Año VII
La Habana

2 al 8
de MAYO
de 2009

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Cuando la Bienal se despide:
Preguntas, y no respuestas

Pablo F. Rivera • La Habana

 

1.            ¿No es suficiente el nivel de expectativas satisfecho por la X Bienal de La Habana, para considerarla un suceso de repercusión muy positiva respecto de la conexión del arte cubano con los procesos actuales que emiten, reproducen, codifican  y modifican el arte y las ideas sobre arte a nivel mundial?

2.            ¿Algunos sucesos adversos al sentido de confraternidad planetaria entre hacedores de la cultura visual, donde fines extrartísticos se disfrazaron de propuestas “avant-garde”, ocurridos  por falta de previsión en la trama desbordante de nuestra Bienal, pueden ensuciar la realización exitosa de lo que llegó a  ser “la toma de la ciudad por la plástica”, un encuentro de las “mil caras” del arte pensante y raigal de hoy, el reconocimiento  de lo diverso y hasta de lo no-clasificable que manifiesta sentimientos y percepciones mediante una plural “estética-otra”, traductora del ser subdesarrollado y espiritualmente rico, portador renovable de tradiciones étnicas, híbrido de espíritu o con lenguajes objetuales y no-objetuales imposibles de modelar según enfoques lineales y reduccionistas  de historia del arte?

3.            ¿No ha generado acaso la “colateralidad”, conformada por disímiles sucesos de la plástica nacional, un extraordinario aporte de la gran mayoría de los creadores cubanos de nivel, sin distinción de edades y operatorias, los que en cierta medida se vieron tentados a crecerse y emular con el un tanto iterado paquete curatorial internacional establecido a partir del tema condicionante de la Bienal?

4.            ¿Por qué no aceptar que lo que funcionó como panorama anexo a la estructura y programación internacional de la Bienal (lo colateral), que por desgracia no ha quedado en un católogo que conserve lo valioso acontecido ahí, sí produjo una ruptura natural e inesperada de moldes curatoriales que parecen ser consecuencia del alcance de una centuria que hace nueve años terminó, y no resultado nuevo y previsor de búsquedas en el diseño de convocatoria y lógica integradora de un evento multinacional de arte afirmado en los vectores del siglo XXI?

5.            ¿Puede continuar siendo siempre la Bienal un evento de las artes visuales en exclusivo, sin que alguna vez sus tentáculos lleguen hasta los festivales y ferias de los ámbitos literarios, cinematográficos, escénicos, informáticos y musicales, tratándose de fundir con estos en acontecimientos mixtos, intercomunicantes, más allá de lo que corresponde a los campos culturales específicos?

6.            ¿Es posible hallar una explicación sustancial y coherente, que vaya más allá del solo responder a la demanda derivada de los compradores foráneos y  lograr un presumible control económico de estos, a muestras clasificadas como “colaterales” que en verdad son ajenas a los principios y conceptos que definen la fisonomía ya histórica de nuestra bienal? ¿Qué decir, en consecuencia, de las convencionales exhibiciones “de estudio” o del caso insólito de “HB, Arte Contemporáneo”, que nada tienen que ver con el espíritu antimercantil de los ámbitos expositivos, los performances y las macroinstalaciones que pusieron de manifiesto el sano afán renovador, de afirmación profesional y búsquedas dialógicas de lo artístico?

7.            ¿Por qué inocular estatalmente a manera de apéndice, dentro de la  bienal cubana, variantes de la razón y práctica de los mecanismos universalizados de mercado, sin hacer los necesarios deslindes o instituir aparte una adecuada Feria alterna o paralela de Arte? 

8.            ¿Es acertado y ético dividir de hecho a los artistas entre los que pueden figurar en la nómina internacional de la Bienal, quienes generan obras de rigor vendibles en ecléctico espacio excluyente, aquellos que deben aceptarse solo como ejecutores de creaciones sustancialmente distantes del comercio, y los  que están destinados únicamente a desplegar acciones de servicio a la cultura y la sociedad?

9.            ¿Y es que sería utópico creer que la Bienal de La Habana puede invertir el rumbo, dejar de ser en parte reflejo de rutas teorizadas y concepciones exhibidas en sucesos mundializados de su tipo, reconocerse mejor en lo que tiene de inédito y trascendente, para así afirmar aún más lo que ha logrado en condición de vía multiplicadora de valor humanista? ¿Se aspira demasiado si nos proponemos ofrecer, a los pariguales de nuestra Bienal en otros sitios, posibilidades de cambio, simbiosis, promoción y real contemporaneidad del hacer imaginativo?

La Habana/mayo 30 del 2009

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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