, ha acogido con ganas la retórica.
 

Un pensamiento que tenía un santo temor al lenguaje figural, de pronto se ha dado cuenta de que hay cosas que no pueden decirse si no es a través del rodeo de la falta, que es la poesía.
 

Hay una zona de interferencia entre el pensamiento teórico académico más duro, de origen por lo menos más duro y, un pensamiento más poético, más abierto a esa turbiedad del deseo, ese sesgo que es la forma de atravesar la realidad y entenderla no solamente como realidad, sino en el sentido lacaniano “como lo real”, es decir, aquellos núcleos que no pueden ser explicados, ni descifrados, ni simbolizados, pero que existen continuamente siendo reescritos como espacio traumático de falta, como espacio traumático de incumplimiento o como espacio activo de deseo.
 

El pensamiento positivista de las ciencias de los años 60-70 del siglo pasado, se ha abierto a un pensamiento que acoge también espacios de secreto, espacios de poesía en ese sentido de ausencia de nada, de no pretender simbolizarlo todo y decirlo todo y, es que hay muchos espacios que escapan al símbolo, que no pueden ser dichos. Y esos quizá son los espacios que resguarda el arte hoy y que alimentan grandemente la sensibilidad contemporánea. Distingo hoy un pensamiento de izquierda precisamente por la sensibilidad.

 

¿Cómo calificaría la posmodernidad de la América Latina de hoy?
 

No sé si le llamaría así. Es que la posmodernidad habla de un momento descreído, un poco cínico. Me interesa más bien hablar de lo contemporáneo como escenario en el cual se cruzan maneras destiempo, anacronismos, formas distintas de pensar, que acogen modos rupturistas, innovadores o transgresores, pero también núcleos duros de pensamiento heredados. La gran diferencia es que recupera la utopía en el sentido etimológico, que ya mencionaba, como un no-lugar, como un lugar no cumplido.
 

Quizá la modernidad lo que pretendía era hacer cumplir ese lugar y, los grandes dogmas, los sistemas más jerárquicos, pretenden traer el paraíso a la tierra, y eso es imposible. Creo que los pueblos más ricos son aquellos que mantienen abiertas una posibilidad de seguir construyendo y  apostando, lo cual es hoy el sentido más rico de la utopía.
 

El pensamiento posmoderno, que en un momento insistió demasiado en la negatividad, en el momento del incumplimiento, en el instante exclusivo de la falta, es también hoy un pensamiento con hambre de construcción. No solamente un pensamiento esencialmente melancólico de la posmodernidad, si no un pensamiento más activo al decir: bueno, a partir de este mundo casi en ruinas, ¿qué podemos construir?, ¿a qué podemos apostar?, ¿con qué nuevas cosas podemos soñar?
 

En fragmentos, quizá, y eso sí es posmoderno, no las grandes totalidades que podrán cumplirse de una vez y para siempre. Significa partir de distintos lugares, de diferentes lenguajes, de distintas zonas de iniciación, de disímiles creencias.
 

Hay una diversidad cultural muy fuerte que también ha alimentado el pensamiento contemporáneo y en el cual podemos reimaginar no un mundo completo, pero sí muchas formas de ver el mundo, que fugazmente nos iluminen a algún camino posible.

 

¿Y cómo considera que pueda darse la inserción de América Latina en la llamada Aldea global, la Sociedad en Red, como la ha bautizado Manuel Castells, a partir del desarrollo y expansión de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones?
 

Pienso que América Latina tiene un lugar bastante propio. No creo en América Latina como una sustancia, como algo compacto. América Latina está atravesada por clases, por intereses diferentes, por grandes corporaciones.
 

El paisaje global ha homogeneizado mucho una situación que nosotros identificamos geográficamente o cartográficamente como América Latina, pero cuando hablo de un pensamiento latinoamericano, pienso en un pensamiento alternativo, de resistencia, que confronta o vincula el pensamiento indígena con el popular y el más erudito de izquierda.
 

En ese sentido sí pienso que puede hablarse de un pensamiento latinoamericano, de una producción hecha en nuestra región, que constituyen justamente momentos de aperturas, de asumir su enorme diversidad y de su monumental posibilidad de reimaginar. La imaginación es fundamental hoy.

 

¿Cómo se vincula ese pensamiento con lo que se ha dado en llamar Sociedad de la Información, Sociedad en red?
 

Hay una sociedad en red que también ha sido contaminada saludablemente por el imaginario. Toda cultura tiene su momento de desafío, su momento fuerte, su momento condicionante —digámoslo así—, que está constituyendo un reto. El capitalismo lo constituyó siempre, el colonialismo en su momento, lo tuvo el feudalismo, toda sociedad tiene su carga de condicionamiento. Ese es nuestro condicionamiento hoy. Es lo que llamamos hoy asumir, enfrentar, revertir, negociar, ampliar, romper, crear intersticios,  aperturas.
 

