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La Casa a dos voces

Silvia Gil y Chiqui Salsamendi • La Habana
Fotos: Archivos de La Jiribilla y de la Casa de las Américas
 

 

Por estos días en que las celebraciones por los 50 años de la fundación de la Casa de las Américas alcanzan su punto más alto, acercarse a las personas que mayor tiempo han estado vinculadas con esta institución se hace imprescindible. Silvia Gil y Chiqui Sarsamendi, directora y asesora del Proyecto Memoria respectivamente, son de aquellas que han hecho su vida trenzadas con la Casa. En 1962 llegó Chiqui a trabajar con Haydée Santamaría, dos años después lo haría Silvia. El retiro las sorprendería a las dos aún entre las paredes de 3ra y G. Arrastra el mar de recuerdos que llevan consigo dos mujeres que durante muchos años fueron, y aún son, pilares de la Casa de las Américas. Mujeres puntales, que construyeron unas amplísimas y efectivas relaciones con la prensa y las personalidades —latinoamericanas, europeas y de otras partes del mundo— pero por modestia casi nunca cuentan sus historias, esas que hablan de cómo se construye un mito desde el día a día. Sus más de cuatro décadas de amistad median en la conversación, se acotan datos, fechas, nombres… Este es un diálogo entre ellas donde cuentan su historia de la Casa de las Américas, su Casa.

Los fundacionales 60 

Silvia Gil: Entré a la Casa de las Américas a hacer un trabajo en la Biblioteca que ya estaba armado, pues la biblioteca existía, tenía una cantidad de libros apreciable y ya era una biblioteca latinoamericana. A través de ese departamento que le llamábamos de Selección, Adquisición y Distribución, nosotros nos relacionábamos con todo el mundo. Era un departamento múltiple que hacía muchísimas cosas pero sobre todo la importancia que tenía era la comunicación mantenida con instituciones y personas. Las instituciones que publicaban libros y nosotros que teníamos ya un fondo que empezaba a ser grande, de libros y de revistas les proponíamos canjes y ese era un modo de empezar a entrar en las bibliotecas, en las instituciones culturales de América Latina y de Europa, porque Europa no se dedicaba a América Latina hasta que triunfó la Revolución Cubana. Había algunos centros en Europa iberoamericanos pero no latinoamericanos, que fue lo que vino después.

Cuando llegó el interés por lo latinoamericano, entonces nosotros jugamos un papel importante: comenzamos a publicar a América Latina, y empezaron a crearse en las universidades facultades latinoamericanas. Aprovechamos esa coyuntura para enviar todo lo que publicábamos. Mandábamos 5 000 revistas Casa de las Américas, después Conjunto, vinieron el Boletín de Música y Anales del Caribe mucho después; pero el caballo de batalla, la publicación insignia era la revista Casa de las Américas. Con ella nos movíamos por todas partes e íbamos siguiendo a la gente. Hay una anécdota muy bonita de Tununa Mercado donde cuenta que tuvo que salir de Argentina por la dictadura, y al poco tiempo de llegar a México recibió la revista en la puerta de su casa. Claro, porque nosotros cada vez que venía alguien nos preocupábamos por preguntar dónde estaba esta o aquella persona e íbamos cambiando las direcciones, un trabajo enorme, porque no era como ahora con la computadora, había que hacer unas cosas raras que mandábamos a imprimir después. Teníamos un adesógrafo famoso, que era a donde mandábamos a hacer unas plaquitas con el nombre de las personas, y eso tardaba un mes o dos meses. 

Chiqui: El adesógrafo es importante porque es increíble como esa chapilla recorría el mundo. Ahí está el aparato como muestra de lo que se hacía. No era una ni dos, eran cientos de chapillas. 

Silvia: Eran miles. Nosotros empezamos a mandar esto a todas partes del mundo. Se crearon esas instituciones en Europa y EE.UU., facultades latinoamericanas en las universidades, y fue la Revolución Cubana la que hizo que estallara eso.

