Año VIII
La Habana

16 al 22
de MAYO
de 2009

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Entrevista con Emilio Comas Paret

Con su permiso, Onelio…

B. Doval • La Habana

Foto: Cubaliteraria

 

Recuerdo que comenzábamos hablando de aquella u otra referencia en los cuentos de su esposo, de cómo se comprometieron y compartieron sus vidas, cómo cuidaron de sus hijos y nietos, de ese padre fabulador, soldado de la guerra independentista que en sus últimos años identificaba el televisor con una ventana, y de pronto, nos sorprendíamos repasando la receta de un sabroso pastel o descifrando misterios de las plantas que adornaban la terraza de la casa. Así de vital me llegaba el hombre que una vez, Benedetti calificara como “cronista de almas”. Entre charla y charla con Cuca, la viuda de Onelio también me hizo la anécdota acerca de unos espejuelos que me llevó a localizar a Emilio Comas Paret para esta entrevista.

Llegué a usted a través de la anécdota de unos espejuelos…

Fui compañero de trabajo de Onelio Jorge Cardoso durante muchos años. Fue un privilegio que tuve. Él tuvo muy buenos amigos en la UNEAC y yo, entre ellos. Un día con mi locura, dejé caer mis espejuelos al piso y yo los necesito mucho para leer, no así para ver de lejos. Los espejuelos se cayeron y se rompieron. Todo el mundo sabe que la reparación de los espejuelos demora y yo estaba como mutilado. Entonces Onelio me dijo que tenía un par de espejuelos en casa que ya no usaba porque le quedaban largos y fuimos a su casa para ver si me servían. Cuando los vi, me di cuenta de que esos espejuelos aparecen con él en muchas fotos, son unos espejuelos con el aro dorado o de oro, no sé bien. Era muy simpático porque eran bifocales y solo podía leer por la parte de arriba; lo que a él le servía para ver de lejos, a mí me servía para leer. Me quedé con los espejuelos, incluso después de que repararon los míos. En eso llegó el accidente de Onelio y al cabo de unos días, yo fui y se los llevé a Cuca, la viuda y ella me los regaló. Yo los atesoro como el recuerdo de un amigo entrañable.

Cuentan que en sus últimos días escribía “La presea”…

Sí, “La Presea” fue su último cuento, y a la vez, el primero después de un gran bache como se dice en el béisbol, un gran slum. Onelio quizá se pasó años sin escribir y eso lo atormentaba, a veces decía que ya estaba seco y nunca más volvería a escribir un cuento y así llega “La presea”. Una tarde me invitó a su casa diciéndome que me leería lo que tenía escrito, sacó una botella de ron muy vieja y llena hasta la mitad y sirvió dos tragos, uno para él y otro para mí. Onelio no bebía, bebía muy poco, a mí sí me gustaba y él lo sabía. Entonces brindamos por aquel cuento y me lo leyó, aun sin terminarlo, y me contó como lo terminaría. Era un cuento muy simpático que ya tenía en la cabeza. Yo le dije ―bueno por qué no te sientas y lo escribes, y ya sales de eso, y me dijo que ―no, estas cosas hay que hacerlas poco a poco. Hay que medir muy bien las palabras que se ponen―. Eso para mí fue una experiencia, fue una lección tremenda porque cuando uno lee profundamente a Onelio se da cuenta de que aquella simplicidad aparente en la forma de su literatura, tiene en el fondo un enorme trabajo de oficio de artesano, y no hay palabra que sobre ni que está mal situada ni mal ubicada. Eso me demostró lo cuidadoso que era Onelio con la estructura de sus cuentos. “La presea”, por otra parte, no es un cuento que yo crea que sea de los mejores. Lo pensé y se lo dije. A veces yo me he puesto a pensar y creo que es un cuento de transición para iniciar una nueva línea en su cuentística, más relacionada con el humor, ya presente aunque de manera muy sosegada, en alguno de sus cuentos. Tenía que ver con un sarcasmo muy fino con lo que llamaríamos chabacanamente, “la jodedera criolla”.