Ese es el mundo que nos condiciona hoy, nos da grandes ventajas y nos permite muchas cosas. Hay identidades globales que son muy interesantes, que se crean a partir de reticulaciones informáticas muy atrayentes. Se crean comunidades on line muy activas.
 

En toda época la cultura siempre se las ha ingeniado para  inventar, para poner un signo de interrogación sobre las cosas, sea el momento que fuere y, este no tendría que ser diferente.

 

Ticio Escobar aseguró también a finales del siglo XX: Vivimos un momento asustado. ¿Cómo lo definiría ahora?
 

Me ubico en Paraguay. Entonces diría que vivimos un momento asustado, pero con la esperanza. No puedo dejar de tenerla obstinadamente en un tiempo en que ha caído una estructura dictatorial después de 35 años y, esperamos estar construyendo una otra cosa. Desde este punto de vista no puedo dejar de mencionar ese sesgo un poco inocente de la esperanza, que ojalá nos dure.

 

¿Cómo se articula Latinoamérica con el contexto actual para la construcción simbólica de su  realidad? 
 

La construcción simbólica tiene que ver con variados lenguajes, con muchos discursos, con la cultura. La cultura es fundamentalmente la posibilidad de construir un  mundo simbólico y, el arte podría romperlo con la imaginación,  ir más allá de lo simbólico, al apuntar a explorar el límite del símbolo, el límite del lenguaje, el límite de lo que se puede decir, el límite de lo imaginario. Eso rige en los circuitos informáticos que son lenguajes de símbolo puro.

 

¿Y cómo se inserta la comunicación?
 

Se inserta muy cómodamente, como negociación, como disturbio, de manera acomodaticia. No creo que haya una sola manera de pensar lo latinoamericano desde su posición con las redes globales. Existen muchas América Latina y muchos mundos de universo de sentido opuesto en ello.

 

¿Tomando en cuenta el papel que la globalización capitalista ha dado  a la imagen visual, qué lugar le otorgaría usted para construir la realidad latinoamericana desde sí misma?
 

Considero que hay una lucha muy fuerte por la imagen en este momento, porque la imagen ha sido prácticamente cooptada por el mercado, ha sido convertida en mercancía. Sin embargo, existe desde  América Latina —pero no solo en ella—, un pensamiento crítico en el arte que deviene utilizar la imagen, justamente, para descentrar un modelo simbólico sumiso de la realidad y abrir espacios de disenso, abrir espacios de la pregunta, abrir espacios a la inquietud, a la angustia incluso, que está dado por la imagen. 
 

A pesar de que la imagen es un instrumento fundamental del mercado y, que en gran parte del arte contemporáneo se ha renegado de ella por eso, nosotros reivindicamos la imagen como un arma de combate, porque es precisamente lo que permite hacer zozobrar lo simbólico hablando en el sentido lacaniano, como el pensamiento del lenguaje oligocultural establecido y abrir zonas de imposibilidad, de ficción, de posibilidad y —vuelvo de nuevo— de utopía.

 

¿Qué aportes podría, entonces, ofrecer Latinoamérica desde la información audiovisual?
 

Hay un resurgir fortísimo del audiovisual en América Latina. Por encima  de una imagen estandarizada, domesticada, anclada en Hollywood, América Latina está abriendo un espacio enorme en la creación del audiovisual. Creo que la región tiene un lugar natural y una responsabilidad inmensa en ese sentido…

 

¿Por qué?
 

Porque precisamente se está dando la emergencia de jóvenes que están usando la imagen con otro sentido. No sé por qué.
 

La creación tiene razones que no pueden ser explicadas. De pronto surgen, hay fricciones secretas, combustiones que no se sabe de dónde salieron, constelaciones que se arman.
 

Tampoco quiero ser un latinoamericanista fanático, pero hablo de lo que creo que puede aportar al lado de muchas otras culturas alternativas, de resistencia, que también se dan en Europa, en EE.UU., en África y en Asia.
 

Es decir, estoy hablando de culturas contrahegemónicas. Me estoy refiriendo a posiciones diferentes a una hegemonía del capital, pensado en términos de un mercado que uniforma la imagen.

 

¿Qué contribuciones podría ofrecer hoy Cuba en este concierto latinoamericano tan peculiar?
 

Cuba es una reserva muy fuerte de dignidad y de creación. Extrañamente ha logrado crear un sistema ordenado, un sistema sustentable, con muchas dificultades. No idealizo Cuba para nada, aunque la ame profundamente. Conozco sus dificultades y sus riesgos, pero sé que ha imaginado un sistema paralelo al gran sistema hegemónico, y eso es para nosotros una fuerte reserva de sentido.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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