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Nacido en febrero de
1986,
Pedro Luis Rodríguez
apenas ha cumplido los
23 años de edad y ya
acumula premios que
pudieran causarles sana
envidia a autores con
una mayor experiencia.
Los inicios de la
radio en Cuba fue su
primer documental cuando
apenas llevaba un año en
la Facultad del Arte de
los Medios de
Comunicación. Con La
llamada, un corto de
ficción obtuvo el Premio
Signis de la Iglesia
Católica en el Festival
El Almacén de la imagen
en Camagüey y logró ser
aceptado para la
competencia en la 7ma.
Muestra de Nuevos
Realizadores.
A esta pieza le siguió
una más ambiciosa La
bala que alcanzó el
Premio en Ficción de la
octava Muestra de
Jóvenes Realizadores y
acaba de merecer el Gran
Premio en el quinto
Festival Nacional de la
Televisión.
Inmerso actualmente en
varios proyectos, accede
a conversar acerca de
sus ya intensos momentos
en la creación.
¿Por qué te inclinas por
el mundo audiovisual?
¿Influyó el ambiente
familiar?
Mostrar un conflicto, un
sentimiento a través de
imágenes y sonidos
construidos por mi
subjetividad, me ha
cautivado. La masividad
y el diálogo directo con
el público,
característicos de estas
obras, me atrae, porque
siempre intento llegar a
la mayor cantidad de
personas, hacerme
entender, dejando en
ellas una posible
reflexión y un mensaje.
No fue hasta la última
etapa del
preuniversitario que
comencé a interesarme
por la dirección de
audiovisuales como mi
futuro. Al principio, la
familia*
no estaba de acuerdo con
que me adentrara en este
difícil mundo y los
entiendo. Mentiría si
digo que desde niño mi
mayor sueño era ser
director y ese tipo de
cosas, pero pienso, que
de manera inconsciente
tener en casa personas
para las cuales el
audiovisual es su vida,
inevitablemente tiene
que haber influido.
¿Qué te aportó La
llamada? ¿Mereció
algún premio?
La Facultad de Arte de
los Medios de
Comunicación
Audiovisuales del
Instituto Superior de
Arte (FAMCA), donde
estudio, tiene una serie
de asignaturas en las
cuales el alumno se
puede evaluar mediante
una obra audiovisual,
que contenga los
objetivos teóricos de la
misma. La llamada
es un corto que vinculé
a la asignatura de
Filosofía. Esta decisión
constituyó un reto para
mí y para el resto del
equipo, estudiantes
todos.
Una de las cosas que más
agradezco a esta obra,
es el acercamiento al
trabajo con actores. Por
primera vez me enfrenté
a la dirección de dos
profesionales de esta
especialidad. Lograr que
se involucraran en la
historia, que caminaran,
hablaran como exigían
los personajes, y sobre
todo, que fueran capaces
de defender con
credibilidad la
filosofía de sus
personajes, todo esto
sin ninguna remuneración
económica, fue el mayor
reto.
Una de las cosas más
importantes de un
director es tener y
transmitir seguridad,
saber cuándo cortar, qué
toma dejar, cuál valor
de plano usar, en qué
momento entra o sale la
música, en resumen,
tener la capacidad de
decidir, y fue en La
llamada que me
enfrenté a todas esas
cosas por primera vez.
Otra de las experiencias
que le debo a este
corto, es el trabajo en
equipo, tan importante
cuando de audiovisuales
se trata. Lograr que
todos se involucraran y
que cada uno de los
especialistas sintiera
la obra como suya,
caminando todos en el
mismo sentido.
La llamada
recibió, en el 2007, el
Premio SIGNIS que otorga
la Asociación Cubana
Católica para la
Comunicación, dentro del
marco del Almacén de la
Imagen, festival que
organiza la Asociación
Hermanos Saíz, de
Camagüey.
¿Por qué escribes tus
guiones? ¿Es que no has
encontrado tu par en esa
especialidad?
Para un realizador,
dirigir su propio guión,
siempre trae ventajas.
La principal es la
libertad, libertad
estética, de casting, de
locaciones y de cambios
a último momento.
Además, se siente la
obra como algo más
personal, que nace en el
guión y crece en la
realización, siempre con
uno.
Escribo mis guiones
porque me permite
acercarme a los temas
que quiero y contarlos
desde mi punto de vista.
Todo lo que llevo al
guión está en función de
la futura puesta en
escena, cada detalle
está seleccionado por el
papel que juega en la
posterior realización.
Muchas veces lo primero
que tengo es un plano,
un personaje, una
locación, la estética, y
después es que escribo
el guión.
Un elemento que también
ha influido, es que la
FAMCA, no tiene la
especialidad de guión
entre sus perfiles, lo
que me parece un grave
error. Esto ha provocado
que los alumnos de
dirección, tengamos que
aventurarnos a la
difícil empresa de
escribir guiones.
Pienso que cuando tenga
la oportunidad de
dirigir un guión escrito
por otra persona las
cosas marchen bien,
diferentes, pero bien.
Sí sería muy difícil
entregarle un guión
escrito por mí a otro
director, por eso creo
que soy más director que
guionista.
¿Cómo llegas a La
Bala?
Al pasar el Servicio
Militar, comprendí que
los hombres, cuando se
encuentran en
situaciones difíciles,
crean lazos de
solidaridad, hasta de
amistad. Personas con
diferentes intereses y
maneras de ver la vida,
ante el rigor y la
férrea disciplina, se
unen para vencer esta
etapa.
De este sentimiento nace
La Bala, de la
necesidad de unión entre
los hombres frente a
realidades extremas.
