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Junto con el Premio Literario,
el Departamento de Artes
Plásticas es uno de los espacios
más antiguos de la Casa de las
Américas. Dirigido en sus años
iniciales por el pintor Mariano
Rodríguez e impulsado por Haydée
Santamaría, quien sentía un
especial interés por esta
manifestación artística, este
departamento ha organizado citas
continentales de grabado,
fotografía, pintura… y puesto a
dialogar a los creadores en
planos nunca antes alcanzados en
Latinoamérica. Desde 1994
Lourdes Benigni se desempeña
como directora de ese espacio,
al cual llegó como especialista
en el año 1985, pero su
conocimiento de las actividades
de la Casa de las Américas
permite acceder en su propia voz
a una faceta de la historia de
la institución no demasiado
divulgada.
Génesis de las artes
plásticas en la Casa
Cuando uno piensa en Casa de las
Américas, siempre hace un
traslado hacia la principal de
sus actividades, el Premio
Literario, porque fue esta la
primera de las acciones de la
Casa para cumplir con uno de sus
objetivos fundacionales: el
reconocimiento, la promoción y
la investigación del arte, la
cultura y el pensamiento
latinoamericanos.
Efectivamente, el Premio ha sido
de las actividades que se han
mantenido durante estos 50 años,
pero los que acceden a la
institución, quienes la
transitan, se dan cuenta de que
en ella hay también una
Dirección de Música, otra de
Artes Plásticas, un Centro de
Investigaciones Literarias, un
Programa de Estudios de la
Mujer, un Fondo Editorial y una
biblioteca especializada. Es
decir, la Casa es mucho más.
Dentro de esta diversidad de
direcciones que la Casa
representa, el departamento de
Artes Plásticas comenzó a
funcionar desde los primeros
años de fundada la institución y
ha realizado una serie de
acciones para materializar su
objetivo fundacional: acercar a
los artistas a la realidad
cubana. Comenzamos con
muchísimos tropiezos, porque en
esos primeros años la mayor
parte de los gobiernos
latinoamericanos no tenían
relaciones con Cuba, exceptuando
el de México. Había que recorrer
casi medio mundo para llegar a
nuestra institución, es decir,
era muy difícil acceder desde
América Latina a La Habana,
había que ir a Europa primero.
De igual manera, para los
premios que en esos años se
convocaron —el primero de ellos
la Exposición de La Habana, un
evento dedicado al grabado
realizado durante la década del
60 hasta el año 71— los artistas
participantes tenían que mandar
sus obras a una casilla postal
que teníamos en Suiza y de allá
se enviaban a La Habana.
La Casa de las Américas, en lo
que a artes visuales se refiere,
ha tenido una presencia muy
importante durante estos 50
años. Incluso cuando no tenía
aún espacios expositivos ya
hacía exposiciones de artes
visuales. Hay registros de las
primeras que constituyeron
muestras de arte popular y
precolombino, sobre todo
procedentes de México, de
colecciones particulares, y que
se mostraron en espacios
alternativos como podía ser la
actual sala Manuel Galich. Ya
cuando se inaugura la Galería
Latinoamericana en el año 64
comienza a hacerse todo un
proyecto de exposiciones que a
la altura del año 2009 ya
acumula más de 600 exposiciones,
entre colectivas y personales.
La primera exposición hecha, aún
sin Galería, fue la Semana de la
Cultura Mexicana en diciembre
del año 59, para la cual se hizo
una exposición de arte de ese
país. En esta exposición estaban
presentes los más importantes
artistas del Taller de Gráfica
Popular, como José Guadalupe
Posada, uno de los maestros de
este Taller, había también obras
de Alberto Beltrán, de Diego
Rivera, de David Alfaro
Siqueiros, de José Clemente
Orozco…, es decir, ya la Casa
tenía una intención de hacer
valer también las expresiones de
las artes visuales, con una
mayor presencia en el arte
popular. Haydée Santamaría hizo
circular por esos años una carta
dirigida a los amigos
solicitándoles una pieza de arte
popular de sus respectivos
países para conformar una
colección de carácter
continental que reuniera esa
obra hecha por las clases
populares. En ese entonces
pasaban por la Casa presidentes
como Luis Echeverría y Salvador
Allende, quien hizo una
importantísima donación de arte
popular chileno. La colección de
la Casa, formada sobre todo a
partir de donaciones, llega a
tener más de 16 000 ejemplares y
es también una manera de conocer
a nuestros pueblos.
