Año VII
La Habana

 2009

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Ensayos en el tiempo, de Enrique Saínz

Raúl Ibarra Parladé • La Habana



Para suerte de todos, la Editorial Oriente ha publicado este libro del notable crítico Enrique Saínz, en mi opinión una de las mejores colecciones de ensayos literarios que han salido de nuestras imprentas en los últimos años. Y digo que es una suerte, porque, sin duda, no se trata solamente de una selección de críticas  afortunadas, sino que en su conjunto hay múltiples posibilidades para el lector curioso, y sobre todo, para los jóvenes que comienzan a recorrer el accidentado camino de la poesía, que no sé si será el mismo para los  poetas de otras latitudes, pero sí sé que es el nuestro, y no es poco mérito el de Saínz al reseñarlo tan cumplidamente, llevándonos de la mano a través de las páginas de su libro.

Advierto que no es un libro sencillo ni mucho menos elemental; por el contrario, Saínz profundiza en cada tema tanto como se lo ha exigido la voluntad de hacérnoslo comprender, aunque comunicándonos el deslumbramiento que ha experimentado con cada uno para compartirlo con nosotros.

De este modo, nos hace entrar en la poesía griega clásica, en la latina a través de Horacio, para guiarnos en el devenir de la poesía castellana de los siglos de Oro, desde Jorge Manrique hasta Calderón de la Barca, pasando por los versos maravillosos de fray Luis de León, Quevedo y San Juan de la Cruz, cumbres del genio de nuestro idioma, el mismo que hablamos y que utilizamos para crear poesía, tan sobrehumana como la de San Juan de la Cruz. Aquí debo señalar el vínculo, o mejor sería decir el crecimiento que va tomando la lengua castellana en tanto alcanza densidad y significado, y se expande por las naciones descendientes de España. Así, el autor cruza el océano con Juan Ramón Jiménez, y nos emparenta con Lezama, Cintio y Fina, y todo el grupo de Orígenes, en quienes el idioma se llena de una sensibilidad otras, logra la altura de un sentido nuevo, se vuelve cubano con toda su carga de resonancias diferentes.

Pero no se queda aquí el autor. La poesía cubana no se forma  solamente de le herencia hispana: Saínz nos presenta a  los franceses con la poesía perfecta de Paul Claudel, la expresión en lengua inglesa con el australiano John Kinsella y cuanto hay de renovador en él, como en todo el genio de esta poesía.

No falta en este libro una referencia a la poesía en lengua alemana, representada por los austríacos Rainer María Rilke y Georg Trakl. La espiritualidad germana no es extraña a la formación de nuestra poesía, aunque pueda  parecer una afirmación inesperada. Aquí, en Santiago de Cuba, hubo en el siglo XIX un pequeño grupo de traductores que insistieron mucho precisamente en la poesía de lengua alemana. Me refiero, sobre todo, a los hermanos Francisco y Antonio Sellén, traductores de Goethe, Schiller y, particularmente, Heine, cuya obra alentó durante largos años la sensibilidad poética de los cubanos. Un volumen de Antonio Sellén, Ecos del Rin, contiene versiones de más de 30 poetas alemanas, y recuerdo con cariño y nostalgia la difusión que hace muchos años tuvo entre nosotros las Cartas a un joven poeta, de Rilke, verdadero momento de iniciación para tantos poetas nuestros, concebido desde los términos de la misma poesía.

Saínz añade, además, a un “raro”, al decir de Rubén Darío, como Georg Trakl, suicida a los 27 años como consecuencia de una tormenta anímica provocada por una vida plagada de tragedias, agravada por el sangriento espectáculo de los combates de la Primera Guerra Mundial. Lo introvertido y torturado de Trakl es característico de estas corrientes literarias que aparece también en Hugo von Hofmannstahl y Stefan George, así como en un artista cuya espiritualidad se manifestó a través de la música, Gustav Mahler.

Todos ellos han rozado más o menos nuestra poesía, y es evidente que Enrique Saínz ha reunido estos 17 ensayos breves con la intención de acercarnos a las fuentes de la nueva poesía cubana, que pueden ser también la de nuestra poesía futura, de ahí la utilidad de este libro, importantísimo en mi opinión, y admirable desde muchos puntos de vista, pero especialmente por el deslumbramiento que nos aporta, el prodigio del lenguaje poético, el asombro, el pequeño sobresalto de que hablaba Lezama. No hay mayor virtud para un libro de crítica.

 

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La Habana, Cuba. 2008.
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