Año VII
La Habana

2 al 8
de MAYO
de 2009

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Guille Vilar • La Habana

Fotos: Cortesía Guille Vilar y Liborio Noval

 

Confieso que me complace mucho escuchar o leer las opiniones especializadas de investigadores y críticos acerca de los aportes que, en el terreno de la música, califican a Leo Brouwer como un brillante y virtuoso guitarrista, compositor prolífico e incansable promotor cultural. Por tal motivo, prefiero abordar la magnitud de este músico sencillamente genial desde la mirada a las respuestas y  observaciones que con un lenguaje natural y sencillo, se expresa esta especie de oráculo caribeño admirado y respetado por todos. Una vez más reitero que personalidades como Leo han venido a este mundo para alumbrar caminos que permanecen iluminados para siempre. Cuando alguien de la profundidad de criterios en torno a la cultura como Brouwer manifiesta una opinión, significa legitimar conceptos que se convierten en paradigmas a favor de nuestro enriquecimiento espiritual. Cuando alguien del nivel intelectual de Brouwer habla con  profundo conocimiento lo mismo de Bach que de Stockhausen, Keith Jarret o de Benny Moré y Enrique Jorrín, nos está revelando su sueño, su aspiración que disfrutemos de una sola música, la buena. Pocos artistas cubanos del rango de Leo asumen con tanta sinceridad y elocuencia, el dolor que le provoca el meollo de la problemática relativa  a la difusión de la música al afirmar que la cultura popular nada tiene que ver con el gusto popular impuesto cada día por nuestros medios. Por tales razones, entre otras tantas, es que desde hace ya unos cuantos años, vi en este querido amigo a una persona sinceramente preocupada por que accedamos a la cultura desde la mayor amplitud del término.

Permítaseme recrear aquellos polémicos tiempos donde de acuerdo con las palabras del propio Leo, nuestro país estaba bajo urgencias económicas y políticas coyunturales demasiado fuertes así como presiones exteriores todavía más.

Por lo tanto, no me detendré en el manido tema de la censura de Los Beatles en Cuba porque podríamos correr el riesgo de ser simplistas al polemizar sobre un asunto tan complejo y delicado afectivamente. Quizá una consecuencia de semejante situación fue el hecho de que al pretender ignorarse la existencia de la obra de los Beatles y de sus contemporáneos se nos mantenía en una negación inconsciente, por qué no, de los indiscutibles aciertos de dicha música. Sin embargo, al igual que muchos jóvenes cubanos de aquel entonces, nos las arreglábamos para junto a la evolución del rock ir madurando en nuestra formación estética a la vez que asumíamos los valores intrínsecos propios de nuestra sociedad.

Por tal motivo, cuando Silvio expresó en un programa de la Televisión cubana su admiración por los Beatles, era la voz de una generación comprometida con los principios revolucionarios a la vez que tenía entre sus preferencias la música de los Beatles.

Obviamente que junto a la música en sí, se consumía una literatura a cargo de prestigiosos críticos foráneos cuyos artículos nos ayudaban a valorar la magnitud de lo que estaba sucediendo en ese contexto del rock, pero a la vez necesitábamos que alguien de nuestra propia sangre, del sudor compartido en nuestras luchas cotidianas, nos dijera que estábamos sencillamente equivocados o bien encaminados.

En tal sentido, Leo siempre constituyó un punto de referencia entre la vanguardia artística cuyo valor intuíamos desde el mismo momento en que se colocaba la guitarra para tocar hasta por su complicidad en la propuesta del GESI. Cuando en el memorable Concierto de Bach a los Beatles, expresó que los Beatles eran unos clásicos de la música popular de la segunda mitad del siglo XX, ya hacía rato que Leo era un icono de nuestra cultura, por lo que esta aparentemente simple información se recibió con todas las implicaciones de un músico profesionalmente avalado para comprometerse con la misma. Pero es que en este concierto Leo, con su característico desenfado, también habló de Jimi Hendrix y de Emerson, Lake and Palmer, sin imaginarse todavía hoy, hasta dónde influyó el alcance de estas palabras en muchos de nosotros. ¡Cuánto necesitábamos escuchar en la voz de uno de los nuestros intelectuales de mayor prestigio que la dimensión de Hendrix como extraordinario guitarrista de rock iba mucho más allá que su extravagante hábito de tocar la guitarra con los dientes y que Emerson, Lake and Palmer constituye un eslabón clave en la evolución del rock sinfónico!  Y Leo Brouwer, sin lugar a duda, fue el primero en el contexto cultural cubano que se manifestara públicamente con toda propiedad acerca de la obra de estas leyendas de la música rock.

Al paso del tiempo tuve el privilegio de dirigir un programa de Televisión con esta personalidad que ha compartido lo mismo con Astor Piazolla que Costas Cotsiolis o Timo Cohronen y además también es capaz de conversar en torno a la obra de guitarristas que otros especialistas quizá ni siquiera se molestarían en opinar porque  pudieran considerar que se trata de figuras menores admiradas por jóvenes fanáticos del rock. Con la mayor naturalidad, el maestro explicó cómo Carlos Santana consigue el sello que le identifica, o por qué Atahualpa Yupanqui y Jimmy Page exponentes de estilos aparentemente tan diferentes, están unidos por el inconfundible lazo de la calidad y hasta pudo hablar sobre carismáticos guitarristas del metal como Steve Vai, Joe Satriani o de Yngwie Malmsteen, pero con un respeto y una admiración por estos soberbios músicos que los ubica en su justa dimensión profesional.

No olvidar que precisamente muchos jóvenes han llegado al disfrute de manifestaciones musicales de mayor complejidad y elaboración a partir del seguimiento de la obra de personalidades del rock como las mencionadas.

No quisiera terminar este breve acercamiento a la personalidad de Leo Brouwer sin dejar de mencionar que es de nuevo su opinión autorizada la que nos llega en una deliciosa entrevista cuando afirma que los Beatles no tienen una influencia directa de la música cubana a pesar de todos nuestros esfuerzos por identificar el bolero en  "And I Love her"  o en "P.S. I Love You". En todo caso, dicho género partió de Cuba hacia un ámbito universal desde hace mucho tiempo y de ahí es que beben los Beatles, no por una admiración de nuestra música en específico. No obstante, cuando George Martin, el productor de los Beatles es homenajeado por Leo en el 2002 al dirigir la orquesta durante la ejecución de su suite "From Yesterday to Penny Lane" a cargo del guitarrista Joaquin Clerch, se estaba no solo rindiendo un tributo a quien fuera considerado el Quinto Beatle, sino que tenemos la certeza de que los mismos Beatles se hubieran sentido honrados por este gesto de alguien de la estatura artística de Leo Brouwer.

Nadie es capaz de restarle importancia al hecho de lo que significaría para cualquiera de nosotros que un día pudiéramos conocer personalmente a Paul McCartney  o a Yngwie Malmsteen como a la vez tampoco tenemos la menor duda de la connotación, realmente sobresaliente, de cuando con el mayor orgullo exclamamos: ¡Yo conozco a Leo Brouwer!

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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