Año VII
La Habana
2009

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TE PONGA EL PLATO?

Rica, pero sin “este beso”
Amado del Pino • España

El título puede parecer disparatado gramaticalmente pero arranco por explicarlo. En la espléndida habla popular cubana, se puso de moda hará unos tres años una variante muy teatral. Para decir que uno carece totalmente de algo, se solía decir en las calles habaneras: “no tengo ni 'este' peso”, o ―en pleno Festival de Cine― “no he podido ver ni 'esta' película”. La frase se completa con un gesto gracioso de la mano en la que el índice es oprimido por el pulgar para que quede clarito a los ojos de que no disponemos ni siquiera de una unidad monetaria, cinematográfica o de cualquier otra índole.

Pues bien, Susan Boyle se ha hecho famosa de pronto y será rica en un dos por tres. Se trata de una mujer inglesa de 47 años que pasó de la rutina y el anonimato a la celebridad escandalosa, mediante un concurso de canciones. Si canta tan bien como algunos dicen o si el concurso es tan natural y fortuito como se anuncia, no son cosas que importen mucho ahora. Lo que me eriza los pelos y me encoge un poquito el corazón es que la mujer haya llegado a esta edad (solo dos años inferior a la mía, por cierto) sin que nadie la haya besado. ¡Es triste conformarse con esa virginidad sin convicción! ¿Por qué el ser fea (que lo es con ganas) le cierra las puertas al amor?

Detrás de este caso late esa tontería ―guanajería, diríamos en mi Tamarindo― del culto a la belleza, la delgadez, los parámetros clásicos. Y hay mucho también de complejo, subestimación y otras manquedades del espíritu. Feas con novio(s) conozco a montones. “Nunca falta un roto pa’ un descosío”, solía escuchar en mi infancia. Y la fea se busca su feíto; o ―como también ocurre mucho―  aparece en el fragor del trato social alguien que pertenece al mundo de los “no feos” que la prefiere a las demás.

Recuerdo que en mi primera juventud tuve una novia que los amigos la llamaban cariñosamente “la fea”. Y lo era también sin desperdicio. Para colmo vivía en una residencia estudiantil, repleta de bellezas de todos los colores ―nunca mejor dicho si se trata de Cuba― tamaños y encantos. Confieso, 30 años después, que a veces me desconsolaba un poco ―mientras esperaba que llegara mi novia― el triste récord de que la mía clasificara entre las más feas de aquellos 12 pisos de efervescente juventud.

Al salir con  la muchacha y pasearnos por el malecón habanero ―territorio destinado también a embellecernos un poco― era tan agradable y dulce que olvidaba su persistente fealdad, y de regreso al compartido dormitorio la despedía con una sensación cercana al orgullo.
Si Susan Boyle no hubiese dado este golpe de suerte, más o menos manipulado, no le hubiese servido su hermosa voz, ni su afán laborioso, ni el alboroto de sus ilusiones para lograr al menos “'este' beso”. No es justo.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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