Año VII
La Habana

18 al 24 de ABRIL
de 2009

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Entrevista con enrique pérez mesa,
director Titular de la orquesta sinfónica nacional

La meca cubana de la música sinfónica

Mabel Machado • La Habana

Fotos: Kike (La Jiribilla)

 

Del siglo XVIII data la formación de las primeras agrupaciones de música clásica en Cuba, que interpretaban sus repertorios en las iglesias mayores de La Habana y Santiago. Tal vez, luego de ocho décadas de su fundación y el sabotaje que lo destruyó casi completamente, el Teatro Auditórium Amadeo Roldán no reproduce de manera fidedigna aquellos contextos iniciales, pero sin duda, es la instalación por excelencia para recibir las resonancias de las notas de Verdi, Bach, Mozart y muchos otros. 

Ciento dos músicos cubanos, egresados de las escuelas del sistema de educación en el país, dan cuerpo a la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), que, de martes a domingo entre ensayos y presentaciones, colma de acordes el espacio de la instalación capitalina, su sede permanente. La batuta blandida por el maestro E. González Mántici en 1960, durante el primer concierto, la agita ahora Enrique Pérez Mesa, director titular de la agrupación.

¿Qué caracteriza al vínculo de la Orquesta con el Teatro? ¿Qué posibilidades ofrece a la OSN que el Amadeo le sirva como sede? 

Esta es la sede de la Orquesta Sinfónica Nacional desde 1960 y de la Filarmónica de La Habana, desde 1929. Siempre ha sido el teatro que ha acogido a esta importante institución de la música. 

El Amadeo nos brinda todos los servicios que permiten que la Orquesta funcione, y a su vez, nosotros celebramos en él dos temporadas de conciertos: de enero a julio y de septiembre a diciembre, con presentaciones todos los domingos a las cinco de la tarde. En total ofrecemos alrededor de 44 funciones en el año.  

Participamos también en los diferentes eventos internacionales que se organizan en el Amadeo Roldán, como el Festival de Guitarra, el Festival de la Música Contemporánea de la UNEAC, entre otros.

Además, implementamos un trabajo didáctico con los niños en los meses de verano, con obras dedicadas a ellos. El pasado año lo hicimos con La Colmenita, con las piezas “El carnaval de los animales” y “Pedro el Lobo”, lo cual fue bastante exitoso y dio origen a un DVD que promoverá la disquera Colibrí en 2010. 

¿Cómo la OSN, con una programación tan fija, puede lograr la asistencia regular del público a una sala de presentaciones que tiene más de 800 capacidades? 

Tenemos un sistema de abonados una idea del Maestro Leo Brouwer, iniciada en 2002, para el público que asiste a las temporadas completas, lo cual ha estabilizado una presencia mínima en la sala, de alrededor de 300 personas hasta el momento. Hemos ido ganando en público, sobre todo joven, que ha empezado a asistir más a los conciertos.  

La clave del éxito está en la programación. Nos hemos dado a la tarea de caracterizar diferentes etapas para la misma: dedicamos una de ellas a los directores invitados extranjeros, un ciclo de obras de diferentes compositores y hemos comenzado a hacer algunos conciertos especiales de fusión con la música popular, lo cual nos  ha dado importantes resultados. Este año, por ejemplo, estaremos en la clausura del Cubadisco con el cantautor Dany Rivera. Tal vez ello ha ido quitando un poco ese velo que existe de que la música clásica es para la tercera edad. Más del 70% de nuestros abonados actuales son personas jóvenes, sobre todo estudiantes que se han ido acercando a la orquesta. 

También tratamos de combinar, de hacer varios estrenos mundiales, tocar la obra de compositores jóvenes, y eso ha llamado la atención del público. 

Las iniciativas en este sentido son muy importantes, porque trabajar en un teatro vacío es triste para cualquier artista, después de un enorme esfuerzo de estudio, de preparación, de inversión de recursos. 

En el Teatro Auditórium Amadeo Roldán se estrenó la Orquesta Sinfónica en noviembre de 1960, y recientemente, esta ha rendido también homenaje al X aniversario de reinaugurada la instalación, con un importante concierto. ¿Qué momentos clave pudiera Ud. señalar del devenir histórico de la relación entre ambas instituciones?

