Año VII
La Habana
2008

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¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 Jorge Enrique Adoum

(Ecuador, 1926)


No es nada, no temas, es solamente América

Cuando supe

(porque yo soy así, aquel que se levanta

a golpes, se desentierra, se pone el cuerpo

que dejó en la silla, la esperanza que ya no

le servía sino como una mala dentadura,

y sale, más bien se saca, para ver cómo han ido

los días de allá afuera, cómo sigue la insolente

estatua de los dictadores, casco arriba y casco

abajo, animal de baraja, poniéndose mala

madre por su cuenta, mala hostia en el verano

enamorado, mala piedra en su rocío, su memoria,

solo para que tropiece el desterrado, caiga

apenas, a duras penas, crea que se equivoca,

que no tiene razón en su raíz)

me desperté

asustado. En dónde estoy, grité, después

de tanto esfuerzo, hasta cuándo

es antes todavía, cómo me llamo

entonces, para qué me llamo.

(Porque todo

olía a siempre, a sufrimiento viejo, muerte

de ayer que no valió de nada, absurdo

en que han quedado restos de la telarañada

cena, y todavía, todavía hay que poner

la mesa, camareros, perezosos profetas

consuetudinarios, ponerle voluntad al pan,

servir el desayuno de los pobres, sin tanto

regresar a hoy, error de fecha, digo,

y tantos siglos sin lavar la servilleta.)

Y no pude seguir desaprendiendo a pura

historia, y no pude apretarle el cinturón

al corazón para que aguante. Mejor nos fuimos,

prójimo y yo, a rehacer lo roto, los vestidos,

a preparar las vísperas.

Aún no he vuelto

y no sé cuándo volveré a morir: no tengo tiempo.


Yo me fui con tu nombre por la tierra
 

Nadie sabe en dónde queda mi país, lo buscan

entristeciéndose de miopía: no puede ser,

tan pequeño ¿y es tanta su desgarradura,

tanto su terremoto, tanta su tortura

militar, más trópico que el trópico?

Tampoco

lo sé yo, yo que lo amo a pesar de mis jueces

(la Corte se reúne en el café las tardes

y ni un testigo sino mi taza que pagaron

una vez). Y condenado a muerte en su dulce

calabozo, abro los ojos de vez en cuando,

lo veo igual y le pregunto: ¿Qué siglo

será hoy, dónde se esconde el corazón

para hacerme doler?

Si de la tierra

no te quedara amar sino el paisaje, si solamente

te faltara la espada agresiva de su luz.

Pero no es ese el caso. Sucede que no estoy

orgulloso de mi aldea, ni de su río, el único

que sigue siendo el mismo bañándote cien veces,

ni de la cometa que enarbolaba el polvo

en el mercado. No me dejan estarlo, no me han dejado

nunca unos señores compatriotas, cincuenta

años en la misma esquina calculando

los mismos asuntos importantes el mundo

solo va de tu bolsillo a su bragueta y ven

pasar el tren y no lo toman, ven acercarse

el día pero se acuestan, ven la vida pasar

pero regresan y animal, voluntariosísimamente,

se amarran por el cuello al palo de la iglesia.

Debo estar orgulloso ¿de qué, si la ternura

solteronas de ambos sexos me robaron en la infancia,

aprovechando que no estuve? ¿Y lo demás, cuando

indagan si es aún una colonia pobrecita,

con la cabeza a un lado, mientras le abren

la blusa democráticamente? ¿Qué puedo

contestar si ven la fecha de hoy y notan

que vive el encomendero todavía en su fósil,

si me miran llevando a un indio de la mano,

aterido de patrón y tiempo, intacto en la obediente

piedra, estatua para adentro, con que lo

llenaron?

Ah si fuera dable por un día

limpiar el amor de todo cuanto es cierto,

como cuando nos toca los párpados el delirio.

Porque a veces no es posible tolerar a la madre

con sus cosas.

Quisiera entonces que no encuentren

la lupa, que no miren de cerca lo difícil, eso

no nuestro, tan desprecio, tan asco. Pero insisten

y, como soy patriota, digo: "Sucede que los Incas".

