Año VII
La Habana
2009

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Ichikawa se (des)encadena

El Nuevo Herald

 

Obama y Cuba
por Emilio Ichikawa 

(...)

El senador Orville Hitchcock Platt, republicano por Connecticut, y el general Leonard Wood, gobernador de Santiago de Cuba, por poner dos ejemplos, quisieron para la isla cosas muy parecidas (palabra por palabra) a las que Barack Obama ha pretendido al respecto más de un siglo después. La enmienda de Platt en el Congreso, como todos recordarán, inspiró el documento que completó como apéndice la primera Constitución Cubana de la república. Y el sencillo y suficiente texto constitucional de Wood del 20 de octubre de 1898 no pudo ser más lúcido para regir una convivencia cubana.

¿Qué significaba en fin de cuentas aquel apéndice, a la larga satanizado por el nacionalismo cubano hasta hoy mismo en todas sus orillas, más allá incluso del diferendo castrismo-anticastrismo? Pues una regla de contención a los excesos y descarríos de un pueblo que, precisamente por iniciarse en las artes del gobierno propio a principios del siglo XX, no había mostrado aún que tuviera capacidad para lograrlo. ¿Acaso las dudas de los EEUU y la diplomacia internacional no estaban justificadas? Tanto lo estaban, que cuatro años después de fundada la república los propios cubanos, a través de su presidente, solicitaron una nueva intervención ante los desórdenes electorales. El presente histórico cubano sería otra prueba contundente; pero de eso ni hablemos.

A pesar de todo, las clases políticas cubanas en el poder se sentían muy incómodas con el recurso y tres décadas después de fundada la república se quitaron de encima dicho apéndice. El nacionalismo cubano se salió con la suya y aún hoy se sigue llamando ''plattistas'' a quienes buscan racionalizar las relaciones de Cuba con unos Estados Unidos que, en efecto, dada la cercanía geográfica e histórica, constituyen una suerte de vecindad destinal que los cubanos tendremos que considerar, ya sea por realistas, ya sea por indigentes.

 


N.E.: A propósito de Obama, a quien ve como continuador de Leonardo Wood y Orville Platt, el filósofo de Miami elogia la Enmienda Platt como “una regla de contención a los excesos y descarríos de un pueblo que, precisamente por iniciarse en las artes del gobierno propio a principios del siglo XX, no había mostrado aún que tuviera capacidad para lograrlo”. 
 

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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