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Del siglo XVIII data la
formación de las primeras
agrupaciones de música clásica
en Cuba, que interpretaban sus
repertorios en las iglesias
mayores de La Habana y Santiago.
Tal vez, luego de ocho décadas
de su fundación y el sabotaje
que lo destruyó casi
completamente, el Teatro
Auditórium Amadeo Roldán no
reproduce de manera fidedigna
aquellos contextos iniciales,
pero sin duda, es la instalación
por excelencia para recibir las
resonancias de las notas de
Verdi, Bach, Mozart y muchos
otros.
Ciento dos músicos cubanos,
egresados de las escuelas del
sistema de educación en el país,
dan cuerpo a la Orquesta
Sinfónica Nacional (OSN), que,
de martes a domingo
―entre
ensayos y presentaciones―,
colma de acordes el espacio de
la instalación capitalina, su
sede permanente. La batuta
blandida por el maestro E.
González Mántici en 1960,
durante el primer concierto, la
agita ahora Enrique Pérez Mesa,
director titular de la
agrupación.
¿Qué caracteriza al vínculo de
la Orquesta con el Teatro? ¿Qué
posibilidades ofrece a la OSN
que el Amadeo le sirva como
sede?
Esta es la sede de la Orquesta
Sinfónica Nacional desde 1960 y
de la Filarmónica de La Habana,
desde 1929. Siempre ha sido el
teatro que ha acogido a esta
importante institución de la
música.
El Amadeo nos brinda todos los
servicios que permiten que la
Orquesta funcione, y a su vez,
nosotros celebramos en él dos
temporadas de conciertos: de
enero a julio y de septiembre a
diciembre, con presentaciones
todos los domingos a las cinco
de la tarde. En total ofrecemos
alrededor de 44 funciones en el
año.
Participamos también en los
diferentes eventos
internacionales que se organizan
en el Amadeo Roldán, como el
Festival de Guitarra, el
Festival de la Música
Contemporánea de la UNEAC, entre
otros.
Además, implementamos un trabajo
didáctico con los niños en los
meses de verano, con obras
dedicadas a ellos. El pasado año
lo hicimos con La Colmenita, con
las piezas “El carnaval de los
animales” y “Pedro el Lobo”, lo
cual fue bastante exitoso y dio
origen a un DVD que promoverá la
disquera Colibrí en 2010.
¿Cómo la OSN, con una
programación tan fija, puede
lograr la asistencia regular del
público a una sala de
presentaciones que tiene más de
800 capacidades?
Tenemos un sistema de abonados
―una
idea del Maestro Leo Brouwer,
iniciada en 2002―,
para el público que asiste a las
temporadas completas, lo cual ha
estabilizado una presencia
mínima en la sala, de alrededor
de 300 personas hasta el
momento. Hemos ido ganando en
público, sobre todo joven, que
ha empezado a asistir más a los
conciertos.
La clave del éxito está en la
programación. Nos hemos dado a
la tarea de caracterizar
diferentes etapas para la misma:
dedicamos una de ellas a los
directores invitados
extranjeros, un ciclo de obras
de diferentes compositores y
hemos comenzado a hacer algunos
conciertos especiales de fusión
con la música popular, lo cual
nos ha dado importantes
resultados. Este año, por
ejemplo, estaremos en la
clausura del Cubadisco con el
cantautor Dany Rivera. Tal vez
ello ha ido quitando un poco ese
velo que existe de que la música
clásica es para la tercera edad.
Más del 70% de nuestros abonados
actuales son personas jóvenes,
sobre todo estudiantes que se
han ido acercando a la
orquesta.
También tratamos de combinar, de
hacer varios estrenos mundiales,
tocar la obra de compositores
jóvenes, y eso ha llamado la
atención del público.
Las iniciativas en este sentido
son muy importantes, porque
trabajar en un teatro vacío es
triste para cualquier artista,
después de un enorme esfuerzo de
estudio, de preparación, de
inversión de recursos.
En el Teatro Auditórium Amadeo
Roldán se estrenó la Orquesta
Sinfónica en noviembre de 1960,
y recientemente, esta ha rendido
también homenaje al X
aniversario de reinaugurada la
instalación, con un importante
concierto. ¿Qué momentos clave
pudiera Ud. señalar del devenir
histórico de la relación entre
ambas instituciones?