Creo que su cuento “El verano es así” donde pinta diferentes tipos humanos es clara evidencia de su gran poder de observación…

Yo creo que una de las mejores cualidades que tenía Onelio era, precisamente, el poder ver lo que los humanos comunes no vemos. El era capaz de vislumbrarlo, él tenía un sentido de la observación increíble y tenía una facilidad para asimilar esas peculiaridades en el accionar de distintas personas. Y eso, uno lo observa no solo conociendo a Onelio, también a los personajes de sus cuentos que no son nada arquetípicos, están muy bien definidos, muy genuinos, tienen una forma muy particular de ser y hacer. En estos momentos me recuerdo de Moñigueso, por ponerte un ejemplo, un personaje tan bien definido al punto de que a mí me pasa algo curioso. Tal vez, a los lectores les suceda igual. Los personajes de Onelio viven delante de uno, adquieren forma, una manera de expresión, de caminar, una manera de mirar que uno les reconoce fácilmente.

Usted habla de amistad entrañable, como debían ser los amigos de Onelio.

Bueno, el problema de la amistad es muy complejo. Hay un viejo proverbio que dice que el amigo es más que el pariente que se admite, pues el amigo se escoge. Yo tuve la suerte de ser amigo de Onelio, de muchas maneras me lo demostró siempre. Onelio era una gente encantadora, desprendida, te daba mucho espiritualmente, pero también exigía mucho, era celoso con la amistad, y resultaba muy simpático porque era muy susceptible, ofrecía tanta sensibilidad que sufría también sensibilidad. Tenía que sufrir por cualquier cosa porque era capaz de vibrar con cualquier cosa, y era así un amigo entrañable, excelente, Onelio me llevaba unos cuantos años, y nosotros nos llevábamos como si fuéramos compañeros de la misma generación, de la misma edad, nosotros disfrutábamos con él y él con nosotros a partir de una manera muy espontánea y cariñosa.

Entonces, ¿qué cualidades le gustaban de las personas y cuáles rechazaba?

Onelio justificaba mucho la honestidad y la sinceridad. A esas personas afectadas, que quieren tratar de demostrar lo que no son realmente, las que quieren pasar “gato por liebre” que se la venden de una forma y son de otra, no las podía ver, para él era gente deleznable. Aborrecía hasta el sufrimiento la burocracia y los trámites burocráticos. Sin embargo, él se encontraba a una persona llana, una persona simple, franca y se veía que se trataba con esa persona como pez en el agua, como si estuviera en su elemento, se veía tranquilo, incluso risueño porque Onelio era de muy buen carácter y prefería la honestidad, la sinceridad, la llaneza en la actuación, el no desdoblamiento de las personas.

A pesar de la diferencia de edades, no creo que usted lo vea como algo inalcanzable sino cercano, siento que conversa con él cuando se le antoja.

Martí decía que la muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida, y Onelio es de esos hombres que cumplieron en su totalidad la obra de la vida. Su obra está ahí y está viva. Onelio para nosotros no ha muerto. Lo recordamos cada dos o tres días en muchas conversaciones, me parece que en cualquier momento (a mí al menos me da esa impresión) va a aparecer con una de las de él, a hacerme un cuento, a hacerme un comentario jocoso como él hacía. Realmente yo no lo siento como una pérdida absoluta, sino como una pérdida temporal.

A pesar de ser un gran observador cuentan que era un poco distraído.

Sí, era una de sus cualidades. Yo pienso que él tenía que ser distraído per se porque era una gente tan atenta a una serie de cosas que él veía que el ser humano común no ve, que tenía que ser distraído con lo que comúnmente uno no se distrae. Yo recuerdo que el montarse en un auto con Onelio al timón era jugarse la vida, lo mismo se llevaba una roja, que una verde o una amarilla, y que paraba en el PARE o no paraba. Vivíamos relativamente cerca y me llevó varias veces a la casa en su auto. Cada vez, yo tenía que explicarle el camino, pues no se lo aprendió nunca. Él era así con cosas que no te encuentras en una persona completamente normal, pues Onelio era “anormal” para bien.

