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“La primera virtud que debe
tener la música para el cine es
no estorbar el filme. Me gusta
pensar que la música puede
considerarse u oírse por sí
sola, mas no es esa cualidad la
esencial: el compositor debe
acostumbrarse a pensar que su
música es complemento de un todo
y no lo más sobresaliente”,
escribía Leo en la revista
Cine Cubano razonando sobre
la música en nuestras películas.
A la vuelta del tiempo, algunas
de las melodías que tan bien
complementaron la atmósfera
dramática de Lucía (que
ocurre en tres épocas
perfectamente delimitadas por la
música), Memorias del
subdesarrollo, La primera
carga al machete, Un día
de noviembre, La última
cena, Cecilia y
Amada, siete de las mejores
películas cubanas de todos los
tiempos.
En el ensayo antes citado, que
se titula La música en el
cine cubano, Leo sigue
diciendo que “la visión de un
arte integral no excluyente —el
cine— obliga a dosificar todos
los parámetros implícitos, con
un sentido de equilibrio formal:
guión + imagen + teatro + música
+ palabra = cine. Solo que ese
signo «igual» no refleja una
simple suma en términos
convencionales sino un proceso
de interacciones que resulta en
salto cualitativo y nuevo medio
de expresión”. Así, una nueva
expresividad cinematográfica
proponen todas las grandes
películas a las cuales Leo le
puso música, sin contar los
conocimientos sobre arte en
general y música en particular
que compartió con los jóvenes
que se nuclearon en el GES, es
decir Silvio Rodríguez, Pablo
Milanés, Noel Nicola, Eduardo
Ramos, Martín Rojas, Pablo
Menéndez, Sara González,
Emiliano Salvador y Sergio
Vitier, entre otros que,
también, contribuyeron en mayor
o menor medida a la creación de
música para cine.
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Dirigido en su primera etapa por
Leo, el Grupo de Experimentación
Sonora se propuso, según Leo
Brouwer, “el
estudio-investigación-desarrollo-creación
del problema musical, no solo
insertado en el cine, sino
también y fundamentalmente, como
arte-música per se”. Las
canciones que Pablo aportó a
La primera carga al machete,
o la de Silvio para El hombre
de Maisinicú hablan con
elocuencia del papel del GES en
cuanto a conferirle un nuevo
nivel a las relaciones entre
cine y música, de acuerdo con
las prédicas y las enseñanzas
del compositor, único miembro
del grupo con amplio aval en la
composición, la teoría musical,
la dirección orquestal y un
virtuoso de la guitarra. Sus
primeras obras representan su
contexto cubano y muestran la
influencia de la música
afrocubana y su estilo rítmico.
Leo toca, además, violonchelo,
clarinete, percusión y piano y
antes o después de su etapa
dirigiendo el GES compondría una
gran cantidad de piezas para
guitarra y varios conciertos,
sería Director General de la
Orquesta Sinfónica Nacional de
Cuba, y desde 1981 Director
General de la Institución
Filarmónica Nacional. Tendría
activa participación en la
organización del Concurso y
Festival Internacional de
Guitarra de La Habana.
Aunque Leo pertenece
indiscutiblemente al mundo de la
música —el universo en el cual
se enseñorea como una de las
presencias más contundentes del
siglo XX cubano— un arte tan
integrador como el cine lo
incluye también como uno de sus
creadores más destacados, y es
en virtud de tales aportes que
se le atribuye el Premio
Nacional de Cine. Casi medio
centenar de bandas sonoras
fueron compuestas por él, de
modo que consiguió aportarle, a
una cinematografía naciente, la
extraordinaria calidad musical
en algunas de las bandas sonoras
más notables, esas que acompañan
a filmes conscientemente
aplicados al enaltecimiento de
lo cubano en cine, filmes que
contribuyeron a configurar la
identidad nacional en el mapa
mundial del séptimo arte, y ese
alto sitial que ocupan se debe
también a la música que los
complementa y prolonga en la
imaginación y el recuerdo del
espectador.
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Teóricamente Leo explicó varias
veces las múltiples analogías
entre el cine y la música. Al
primero lo caracteriza el guión,
la temática visual, el ritmo de
las imágenes, el fondo de la
locación, la atmósfera dramática
y la edición, mientras que la
música, igualmente, posee plan
composicional (equivalente al
guión), temática melódica, ritmo
sonoro o tempo, atmósfera sonora
a través de la armonía o
background, intensidad sonora
para subrayar la atmósfera
dramática y composición que se
emparenta con la edición. De
acuerdo con tales analogías, Leo
aseguraba que “en música para
cine se evitará utilizar una
estructura musical que contenga
de manera redundante,
pleonásmica más bien, los
parámetros análogos entre música
y cine”.
Cuando se menciona en este texto
la concepción de Leo sobre el
cine, y sobre la música para
cine, en términos de arte, no es
una frase hecha que se les
endosa a todos los grandes
creadores de estas disciplinas.
En 1986, más o menos alrededor
de los años cuando comienza a
descender el número de
colaboraciones con el cine, Leo
asegura en una entrevista para
la revista Bohemia que “la salud
del cine cubano es pobre. Es mi
cuna, le debo al cine incluso
hasta las formas composicionales
de mi música en general, puesto
que el cine cubano nace con
fuerza y creatividad
extraordinarias, con una razón
de ser y formas propias. Pero
como siempre, cuando hay un
resultado que avalar
políticamente, cuando un cine
como el nuestro, con tantas
dificultades económicas,
necesita corresponderse con las
interpretaciones económicas de
la cultura, surge una
contradicción enorme: o el cine
se vende o se arruina. De ahí
que en los últimos años se
muerda la cola, dé vueltas
alrededor de qué es el cine
cubano, con el resultado de
montones de películas que pueden
cumplir quizás una función de
entretenimiento, y que sin
plantearse ser obras de arte,
podrían trascender más como
cine”.
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A Leo le han sido entregados
reconocimientos como la medalla
Alejo Carpentier, la orden Félix
Varela, el premio Manuel de
Falla, el Premio del MIDEM
clásico en Francia, y, por
supuesto el Premio Nacional de
Música. El Premio Nacional de
Cine, la distinción de mayor
jerarquía que confieren el
Ministerio de Cultura y el
Instituto Cubano del Arte e
Industria Cinematográficos en
ese campo, alcanza este año
particular relevancia pues su
entrega forma parte de los
festejos por el aniversario 50
de la creación del ICAIC. El
Premio Nacional de Cine ha sido
conferido desde su fundación a
Alfredo Guevara (2003), Julio
García Espinosa (2004), Humberto
Solás (2005), Enrique Pineda
Barnet (2006), Daysi Granados,
Fernando Pérez y Nelson
Rodríguez (2007) y Juan Padrón
(2008). |