También teníamos otra técnica para la difusión: nos entrevistábamos con todas aquellas personas que venían a la Casa de las Américas para saber a quiénes debíamos mandarles las publicaciones de la Casa y a quiénes debíamos invitar como jurado del Premio Literario. Después pasaba por nuestro tamiz, se buscaba la información, no existía Internet así que debíamos buscar libros, escribirles a las personas para relacionarnos con ellas. Entonces esa gente nos mandaba sus libros, y se fue nutriendo la biblioteca con donaciones de las instituciones, por un lado, y de personas que venían y que nosotros les escribíamos con un amor tremendo. Con eso nutrimos la biblioteca y la Casa de las Américas.

Esas personas que vinieron también fueron parte del trabajo que hacíamos. Muchas eran desconocidas para mí. León Ferrari, por poner un ejemplo, vino la primera vez y cuando se fue seguí escribiéndole pidiéndole que mandara esto o aquello. Nosotros le enviábamos la revista, y él entregaba una colección de sus grabados. Así era el trabajo que se hacía. 

Chiqui: Pero eso que cuenta Silvia que es el punto neurálgico de cómo se cultivaban las relaciones, las cultivaba ella, las cultivé yo, lo hace Jorge ahora, o sea, que fue como un leiv motiv

Silvia: Sí, lo que pasa es que estoy hablando de cómo nació eso en este departamento, porque Retamar tenía las relaciones de su revista, con las personas a las cuales les pedía trabajos, pero lo de nosotros era algo más general. Yo tenía gente en distintos países como Colombia, México, Perú, España, Venezuela, casi todos intelectuales, que nos mandaban recortes de prensa de noticias culturales de los periódicos más importantes de acuerdo a nuestros intereses. Muchos de los recortes que están hoy en el archivo provienen de esas fuentes. Casi todos ellos servían, eran útiles, porque hablaban de un pintor, un escritor o un músico, y hoy toda esa información está mucho más organizada porque al principio solo lo guardábamos porque ni sabíamos bien el destino que después iba a tener. La finalidad que perseguíamos era enterarnos de lo que estaba pasando en América Latina, y se fue organizando, unas veces por materia, otras por autor, otras por país.

Esta es una parte de la historia que creo que nunca había contado yo así, creo que me estimuló lo que dijiste y le quité a Chiqui la palabra para que no se me olvidara.

Aquí, desde Haydée, Marcia, Chiqui, hasta Roberto, todo el mundo ha hecho un poco de trabajo de intercambio. Yo lo hice con más fuerza porque esa era mi tarea, pero cada uno en su momento ha hecho ese trabajo, ha ido haciendo en ese sentido su aporte porque la Casa ha funcionado en ese sentido como una totalidad, como un equipo, como una casa, porque siempre se ha batallado para que sea así, la Casa de todos.

Yo hacía mil cartas al mes, esa era mi meta, cartas a manos, con sello, con salida de Casa de las Américas, mecanografiadas, con sobre, ese era el trabajo. Aquí se centralizó la correspondencia, lo que llevó a alguna gente a creer que era invadir la privacidad de las personas; pero nunca se concibió así en la Casa. Aquí la correspondencia se suponía que era institucional: si tú tenías un amigo le escribías fuera de la Casa de las Américas, pero si le escribías desde ella se suponía que era una relación institucional, así fue conscientemente hecho. Toda la correspondencia que llegaba se entraba y se asentaba en un lugar, y todos los miembros del Consejo de dirección teníamos la obligación de ir a leerla diariamente para estar informados de lo que nos escribían a cada uno. Cuando íbamos al Consejo de dirección todo el mundo sabía todo. Esa costumbre se sigue manteniendo, ya no viene nadie a leer la correspondencia porque solo las cartas oficiales vienen por ahí; pero tenemos un sistema cibernético mediante el cual recibimos toda la mensajería que se recibe en el organismo. Cada persona tiene su dirección electrónica particular, pero en mi departamento se reciben todas las comunicaciones que entran por la dirección institucional y se archivan. Esa información es muy útil porque, por ejemplo, el otro día estuvo aquí José Celso Martínez Correa, quien vino en el año 68 y fue jurado del premio. Jaime Gómez Triana, quien lo atendió, fue al archivo y vio toda su correspondencia, luego fue al Centro de Investigaciones Literarias y cuando José Celso llegó ya Jaime tenía toda esa información previa. 

