Año VII
La Habana

2 al 8
de MAYO
de 2009

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

ENREDOS

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

 

Fin de la X Bienal de La Habana
 y el Performance de Manuel López Oliva

Carina Pino Santos • La Habana

Fotos:  Diego Lastre y  Xavier Carvajal

 

A solo 24 horas de finalizar la X Bienal de La Habana y a solicitud de instituciones de las artes visuales participantes en el evento,  Manuel López Oliva presentó por segunda vez su Performance Combinatorio en la sala teatro Las Carolinas, sede de la compañía Danza Teatro Retazos, al respecto, el artista desde un inicio hizo énfasis en la condición de mixtura de su obra en la que se “combina arte corporal, proyecciones digitales, visiones plásticas con alusiones entre simbólicas y paradójicas en una atmósfera de intensa comunicación sensorial”.

El performance consistió en una narrativa fugaz que intentó una versión sobre la sensualidad y nociones contrapuestas en el  orden burocrático y contextual.  Se representó por la actuación de una “Eva” desnuda que interactuaba con un fondo de proyección de obras del artista carentes de su color inicial así como también integraba imágenes de las paredes muy deterioradas del estudio de López Oliva (en un edificio pendiente de reparación desde hace mucho a solo unos pasos de La Catedral de La Habana), a la vez la puesta en escena de la actriz que accionaba con un objeto (a modo de cuño burocrático) y con papeles sobre una blanca mesa, escenografía única en el performance.

La dramaturgia hallaba acentos más intensos en la visualidad más lírica que provocadora de la actriz Sarruf (Surelys Medina Rodríguez) y su interacción de movimientos sensuales con las imágenes de la obra del artista que ganaban en intensidad al ser eximidas del cromatismo original. Este y  la cualidad morfológicamente puntillista individualizan a las obras del artista, y ciertamente el color hubiera distraído la atención de la intención crítica original, aunque se sintió diluida en la poética atractiva y más lograda en cuanto a lo sensorial.

La pintura de Manuel López Oliva, quizá el artista más culto de su generación,  encuentra una plenitud de significaciones a través de sus alusiones constantes a alegorías como la mascarada, el teatro y el deseo e imbrica nociones barrocas de otras artes que recontextualiza el creador de acuerdo al panorama insular, pero siempre de forma muy densa, es decir, en sus cuadros y ahora también en la propia proyección en el performance, las paradojas no aparecen sino por su ausencia, de ahí que figuras como la inocencia, la veracidad y la carencia se vuelven tropos en retirada, ahuyentados por la simulación teatral que adquiere protagonismo.

Performance Combinatorio, sin proponérselo, culmina un mes de ardua laboriosidad de las instituciones, curadores, especialistas y prensa en torno al suceso más relevante de las artes visuales en Cuba, la Bienal de La Habana que, en su décima edición ha dejado, sobre todo, una saludable y eficiente huella para su futura labor.

Por supuesto que aún están por examinar todos aquellos aspectos a tomar en cuenta para ediciones posteriores, entre otros, la breve duración de las muestras (solo un mes) dado el esfuerzo inmenso para su montaje y exhibición de valiosas obras, el horario de cierre de las galerías y centros expositivos, la búsqueda de soluciones para artistas que radican en provincias y la posibilidad de extender el ámbito de la Bienal más allá del centro capitalino, así como la importancia de integrar aún más a la población a través de intervenciones públicas, performances y obras al aire libre, dadas las positivas experiencias que de estas prácticas estéticas emanan.

Respecto a lo anterior, quedarán en la memoria de esta Bienal, el “recorrido” de los “elefantes” por sitios emblemáticos de la ciudad, gracias a esa obra de impacto lúdico y ambiental, Memoria & memory, de José Emilio Fuentes, o  Los sobrevivientes, de Roberto Fabelo  que se tornaron las “cucarachas” populares de la Bienal, o en su otra vertiente el proyecto de Candelario, LASA, Laboratorio Artístico de San Agustín, que integró a artistas internacionales, y otro también de López Oliva, Retrátese con arte, consistente en paneles pintados con espacios huecos, muestra en la Casa de la FEU, una de los que más placer dio a los espectadores quienes se retrataron como parte de obras de Arturo Montoto, Eduardo Abela, Rafael Zarza, entre otros artistas, el performance de Manuel Mendive, y finalmente, pero apenas visto por la poca durabilidad, Correspondencia AEA” (Artistas en Expansión Asociados), generado por la chilena Mariella Sola, el francés Romain Osi y el español Armando Miguelez basado en el concepto de proyección de retratos de personas de otras nacionalidades, obra que apenas pudo apreciarse, pues solo tuvo tres días de proyección en tres lugares diferentes).

Pero más allá de la mención anterior, sería preciso repensar una vez más la Bienal de La Habana en su aniversario 25, “nuestra” Bienal, y en su poder de convocatoria a los países del sur y del mundo, y su capacidad para reflexionar sobre problemas álgidos de la contemporaneidad en un planeta que exige cada día mayor responsabilidad de todos.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
IE-Firefox, 800x600