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Pensar la poesía, y la
literatura en general,
es un impulso esencial
de la ensayística de la
poetisa Fina García
Marruz. Textos
paradigmáticos en este
sentido son sin duda los
ensayos
"Lo Exterior en
la poesía"
y
"Hablar de
la poesía", ambos
profundamente
esclarecedores de su
arte poética. Pero,
además, pensar la poesía
desde la poesía, la
frecuente necesidad de
verter en el poema sus
ideas sobre la creación,
constituye una de las
peculiaridades más
acentuadas de su obra
lírica. La presencia de
la poesía y
"lo poético"
como tema en una serie
de composiciones de uno
de los más recientes
compendios líricos de la
autora cubana, su libro
Habana del centro,
manifiesta de forma
privilegiada este
impulso esencial de su
creación.
"Viejas amistades",
primer poema de
Habana del centro al
que nos remitimos, es
una breve prosa poética
en que el sujeto lírico
pretende entablar
comunicación con la
entidad
"poesía".
Numerosos elementos y
motivos relativos al
concepto de la poesía y
"lo poético", se
condensan en esta
composición: condición
menesterosa del poeta
que precisa que la
poesía le otorgue la
inspiración (se convoca
a una
"generosa"
poesía); otorgamiento a
la poesía de una
identidad concreta:
situada en un
"allí"
preciso, a cuyas puertas
dice el sujeto lírico
que se ha encontrado y,
más adelante:
"Sé el
lugar donde moras y
donde musitas…",
tangible incluso y
degustable, porque la
poetisa dice que ha
querido tocarla y que
conoce su sabor, pero
que al fin, inapresable,
huye; condición superior
e independiente de la
poesía, que no precisa
del escritor, sino al
contrario, que lo
excede, que
"llega
cuando quiere y sin
causa se va";
comparación de la poesía
con la amada y de las
fluctuaciones de la
inspiración con los
encuentros y
desencuentros amorosos;
el agua como motivo
propio de
"lo poético":
"rocío tuyo",
"(…) imponente ímpetu
con que tus aguas
una vez llenaron las
cavernas húmedas de mi
boca desierta."
Con el propósito de
definir a la poesía, el
poema
"Los almendros
indios"
se construye
sobre el mecanismo
tropológico de la
metáfora. La obra se
divide en dos partes. La
primera comienza con la
imagen del árbol, el
almendro indio:
"Ya
están rojeando los
almendros indios./ Ya
dejan caer alguna hojaza
roja/ por el suelo…",
que
rápidamente, irradia, se
difunde en asociaciones
("Rojean
con la misma/ dulzura
del tardío otoño."),
recuerdos ("Leves/
soplos de frío traen
bellas memorias.",
"blancos navideños.",
"¡Estreno
de aquel mar, cerca!")
y significados (o
significantes en el caso
de la cita que, al
interior del poema, hace
el sujeto lírico de una
composición anterior,
dedicada a los almendros),
siguiendo un orden
creciente de
generalización y
abstracción hasta
culminar, volviendo al
punto inicial, en el
árbol mismo,
transfigurado por el
proceso anterior de
imagen exterior a objeto
entrañable, paisaje
humanizado:
"Casi
humana,/ la copa baja
del almendro indio."
La primera parte del
poema establece uno de
los términos de la
metáfora: el almendro
indio que, en sí mismo y
por la densidad de
significados que
incorpora, se convierte
en un símbolo. La
segunda parte enuncia el
vínculo metafórico desde
el verso inicial:
"Si
no eras la poesía tú,
¿qué eras?"y
lo desarrolla, haciendo
explícitas las
características de la
relación del sujeto
lírico con el árbol,
extensivas a su relación
con la poesía. Así se
dice que el árbol
rodeaba al sujeto lírico
sin que este reparara en
su belleza:
"Yo te
miraba apenas. (…)/ Yo
no atendía los cobres ni
los rojos/ de tu airada
copa…",no
le
"hacía caso apenas";
y que solo a través del
tiempo transcurrido este
se muestra a plenitud:
"Viene tu aroma ahora/ a
mí…".