Chiqui: Ahora imagínate lo que era la prensa antes, a través de las notitas de prensa. En la actualidad es muy grande la rapidez con los medios modernos.

Tuve dos momentos que atendí la prensa aquí en la Casa de las Américas, del 62 al 72 y desde el 81 hasta que me jubilé en el año 95. Así que fueron unos cuantos años atendiendo a la prensa tanto nacional, como extranjera.

¿Cómo íbamos nutriendo la información de los periodistas y sus especialidades fuera de aquí? Entrevistando a los que venían, a los jurados. Yo podía preguntarle, por ejemplo, a Mario Benedetti quiénes en la prensa uruguaya eran los críticos de música, los de plástica, los de literatura. Él nos iba dando esa información y nosotros les dábamos lo que estaba aconteciendo aquí en la Casa, es decir, los encuentros de plástica, el concurso de grabado estoy hablando de la década del 60 pero después continuó del mismo modo a lo largo de estos años, mandándoles información de la Casa, escribiéndoles, sacándoles todo el jugo posible a esos nombres. Así fuimos haciendo nuestros ficheros y ahí le mandaban toda la información de lo que pasaba en la Casa de las Américas.

Imagínate una notica de prensa que volaba, nacional e internacionalmente a través de esos medios, y usábamos también teletipos para cosas muy puntuales, los resultados del Premio Casa o del Concurso de grabado y también por teléfono en algunas ocasiones pero eso era más puntual porque la información generalmente se mandaba por cartas.  

Silvia: Y ellos publicaban las cosas. 

Chiqui: Publicaban, por supuesto, informaciones que le enviábamos. 

Silvia: Y nosotros les pedíamos que publicaran. 

Chiqui: Sí, claro. Por ejemplo, al crítico literario se le mandaban los libros y se le decía: aquí se le envían los libros del Premio Casa de las Américas con el ánimo de que usted los comente. Así éramos de osadas.

Si les mandábamos los resultados del Concurso de grabado, les decíamos: por favor, es importante que usted dé a conocer estos. Así era persona a persona con el fichero que teníamos de los especialistas. 

Silvia: ¿Cómo se enteraron de que yo existía? decían ellos. 

Chiqui: Sí, porque eso era una cadena. 

Silvia: También es muy importante el trabajo con la prensa nacional. 

Chiqui: Atendí a la prensa nacional muchos años, se estableció una relación de trabajo bonita, tengo un buen recuerdo de todos esos compañeros con los cuales colaboré. 

Silvia: Siempre era difícil porque había que hablar con los altos niveles para que los periodistas vinieran a cubrir las actividades. Chiqui llamaba a esa gente y todo el mundo la atendía. 

Chiqui: La verdad es que no puedo quejarme porque recibían con muchísimo cariño y respeto a la institución, porque yo representaba a la institución, y había un gran respeto por la Casa de las Américas, por su trabajo. 

Silvia: Ahí estaba Bohemia, Mujeres, Granma, Revolución, la revista Cuba, Prensa Latina… 

Chiqui: Todo lo que existía aquí yo tenía que ver con eso. 

Silvia: De hecho muchos de nuestros fondos están en esos lugares. 

Chiqui: Nosotros no teníamos un departamento de fotografía no lo tenemos todavía aunque ya tenemos fotógrafo y ahora las fotos son digitales, pero en aquella época no. Muchísimos fondos de la Casa no están aquí, sino en los archivos de esas publicaciones de las que hablábamos. 

Silvia: En algún momento eso tendrá que venir para acá, por lo menos una copia, porque también son nuestros fondos. 

