Año VII
La Habana

2 al 8
de MAYO
de 2009

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Cuba, aún sin premios, desempeñó un digno papel

Frank Padrón • La Habana

 

La 24 edición del Festival Internacional de cine en Guadalajara, México, que fue celebrada  recientemente en esta hermosa ciudad azteca (la segunda en importancia del país), vio descollar varias cinematografías de la región, tomando en cuenta no solo la imponente presencia en las salas del certamen, sino su recurrencia en la nada cortas listas de lauros oficiales y colaterales. Llama la atención cómo a diferencia de años anteriores y de otros festivales, donde Brasil y Argentina mayoreaban en todo sentido, estos países prácticamente brillaron por su ausencia en el  certamen tapatío; por el contrario, el propio México, España y Perú, fueron las cinematografías de mayor empuje en la competencia y hasta en secciones paralelas.

Incluso, no es muy frecuente en estos eventos el espaldarazo a cineastas peruanos, lo cual sí ocurrió esta vez cuando Claudia Llosa, seguida por muchos desde su ópera prima (Madeinusa) se alzó con el principal Mayahuel (nombre de los lauros de este festival) por La teta asustada, que ya tuvo reconocimientos, como el Oso de Oro en Berlín  

Siguiendo una vieja leyenda quechua (idioma en el que se habla durante ciertos trechos del filme), la segunda pieza de la joven realizadora alude a una enfermedad que presuntamente se transmite por la leche materna de las mujeres que fueron violadas o maltratadas durante la guerra del terrorismo en el Perú, pero aun cuando acabó la contienda, la protagonista teme enfrentarse a sus miedos y al secreto que oculta en su interior: se ha introducido una papa en la vagina, como una suerte de protector.

El guión, como se aprecia a simple vista, es sugerente, pero la directora no consigue el amarre y la fuerza de su cinta anterior, porque la puesta en pantalla (donde sobresalen la fotografía y la música) está llena de anticlímax, de circunloquios y suciedades de montaje.

Aun cuando la actriz protagónica (Magali Solier) resulta convincente (lo cual le valió el premio en esa categoría) pienso honestamente que hubo desempeños superiores.

El país anfitrión, que inundó las pantallas festivaleras, conoció secciones competitivas propias tanto para la ficción, como para el documental, y en la primera de ellas hubo varios títulos que sobresalieron: el premio al mejor director fue a parar a manos de Alberto Cortés por una película que es interpretada por indígenas de Chiapas, titulada Corazón del tiempo, y que lamentablemente, no pude ver pero que, ante tal rareza, ya resulta interesante per se.
 

El premio del público a la mejor película fue para Oveja negra, primera cinta del mexicano Oscar Hinojosa Ozcariz, que también distinguió la FIPRESCI (Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica), jurado que integró este crítico.
 

Con gran soltura narrativa y un sólido diseño de personajes, el bisoño realizador entrega una comedia donde bajo la aparente ligereza hay no poca espesura conceptual, y una evaluación inteligente de conductas humanas.


Mejor ópera prima mexicana  resultó Crónicas chilangas, de Carlos Enderle, que ganó además el premio al mejor guión. Sin embargo, a mi juicio es ese último rubro lo más cuestionable de una pieza, sí, ingeniosa y bien actuada (Regina Orozco entre ellos) pero donde las tres historias que la integran se interrelacionan de forma bastante forzada y poco creíble.
 

Andrés Parra, de Colombia (país invitado al evento) fue premiado como mejor actor iberoamericano por su trabajo en La pasión de Gabriel, de Luis Alberto Restrepo, y si bien es muy justa la decisión, la película toda pudo correr mejor suerte, por su cohesión y organicidad a la hora de hilar una historia en un pueblecito rural de ese país, una Caldera del diablo donde un cura fornicario pero de saludable vocación social (justamente papel asumido por el actor laureado) focaliza una realidad: en tales lares estos personajes son más respetados y escuchados que los propios políticos.
 

España fue otro país triunfador en la persona de Chus Gutiérrez, quien  recibió el premio Mayahuel a la mejor dirección por Retorno a Hansala, que triunfó también como mejor guión, junto con Juan Carlos Rubio. El tema de la migración árabe al país del Viejo Continente, implica un viaje al revés: un enterrador lleva de vuelta el cadáver de un joven (hermano de la protagonista) cuando este perece en el mar intentando seguir la ruta de ella.
 

Sensibilidad desde el minimalismo, trazado y evolución eficaces de personajes, captación perfecta del ambiente (¡ese desierto marroquí!) y notables actuaciones caracterizan una cinta que emociona desde su sencillez y economía de recursos.
 

Otro premio a la Madre Patria fue a la fotografía de Alex Catalán por Camino (Javier Fesser), de veras, uno de los pocos méritos de una grandilocuente y manipuladora película que paradójicamente, alude a esas características partiendo de una historia real: una niña que muere de cáncer, utilizada por el Opus Dei para la canonización.
 

Dentro de las coproducciones con España, México entregó una obra atendible: El árbol, del hispano Carlos Serrano, y producida por dos “dioses tutelares” del llamado “nuevo nuevo cine” y sus técnicas desnarrativas: el mexicano Carlos Reygadas (Luz silenciosa) y el español Jaime Rosales (La soledad), matrimonio estético que se une para engendrar una criatura muy cercana a sus maneras de concebir el cine.
 

Un joven desorientado y en crisis se pasa caminando, buscando algo que no encuentra… el filme tiene un desenlace impresionante pero… es evidente que el cine es mucho más que un buen final, y pareciera que los creadores apostaron todo a ese “broche dorado” olvidando el resto; así, la película es tan pretenciosa como hueca y desangelada.   

¿Y el cine cubano?

Aunque sin preseas, nuestro cine no pasó en lo absoluto inadvertido durante Guadalajara 2009.

Y de veras: esto no es nacionalismo exacerbado en tierra ajena: fue sentir la sinceridad y gratitud en los aplausos, fue comprobar las salas llenas cuando otras funciones no lo estaban, fue observar el nivel de curiosidad y deseos de conocer más de Cuba y su cine en cada función.

Hay que agradecer a la directiva del evento su delicadeza al homenajear los 50 años del ICAIC, pero esto poco hubiera sido sin la cálida acogida que el público local, los visitantes y la prensa de todas partes del mundo le tributó.

Empezando por la competencia, las dos cintas que nos representaron  (El cuerno de la abundancia, de Juan Carlos Tabío y Ciudad en rojo, de Rebeca Chávez) motivaron a gran parte de quienes las vieron.

Representantes de sus respectivos equipos de realización y actores fueron abordados constantemente en los pasillos de los cines o del hotel Fiesta Americana, sede del festival, para manifestarles su complacencia con ambos filmes, de modo que aunque no alcanzaran alguno de los lauros Mayahuel, regresaron a casa con el muy importante premio de una notable recepción.

Otras actividades relacionadas con Cuba en el Festival de Guadalajara no fueron menos estimulantes: el homenaje a la institución fílmica cubana, con un diploma recogido por Rosa María Rovira (jefa de Relaciones Internacionales de este organismo) o las proyecciones en distintas salas de títulos emblemáticos en este medio siglo de fructífera vida (desde Memorias del subdesarrollo y Lucía hasta Now, Retrato de Teresa o Se permuta) encontraron análoga acogida.

Entre los miembros de la delegación cubana figuró Mirta Ibarra, actriz de El cuerno… como se sabe, y que también ha mostrado a los participantes del festival y a todo el público su documental Titón: de La Habana a Guantanamera, testimonio de uno de nuestros cineastas mayores quien fuera su compañero en las últimas décadas de vida.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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