En dónde queda, di, di qué le hicieron.


Condecoración y ascenso

Homenaje a Newton Moreno


¿Has preguntado, di, te has preguntado,

cuando el fácil cuchillo metió su lámina

abusiva en el costado, hurgándole su hueso

de agonía, dónde está el centinela, dónde

la guardia?

No preguntaste nunca, nunca

supiste dónde estaba cuando la pisada

de torpes poderosas suelas vino a espantar

la iguana de las islas mayores, vino

a orinar en nuestros pedestales, vino

a pegar su chicle en nuestro idioma.

Estaba ¡firmes! donde toda la vida

ha estado, disparándonos, templando

la red del tiro contra el pez del hombre,

puntería sin fecha fija contra el desocupado, Alto

Mando contra los panaderos para hacerlos

leña a la salida de la harina, matándonos de octubre

a julio y de mayo a enero cuando aprendíamos

a combatir con piedrecillas, ramas

de álamo, poemas: chatarra contra los cuadernos

de filosofía, chatarra contra el alba

de otro día.

Ahora está también

donde toda la vida, agonizando indios

en la cárcel y en el surco, abriéndoles la voz

a puñetazos. Si no han hablado en cuatrocientos

años de golpes prehistóricos, terrestres, si no

han dicho nada ni de sus otras muertes.

Desde lo inmemorial de esta fotografía

están dándole coces entre todos, dándole

Dios, Patria y Libertad para que aprendan.

¿Nuevos amos con estrellas en el páramo

del hombro? No, nuevos mayordomos, Generales,

nuevos aciales para la antigüedad del odio, como

si se tratara de un remordimiento en su espejo

tenebroso, vengándose del padre o más bien

del ovario, por suprimir su piel color

de América, su pelo pensativo, su cornada,

para que nadie grite ¡Traidor! con todo

el cuerpo.

No lo creíais, madres, entre tanta

leche y cacerolas, pero las camisas del hijo

ensangrentadas, sus tambores, pero los dientes

que os devuelven de la celda, pero el cadáver.

Me han matado así entre otros al amigo

con quien cuando muchachos disputábamos

el único Lautréamont que llegó al pueblo.

Era tan miope que debió acercarse mucho

para verme y cuando me di cuenta había entrado

en mi alma. Así entró en la ley, lleno de lentes,

buscándole un rincón, un banco donde pueda

sentarse a no morir el campesino y su gallina.

Lo han matado por eso, me lo han muerto

a golpes, a frío y golpes de oficial, dejándole

migas de sol cada tres días, pateándole por dentro

a Maldoror antiburgués y justo, golpeándolo

como una puerta contra las paredes de cuarteles,

hospitales, tumbas.

Su borbotón de bueno, el triste

pie, sus anteojos que no fueron a su entierro.

Están matando, todavía, donde toda la vida

pagamos por su oficio eficaz, profesional.

Pero, carajo, también se resucita por capricho.


Poética a dos voces
 

Aves corola que deshoja sin preguntar el viento

"-... vinieron en la noche, derribaron la puerta..."

por sus propios colores perseguidas

"-... hirieron al hermano y quemaron los libros..."

con las alas mojadas en estanques de altura

"-... bajaron a registrar hasta abajo del suelo..."

flechas del paraíso clavadas a su aliento

"-... rompieron los retratos, desgarraron mis ropas..."

las lineales celosas ahogadas del aire

"-... entre caballos se llevaron al marido..."

otoños en exilio forasteras del tiempo

"-... le colgaron de los dedos quebrándole las manos..."

guareciendo su pluma en bodas de algodones

"-... le han dejado con los pies en agua helada..."

amor que se adormece en la ola del vuelo

"-... ha muerto y lo enterraron no sé en dónde..."

con burbujas de nube entre los remos

"-... hoy se llevaron ya hasta a los niños."

Yo quería añadir: Su orden de aluminio...

Pero no puedo, pero no me dejan

y no quiero y me callo.

Tal vez matarlos es ahora el poema más puro.