Los 70: nuevos rumbos junto a los viejos caminos 

Chiqui: En los 70 la Casa trabajó muy duro, se hicieron muchas cosas, desde los Encuentros de plástica que fueron cuatro (72, 73, 76 y 79) hasta los tres grandes eventos de música que se hicieron. 

Silvia: Nosotros logramos que a esos eventos vinieran los artistas más importantes, desde León Ferrari, Julio Le Parc, Sotto, Cruz Diez, Obregón, lo más granado de las artes plásticas y de la música también. Recuerdo al guitarrista Alirio Díaz, a Antonio Lauro.

En la literatura la Casa fue un escape para los chilenos, en esos años vino mucha gente valiosa de esos países donde había dictadura a Cuba y fueron los años también donde se publicó a Haroldo Conti con Mascaró, el cazador americano; Operación masacre, de Rodolfo Walsh y los libros de Paco Urondo. Pero en realidad el peso grande del trabajo de la Casa en esa época lo tuvieron las artes plásticas y la música. 

Chiqui: En el 79 vinieron también el Premio de Musicología y el Centro de Estudios del Caribe. 

Silvia: Comienzan los estudios sobre el Caribe porque anteriormente esos países no eran independientes y cuando se inicia el proceso de sus independencias nos percatamos de que habíamos sido hasta ese momento latinoamericanos, pero no caribeños y hubo que incorporar el Caribe como se había incorporado Brasil. 

Chiqui: En el 70 se incorpora también el testimonio como género, pero seguramente Jorge hablará de eso. 

Silvia: Hay una anécdota bonita de los 70. Cuenta Chiqui, lo de Bolivia… 

Chiqui: A finales de los 70, en el 79 estaban en Bolivia Augusto Blanca, Lázaro García, Vicente Feliú y Sareska Pantoja en un evento y los cogen presos y nosotras aquí con Haydée a la cabeza ella nos movilizó a todos aquí casi las 24 horas para llamar a todos nuestros amigos y pedirles que se pronunciaran, desde Europa hasta el mundo entero porque estaban presos en condiciones feas. 

Silvia: Y el mundo entero se movilizó. 

Chiqui: Fue muy bonito porque ahí se vio la respuesta y la solidaridad de todos los amigos a los cuales nosotros llamábamos. 

Los 90: caminando por otras sendas 

Chiqui: Hay una cosa de la cual casi nunca se habla y es de la vuelta que tuvo que dar la Casa de las Américas en el período especial porque no teníamos nada, se nos cortaron todas las posibilidades de publicar la revista. Comenzamos a pensar cómo podía entrar dinero acá, y se creó la red de publicaciones de la Casa que está a lo largo de toda Cuba. 

Silvia: Una red muy particular porque solo vende productos culturales, y fue una entrada de dinero para poder comprar papel, toner… 

Chiqui: Y volver a publicar. 

Silvia: Ese bache de publicación desbalanceó la colección y eso aún se siente. 

Dos santuarios de información: la biblioteca y el Proyecto Memoria 

Chiqui: La biblioteca de la Casa de las Américas tiene más de 124 000 volúmenes y alrededor de 7 000 revistas, y ya tiene todos sus registros digitalizados. En la biblioteca había una actividad muy bonita inaugurada en el año 64 con La mala hora, de Gabriel García Márquez que fueron los Cafés Conversatorios. A partir de ahí y hasta ahora se han venido realizando en la biblioteca estos Cafés Conversatorios. Ahí han pasado conocidos y desconocidos, como García Márquez, Pigglia. 

Silvia: En ese momento, en el año 64 cuando se hace el conversatorio con La mala hora, había tres gatos que conocían a García Márquez, pero esos que lo conocían dijeron, hay que hacer esto porque este es un libro tremendo y este hombre va a dar qué hablar. 

Chiqui: Y en el 67 aquí publicamos Cien años de soledad.  