En esos años se realizó la
mencionada Exposición de La
Habana, dedicada al grabado, por
todas las bondades que la
expresión representaba. Es un
tipo de obra que se podía enviar
por correo aéreo a la
institución, una expresión con
mucho arraigo en nuestros países
en la década del 60. Comenzaban
a florecer entonces los talleres
de grabado y estaban muy
vinculados a todas las luchas
que sostenían los países
latinoamericanos en aquellos
años. La gráfica movilizaba y se
utilizaba para disímiles tareas,
y como es lógico fue la
expresión que la Casa de las
Américas privilegió para
realizar este primer concurso
dirigido a artistas
latinoamericanos y caribeños,
muy estimulados por la idea de
formar parte de ese proyecto
internacional que era Arte de
Nuestra América el cual
comenzaba a diseñarse. Por esa
vía entraron una buena parte de
las obras que hoy posee la
colección de gráfica, donde se
reúnen ya más de cinco mil obras.
Los 70 y 80, décadas
medulares
En el año 1971 ocurrió el golpe
de Estado en Chile. La
Exposición de La Habana se
convierte en Encuentro de
Plástica Latinoamericana, y el
primero de ellos se realiza en
homenaje al pueblo chileno. Se
trasladan artistas plásticos de
diferentes países con la
convicción y el planteamiento
teórico fundamental de que el
arte debe estar en función de
las causas más nobles. En estos
encuentros los artistas se
movían por el interior del país
y participaban de proyectos
comunitarios. También se
organizaban sesiones teóricas e
intervenciones de espacios para
exposiciones. Estos encuentros
le dieron una distinción a la
institución por haberse
convertido en receptora de lo
más avanzado del pensamiento
latinoamericano y caribeño en lo
que a artes visuales se refería.
Por otra parte, los Encuentros
de la Canción Protesta, que
fueron anteriores, en el año 68,
marcaron de alguna manera el
nacimiento de la nueva canción
latinoamericana también en los
espacios de la Casa de las
Américas, porque aunque a veces
se olvide, la Casa ha sido
fundadora en muchos sentidos y
el antecedente de muchas
actividades.
Luego de la fundación de la
galería, la Casa comenzó a
brindar también un espacio de
legitimación a la fotografía.
Habría que recordar que a
finales de la década del 70
comienza a considerarse la
fotografía dentro de las
colecciones de los museos,
empieza a revalorizarse como
registro de determinados
acontecimientos y también la
fotografía de un corte más
personal y comienza además a
tomarse en cuenta la fotografía
latinoamericana en eventos
internacionales que tenían su
base en México.
En La Habana en el año 1973 se
organiza el Coloquio de
Fotografía, que da continuidad a
los realizados en México. Ya en
el 81 la Casa comienza a
convocar al Premio de Fotografía
Contemporánea, o sea, dos de las
expresiones que han tenido un
desarrollo estimable en los
últimos 50 años: la fotografía y
el grabado, son expresiones a
las que la Casa dedica con gran
fuerza programas de
investigación y de promoción.
Posteriormente, en el año 87, se
retoma el evento de grabado esta
vez bajo una nueva denominación:
el Premio La Joven Estampa, cuya
característica principal es que
convoca a grabadores menores de
35 años. Es un evento que no
selecciona curadores por países,
no hay una institución receptora
que invite a los artistas a
participar, ni un jurado de
admisión, sino que se designa un
jurado de premiación y de
selección para una muestra
final, y es un evento que se ha
mantenido hasta nuestros días,
heredero de aquella Exposición
de La Habana.
Si vemos de conjunto lo que
significaron esos años podemos
afirmar que los Encuentros de
Plástica también prepararon lo
que sería posteriormente los
Encuentros de Intelectuales de
la década del 80, que reuniría a
los artistas plásticos y a la
intelectualidad más avanzada de
América Latina y el Caribe.