Muchos hablan de su sencillez, y hasta timidez…

Yo no creo que fuera tímido, lo que tenía era una excesiva sencillez. Era tan sencillo que le molestaba cualquier tipo de lisonja, cualquier tipo de homenaje, eso lo destacaba en el medio donde nos movemos donde la vanidad aflora con tanta frecuencia sobre todo en la gente que no debiera ser por falta de talento.

Como crítico, ¿por qué piensa usted que la literatura de Onelio tiene tanto impacto?

Onelio tenía mucho que decir, había vivido mucho y había mirado el mundo por dentro y por fuera. Era alguien con un agudo sentido de la observación y con principios éticos muy definidos y limpios. Todo el mundo es capaz de entender a Onelio, por eso, él tiene un público lector tan amplio. No solo por la literatura de corte social que manejó con agudeza y limpieza, sino por la otra literatura cuando la imaginación se soltaba al vuelo. Creo que el secreto está en la fuerza narrativa de su obra.

Aunque no lo reconocía, creo que en su obra constantemente aflora la poesía.

Onelio decía que él no era poeta, me parece que eso era fruto de su modestia exagerada. Onelio fue un buen poeta aunque nunca escribió un poema per se, pero su prosa está llena de belleza, esas metáforas que él lograba hacían de su prosa un gran poema. Recuerdo unos reportajes que Onelio publicó sobre el mar y los hombres del mar y recuerdo su periodismo literario con una fuerza y belleza tremendas y genuinas de cada tipo de trabajo que escribiera.

A pesar de la amistad que los unió, sé que nunca pudo compartir con él la pesquería, uno de sus entretenimientos, pero atesora anécdotas relacionadas con el tema.

Recuerdo que una vez le hicieron un homenaje en Cojímar y aunque me invitó no pude estar, pero como parte del homenaje lo llevaron a pescar. Ese día pescó un pargo grandísimo y venía de lo más contento con su presa. Cuando me ve, se muestra desconfiado por si el pargo lo hubiera pescado realmente él, o se lo hubieran puesto en el anzuelo, cosa totalmente ilógica. Y es que a veces se comportaba como un muchacho y entonces, no sabías si lo decía en serio o también como parte de sus bromas.

¿Qué pudiera decirle a quien no se haya acercado a la obra de Onelio Jorge Cardoso?

Yo creo que para un cubano no conocer a Onelio Jorge Cardoso, es como para un español no conocer a Miguel de Cervantes y Saavedra, y no creo que exagero con la comparación, aunque no sean las comparaciones lo más aconsejable. Estoy seguro de que si estuviera vivo no le gustaría estar hablando de él, pero le pido permiso para decirte que, si un escritor ha sido genuino con su país, con su gente y con sus costumbres ha sido Onelio con su literatura. Aun se debiera profundizar más en la obra de este hombre que fue tan sencillo y que no le interesó brillar. Onelio fue un hombre profundamente revolucionario, muy vinculado a los principios de la Revolución Cubana, un hombre de una cubanía muy fuerte sin caer en posiciones folcloristas. Era un hombre de un gran humor y sabía detectar ese tipo de cosas dentro de la gente común, él sabía sustraer los mundos interiores de los seres humanos y hacerlo literatura. Tengo un amigo que me dice que en Cuba todo es barroco, hasta el cuerpo de las mujeres. Siguiendo ese criterio pienso que la prosa de Onelio es florida, y que como cubano al fin encierra barroquismo en la forma que hacía preciosa la palabra en su pluma.


Fragmentos de una entrevista concedida por Emilio Comas Paret sobre Onelio Jorge Cardoso para Radio Ciudad de La Habana, en 1992.

 

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La Habana, Cuba. 2009.
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