Año VIII. La Habana 9 al 15 de MAYO de 2009

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Una bala que dio en el blanco

Libertad González • La Habana

Fotos: Cortesía de la autora

 

Nacido en febrero de 1986, Pedro Luis Rodríguez apenas ha cumplido los 23 años de edad y ya acumula premios que pudieran causarles sana envidia a autores con una mayor experiencia. Los inicios de la radio en Cuba fue su primer documental cuando apenas llevaba un año en la Facultad del Arte de los Medios de Comunicación. Con La llamada, un corto de ficción obtuvo el Premio Signis de la Iglesia Católica en el Festival El Almacén de la imagen en Camagüey y logró ser aceptado para la competencia en la 7ma. Muestra de Nuevos Realizadores.

A esta pieza le siguió una más ambiciosa La bala que alcanzó el Premio en Ficción de la octava Muestra de Jóvenes Realizadores y acaba de merecer el Gran Premio en el quinto Festival Nacional de la Televisión.
 

Inmerso actualmente en varios proyectos, accede a conversar acerca de sus ya intensos momentos en la creación.

¿Por qué te inclinas por el mundo audiovisual? ¿Influyó el ambiente familiar?

Mostrar un conflicto, un sentimiento a través de imágenes y sonidos construidos por mi subjetividad, me ha cautivado. La masividad y el diálogo directo con el público, característicos de estas obras, me atrae, porque siempre intento llegar a la mayor cantidad de personas, hacerme entender, dejando en ellas una posible reflexión y un mensaje.

No fue hasta la última etapa del preuniversitario que comencé a interesarme por la dirección de audiovisuales como mi futuro. Al principio, la familia* no estaba de acuerdo con que me adentrara en este difícil mundo y los entiendo. Mentiría si digo que desde niño mi mayor sueño era ser director y ese tipo de cosas, pero pienso, que de manera inconsciente tener en casa personas para las cuales el audiovisual es su vida, inevitablemente tiene que haber influido.  

¿Qué te aportó La llamada? ¿Mereció algún premio?

La Facultad de Arte de los Medios de Comunicación Audiovisuales del Instituto Superior de Arte (FAMCA), donde estudio, tiene una serie de asignaturas en las cuales el alumno se puede evaluar mediante una obra audiovisual, que contenga los objetivos teóricos de la misma. La llamada es un corto que vinculé a la asignatura de Filosofía. Esta decisión constituyó un reto para mí y para el resto del equipo, estudiantes todos.  

Una de las cosas que más agradezco a esta obra, es el acercamiento al trabajo con actores. Por primera vez me enfrenté a la dirección de dos profesionales de esta especialidad. Lograr que se involucraran en la historia, que caminaran, hablaran como exigían los personajes, y sobre todo, que fueran capaces de defender con credibilidad la filosofía de sus personajes, todo esto sin ninguna remuneración económica, fue el mayor reto.

Una de las cosas más importantes de un director es tener y transmitir seguridad, saber cuándo cortar, qué toma dejar, cuál valor de plano usar, en qué momento entra o sale la música, en resumen, tener la capacidad de decidir, y fue en La llamada que me enfrenté a todas esas cosas por primera vez. 

Otra de las experiencias que le debo a este corto, es el trabajo en equipo, tan importante cuando de audiovisuales se trata. Lograr que todos se involucraran y que cada uno de los especialistas sintiera la obra como suya, caminando todos en el mismo sentido.

La llamada recibió, en el 2007, el Premio SIGNIS que otorga la Asociación Cubana Católica para la Comunicación, dentro del marco del Almacén de la Imagen, festival que organiza la Asociación Hermanos Saíz, de Camagüey.

¿Por qué escribes tus guiones? ¿Es que no has encontrado tu par en esa especialidad?

Para un realizador, dirigir su propio guión, siempre trae ventajas. La principal es la libertad, libertad estética, de casting, de locaciones y de cambios a último momento. Además, se siente la obra como algo más personal, que nace en el guión y crece en la realización, siempre con uno.

Escribo mis guiones porque me permite acercarme a los temas que quiero y contarlos desde mi punto de vista. Todo lo que llevo al guión está en función de la futura puesta en escena, cada detalle está seleccionado por el papel que juega en la posterior realización. Muchas veces lo primero que tengo es un plano, un personaje, una locación, la estética, y después es que escribo el guión.

Un elemento que también ha influido, es que la FAMCA, no tiene la especialidad de guión entre sus perfiles, lo que me parece un grave error. Esto ha provocado que los alumnos de dirección, tengamos que aventurarnos a la difícil empresa de escribir guiones.

Pienso que cuando tenga la oportunidad de dirigir un guión escrito por otra persona las cosas marchen bien, diferentes, pero bien. Sí sería muy difícil entregarle un guión escrito por mí a otro director, por eso creo que soy más director que guionista.

¿Cómo llegas a La Bala?

Al pasar el Servicio Militar, comprendí que los hombres, cuando se encuentran en situaciones difíciles, crean lazos de solidaridad, hasta de amistad. Personas con diferentes intereses y maneras de ver la vida, ante el rigor y la férrea disciplina, se unen para vencer esta etapa.