Emblemas del arte popular
La Casa tiene varias obras
emblemáticas. Cuando se entra al
vestíbulo el mural de Mata,
realizado con tierra de los
alrededores mezclada con
pigmentos vegetales, es una
presencia imprescindible. Cuando
se accede al tercer piso por el
“Ascensor al paraíso”, que
también se ha convertido en una
obra que va sentando raíces,
todo el mundo se asombra. Las
obras más contemporáneas se
deben al trabajo final de un
taller que impartió Antonio
Martorell en el año 99, a
propósito del aniversario
40 de
la Institución, en el que se le
ocurrió estudiar la intervención
de espacios interiores y lo más
lógico era intervenir el
ascensor de la Casa de las Américas.
Al llegar al tercer piso, se
encuentran otras tres obras
emblemáticas: a la derecha el
gran mural de Mata "Para que
la libertad no se convierta en
estatua", a la izquierda una
de las vallas recuperadas de las
realizadas en las décadas del 60
y el 70 que pertenece a Raúl
Martínez y el Árbol de la Vida,
que preside la sala Che. El
Árbol de la Vida fue realizado
por Alfonso Soteno, uno de los
más importantes ceramistas
mexicanos y fue donado en el año
75 por Echeverría, ex presidente
de México. Fue un Árbol que
llegó para quedarse. Hubo que
crear una infraestructura para
poder subirlo y sostenerlo. Se
ha convertido en un símbolo de
la Casa de las Américas.
Recuerdo que en algún momento
había un telón en la sala Che
Guevara que nos permitía sacar
de escena el Árbol de la Vida, y
cada vez que tratábamos de
hacerlo la gente pedía que le
dejáramos un espacio
entreabierto en el telón para
que pudiera apreciarse.
Definitivamente la sala Che
sintetiza las presencias que hay
dentro de nuestra colección de
arte, en sus variadas
expresiones. Al arte popular, la
gráfica, los murales y los
representantes del arte cinético
ahora se suma la nueva
adquisición de la obra de
Matilde Pérez, un mural de tres
por tres metros, firmado y
donado por Matilde a la
institución a propósito del
aniversario.
Presente y futuro de la
plástica en la Casa
La Casa de las Américas
trabajaba con artistas cubanos,
pero no de manera sostenida, pues
hay otras instituciones cubanas
que promueven el arte nacional.
En el año 1999 se comenzó un
proyecto con artistas cubanos en
el cual tratábamos de hacer
coincidir exposiciones de
jóvenes cuyo reconocimiento
internacional podía también
pasar por la Casa de las Américas. A partir de ese año
realizamos un número de
exposiciones como las de Sandra
Ramos, Kcho, René Francisco,
José Manuel Fors, es decir,
artistas que han alcanzado gran
reconocimiento.
En el año 2001 se realiza la
primera subasta humanitaria
cuyos fondos fueron destinados a
programas relacionados con la
lucha contra el cáncer, sobre
todo en la infancia. Ese vínculo
con los creadores cubanos, sobre
todo con los más contemporáneos,
también le da un nuevo sentido
al proyecto de la Casa vinculado
a Cuba. Se comienza a hacer esta
subasta en los años 2001 y 2003,
y el resultado final fue muy
satisfactorio: en 2001 se pudo
hacer una compra de un
medicamento muy caro que alivia
las secuelas de las
quimioterapias, gracias a ese
aporte que hizo la institución
al Hospital Oncológico de La
Habana, sobre todo a su sala de
pediatría. En 2003 la
recaudación de la subasta se
dedicó a la ampliación de la
sala de oncomatología del
Pediátrico de Santa Clara, que
gracias a la labor de la Casa
pudo ser creada con condiciones
más agradables para los niños
afectados.
A partir del año 2003, ante la
imposibilidad de tener una
publicación en soporte
convencional, la dirección de
Artes Plásticas optó por una en
soporte digital, la Revista
Arte América, que ya tiene
19 números. En cada uno, de
carácter trimestral, dedicamos
un dossier que puede diseñarse a
propósito de un evento realizado
o a temas como el arte
contemporáneo argentino, cubano,
colombiano, mexicano… Posee
monográficos y otras secciones,
como la de memoria, donde damos
a conocer esos textos
fundacionales de las vanguardias
de América Latina, de tanta
utilidad para los especialistas
y los estudiantes y muchos de
los cuales no quedaron
registrados en otras
publicaciones. Otras secciones
se refieren a las actividades de
la Casa de las Américas como por
ejemplo las exposiciones. Es muy
saludable acceder a Arte
América, es una publicación
joven y todavía tiene que
perfeccionarse. En la medida en
que sea reconocida por los
artistas y por la joven crítica
latinoamericana y caribeña va a
tener una mayor presencia en los
espacios de investigación y de
legitimación latinoamericanos.
