|
Pequeños actores de
Slumdog siguen en la pobreza
Hace dos meses, la pequeña estrella de
la exitosa película Slumdog Millionaire estaba
preocupada de qué se iba a poner para los Oscar. Ahora
tiene un problema muy distinto: ¿cómo sacar las aguas
fétidas de la pequeña casa de su familia?
Rubina, de 9 años,
tomó un balde de plástico el lunes y comenzó a trabajar,
pero sin esperanza. "Hay muchas ratas", dijo a la AP con
una sacudida, con el agua por encima de los tobillos.
"En la noche también".
Ocho Premios Oscar
y 326 millones de dólares en taquilla han hecho muy poco
para mejorar las vidas de los dos empobrecidos niños
astros del filme.
Rubina y su
compañerito Azharuddin Mohammed Ismail han recibido un
aluvión de regalos y han coqueteado con la fama, pero
poco ha cambiado su día a día. De algún modo, las cosas
incluso han empeorado: el vecindario de Azhar está más
poblado y tenso. La casa de Rubina se ha inundado. Y la
fama le ha dado a ambos oportunidades y vergüenza.
Si existe un final
feliz, Azhar y Rubina aún no lo han encontrado.
Los realizadores de
Slumdog insisten en que han hecho lo que han
podido por ayudar. Crearon el fondo Jai Ho para asegurar
que los niños tengan viviendas apropiadas, una buena
educación y ahorros para cuando terminen la escuela
secundaria. También donaron 747 500 dólares a una
organización benéfica para ayudar a los niños pobres de
Mumbai.
El productor
Christian Colson ha descrito el fondo como sustancial,
pero no ha revelado el monto —ni siquiera a los padres—
por temor a que los niños sean explotados.
Azhar y Rubina
terminaron su primer año en la escuela inglesa en la que
los cineastas los inscribieron y planean regresar en
junio, cuando se reanudan las clases.
Noshir Dadrawala,
un fideicomisario de Jai Ho, dijo que las familias han
visto varios apartamentos en Bombay, pero que ninguno
les gustó.
"Dijeron que es
demasiado lejos de donde viven ahora. Haremos una
segunda ronda. Esperamos que les guste lo que les
ofrecemos", expresó.
Ha habido otras
ofertas, pero ninguna se ha materializado hasta ahora.
Promotores
inmobiliarios les prometieron a los niños casas en un
nuevo y elegante conjunto anunciado como un santuario
ecológico de villas y apartamentos que se construyen en
Kerala, en el extremo sur de India. Pero este queda a
casi 1 600 kilómetros (1 000 millas), y ninguna de las
familias se quiere ir de Bombay.
El gobierno les
ofreció apartamentos más cerca de su hogar, pero aún no
los ha entregado. Por ley, los políticos no pueden
distribuir tales regalos al acercarse elecciones
nacionales, que concluyen el mes próximo.
Las familias dicen
que la Escuela Internacional D. Y. Patil, la cual ofrece
codiciados y costosos diplomas de bachillerato
internacional, también les ofrece becas, aunque los
directivos de la escuela rechazaron hacer comentarios al
respecto.
Y también están los
escándalos.
Pocos días después
de que el diario sensacionalista británico News of the
World reportó que el padre de Rubina ofreció venderla a
uno de sus reporteros que se hacía pasar por un jeque
rico, un empresario indio que vive en Qatar ofreció
pagar la educación de la niña hasta la universidad, dijo
la familia de la pequeña.
"El jeque falso y
el jeque verdadero", dijo riendo el padre de Rubina,
Rafiq Qureshi.
Qureshi niega todas
las acusaciones y no ha sido acusado de ningún delito,
pero el incidente abrió viejas heridas familiares.
La madre de Rubina,
Khurshida Monish Dewade, reapareció después de siete
años, y las imágenes de la mujer y la madrastra Rubina,
Munni, tirándose del cabello, fueron transmitidas a todo
el mundo.
Rubina trata de
pasar por alto el drama. Cuando se le preguntó si quería
vivir con su papá, indicó con movimiento de la cabeza
que sí y se colocó nuevamente los audífonos para
escuchar una de sus canciones favoritas de Slumdog
Millionaire.
Ambos niños se han
vuelto expertos en manejar a los montones de periodistas
que llegan a sus casas con cada nuevo giro en la
telenovela de la vida real de Slumdog. Y la fama
les ha traído pequeñas oportunidades. |