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Se ha mencionado con frecuencia
por estos días a Moisés Finalé,
uno de los más emblemáticos
pintores del intenso escenario
de las artes plásticas de los 80 en Cuba.
Regresa el matancero de Francia
a su país, con cambio de
fisonomía para su arte, que
continúa siendo deudor del
influjo de aquella época.
La X Bienal de La Habana fue la
antesala de su presencia en
La Jiribilla, con la
exposición El peso de su
cuerpo. Las piezas de metal,
papel, lienzo y carboncillo,
irrumpieron primero en otros
espacios de la capital, para
apropiarse finalmente del
espacio-galería
Paredes sin nombre que
auspicia la institución en su
sede de 5ta. y D.
Para el artista, resulta “muy
interesante la invitación hecha
por la dirección de la revista
celebrando su octavo aniversario
(…). Cuando me propusieron venir
aquí me pareció muy apropiado
por el jardín, el patio que
tiene la institución y esta
sala, para poder hacer la
muestra.
“Por otra parte, durante algunos
años he seguido La Jiribilla
desde París. La busco para
encontrar información y conocer
lo que está pasando en el plano
cultural en la Isla.
“Así que todo venía muy bien, es
una revista que conozco, una
publicación que cada vez tiene
más prestigio y por eso estoy
muy contento de poder realizar
esta exposición”.
Es una muestra dialogada, los
dibujos en papel craft y las
pinturas, se corresponden con
las obras escultóricas que se
soldaron sobre tales “moldes”.
Desnudas, en la intemperie, las
piezas de hierro conversan
también con la memoria, con la
ciudad colonial de las rejas
descritas por Carpentier como
“inacabables catálogos” del
barroquismo cubano.
Finalé describe este momento,
como una “recuperación de
dibujos que están en un libro
titulado Apuntes de teléfono,
que se lanzó en una de las
Ferias del Libro pasadas. A
partir de ahí, comencé a
apropiarme de mi obra, de mi
figuración, para hacer este
trabajo —que hasta ahora había
sido bidimensional—, pero en
soportes como el papel o el
lienzo; para que cobrara vida
en el metal, que es un material
mucho más duro, más difícil, y
que requiere una realización en
equipo”.
Este “repensar” del artista
sobre su obra, le ha abierto las
puertas a una trasmutación
provocadora, sin abandonar el
vórtice creativo atento al
mestizaje, la contravención, la
alusión a otras culturas y la
seducción.
El peso de su cuerpo
se baña de aroma de mar en el
espacio que ahora habita. A
Finalé quizá esta
exposición le resulte cercano al sueño de “plantar”
una escultura suya en el Malecón
habanero, o se le esté
completando el mundo propio que
encuentra en el arte la
realización de sus ficciones.
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