Silvia: Lo del 64 fue un acontecimiento y fue la biblioteca que lo organizó. La biblioteca detectó, por esos radares que tienen los bibliotecarios, que por ahí venía un escritor importante y de ahí para delante se organizó todo lo demás. La persona que creó eso fue Olga Andreu, quien hizo una labor aquí importantísima. Ella era una mujer de mucha cultura, y el trabajo que se empezó a hacer después de canje con las instituciones está sobre los hombros de ella. Fue un motor en la Biblioteca localizando libros, armando proyectos… 

Chiqui: La friolera de 124 000 volúmenes se dice así pero son 50 años, es una vida para hacer ese trabajo. 

Silvia: La biblioteca: una cosa muy bonita, los libros dedicados por los autores. Otra cosa importante allí son los libros raros, libros de los siglos XVII, XVIII y XIX, sobre América Latina, algunos son de ediciones príncipes. Nosotras estamos jubiladas, pero seguimos trabajando y con responsabilidad. 

Chiqui: Nosotras ahora estamos haciendo un trabajo precioso. 

Silvia: Cuando me jubilé el puesto mío lo ocupó un joven, porque hicimos un replanteo de las direcciones en las cuales se pusieron gente joven: Lourdes, María Elena, Jorge y nosotros de asesores.


Chiqui: Esto fue hace aproximadamente 15 años, yo me jubilé en el año 95.

Silvia: Hicimos esto para darles la oportunidad a jóvenes y, sin embargo, nos quedamos; pero también tenemos un poco de miedo, porque cuando uno tiene su casa organizada, es decir, sabes donde está cada cosa, te da miedo que te muevan algo porque ya sabemos cómo funcionan las cosas, pero los jóvenes siempre van a hacer cosas nuevas. Hasta ahora todo ha funcionado, ellos tienen el vigor natural de la juventud.

Chiqui: Hasta ahora todo ha funcionado, ellos tienen el vigor natural de la juventud, tal vez le dan otro matiz y funciona mejor. Como decía, nosotras estamos muy felices con el trabajo que hacemos actualmente, Silvia dirige el Fondo Documental.

Silvia: Ella y yo, somos una codirección.

Chiqui: Y manejamos el archivo de la Memoria de La Casa de las Américas, que es tan rico, tan bonito y como somos viejas lo sabemos casi todo. Por ejemplo, en el 84 se hizo aquí un evento muy importante, que se llamó Ayer y hoy el tango, bellísimo evento, y como aquí en Cuba hay una fuerte familia tanguera, fue algo tremendo.

Silvia: Fue un éxito. Vino muchísima gente, que ya no era la que habitualmente nosotros movíamos, era gente de barrio, gente que tenía peñas de tango.

Chiqui: Un día llega María Elena Vinueza, y nos dice que había una persona que afirmaba que su abuelo había donado un bandoneón a la Casa de las Américas en el encuentro Ayer y hoy el tango. Nosotras no nos acordábamos de eso, pero fuimos al dossier de Ayer y hoy el tango y vimos el apellido que esa persona nos había dado en la carta donde el abuelo donaba el bandoneón. Se lo dijimos a María Elena, y le escribió al nieto. Le dijo que había aparecido el documento donde se confirmaba que su abuelo había donado el bandoneón, pero que había sido a una de las peñas tangueras, no a la Casa directamente. Este es un ejemplo de la importancia del trabajo con la papelería. 

Silvia: Ese es el trabajo que nosotros hacemos, conservar y ordenar esa papelería. Eso no apareció de momento por bandoneón, porque todavía no tenemos introducidos en la computadora que ya lo vamos a hacer―, está a mano y, por lo tanto, lleva más tiempo buscarlo. 

Chiqui: Hay una parte a mano, pero hay no sé cuantas cartas entradas ya, al menos la fecha y el nombre. 

Silvia: Todas, las miles y miles de cartas, y ese trabajo lo hicimos dedicándole una hora de trabajo diaria. 

Huellas en la Casa 

Silvia: Habría que hablar de las personalidades extranjeras que han pasado por la Casa de las Américas. En primerísimo lugar Manuel Galich, que era un maestro, tenía el don de la palabra y de la pedagogía, era un historiador extraordinario, un hombre con una cultura tremenda. 

