Año VII
La Habana
2008

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¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 Déborah García Morales

(Santa Clara, 1971)


Acariciaba el agua de los ojos del viajero
 

Qué cálido, muchacha, que estén en ti mis cosas.

Estuve, tú dormías, puse allí mi equipaje.

Hoy separé mis ojos de tu lugar de tablas

húmedas y la arena aquí está todavía.

Tú sales de la cama, muchacha, a media noche

y te llevas el sueño muelle adentro

túnica que el salitre por las orillas besa.

Porque pasan las noches tus pies dentro del agua

y adormece sin puertas tu cabaña

qué dulce mi equipaje allí contigo

y el dolor como a velas

prendido en las camisas que me traes ahora.

Por el vértigo suave de pedirte

(leve roce de alas al borde de mi boca)

de decirte muchacha, camina entre mis cosas,

pon un color al día que de tus manos venga,

de tu casa en los muelles

ver, muchacha salobre, cómo tersa tu vientre

la lúbrica distancia de la próxima noche

en que casi sabemos

que no volverás sola a dormir junto al agua. 

 


Pie de foto
 

Yo no sé si otros días contigo se disuelvan

en otros y otros días, como el agua en el agua,

no sé si otras caricias perderán sus contornos

o pueda la memoria de mi piel dilatarse

para que no se pierdan tu mirada, tu beso.

Yo no sé ni siquiera si habrá un día siguiente

o despierte mañana en el revés del tiempo

perdida y con tu ausencia, desandando el recuerdo.

Pero si algo es seguro, definitivamente,

es que ese andar tus manos por la piel

de mis hombros,

ese soltarse mi alma de mí para ir contigo,

ese golpe de sangre y el vértigo en tu boca

son ya uno de esos pocos sitios que uno recuerda

cuando empiezan los días a hundirse en el olvido.
 


Élfica y el rey
 

Insondable, tendida, dejábale a la arena

humedad y una música honda como el mar

quebraba en torno al aire, y esa pena

obligaba a llegar.

Muchacha, canto triste que besaba las cosas,

no sé si eras entonces más hermosa

que en aquella otra luz ardida de tu amor.

Pero pesaba su alma de tal modo que hería:

sosteniéndola aún se deshacía.


Mi más grande dolor
 

Tu beso me dejaba sin guerras en el pecho.

Rendidas en las tierras profundas de tu paz

descansaron mis hordas del acecho

por un día, no más.
 

Señor, cómo confiar si había ungido tu espada

con el único don de mi raza olvidada

y no bastó para enfrentar tu ley.

Cómo apagar, señor, el eco de la fiesta

de tu coronación si aún soy esta

tierra donde eres rey.
 


Hay tardes otra vez
 

Estoy bien, ya no quema

tu perfil retenido en las sombras del techo,

aquella línea exacta de tu rostro

que perseguía mis ojos. Abiertos o cerrados.

Todo ha vuelto a moverse

hay tardes otra vez cayendo en la ventana

y blancos en el azul, y un viento suave

y transcurren las noches sin temer

aquel maldito insomnio en que reinaba

el viaje de tu mano por mi espalda

tu voz medio dormida

dibujando con luz las madrugadas.

Ya puedes regresar, ahora que no recuerdo

Haber escrito en las piedras

(con el placer insistente de un niño,

con la energía feroz de un prisionero)

—tu mano, que debiera estar después de cualquier

cosa— .

ahora que ya no llegan noticias

de las regiones devastadas

por aquella ilusión, desmembrada ya y hueca

se podría decir que estoy a salvo,

que “fuera de peligro”

que “ya puedo irme a casa”

queda solo atender esa escuela

esa invasión brutal de la soledad

que llega, urgente,

a reemplazarte.
 


Que no seas la luz
 

Que entibies el hogar, mas que el hogar no seas;

que seas el aroma, mas no el aire;

que me engarce en la danza tu donaire;

que ansiosa por danzar nunca me veas.
 

Que el modo en que me vez no sea el modo,

que mis versos no vayan tras mis versos,

que me plazcas mientras me place todo,

que no seas la luz, lo salobre y lo terso.

Que acuda apenas en visitas breves

a este claustro en que el alma me ha nacido

que el mundo exista igual cuando no llueves

que pueda imaginar que ya te has ido

que dejando tu voz junto a mi oído

no me importe qué ocultes, que mientas, qué llueves.

 

*Poemas tomados del libro Queredlas cual las hacéis, XXI jóvenes poetisas del siglo XXI.  Editora Abril, 2008.


Déborah García Morales: Poeta, diseñadora y editora villaclareña. Nació en Santa Clara, el 22 de diciembre de 1971. Es licenciada en Ciencias Farmacéuticas en la Universidad Central de Las Villas (1994). Desde su graduación hasta 1999 trabajó en el Instituto de Biotecnología de las Plantas y a partir de 2000, en la Editorial Sed de Belleza como diseñadora-editora. Se graduó de la Especialidad en Edición de Textos (Universidad Central de Las Villas, 2002). Ha recibido los premios Mario Rodríguez Alemán 2006 y Fundación de la Ciudad de Santa Clara 2007. Ha publicado En estado de sitio, por la Editorial Sed de Belleza en el 2003 y Sin ángeles tutelares, por la Editorial Capiro en el 2008. 

 
 

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