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Acariciaba el agua de los ojos del viajero
Qué cálido, muchacha, que estén en ti mis cosas.
Estuve, tú dormías, puse allí mi equipaje.
Hoy separé mis ojos de tu lugar de tablas
húmedas y la arena aquí está todavía.
Tú sales de la cama, muchacha, a media noche
y te llevas el sueño muelle adentro
túnica que el salitre por las orillas besa.
Porque pasan las noches tus pies dentro del agua
y adormece sin puertas tu cabaña
qué dulce mi equipaje allí contigo
y el dolor como a velas
prendido en las camisas que me traes ahora.
Por el vértigo suave de pedirte
(leve roce de alas al borde de mi boca)
de decirte muchacha, camina entre mis cosas,
pon un color al día que de tus manos venga,
de tu casa en los muelles
ver, muchacha salobre, cómo tersa tu vientre
la lúbrica distancia de la próxima noche
en que casi sabemos
que no volverás sola a dormir junto al agua.
Pie de foto
Yo no sé si otros días contigo se disuelvan
en otros y otros días, como el agua en el agua,
no sé si otras caricias perderán sus contornos
o pueda la memoria de mi piel dilatarse
para que no se pierdan tu mirada, tu beso.
Yo no sé ni siquiera si habrá un día siguiente
o despierte mañana en el revés del tiempo
perdida y con tu ausencia, desandando el recuerdo.
Pero si algo es seguro, definitivamente,
es que ese andar tus manos por la piel
de mis hombros,
ese soltarse mi alma de mí para ir contigo,
ese golpe de sangre y el vértigo en tu boca
son ya uno de esos pocos sitios que uno recuerda
cuando empiezan los días a hundirse en el olvido.
Élfica y el rey
Insondable, tendida, dejábale a la arena
humedad y una música honda como el mar
quebraba en torno al aire, y esa pena
obligaba a llegar.
Muchacha, canto triste que besaba las cosas,
no sé si eras entonces más hermosa
que en aquella otra luz ardida de tu amor.
Pero pesaba su alma de tal modo que hería:
sosteniéndola aún se deshacía.
Mi más grande dolor
Tu beso me dejaba sin guerras en el pecho.
Rendidas en las tierras profundas de tu paz
descansaron mis hordas del acecho
por un día, no más.
Señor, cómo confiar si había ungido tu espada
con el único don de mi raza olvidada
y no bastó para enfrentar tu ley.
Cómo apagar, señor, el eco de la fiesta
de tu coronación si aún soy esta
tierra donde eres rey.
Hay tardes otra vez
Estoy bien, ya no quema
tu perfil retenido en las sombras del techo,
aquella línea exacta de tu rostro
que perseguía mis ojos. Abiertos o cerrados.
Todo ha vuelto a moverse
hay tardes otra vez cayendo en la ventana
y blancos en el azul, y un viento suave
y transcurren las noches sin temer
aquel maldito insomnio en que reinaba
el viaje de tu mano por mi espalda
tu voz medio dormida
dibujando con luz las madrugadas.
Ya puedes regresar, ahora que no recuerdo
Haber escrito en las piedras
(con el placer insistente de un niño,
con la energía feroz de un prisionero)
—tu mano, que debiera estar después de cualquier
cosa— .
ahora que ya no llegan noticias
de las regiones devastadas
por aquella ilusión, desmembrada ya y hueca
se podría decir que estoy a salvo,
que “fuera de peligro”
que “ya puedo irme a casa”
queda solo atender esa escuela
esa invasión brutal de la soledad
que llega, urgente,
a reemplazarte.
Que no seas la luz
Que entibies el hogar, mas que el hogar no seas;
que seas el aroma, mas no el aire;
que me engarce en la danza tu donaire;
que ansiosa por danzar nunca me veas.
Que el modo en que me vez no sea el modo,
que mis versos no vayan tras mis versos,
que me plazcas mientras me place todo,
que no seas la luz, lo salobre y lo terso.
Que acuda apenas en visitas breves
a este claustro en que el alma me ha nacido
que el mundo exista igual cuando no llueves
que pueda imaginar que ya te has ido
que dejando tu voz junto a mi oído
no me importe qué ocultes, que mientas, qué llueves.
*Poemas tomados del libro Queredlas cual las hacéis,
XXI jóvenes poetisas del siglo XXI. Editora Abril,
2008.
Déborah García Morales: Poeta, diseñadora
y editora villaclareña. Nació en Santa Clara, el 22 de
diciembre de 1971. Es licenciada en Ciencias
Farmacéuticas en la Universidad Central de Las Villas
(1994). Desde su graduación hasta 1999 trabajó en el
Instituto de Biotecnología de las Plantas y a partir de
2000, en la Editorial Sed de Belleza como
diseñadora-editora. Se graduó de la Especialidad en
Edición de Textos (Universidad Central de Las Villas,
2002). Ha recibido los premios Mario Rodríguez Alemán
2006 y Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2007. Ha
publicado En estado de sitio, por la Editorial
Sed de Belleza en el 2003 y Sin ángeles tutelares,
por la Editorial Capiro en el 2008. |