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Intentar un recuento de la labor
y obra de Casa de las Américas
nos conduce a retrotraer la
mirada y contemplar con
satisfactoria devoción a la
Revolución, dedicada
ininterrumpidamente a
transformar nuestro panorama
cultural. Es recorrer senderos
que nos animan, paso a paso, a
reencontrar nuestras raíces
dispersas en tantas tierras. La
Revolución nos ha devuelto al
suelo que la engendra y
sostiene.
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Inauguración del Premio
Casa de 1978.
Junto a Armando Hart ,
Alfredo Guevara, Haydée
Santamaría y Mariano
Rodríguez. |
La fundación de Casa de las
Américas, presidida por Haydée
Santamaría,
trae a nuestro medio artístico
una irradiación que nos llega
del continente y sus islas y que
confluye a dar cuerpo a un Todo
que en 50 años no cesa de
expandir su luz. La idea de
convocar un Concurso literario
que acercara y difundiera la
obra de escritores
latinoamericanos y del Caribe
parte de Marcia Leiseca y Katya
Álvarez. Proposición acogida con
beneplácito por la Presidenta,
el certamen, me atreveré a
decir sin temor a correr el
riesgo de aventurarme, ha
resultado ser el más importante
en nuestro continente. Nada hay
que se le iguale. Por la Casa de
las Américas han pasado, como
concursantes o jurados lo más
granado y significativo de las
letras latinoamericanas en
español.
Personalmente para mí, la
primera convocatoria al premio
constituyó una revelación.
Nuestros escritores, aun
aquellos más altamente
reconocidos, buscaban cierto
modo de confraternización entre
ellos. El hecho de que Ezequiel
Martínez Estrada participara y
obtuviera el Premio en Ensayo
por un jurado constituido por
Fernando Benítez (México), Roger
Callois (Francia) y Jorge Mañach
(Cuba) cede ante lo prodigioso.
Juntar estos nombres no obedece
a ningún azar, ni siquiera al
más concurrente, fija a la
institución y sus propósitos
jerarquía instalada en lo
perenne. Lunes coincidía
con la Casa, como se le nombra
tradicionalmente, en la
intención de colocar a Cuba en
un lugar muy alto dentro de
nuestras tradiciones y dedicó
dos números a difundir su
prestigioso Premio.
El 6 de noviembre de 1961
editamos el último número de
Lunes de Revolución. Esa
noche Adita Santamaría estuvo en
el periódico y me dijo que
Haydée deseaba verme por la
mañana en su casa. Temprano
Lisandro Otero me condujo hasta
la casa de Haydée. Me ofreció el
cargo de Jefe de Redacción de la
revista Casa de las
Américas bajo su dirección.
Acepté gustoso. El Consejo de
Redacción lo componían Ezequiel
Martínez Estrada, Manuel Galich
y Antón Arrufat, fundador de la
revista con Fausto Masó y
compañero en las noches que
componíamos y editábamos
Lunes. Esa decisión
afirmaba mi cercanía filial a
don Ezequiel, fraterna y
amistosa con sus editores y
colaboradores. Mis vínculos con
la revista provenían de su
número inicial donde aparece un
poema mío, “Soledad, cruel
estación” solicitado por Antón.
Ya en su primer año de
existencia, la Casa, iniciaba su
prestigioso empeño de
acercamiento universal con el
Premio Literario, la presencia
de figuras de la política y la
cultura como Jacobo Arbenz,
Ezequiel Martínez Estrada y el
gran poeta Pablo Neruda. Hizo
que una importante exposición de
pintura cubana, saliera de Cuba
hacia otras naciones hermanas en
el continente. Este impulso ha
contribuido a que en la
actualidad la Casa cuente con
tres galerías activas y una
colección de obras plásticas,
posiblemente insuperable en
instituciones del cariz de
Casa.
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Premio
Casa de 1979. Junto a
Haydée Santamaría, Mario
Benedetti y Alejo
Carpentier |
En estos 50 años, el Premio
literario ha contribuido al
desarrollo y la difusión de la
literatura latinoamericana,
caribeña en inglés y francés
creole e indígena (mapuche,
aymara y mayanses). Organizado
por el Centro de Investigaciones
Literarias de la Casa, en sus
inicios recibió el apoyo de
Alejo Carpentier, quien ayudó a
preparar las Bases del concurso
y convocó a la mayor parte de
los primeros jurados. Algunos de
nuestros escritores
latinoamericanos se dieron a
conocer al alcanzar el
prestigioso premio y ser
publicados por la Casa, entre
ellos: José Soler Puig, Roque
Dalton, Ricardo Piglia, Alfredo
Bryce Echenique, Antonio
Skármeta y Eduardo Galeano. Más
de mil intelectuales de varios
continentes han asistido al
Concurso. El Premio ha logrado
conservar hasta nuestros días,
el Encuentro de escritores
latinoamericanos y caribeños.
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Ya en la Casa, entregado a
prestar continuidad a la edición
de la revista, encontré ciertas
dificultades. El vicepresidente
Elvio Romero, insistía en su
desagrado por el formato, según
él, copiado de Orígenes.