Demostrar que en un
grupo cada una de las
partes es
imprescindible, que la
verdadera fuerza está en
el ser humano y en su
confianza en el otro.
¿Por qué la épica?
Más allá de mis
experiencias en el
Servicio Militar y de
que disfruto de la
estructura dramática de
la épica, existen otros
factores que hicieron
que me inclinara por
esta historia.
En Cuba, y sobre todo en
los últimos años, se ha
explotado poco esta
manera de contar. En
nuestro audiovisual, por
lo general, se ve al
héroe como una figura
intachable, sin
defectos, interpretada
con cierto
acartonamiento, lo que
ha traído como resultado
un distanciamiento del
público. En otras
ocasiones, se intenta
sustituir al individuo
por un mensaje de gloria
colectiva, desechando el
papel del héroe en la
dramaturgia, tan
necesario para la
identificación de los
espectadores con los
valores éticos.
Basándome en estos dos
elementos, intenté
construir un héroe lo
más humano posible. Un
héroe con el cual los
jóvenes se
identificaran, que
hablara y se comportara
de la misma manera que
ellos y que se pudiera
convertir en un
patrón.
¿Cuán difícil resulta
para un joven realizar
una pieza que requiere
una logística militar?
La realización siempre
es un proceso angustioso
y complejo. Una obra del
arte audiovisual tiene
particularidades como el
ser un arte colectivo
donde los elementos
técnicos tienen una gran
importancia. Existen
temas que para ser
tratados necesitan,
inevitablemente, de
recursos específicos
como fue el caso de
La Bala.
La participación de la
televisión me dio la
posibilidad de trabajar
con excelentes
especialistas y actores,
además de tramitar el
vínculo de la obra con
las Fuerzas Armadas
Revolucionarias. Nos
ayudaron en algunas
indicaciones al guión,
en el entrenamiento de
los actores y nos
facilitaron un ómnibus,
pero fue difícil obtener
algunos de los elementos
de la logística como las
municiones, las armas y
el vestuario con sus
accesorios. Todo esto
hizo más complejo el
proceso creativo y tuve
que hacer concesiones
para garantizar la
culminación de la obra.
Por otro lado, asumir
este género, me enfrentó
por primera vez al
trabajo de pirotecnia y
de efectos especiales de
maquillaje con las
heridas, por primera vez
también dirigí un grupo
para lograr
coreográficamente las
acciones. Ya no solo se
trataba de dirigir
subtextos en los
actores, sino también de
prepararlos e
involucrarlos en una
proyección física que
los hiciera aparecer
como soldados bien
entrenados. Realmente
fue difícil, pero fue
una experiencia única y,
al final, creo que
satisfactoria.
Te has declarado
deudor del cine de
Fernando Pérez,
especialmente del filme
Clandestinos por
la influencia en La
Bala. ¿Qué otras
ascendientes reconoces?
Me considero un gran
consumidor de cine y del
audiovisual en general,
mis gustos son bien
abiertos y variados.
Disfruto del cine de
autor y del de género,
no menosprecio estilos o
estéticas y, aunque
tengo ciertas
preferencias, intento
permearme de todas las
maneras de realización.
Cuando tengo una idea,
un posible tema, siempre
acudo a las obras ya
realizadas que la
aborden, clásicas o no,
intento buscar
inspiraciones y
acercamientos en ellas,
después tomo o desecho,
según me funcione.
En el caso de La Bala,
varias son las obras que
me influyeron, y no solo
del cine. Por ejemplo de
la literatura, los
cuentos de Los pasos
en la hierba, de
Eduardo Heras León. Me
mostraron atmósferas,
personajes y tonos muy
reales. El filme
Clandestinos siempre
me ha cautivado por la
manera que rescata al
ser humano como héroe
anónimo dentro del
proceso revolucionario.
Además, la construcción
verosímil de los
personajes, la capacidad
de involucrar y
emocionar al espectador,
así como el realismo y
visualidad que se
alcanza en las escenas
de acción, trabajando
con cuidado la
fotografía, la edición y
sobre todo la banda
sonora. Todo esto
influyó en mí, intenté
buscar un sentido
similar en La Bala,
desde la construcción
del guión hasta la
realización.
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¿A qué medio quieres ver
unido tu destino
profesional? ¿Por qué?
Sobre este tema no he
pensado mucho, todavía
curso el cuarto año de
la carrera, y toda mi
atención la estoy
enfocando en los
proyectos que tengo como
estudiante. Gracias a mi
entorno familiar conozco
bien y, desde adentro,
la televisión, del reto
de trabajar para
millones y de cómo se
pueden realizar buenos
programas y obras de
arte dentro de su
inmensa y compleja
producción. Diversos
telefilmes lo
demuestran, estando, en
mi modesta opinión, por
encima de varias
películas cubanas de los
últimos años. Por otro
lado, el lenguaje
cinematográfico tiene un
atractivo especial, su
alto contenido
simbólico, donde por lo
general, todos los
detalles de la obra son
más cuidados,
propiciando un mayor
margen a la calidad
artística y estética.
Además, el cine le
otorga a la obra un
carácter de mayor
trascendencia y
perdurabilidad.
En cuanto al tema de las
oportunidades, tan
importantes para un
joven, debido a su mayor
producción, en la
televisión se pueden
encontrar más espacios.
En el ICAIC, las
oportunidades serían
menores, pero es un
medio que propicia un
mayor desarrollo
artístico y de
libertades temáticas en
las obras. Lo más
importante para mí es
contar historias,
intentar que el medio no
me condicione como
realizador.
(*) Los directores Magda
González Grau y Carlos
Medina. |