De este sentimiento nace La Bala, de la necesidad de unión entre los hombres frente a realidades extremas. Demostrar que en un grupo cada una de las partes es imprescindible, que la verdadera fuerza está en el ser humano y en su confianza en el otro.

¿Por qué la épica?

Más allá de mis experiencias en el Servicio Militar y de que disfruto de la estructura dramática de la épica, existen otros factores que hicieron que me inclinara por esta historia.

En Cuba, y sobre todo en los últimos años, se ha explotado poco esta manera de contar. En nuestro audiovisual, por lo general, se ve al héroe como una figura intachable, sin defectos, interpretada con cierto acartonamiento, lo que ha traído como resultado un distanciamiento del público. En otras ocasiones, se intenta sustituir al individuo por un mensaje de gloria colectiva, desechando el papel del héroe en la dramaturgia, tan necesario para la identificación de los espectadores con los valores éticos.

Basándome en estos dos elementos, intenté construir un héroe lo más humano posible. Un héroe con el cual los jóvenes se identificaran, que hablara y se comportara de la misma manera que ellos y que se pudiera convertir en un patrón.  

¿Cuán difícil resulta para un joven realizar una pieza que requiere una logística militar?

La realización siempre es un proceso angustioso y complejo. Una obra del arte audiovisual tiene particularidades como el ser un arte colectivo donde los elementos técnicos tienen una gran importancia. Existen temas que para ser tratados necesitan, inevitablemente, de recursos específicos como fue el caso de La Bala.

La participación de la televisión me dio la posibilidad de trabajar con excelentes especialistas y actores, además de tramitar el vínculo de la obra con las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Nos ayudaron en algunas indicaciones al guión, en el entrenamiento de los actores y nos facilitaron un ómnibus, pero fue difícil obtener algunos de los elementos de la logística como las municiones, las armas y el vestuario con sus accesorios. Todo esto hizo más complejo el proceso creativo y tuve que hacer concesiones para garantizar la culminación de la obra.

Por otro lado, asumir este género, me enfrentó por primera vez al trabajo de pirotecnia y de efectos especiales de maquillaje con las heridas, por primera vez también dirigí un grupo para lograr coreográficamente las acciones. Ya no solo se trataba de dirigir subtextos en los actores, sino también de prepararlos e involucrarlos en una proyección física que los hiciera aparecer como soldados bien entrenados. Realmente fue difícil, pero fue una experiencia única y, al final, creo que satisfactoria.

Te has declarado deudor del cine de Fernando Pérez, especialmente del filme Clandestinos por la influencia en La Bala. ¿Qué otras ascendientes reconoces?

Me considero un gran consumidor de cine y del audiovisual en general, mis gustos son bien abiertos y variados. Disfruto del cine de autor y del de género, no menosprecio estilos o estéticas y, aunque tengo ciertas preferencias, intento permearme de todas las maneras de realización. Cuando tengo una idea, un posible tema, siempre acudo a las obras ya realizadas que la aborden, clásicas o no, intento buscar inspiraciones y acercamientos en ellas, después tomo o desecho, según me funcione.

En el caso de La Bala, varias son las obras que me influyeron, y no solo del cine. Por ejemplo de la literatura, los cuentos de Los pasos en la hierba, de Eduardo Heras León. Me mostraron atmósferas, personajes y tonos muy reales. El filme Clandestinos siempre me ha cautivado por la manera que rescata al ser humano como héroe anónimo dentro del proceso revolucionario. Además, la construcción verosímil de los personajes, la capacidad de involucrar y emocionar al espectador, así como el realismo y visualidad que se alcanza en las escenas de acción, trabajando con cuidado la fotografía, la edición y sobre todo la banda sonora. Todo esto influyó en mí, intenté buscar un sentido similar en La Bala, desde la construcción del guión hasta la realización.
 

¿A qué medio quieres ver unido tu destino profesional? ¿Por qué?

Sobre este tema no he pensado mucho, todavía curso el cuarto año de la carrera, y toda mi atención la estoy enfocando en los proyectos que tengo como estudiante. Gracias a mi entorno familiar conozco bien y, desde adentro, la televisión, del reto de trabajar para millones y de cómo se pueden realizar buenos programas y obras de arte dentro de su inmensa y compleja producción. Diversos telefilmes lo demuestran, estando, en mi modesta opinión, por encima de varias películas cubanas de los últimos años. Por otro lado, el lenguaje cinematográfico tiene un atractivo especial, su alto contenido simbólico, donde por lo general, todos los detalles de la obra son más cuidados, propiciando un mayor margen a la calidad artística y estética. Además, el cine le otorga a la obra un carácter de mayor trascendencia y perdurabilidad.

En cuanto al tema de las oportunidades, tan importantes para un joven, debido a su mayor producción, en la televisión se pueden encontrar más espacios. En el ICAIC, las oportunidades serían menores, pero es un medio que propicia un mayor desarrollo artístico y de libertades temáticas en las obras. Lo más importante para mí es contar historias, intentar que el medio no me condicione como realizador.
 

(*) Los directores Magda González Grau y Carlos Medina.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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