Año VIII. La Habana 9 al 15 de MAYO de 2009

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Ángel de la cultura: sigue velando por nosotros

Antonio López Sánchez • La Habana

Fotos: La Jiribilla

 

Callada, no por temerosa ni sumisa, sino por la silente y modesta condición de quien se conoce sabia y no requiere de gritarlo. Con las nueces, no de la riqueza desmedida y el derroche, sino de las palabras suficientes para que no haya ruidos excesivos o fatuos y sí frutos y raíces sólidas que mostrar. Con la chispa, la sonrisa, la travesura de su inevitable condición de ángel criollo y a la vez la hondura, la madurez y el aguzado filo de espada colectiva, de idea nuestra como bandera y estrella que ilumina y mata, tal dijera el Maestro. Así, en esa mezcla de arrojo juvenil y de sapiente reposo, La Jiribilla supera la alta valla de más de 400 ediciones en el ciberespacio y cumple sus primeros ocho años de decir y de decir bien.

Nacida casi junto con este nuevo siglo y su milenio, La Jiribilla se abrió desde su voz para contarnos, para dejarnos ver como la unida y a la vez diversa Fuenteovejuna que somos los cubanos, llena de ese espíritu de futuro que traen los comienzos en tiempos de fundar calendarios. Digo ángel de la cultura, no solo por recordar esa fantástica invocación de Lezama, herencia bajo la cual ha crecido este espacio, sino porque en sus páginas, digitales o tangibles, ha hecho nido y arraigo la cultura cubana y del mundo, en su más amplio significado, en su voz mayúscula, en su afán de batalla, de memoria y de magisterio. En la misma condición, terrible y a la vez amorosa y noble, de todo querube misionero que carga en sus espaldas un poco de las alas y disparos de todo un pueblo y que debe mostrarlo a sí mismo y a más allá.

En este octavo cumpleaños, a pesar de la infantil sugerencia, basta un simple vistazo y se descubren los adultos pasos que ya han dejado sus huellas. En principio, en la cantidad de trabajo diverso y variopinto, acumulado y disponible, su misión primera; pero además, La Jiribilla se multiplica en la constante preocupación por salirse del mundo virtual y mostrarse, en papeles, en foros, en fotografías y lienzos expuestos, en acordes y canciones. En esa manera de hacerse lugar y encuentro, ha crecido nuestro ángel.

Por eso, en la fiesta que acompañó el festejo de este aniversario, el ya recurrente Patio de Baldovina era un hervidero de trabajo y alegría, pero sobre todo de rostros amigos. Artistas plásticos, trovadores, músicos, escritores, periodistas, fotógrafos. Esos son los heraldos que reúne bajo su manto este arcángel armado de cada una de esas voces, de cada uno de esos amores y empeños que han ido dejándose ver en sus páginas. La muestra expositiva de Moisés Finalé, los cantos de David Torrens, ese retrato posible del ángel, que José Luis Fariñas entregara a Roberto Fernández Retamar, un Abel Prieto sentado desde el público como uno más, y otra vez vale decirlo, muchos amigos. Esos son los frutos que recoge este lugar, este es el resultado de esa arca, de navegar con la resistencia como proa, de su icárico empeño hacia la vislumbrada alba poética.

Este continente sólido y a la vez leve, de hallazgos y de encuentros, cumple sus primeros ocho años. Me alegra y me enorgullece, haber sido parte alguna vez de ese apretado haz de ideas y de sueños que sostienen el vuelo de este ángel, de que mis palabras se unan al ancho y caudaloso torrente con que La Jiribilla, en el más vasto de los significados y formas, dice patria y sigue hablando para todos. Ese Quijote que nos toca ser en pequeño desde la voz de una página escrita, a veces para defendernos de los gigantes y a veces hasta para hacer que algunos molinos imprescindibles sigan existiendo, tiene en este espacio el pedazo de adarga necesario, la oportunidad de subirse a este alado Rocinante y entre todos cargar a la palabra. O al machete si alguna vez hiciera falta.

Salud para ti, Ángel de la Jiribilla. Que desde tu voz, esa voz que somos muchos, siga naciendo constante ese hágase la luz que es la cultura. Sigue siendo certeza, sigue siendo el espíritu de alcanzar lo imposible, sigue empuñándote pregunta. La infinidad, esa que será posible justo porque nos rebasa, tiene la respuesta.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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