Este año hemos tenido una
programación bastante especial,
que tuvo como colofón el pasado
concierto de abril. Se han
presentado destacadas figuras
del ámbito internacional,
directores invitados de un alto
nivel, como el maestro Francesco
Belli; Fukumra, el director
japonés; el primer violín de la
Scala de Milán, etcétera. Hace
poco recibimos a una pianista
turca, una de las más grandes
del mundo actualmente;
trabajamos con los principales
solistas del país.
En el mes de mayo presentaremos
una de las obras cumbre de la
literatura sinfónica, la “Quinta
Sinfonía”, de Gustav Malher, una
obra gigante que pondrá
alrededor de 96 músicos en
escena, con un director
armenio.
En el segundo semestre de este
año tendremos otro estreno en
Cuba, con una de las sinfonías
de Bruckner, y la participación
de un director español.
Todos los años tratamos de
buscar directores que repiten,
otros nuevos, o jóvenes. Siempre
en la temporada dedicamos
algunos conciertos a los
talentos de las escuelas de
arte, lo cual nos ha dado gratos
resultados.
¿Qué otros proyectos inmediatos
tiene la OSN?
Estamos preparando la
programación del próximo año, en
el cual la Orquesta arriba a su
aniversario 50.
Pretendemos repetir obras que se
han hecho en los últimos 40
años, invitar a todos los
directores y solistas que han
pasado y que han tenido una
destacada labor en la Orquesta.
Por otra parte, pensamos hacer
una selección de los últimos
diez años, de los principales
directores y solistas invitados
extranjeros.
Proyectamos retomar obras
sinfónico-corales, como la
“Novena Sinfonía”, de Beethoven,
que ya se ha hecho en otras
ocasiones. Queremos hacer un
trabajo especial en La Habana
Vieja, un concierto de tipo
popular al aire libre, hilvanado
con danza en vivo.
Otra de las ideas para el 2010,
es una gira por los centros de
Educación Superior. Es un deber
de la Orquesta llegar a esas
instituciones, para contribuir a
enriquecer el acervo cultural de
los jóvenes en formación. Para
nosotros también es muy
provechoso, en la búsqueda de un
nuevo público.
La orquesta se actualiza, pero,
¿en qué medida sigue siendo fiel
a aquella tradición sinfónica
iniciada por Salas? ¿Cómo el
Teatro Amadeo Roldán puede
contribuir a recrear el ambiente
de las catedrales en que se
fraguó la sinfónica de Cuba?
Para nosotros, tocar en el
Amadeo Roldán es como tocar en
el Lincoln Center de Nueva York.
Es para los cubanos la meca de
la música clásica. Eso es algo
que debe cuidar el Teatro, y de
hecho, se está tratando de
hacer: cualquiera no debe
presentarse en sus salas; debe
identificársele como la
aspiración más grande del
artista.
En cuanto a la Orquesta,
efectivamente tratamos de
renovarnos, tenemos un promedio
de edad de 35 años ―bastante
joven para los del resto de las
orquestas del mundo―. Estamos
transformando siempre tanto el
repertorio, como el personal.
Ver una sinfónica es un
espectáculo, es como un
concierto de rock sin humo ni
efectos especiales. Uno tiene
que tratar de cautivar al
público como si fuera un gran
show, que además de ser
auditivo, es visual. Es cierto
que inicialmente se hacían los
conciertos en las iglesias, pero
nosotros ahora estamos
trabajando hasta el punto de
revolucionar el vestuario, ese
prototipo serio del negro y el
smoking; porque además, estamos
en América, aunque también en
Europa prolifera el colorido en
las orquestas.
¿Cómo valora el desarrollo de la
música sinfónica en Cuba, a
partir de sus espacios de
presentación?
Creo que estamos ganando. Falta
muchísimo por hacer, pero se ha
mejorado, sobre todo a raíz del
comienzo de los planes
especiales del Ministerio de
Cultura. Las sinfónicas en estos
momentos están siendo atendidas
íntegramente por el Instituto
Cubano de la Música; se trata de
garantizar que cada una tenga su
espacio. Es un momento de
partida. Hacer una orquesta no
es tan complejo, mantenerla es
lo más difícil; pero fuerza
técnica no falta: con las
graduaciones de las escuelas y
alumnos muy bien formados,
nuestro país está en condiciones
de desarrollar este terreno.
Trabajamos muy unidos, la
programación tiene en cuenta las
provincias, para que toda Cuba
se beneficie con la experiencia
de los directores y solistas de
las naciones invitadas. Los
frutos se hacen patentes cada
año en los encuentros de
orquestas sinfónicas, en los que
el Amadeo Roldán acoge la música
de todas las agrupaciones de
este formato en el territorio
nacional.
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