Despedida y no
 

Como un muerto, amor, yo me incorporo,

echo puñados de olvido y grava, tablas

que mordí, piedras, lo que queda de mí

y de las flores que un día me pusieron,

y todo lo que echaron sobre ti para enterrarme:

las embriagueces de la equivocación, toda

la complicidad por amor, todo el amor

que confundí con el silencio, los clavos

que no me dejaban ir hasta tu frente.

Le devuelvo a tu ayer la herencia injusta

que me dejó en los ojos, mi desesperación

hecha de tierra, el llanto que sacaba

su alcohol a las primeras cuerdas del pasillo,

mi angustia que presentía tu preñez, mis raíces

atadas a tu verdad enorme, tu alarido

en la espalda. Ahí quedan mi camastro

con sus sábanas de soledad y de melancolía,

mi empleo, mi patrón, mi desempleo,

mis deudas de aguardiente y aspirina, mis zapatos

llenos de no hay vacantes y costuras,

los almuerzos en que me ponían un libro

abierto sobre el plato, mi espera de la gran

ocasión, de la gran cosa, del gran día.

Aquí comienzo, salgo del rencor como de madre,

me pongo todos los huesos. Yo me voy

de este hotel de pesadumbre a hoy día,

yo me voy a aprender la esperanza como una

lengua antigua que olvidé entre los escombros

de tanto ser caído en el fracaso, pero tengo

con quién hablar, con los que han muerto

por carta y no lo creo y llegan a enseñarme

su boleto, tu recibo hecho pedazos

por la crueldad del día y las ráfagas

del año. Henos aquí, botín de tus edades,

hasta la altura a que has crecido, hasta

la línea del posterior rescate, prisionera

de ti. Almas amontonadas junto al muro,

caras contra la pared para verte por dentro

ese rostro de hermosa que estaba en las medallas,

y agarradas las manos a lápices, fusiles,

herramientas, cucharas: la batalla

es contigo y el regreso es contigo,

porque has de ser feliz aunque no quieras.


Jorge Enrique Adoum: Poeta, ensayista y narrador. Fue el primer poeta en recibir el Premio Casa de las Américas de Poesía en el año 1960. Nació en Ambato, Ecuador, en 1926. Fue director de Ediciones de la Casa de la Cultura Ecuatoriana y después funcionario de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y de la UNESCO. Obra: Ecuador amargo (Quito, 1949); Notas del hijo pródigo (Quito, 1951); Los cuadernos de la tierra: I. Los orígenes. II. El enemigo y la mañana Premio Nacional de Poesía (Quito, 1952); III. Dios trajo la sombra Premio Casa de las Américas (La Habana, 1960). IV. El dorado y Las ocupaciones nocturnas (Quito, 1961); Relato del extranjero (Quito, 1953); Notas del hijo pródigo (Quito, 1959); Yo me fui con tu nombre por la tierra (Quito, 1964); Informe personal sobre la situación (Madrid, 1973); No son todos los que están antología personal (Barcelona, 1979); El tiempo y las palabras antología personal (Quito, 1992); El amor desenterrado y otros poemas (Quito, 1993); Antología (Madrid, 1998); ...Ni están todos los que son antología personal (Quito, 1999). Teatro: El sol bajo las patas de los caballos (Quito, 1972) y La subida a los infiernos (Quito, 1981). Novela: Entre Marx y una mujer desnuda Premio Xavier Villaurrutia (México, 1976); Ciudad sin ángel (México, 1996); Los amores fugaces: memorias imaginarias (Quito, 1997). Ensayo: Poesía del siglo XX (Quito, 1957); La gran literatura ecuatoriana del 30 (Quito, 1984); Sin ambages (Quito, 1989); Poesía viva del Ecuador antología (Quito, 1990); Ecuador: señas particulares (Quito, 1997); Guayasamín: el hombre, la obra, la crítica (1998); Mirando a todas partes (Quito, 1999). Consta en las antologías: Madrugada: una antología de la poesía ecuatoriana (Guayaquil, 1976); Poesía viva del Ecuador (Quito, 1990); La palabra perdurable (Quito, 1991) En 1989 el gobierno ecuatoriano le otorgó el Premio Nacional de Cultura Eugenio Espejo en reconocimiento a la totalidad de su obra.

 
 

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