Tras varias discusiones optamos
por el cambio. Me tengo
prometido a mí mismo, que de
alcanzar la posibilidad algún
día, haré que el número 8 sea
reeditado. Ya para el 9, se
recuperaba el formato inicial.
En el mes de octubre de 1962, se
me nombra Consejero Cultura en
nuestra Embajada en Gran
Bretaña. Haydée Santamaría
aprueba tal designio y el 22 de
diciembre llego a Londres con
Maruja y nuestras niñas. A la
hora de mi partida ya don
Ezequiel y Juan José Arreola
habían retornado a sus países.
Mi primer trabajo como
diplomático fue comunicarme con
Harold Gramatges, entonces
embajador de Cuba en París, para
que localizara a Julio
Cortázar. Queríamos invitarlo al
Premio Casa 1963. Así fue como
Julio vino a Cuba con su esposa
Aurora Bernárdez. Miembros del
Jurado en los géneros de Cuento
y Teatro. Ese año obtuve una
mención con Libro de
los héroes, publicado por
Casa.
Gran parte de mi estancia en
Londres la dediqué al Premio
Casa. Cartas y manuscritos de
quienes participaban en el
certamen llegaban a mi casa.
Algo que me permitió mantener
una amistad epistolar con
algunos de los más ilustres
creadores literarios de nuestra
América, sobre todo de la
Argentina. Entre las múltiples
gestiones relacionadas con el
Premio conseguí que J. M. Cohen
(Gran Bretaña) y Enrique
Caracciolo (Argentina), con
quienes había logrado una sólida
y firme amistad, aceptaran ser
jurados en Poesía y Cuento, en
1965. Ese año estoy de vuelta
en Cuba. Otras dificultades que
afrontar. Afortunadamente, Casa
me acoge como jurado en Poesía
1966, que comparto con José
Emilio Pacheco (México), Gonzalo
Rojas (Chile), Jorge Zalamea
(Colombia). El premio lo obtiene
Enrique Lihn: Poesía de Paso
(Chile). Maruja aceptó el cargo
de Jefa de Despacho de la
Presidencia de Casa. En 1967,
nos reunimos en Varadero,
celebrando El Encuentro con
Rubén Darío que nos une en un
abrazo fraternal y nos anima en
la conversación al intercambio
de experiencias, anécdotas,
libros. En 1968, obtuve el
Premio de Novela con Los
niños se despiden”.
El largo período, que
actualmente han dado por
llamarle “quinquenio gris” y que
resultó ser un decenio oscuro,
Casa también lo padeció. Ese
lapso sombrío me mantuvo alejado
de sus predios. En 1980 perdimos
a Haydée. Mariano Rodríguez se
haría cargo de la presidencia.
En 1982, participo como jurado
en Literatura caribeña en inglés
y creole. En 1990, me
corresponde hacerlo en Poesía y
en 1997 en Premio Extraordinario
de Literatura Hispana en los
EE.UU. En el 2001 acepto ser
director del Fondo Editorial y
actualmente soy asesor de la
Presidencia, que Roberto
Fernández Retamar preside y ha
mantenido la dirección de la
revista, como concierne a su ser
eminentemente creador. Marcia no
ha abandonado el impulso
revolucionario que Haydée
reconoce en las páginas de
Lunes. Atendamos su decir:
“Con Lunes de Revolución
la nueva generación intelectual
tiene un excelente medio
expresivo, un instrumento con el
que decir y comunicar lo que
siente y lo que siente con noble
sinceridad, es el drama de la
Patria y la esperanza, ya en
gran parte convertida en
realidad, de una revolución de
humildes por los humildes y para
los humildes. Las ideas, las
manifestaciones expresivas de
toda índole que en cada Lunes
de Revolución van
apareciendo, son ya patrimonio
del pueblo de Cuba, como son
motivo eficiente para que se
sientan orgullosos los que
tuvieron la feliz iniciativa y
los que han hecho con su trabajo
el noble empeño”.
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La Casa, que en los años 60
favoreció con su apoyo y
reconocimiento a los cantautores
de la Nueva Trova, ha
robustecido su acogida a la
música que encanta su gran sala
Comandante Che, organiza sus
celebraciones teatrales, expone
en todos los espacios adecuados
obras de consagrados artistas de
nuestra América continental y
sus islas, difunde su
literatura clásica y
contemporánea y presta su
atención a disertantes en la
sala Galich. Sus Estudios del
Caribe nos hermanan con las
Islas que componen una familia
residente en su centro. Lejos de
toda posible autocomplacencia,
mantenerme entre sus paredes,
bajo su techo memorable, debo
agradecerlo a la Luz, que en
este medio siglo me devolviera a
casa, a días y noches, inmerso
en las páginas de Lunes,
de la revista Casa de las
Américas y la revista
UNIÓN. Referirme a estas
emanaciones luminosas es
confesar que todo lo debo con
satisfactoria devoción a la
Revolución.
República Dominicana, diciembre
de 2008. |