Los últimos versos ya
arriban al concepto
unitario de poesía que
se quiere hacer
trascender de la
relación en:
(…) ese son desoído,
que no logramos recordar
siquiera
bien, que era casi nada,
vuelve tenaz, tan fiel,
y ampara, recio.
Según esta concepción la
poesía rebasa el plano
meramente textual, de la
escritura, para penetrar
en la vida, es el
"son
desoído"
que existe,
fluye en la realidad más
elemental y que el
hombre solo reconoce
cuando
"vuelve", por
medio de la memoria
fiel, a
"ampararnos,
recio".
"Receta para escribir un
poema", desde el título
elocuente, anuncia el
propósito de la prosa,
que dudaríamos en llamar
poética, por el
propósito claramente
expositivo que la anima,
traducido en la
utilización casi
exclusiva del lenguaje
directo (ausencia
marcada de tropos).
Resumiendo,
"Receta para
escribir un poema", en
las tres partes que lo
forman, expone un método
creativo, lo fundamenta
mediante un ejemplo y
luego propone la
interpretación
"correcta"
de este, como
si se tratara de una
lección escolar. De la
primera parte debemos
destacar el hecho de que
la autora proponga sacar
el asunto del poema de
un
"periódico
cualquiera", burla
quizá a la llamada
poesía
"comprometida",
que señala a esta una
función panfletaria o
propagandística, como
instrumento de la
propagación de ideas o
"reflejo"
de la
realidad; y también que
señale la necesidad de
escoger la
"noticia
significativa", o
sea, la que
"(…)
pueda servir para
significar otra cosa que
no menciona."(lo
que se refiere a la
capacidad del lenguaje
poético de actuar en
varios niveles de
significación, a su
riqueza semántica), que
el poeta, para ser
"moderno", no debe
siquiera insinuar. El
poema con que se ilustra
la
"receta",
"Vida de un
gavillero",
significativamente toma
por asunto un hecho
concreto, histórico. Y
el tercer fragmento,
bajo el rótulo de
"La
crítica", valoriza
el poema según un
esquema o modelo
predeterminado, que
sitúa sus logros en los
siguientes aspectos:
sobriedad ("aire
Borges", se le llama),
ausencia de lenguaje
tropológico ("Así hay
que calificar de
debilidad incalificable
lo de decir que la
muerte estaba vestida de
Alférez. No. Lo correcto
en este caso es decir,
simplemente:
"Se
encontró, en mala hora
para él…"),
reflejo del momento
histórico ("El
poema da, además, la
época…")
y de un suceso
determinado ("Da,
además, la historia
posible de su capitán…").
El matiz irónico que
permea toda la
composición denuncia el
personal extrañamiento,
la separación del
concepto y valoración de
la poesía aquí expuestos
y los propios de García
Marruz. La posibilidad
de reducir, de
simplificar la creación
literaria a una simple
"receta"
no se concilia
con una poética que,
partiendo de una
comprensión trascendente
del mundo, atribuye a la
poesía un sustrato de
misterio, de
imprevisible, que impide
que esta pueda ser
aprehendida, definida
totalmente. El poema se
refiere, por tanto, a la
propensión de las modas
literarias, de la
vanguardia en adelante,
a privilegiar en la
poesía, de una
corriente, tendencia o
promoción a otra, el
modo o el fondo (arte
"puro"
o arte
"para",
las clasifica la autora
en su ensayo
"Hablar de
la poesía"),
reduciéndola
dramáticamente a uno de
sus extremos, a la
posibilidad de una
fórmula. El caso de
"Receta para escribir un
poema"
entonces,
constituye una crítica
al segundo tipo, a la
poesía que privilegia el
fondo en detrimento del
modo, que se conceptúa
sobrio, desnudo.
"Receta…",
además, reproduce el
funcionamiento de
"ciclo
cerrado"
que conduce de una
poética preestablecida
(una
"receta"),
al poema que la refleja
y de este a la crítica
que valora la
composición de acuerdo a
cómo se ajuste a esa
estética fijada de
antemano, lo que
promueve que se inicie
nuevamente el ciclo.
Asimismo,
"Receta…"
aborda el problema de la
crítica y del papel que,
en nuestros tiempos,
asume en el campo
literario como opuesto y
complemento necesario de
la creación (la crítica
volcada a la
dilucidación, jerarquización y
categorización de las
manifestaciones de la
creación artística) y,
con ello, de la
presencia de una
literatura que supone
la existencia de ese
controvertido espejo y
lo precisa, se
retroalimenta de él.
