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Confieso que me complace mucho
escuchar o leer las opiniones
especializadas de investigadores
y críticos acerca de los aportes
que, en el terreno de la música,
califican a Leo Brouwer como un
brillante y virtuoso
guitarrista, compositor
prolífico e incansable promotor
cultural. Por tal motivo,
prefiero abordar la magnitud de
este músico sencillamente genial
desde la mirada a las respuestas
y observaciones que con un
lenguaje natural y sencillo, se
expresa esta especie de oráculo
caribeño admirado y respetado
por todos. Una vez más reitero
que personalidades como Leo han
venido a este mundo para
alumbrar caminos que permanecen
iluminados para siempre. Cuando
alguien de la profundidad de
criterios en torno a la cultura
como Brouwer manifiesta una
opinión, significa legitimar
conceptos que se convierten en
paradigmas a favor de nuestro
enriquecimiento espiritual.
Cuando alguien del nivel
intelectual de Brouwer habla
con profundo conocimiento lo
mismo de Bach que de Stockhausen,
Keith Jarret o de Benny Moré y
Enrique Jorrín, nos está
revelando su sueño, su
aspiración que disfrutemos de
una sola música, la buena. Pocos
artistas cubanos del rango de
Leo asumen con tanta sinceridad
y elocuencia, el dolor que le
provoca el meollo de la
problemática relativa a la
difusión de la música al afirmar
que la cultura popular nada
tiene que ver con el gusto
popular impuesto cada día por
nuestros medios. Por tales
razones, entre otras tantas, es
que desde hace ya unos cuantos
años, vi en este querido amigo a
una persona sinceramente
preocupada por que accedamos a
la cultura desde la mayor
amplitud del término.
Permítaseme recrear aquellos
polémicos tiempos donde de
acuerdo con las palabras del
propio Leo, nuestro país estaba
bajo urgencias económicas y
políticas coyunturales demasiado
fuertes así como presiones
exteriores todavía más.
Por lo tanto, no me detendré en
el manido tema de la censura de
Los Beatles en Cuba porque
podríamos correr el riesgo de
ser simplistas al polemizar
sobre un asunto tan complejo y
delicado afectivamente. Quizá
una consecuencia de semejante
situación fue el hecho de que al
pretender ignorarse la
existencia de la obra de los
Beatles y de sus contemporáneos
se nos mantenía en una negación
inconsciente, por qué no, de los
indiscutibles aciertos de dicha
música. Sin embargo, al igual
que muchos jóvenes cubanos de
aquel entonces, nos las
arreglábamos para junto a la
evolución del rock ir madurando
en nuestra formación estética a
la vez que asumíamos los valores
intrínsecos propios de nuestra
sociedad.
Por tal motivo, cuando Silvio
expresó en un programa de la
Televisión cubana su admiración
por los Beatles, era la voz de
una generación comprometida con
los principios revolucionarios a
la vez que tenía entre sus
preferencias la música de los
Beatles.
Obviamente que junto a la música
en sí, se consumía una
literatura a cargo de
prestigiosos críticos foráneos
cuyos artículos nos ayudaban a
valorar la magnitud de lo que
estaba sucediendo en ese
contexto del rock, pero a la vez
necesitábamos que alguien de
nuestra propia sangre, del sudor
compartido en nuestras luchas
cotidianas, nos dijera que
estábamos sencillamente
equivocados o bien encaminados.
En tal sentido, Leo siempre
constituyó un punto de
referencia entre la vanguardia
artística cuyo valor intuíamos
desde el mismo momento en que se
colocaba la guitarra para tocar
hasta por su complicidad en la
propuesta del GESI. Cuando en el
memorable Concierto de Bach a
los Beatles, expresó que los
Beatles eran unos clásicos de la
música popular de la segunda
mitad del siglo XX, ya hacía
rato que Leo era un icono de
nuestra cultura, por lo que esta
aparentemente simple información
se recibió con todas las
implicaciones de un músico
profesionalmente avalado para
comprometerse con la misma. Pero
es que en este concierto Leo,
con su característico desenfado,
también habló de Jimi Hendrix y
de Emerson, Lake and Palmer, sin
imaginarse todavía hoy, hasta
dónde influyó el alcance de
estas palabras en muchos de
nosotros. ¡Cuánto necesitábamos
escuchar en la voz de uno de los
nuestros intelectuales de mayor
prestigio que la dimensión de
Hendrix como extraordinario
guitarrista de rock iba mucho
más allá que su extravagante
hábito de tocar la guitarra con
los dientes y que Emerson, Lake
and Palmer constituye un eslabón
clave en la evolución del rock
sinfónico! Y Leo Brouwer, sin
lugar a duda, fue el primero en
el contexto cultural cubano que
se manifestara públicamente con
toda propiedad acerca de la obra
de estas leyendas de la música
rock.
Al paso del tiempo tuve el
privilegio de dirigir un
programa de Televisión con esta
personalidad que ha compartido
lo mismo con Astor Piazolla que
Costas Cotsiolis o Timo Cohronen
y además también es capaz de
conversar en torno a la obra de
guitarristas que otros
especialistas quizá ni siquiera
se molestarían en opinar porque
pudieran considerar que se
trata de figuras menores
admiradas por jóvenes fanáticos
del rock. Con la mayor
naturalidad, el maestro explicó
cómo Carlos Santana consigue el
sello que le identifica, o por
qué Atahualpa Yupanqui y Jimmy
Page exponentes de estilos
aparentemente tan diferentes,
están unidos por el
inconfundible lazo de la calidad
y hasta pudo hablar sobre
carismáticos guitarristas del
metal como Steve Vai, Joe
Satriani o de Yngwie Malmsteen,
pero con un respeto y una
admiración por estos soberbios
músicos que los ubica en su
justa dimensión profesional.
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No olvidar que precisamente
muchos jóvenes han llegado al
disfrute de manifestaciones
musicales de mayor complejidad y
elaboración a partir del
seguimiento de la obra de
personalidades del rock como las
mencionadas.
No quisiera terminar este breve
acercamiento a la personalidad
de Leo Brouwer sin dejar de
mencionar que es de nuevo su
opinión autorizada la que nos
llega en una deliciosa
entrevista cuando afirma que los
Beatles no tienen una influencia
directa de la música cubana a
pesar de todos nuestros
esfuerzos por identificar el
bolero en "And I Love her" o
en "P.S. I Love You". En todo
caso, dicho género partió de
Cuba hacia un ámbito universal
desde hace mucho tiempo y de ahí
es que beben los Beatles, no por
una admiración de nuestra música
en específico. No obstante,
cuando George Martin, el
productor de los Beatles es
homenajeado por Leo en el 2002
al dirigir la orquesta durante
la ejecución de su suite "From
Yesterday to Penny Lane" a cargo
del guitarrista Joaquin Clerch,
se estaba no solo rindiendo un
tributo a quien fuera
considerado el Quinto Beatle,
sino que tenemos la certeza de
que los mismos Beatles se
hubieran sentido honrados por
este gesto de alguien de la
estatura artística de Leo
Brouwer.
Nadie es capaz de restarle
importancia al hecho de lo que
significaría para cualquiera de
nosotros que un día pudiéramos
conocer personalmente a Paul
McCartney o a Yngwie Malmsteen
como a la vez tampoco tenemos la
menor duda de la connotación,
realmente sobresaliente, de
cuando con el mayor orgullo
exclamamos: ¡Yo conozco a Leo
Brouwer! |