Este año hemos tenido una programación bastante especial, que tuvo como colofón el pasado concierto de abril. Se han presentado destacadas figuras del ámbito internacional, directores invitados de un alto nivel, como el maestro Francesco Belli; Fukumra, el director japonés; el primer violín de la Scala de Milán, etcétera. Hace poco recibimos a una pianista turca, una de las más grandes del mundo actualmente; trabajamos con los principales solistas del país.  

En el mes de mayo presentaremos una de las obras cumbre de la literatura sinfónica, la “Quinta Sinfonía”, de Gustav Malher, una obra gigante que pondrá alrededor de 96 músicos en escena, con un director armenio. 

En el segundo semestre de este año tendremos otro estreno en Cuba, con una de las sinfonías de Bruckner, y la participación de un director español.  

Todos los años tratamos de buscar directores que repiten, otros nuevos, o jóvenes. Siempre en la temporada dedicamos algunos conciertos a los talentos de las escuelas de arte, lo cual nos ha dado gratos resultados.  

¿Qué otros proyectos inmediatos tiene la OSN? 

Estamos preparando la programación del próximo año, en el cual la Orquesta arriba a su aniversario 50. 

Pretendemos repetir obras que se han hecho en los últimos 40 años, invitar a todos los directores y solistas que han pasado y que han tenido una destacada labor en la Orquesta. Por otra parte, pensamos hacer una selección de los últimos diez años, de los principales directores y solistas invitados extranjeros. 

Proyectamos retomar obras sinfónico-corales, como la “Novena Sinfonía”, de Beethoven, que ya se ha hecho en otras ocasiones. Queremos hacer un trabajo especial en La Habana Vieja, un concierto de tipo popular al aire libre, hilvanado con danza en vivo.  

Otra de las ideas para el 2010, es una gira por los centros de Educación Superior. Es un deber de la Orquesta llegar a esas instituciones, para contribuir a enriquecer el acervo cultural de los jóvenes en formación.  Para nosotros también es muy provechoso, en la búsqueda de un nuevo público. 

La orquesta se actualiza, pero, ¿en qué medida sigue siendo fiel a aquella tradición sinfónica iniciada por Salas? ¿Cómo el Teatro Amadeo Roldán puede contribuir a recrear el ambiente de las catedrales en que se fraguó la sinfónica de Cuba?

Para nosotros, tocar en el Amadeo Roldán es como tocar en el Lincoln Center de Nueva York. Es para los cubanos la meca de la música clásica. Eso es algo que debe cuidar el Teatro, y de hecho, se está tratando de hacer: cualquiera no debe presentarse en sus salas; debe  identificársele como la aspiración más grande del artista. 

En cuanto a la Orquesta, efectivamente tratamos de renovarnos, tenemos un promedio de edad de 35 años ―bastante joven para los del resto de las orquestas del mundo―. Estamos transformando siempre tanto el repertorio, como el personal. Ver una sinfónica es un espectáculo, es como un concierto de rock sin humo ni efectos especiales. Uno tiene que tratar de cautivar al público como si fuera un gran show, que además de ser auditivo, es visual. Es cierto que inicialmente se hacían los conciertos en las iglesias, pero nosotros ahora estamos trabajando hasta el punto de revolucionar el vestuario, ese prototipo serio del negro y el smoking; porque además, estamos en América, aunque también en Europa prolifera el colorido en las orquestas. 

¿Cómo valora el desarrollo de la música sinfónica en Cuba, a partir de sus espacios de presentación?

Creo que estamos ganando. Falta muchísimo por hacer, pero se ha mejorado, sobre todo a raíz del comienzo de los planes especiales del Ministerio de Cultura. Las sinfónicas en estos momentos están siendo atendidas íntegramente por el Instituto Cubano de la Música; se trata de garantizar que cada una tenga su espacio. Es un momento de partida. Hacer una orquesta no es tan complejo, mantenerla es lo más difícil; pero fuerza técnica no falta: con las graduaciones de las escuelas y alumnos muy bien formados, nuestro país está en condiciones de desarrollar este terreno. 

Trabajamos muy unidos, la programación tiene en cuenta las provincias, para que toda Cuba se beneficie con la experiencia de los directores y solistas de las naciones invitadas. Los frutos se hacen patentes cada año en los encuentros de orquestas sinfónicas, en los que el Amadeo Roldán acoge la música de todas las agrupaciones de este formato en el territorio nacional.
 

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La Habana, Cuba. 2009.
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