La más reciente acción de la
Casa ha sido el posicionamiento
de la colección Arte de Nuestra
América. Lo iniciamos en 2005
con el Año Mata, e implica no
solo la exposición, la muestra
de las obras, sino también todo
un proceso de diagnóstico de la
colección, restauración,
digitalización y de posible
itinerancia a nivel
internacional. Es un proyecto
que se plantea fundamentalmente
el conocimiento y reconocimiento
de la colección Arte de Nuestra
América por un público más
amplio, que incluya a
especialistas. Para la primera
acción fue seleccionado Roberto
Sebastián Mata por muchísimas
razones, entre ellas la
sostenida relación que tuvo Mata
con la Casa de las Américas a
partir del año 63 hasta casi la
fecha de su muerte. Esta
relación lo hacía venir casi
anualmente a la institución y
organizar exposiciones y dejar
buena parte de ellas como
donación a la Casa.
Coincidiendo con su aniversario
50, la Casa organizó la segunda
acción de este proyecto de
posicionamiento: el Año
Cinético, que se inauguró el 16
de enero con la exposición De
la abstracción al arte cinético,
que reúne una buena cantidad
de las obras inscritas en esta
expresión de la autoría de los
más importantes artistas
latinoamericanos, y de otros
menos conocidos que también
están incluidos. El Año Cinético
recoge además una serie de
exposiciones homenaje a artistas
que están dentro de la colección
y que han tenido una relación
con la Casa durante todos estos
años, que también inauguramos en
el mes de febrero con Matilde
Pérez, quien, aun cuando no
poseía obras en la colección, es
de las pioneras en este tipo de
arte, particularmente en Chile,
y era totalmente desconocida en
nuestro medio.
En el mes de marzo decidimos
hacer coincidir la exposición
homenaje de León Ferrari,
titulada León Ferrari,
agitador de formas, con la
Bienal de La Habana. En ella se
aprecia la versatilidad y la
diversidad de la obra de este
creador que ya acumula más de
cuatro décadas como artista.
La colección de arte cinético de
la Casa es una de las mayores de
Latinoamérica, pues posee piezas
muy representativas de esos
artistas. Además de los artistas
ya mencionados existen obras de
Jesús Soto, Alejandro Otero,
Carlos Cruz Diez, Juvenal Ravelo…
artistas que en el momento en
que hicieron sus exposiciones en
la Casa de las Américas, casi en
la totalidad de los casos
dejaron esas exposiciones para
la colección, y por eso hoy
podemos tener el privilegio de
mostrarlos.
En el futuro debemos continuar
con el ciclo de exposiciones que
habitualmente realiza la galería
Latinoamericana. Ahora recesa
por un año la colección, será un
año de oxigenación, de
presentación de lo que se está
haciendo en las artes visuales
ahora mismo en América Latina.
Hay un grupo de exposiciones ya
convenidas con los artistas,
donde hay salvadoreños,
peruanos, brasileños, es decir,
en el 2010 trataremos de
actualizarnos en lo que se está
haciendo en el continente y eso
nos permite comenzar a preparar
las próximas acciones de la
colección, restauraciones y
diagnóstico. Como es lógico,
vamos alternando un año con
colección y uno con
actualización. Creo que esas
serán las proyecciones futuras
de la dirección de Artes
Plásticas, así como retomar el
Premio de Fotografía
Contemporánea, que quedó
interrumpido en el año 2003 por
problemas de financiamiento pero
estoy convencida de que la Casa
va a considerar la pertinencia
de volver a convocar este
evento. En este largo transitar
de 50 años, creo que le
corresponden a esta institución
muchos de los logros que en el
ámbito de la cultura se han
realizado, en ese sentido, la
Casa ha sido pionera.
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