El texto
"Arte poética"
sigue la línea iniciada
por el poema anterior,
solo que ahora el
diálogo, la toma de
posición de García Marruz frente a los
modos contemporáneos de
la poesía, con los que
no se identifica, se
hacen más explícitos y,
a la vez que enjuicia
estas poéticas
"otras",
abunda en sus propias
ideas al respecto. La
poesía
"parlanchina",
que gusta de un léxico
enrevesado, técnico o
falsamente
cientificista, hecha de
"Pedacitos de palabras,
gramatiquerías,
andadores para que eche
a andar la frase…
de
"Palabras para leer
sentado…",
apunta jocosamente el
sujeto lírico; y la otra
que quiere
"(…) escribir
como habla el pueblo",constituyen
el objeto esencial de su
crítica. A una y otra,
apuntan el estilo y
construcción del poema,
parodia que se explica a
sí misma.
El poema se concibe de
manera coral e
irónicamente asamblearia,
en que intervienen
"voces"
disímiles, pero
el párrafo final porta
ya la voz del sujeto
lírico y emprende la
enunciación de aspectos
de la verdadera
"Arte
poética"
de la autora,
de una manera explícita
que solo puede ser
comparada con la de su
ensayística. La
validación de la
existencia de un léxico
poético, junto a otro
que no puede serlo:
"Hay
palabras que tienen
todavía la leche materna
en los labios, y otras
pesadas y puestas fuera
de nuestro alcance, como
retropropulsión";la
equiparación del poeta
con el artesano, con el
zapatero, en el sentido
de que ambos crean un
objeto que es en sí
mismo irremplazable,
único; la afirmación de
que el poema debe estar
hecho de
"cosas, cosas
reales o soñadas",de
"(…)
lo que tiene sustancia,
y tiene peso…"
y no, como si el poeta
fuera un
"doctor", de
opiniones,
"(…) llanuras
de conceptos, sin
relieve ni color",o
sea, que la poesía debe
encarnar en la realidad,
partir de ella (cosa
distinta de reflejarla,
que es imitación
mecánica, sin mérito,
como eso de copiar sin
más la editorial de un
periódico y pretender
que se hace poesía), no
tratar de explicarla; el
enfrentamiento a la
crítica que, con su
valoración, pretende
imponer un modelo:
"(…)
por qué tengo que oír a
los que nunca han hecho
un zapato cómo debo yo
hacerlo?";y
la formulación de un
concepto de
"técnica",
que podríamos equiparar
al de poética:
"La
técnica no es lo
complicado sino lo
sencillo. (…) Una
técnica supone un
esfuerzo ya hecho, no
por hacer. Es invisible,
como la gracia en un
pas de deux
clásico",del
que trascienden tres
componentes clave:
sencillez, eficiencia y
coherencia interna (o
sea, invisible, pero que
se expresa
permanentemente en el
conjunto);constituyen
los postulados más
importantes de esta que
es posible llamar
"declaración de
principios".
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Del examen de este
brevísimo corpus
se puede deducir que
en el libro Habana
del centro de Fina
García Marruz
coexisten dos
vertientes del tema de
la poesía y "lo
poético". Por un lado
aparecen textos que,
desde un lenguaje
marcadamente
tropológico, se lanzan a
la intuición de "lo
poético" y por otro,
según expresan los casos
de
"Receta
para escribir un poema"
y
"Arte poética", se
privilegia la exposición
del propio método
creativo en oposición y
como defensa frente a
otras formas de hacer
poesía, consideradas
erróneas. Para
desarrollar su crítica
la poetisa parcialmente
asume, imita o parodia,
con marcada ironía, la
estética de esos otros
"modos" poéticos.
Posee la poesía de Fina
García Marruz el hechizo
permanente de un
misterio que se ofrece,
como la luz o la
Naturaleza toda, sin
cesar nunca de
desvelarse. La ambición
de palpar su secreto,
que se escapa,
acompañará siempre a
aquellos que se acerquen
a su obra.
Notas:
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