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A solo 24 horas de
finalizar la X Bienal de
La Habana y a solicitud
de instituciones de las
artes visuales
participantes en el
evento, Manuel López
Oliva presentó por
segunda vez su
Performance Combinatorio
en la sala teatro Las
Carolinas, sede de la
compañía Danza Teatro
Retazos, al respecto, el
artista desde un inicio
hizo énfasis en la
condición de mixtura de
su obra en la que se
“combina arte corporal,
proyecciones digitales,
visiones plásticas con
alusiones entre
simbólicas y paradójicas
en una atmósfera de
intensa comunicación
sensorial”.
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El performance consistió
en una narrativa fugaz
que intentó una versión
sobre la sensualidad y
nociones contrapuestas
en el orden burocrático
y contextual. Se
representó por la
actuación de una “Eva”
desnuda que interactuaba
con un fondo de
proyección de obras del
artista carentes de su
color inicial así como
también integraba
imágenes de las paredes
muy deterioradas del
estudio de López Oliva
(en un edificio
pendiente de reparación
desde hace mucho a solo
unos pasos de La
Catedral de La Habana),
a la vez la puesta en
escena de la actriz que
accionaba con un objeto
(a modo de cuño
burocrático) y con
papeles sobre una blanca
mesa, escenografía única
en el performance.
La dramaturgia hallaba
acentos más intensos en
la visualidad más lírica
que provocadora de la
actriz Sarruf (Surelys
Medina Rodríguez) y su
interacción de
movimientos sensuales
con las imágenes de la
obra del artista que
ganaban en intensidad al
ser eximidas del
cromatismo original.
Este y la cualidad
morfológicamente
puntillista
individualizan a las
obras del artista, y
ciertamente el color
hubiera distraído la
atención de la intención
crítica original, aunque
se sintió diluida en la
poética atractiva y más
lograda en cuanto a lo
sensorial.
La pintura de Manuel
López Oliva, quizá el
artista más culto de su
generación, encuentra
una plenitud de
significaciones a través
de sus alusiones
constantes a alegorías
como la mascarada, el
teatro y el deseo e
imbrica nociones
barrocas de otras artes
que recontextualiza el
creador de acuerdo al
panorama insular, pero
siempre de forma muy
densa, es decir, en sus
cuadros y ahora también
en la propia proyección
en el performance, las
paradojas no aparecen
sino por su ausencia, de
ahí que figuras como la
inocencia, la veracidad
y la carencia se vuelven
tropos en retirada,
ahuyentados por la
simulación teatral que
adquiere protagonismo.
Performance
Combinatorio, sin
proponérselo, culmina un
mes de ardua
laboriosidad de las
instituciones,
curadores, especialistas
y prensa en torno al
suceso más relevante de
las artes visuales en
Cuba, la Bienal de La
Habana que, en su décima
edición ha dejado, sobre
todo, una saludable y
eficiente huella para su
futura labor.
Por supuesto que aún están por
examinar todos aquellos
aspectos a tomar en
cuenta para ediciones
posteriores, entre
otros, la breve duración
de las muestras (solo un
mes) dado el esfuerzo
inmenso para su montaje
y exhibición de valiosas
obras, el horario de
cierre de las galerías y
centros expositivos, la
búsqueda de soluciones
para artistas que
radican en provincias y
la posibilidad de
extender el ámbito de la
Bienal más allá del
centro capitalino, así
como la importancia de
integrar aún más a la
población a través de
intervenciones públicas,
performances y obras al
aire libre, dadas las
positivas experiencias
que de estas prácticas
estéticas emanan.
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Respecto a lo anterior, quedarán en
la memoria de esta
Bienal, el “recorrido”
de los “elefantes” por
sitios emblemáticos de
la ciudad, gracias a esa
obra de impacto lúdico y
ambiental,
Memoria
& memory,
de
José Emilio Fuentes, o Los
sobrevivientes,
de Roberto Fabelo que se tornaron las “cucarachas” populares de la Bienal, o en su
otra vertiente el
proyecto de Candelario,
LASA, Laboratorio
Artístico de San
Agustín, que integró a
artistas
internacionales, y otro
también de López Oliva,
Retrátese con arte,
consistente en paneles
pintados con espacios
huecos, muestra en la
Casa de la FEU, una de
los que más placer dio a
los espectadores quienes
se retrataron como parte
de obras de Arturo
Montoto, Eduardo Abela,
Rafael Zarza, entre
otros artistas, el
performance de Manuel
Mendive, y finalmente,
pero apenas visto por la
poca durabilidad,
Correspondencia AEA”
(Artistas en Expansión
Asociados), generado por
la chilena Mariella
Sola, el francés Romain
Osi y el español Armando
Miguelez basado en el
concepto de proyección
de retratos de personas
de otras nacionalidades,
obra que apenas pudo
apreciarse, pues solo
tuvo tres días de
proyección en tres
lugares diferentes).
Pero más allá de la mención
anterior, sería preciso
repensar una vez más la
Bienal de La Habana en
su aniversario 25,
“nuestra” Bienal, y en
su poder de convocatoria
a los países del sur y
del mundo, y su
capacidad para
reflexionar sobre
problemas álgidos de la
contemporaneidad en un
planeta que exige cada
día mayor
responsabilidad de
todos. |