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1.
¿No es suficiente el
nivel de expectativas
satisfecho por la X
Bienal de La Habana,
para considerarla un
suceso de repercusión
muy positiva respecto de
la conexión del arte
cubano con los procesos
actuales que emiten,
reproducen, codifican y
modifican el arte y las
ideas sobre arte a nivel
mundial?
2.
¿Algunos sucesos
adversos al sentido de
confraternidad
planetaria entre
hacedores de la cultura
visual, donde fines
extrartísticos se
disfrazaron de
propuestas “avant-garde”,
ocurridos por falta de
previsión en la trama
desbordante de nuestra
Bienal, pueden ensuciar
la realización exitosa
de lo que llegó a ser
“la toma de la ciudad
por la plástica”, un
encuentro de las “mil
caras” del arte pensante
y raigal de hoy, el
reconocimiento de lo
diverso y hasta de lo
no-clasificable que
manifiesta sentimientos
y percepciones mediante
una plural
“estética-otra”,
traductora del ser
subdesarrollado y
espiritualmente rico,
portador renovable de
tradiciones étnicas,
híbrido de espíritu o
con lenguajes objetuales
y no-objetuales
imposibles de modelar
según enfoques lineales
y reduccionistas de
historia del arte?
3.
¿No ha generado acaso la
“colateralidad”,
conformada por disímiles
sucesos de la plástica
nacional, un
extraordinario aporte de
la gran mayoría de los
creadores cubanos de
nivel, sin distinción de
edades y operatorias,
los que en cierta medida
se vieron tentados a
crecerse y emular con el
un tanto iterado paquete
curatorial internacional
establecido a partir del
tema condicionante de la
Bienal?
4.
¿Por qué no aceptar que
lo que funcionó como
panorama anexo a la
estructura y
programación
internacional de la
Bienal (lo colateral),
que por desgracia no ha
quedado en un católogo
que conserve lo valioso
acontecido ahí, sí
produjo una ruptura
natural e inesperada de
moldes curatoriales que
parecen ser consecuencia
del alcance de una
centuria que hace nueve
años terminó, y no
resultado nuevo y
previsor de búsquedas en
el diseño de
convocatoria y lógica
integradora de un evento
multinacional de arte
afirmado en los vectores
del siglo XXI?
5.
¿Puede continuar siendo
siempre la Bienal un
evento de las artes
visuales en exclusivo,
sin que alguna vez sus
tentáculos lleguen hasta
los festivales y ferias
de los ámbitos
literarios,
cinematográficos,
escénicos, informáticos
y musicales, tratándose
de fundir con estos en
acontecimientos mixtos,
intercomunicantes, más
allá de lo que
corresponde a los campos
culturales específicos?
6.
¿Es posible hallar una
explicación sustancial y
coherente, que vaya más
allá del solo responder
a la demanda derivada de
los compradores foráneos
y lograr un presumible
control económico de
estos, a muestras
clasificadas como
“colaterales” que en
verdad son ajenas a los
principios y conceptos
que definen la fisonomía
ya histórica de nuestra
bienal? ¿Qué decir, en
consecuencia, de las
convencionales
exhibiciones “de
estudio” o del caso
insólito de “HB, Arte
Contemporáneo”, que nada
tienen que ver con el
espíritu antimercantil
de los ámbitos
expositivos, los
performances y las
macroinstalaciones que
pusieron de manifiesto
el sano afán renovador,
de afirmación
profesional y búsquedas
dialógicas de lo
artístico?
7.
¿Por qué inocular
estatalmente a manera de
apéndice, dentro de la
bienal cubana, variantes
de la razón y práctica
de los mecanismos
universalizados de
mercado, sin hacer los
necesarios deslindes o
instituir aparte una
adecuada Feria alterna o
paralela de Arte?
8.
¿Es acertado y ético
dividir de hecho a los
artistas entre los que
pueden figurar en la
nómina internacional de
la Bienal, quienes
generan obras de rigor
vendibles en ecléctico
espacio excluyente,
aquellos que deben
aceptarse solo como
ejecutores de creaciones
sustancialmente
distantes del comercio,
y los que están
destinados únicamente a
desplegar acciones de
servicio a la cultura y
la sociedad?
9.
¿Y es que sería utópico
creer que la Bienal de
La Habana puede invertir
el rumbo, dejar de ser
en parte reflejo de
rutas teorizadas y
concepciones exhibidas
en sucesos mundializados
de su tipo, reconocerse
mejor en lo que tiene de
inédito y trascendente,
para así afirmar aún más
lo que ha logrado en
condición de vía
multiplicadora de valor
humanista? ¿Se aspira
demasiado si nos
proponemos ofrecer, a
los pariguales de
nuestra Bienal en otros
sitios, posibilidades de
cambio, simbiosis,
promoción y real
contemporaneidad del
hacer imaginativo?
La Habana/mayo 30 del
2009 |