Año VIII. La Habana 9 al 15 de MAYO de 2009

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Guerrilleros del espacio

Fidel Díaz • La Habana

 

La Jiribilla es una guerrilla urbana que lleva operando ya ocho años en la ciudad imperial globalizada. Célula —clandestina en sus inicios— de la izquierda poética que ha tomado las armas de la razón para extender la voz de la Revolución Cubana.

Cuando llegué a ella, en sus primeras ediciones, no sabía ni papa de lo que era un sitio web (no creo que, ni siquiera al cabo de tanto, sepa algo más allá de lo indispensable); casi había que dar un santo y seña para traspasar las puertas del viejo Palacio del Segundo Cabo, en horas avanzadas de la noche y subir al cuartito del segundo piso, donde un grupo de colaboradores conspirábamos buscando títulos, imprimiendo textos, rastreando una declaración, escaneando imágenes, enviando correos o haciendo llamadas en busca de un dato, una confirmación o una firma de apoyo. Era una tremenda orgía creativa donde todos hacíamos de todo; a veces, incluso uno comenzaba un texto y al bloquearse lo terminaban otros, o tras discusión de equipo se cambiaba el enfoque y terminaba en quién sabe… hasta en un chiste visual o una caricatura.

Recuerdo una vez que salí de fotógrafo, a un festival de rap en Alamar; me sentí un Korda buscando ángulos, encuadres, o el momento de una expresión, o un contraste con luces de escenario. Cuando regresamos, que bajamos las fotos en la máquina: unos zapatos (bien parecidos a los míos) una mancha negra con sombras, una imagen quemada por las luces… no recordaba tal expresionismo desde ese clásico del cine que es El gabinete del doctor Caligari.

Dentro del modus operandi, primaba el placer de rastrear a algunos viejos amigos o conocidos del sector cultural que desde el exterior se prestaban a campañas mediáticas imperiales. No escribimos nunca replicando a alguien por haber emigrado, sino por haberse denigrado. Intelectuales que de pronto empezaban a publicar, no solo en franca contradicción con todo lo que habían dicho o expresado en su obra y su vida (que en muchos casos conocíamos bien) antes de partir, sino con un grado de insinceridad o bajeza espiritual realmente penoso. Nuestras repuestas, acorde con el nombre del sitio, solían llevar sentido del humor, así fuesen en el campo ensayístico, de profunda reflexión o como cuando Emilio Ichicawa —filósofo devenido reseñador de show de cabaret— dijo haber sido víctima en Cuba de la censura, un escritor que no podía publicar y sacamos una foto titulada “La montaña mágica”: una loma de libros y revistas donde aparecían sus textos publicados por las principales editoriales del país.         

Nos llegaba el amanecer, editando, incluyendo textos nuevos, remoliendo ideas, en un delirio que se tornaba como un vicio infinito de polemizar y darle un toque de humor a cada rincón; sacábamos cada viernes (más bien alba sabatina) una megarrevista de muchos implicados que resultaba como un gran secreto. No pocas veces terminábamos tirados por las sillas o en los rincones del Palacio del Segundo Cabo. La calificación de “clandestinos” no es exageración, muy pocos sabían dónde estaba la sede, ni quiénes la hacían, ni si publicábamos amparados o no por alguna institución, muchas veces empleábamos seudónimos para firmar y llovían los correos rastreando indicios nuestros.  

No escribo en pasado porque crea que haya cambiado el espíritu del colectivo, sino porque con el tiempo y el trabajo sostenido, ha cobrado La Jiribilla una lógica resonancia y salido del clandestinaje aunque siga en la batalla. Hoy es reconocida como una institución cultural, y una importante voz de la cultura cubana a escala internacional. Luego de aquella etapa, bajó a la trastienda del cibercafé, hasta llegar a su casa actual, donde su labor social se amplía con exposiciones de artes plásticas, sala de navegación y su sabroso Patio de Baldovina que pronto se ha convertido en un rincón muy especial para trovadores y trovadictos. No porque su colectivo se exponga a la luz ha dejado de ser una organización guerrillera, La Jiribilla sigue siendo la herejía en un mundo donde los medios masivos y del ciberespacio siguen estando en manos de los poderosos, los ultrarreacionarios, (los que siempre fueron derechosos, y los ex izquierdas), los tapaditos (“la zurda sí… pero la derecha no es tan mala como creíamos”), los ultraizquierdas (que se fueron de rosca y dicen que son zurdos pero batean y cogen a la derecha); en fin, que tiene muchas verdades por cantar esta publicación, a la que se le puede desear que estos ocho años sean el gateo parvulesco. No tengo que decir que si bien no soy de plantilla (realmente nunca lo fuimos en años clandestinos) soy jiribi-guerrilllero y como dice La Original de Manzanillo: a la hora que me llamen (y hasta sin que me llamen) voy.    

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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