Chiqui: Galich daba una conferencia de algún tema de América Latina y una se quedaba embelesada sin una nota. Era un orador extraordinario. 

Silvia: Además era dramaturgo, ese era su violín de Ingres, pero en realidad era un historiador tremendo. Cuando aquí hacía falta cualquier dato, se consultaba con él, porque además había sido embajador en Argentina en la época de Perón, había estado en Guatemala cuando lo de Jacobo Árbens, tenía un enorme conocimiento de América Latina. 

Chiqui: Galich empieza a trabajar en la Casa en el año 62 hasta que muere en el 85. Fundó la revista Conjunto en el año 64. 

Silvia: Después de Galich estuvieron en la Casa otras personas como Oscar Collazo, escritor colombiano; Alfredo Gravina y Horacio García Versi, ambos de Uruguay, Hugo Rivera, chileno.  

Chiqui: Otra persona que trabajó aquí fue Ezequiel Martínez Estrada que estuvo aquí entre el 61 y el 63. 

Silvia: Él fue un pilar de la Casa de las Américas, uno de los promotores de la primera colección importante que publicó la Casa que fue Literatura latinoamericana; uno de los que contribuyeron a formar esa colección, pues venía de Argentina un país con tanta cultura de México, y traía toda esa idea latinoamericana, y encontró aquí un ambiente propicio como caldo de cultivo para hacer esa colección, en la cual la primera obra publicada fue Memorias póstumas, de Bras Cuba, que fue el más grande escritor latinoamericano del siglo XIX. 

Silvia: Una persona importante que pasó por aquí y, aunque no era trabajador de la Casa fue muy importante en esta institución, fue Roque Dalton. 

Chiqui: La relación con Roque fue entrañable. 

Silvia: Roque fue parte del Consejo de Colaboración de la Revista Casa junto con Ángel Rama, Enmanuel Carballo, Julio Cortázar. También estuvo Mario Benedetti, quien fue el fundador del Centro de Investigaciones Literarias. Roque trabajó mucho con nosotros, estuvo en varios proyectos, tuvo un papel importante en la Casa. Era tormentoso, tenía dentro la idea de la Revolución, la idea de la guerrilla y no era fácil poseer todas esas ideas, esos proyectos, y hacer una vida de intelectual corriente. Creo que lo tormentoso que era se debía a todo ese fuego interno. 

Silvia: Si hablamos de los cubanos hay que decir que la Casa ha permanecido todos estos años marcada por el sello de Haydée. Todo este proceso ha sido muy consecuente. Luego de la muerte de Haydée, estábamos seguros de que Mariano sería el próximo presidente de la Casa y así fue. Cuando Mariano enfermó era algo también natural que quien asumiera la presidencia fuera Roberto. Y nosotros, por supuesto, queríamos que fuese Roberto, nuestro hermano. Chiqui entró aquí en el 62, yo llegué en el 64 y Roberto en el 65. En esa época también estaba Marcia Leiseca, quien había venido con Haydée, estuvo hasta el 68 y luego regresó en el 91, pero fue decisiva en esos primeros años porque le adivinó a Haydée todo lo que ella quería hacer, y lo ejecutó. Después vino una persona muy querida por nosotros, Beba Daniel, que fue la secretaria ejecutiva de Haydée y jugó también un papel importante en esos años decisivos. 

Chiqui: Además estuvo aquí desde el 61 hasta el 71 en el departamento de distribución María Rosa Almendros. Ella era la encargada de mandar todo los paquetes a América Latina. Con tantas mujeres trabajando aquí nos decían el matriarcado. 

Silvia: Hay un poema precioso de Goytisolo, “Quiero ser gato”, que nos describe cómo éramos en aquella época, ahí estamos todas. Un día iba por Quito conversando con Luis Britto García y le dije, si yo tuviera que pagar por trabajar en la Casa de las Américas lo haría, en lugar de que la Casa me pagase a mí, yo debería pagar por trabajar en la Casa. Él me contestó: Silvia, ¿tú sabes que esa es la definición de la felicidad?
 

 

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