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Recuerdo que comenzábamos
hablando de aquella u otra
referencia en los cuentos de su
esposo, de cómo se
comprometieron y compartieron
sus vidas, cómo cuidaron de sus
hijos y nietos, de ese padre
fabulador, soldado de la guerra
independentista que en sus
últimos años identificaba el
televisor con una ventana, y de
pronto, nos sorprendíamos
repasando la receta de un
sabroso pastel o descifrando
misterios de las plantas que
adornaban la terraza de la casa.
Así de vital me llegaba el
hombre que una vez, Benedetti
calificara como “cronista de
almas”. Entre charla y charla
con Cuca, la viuda de Onelio
también me hizo la anécdota
acerca de
unos espejuelos que me llevó a
localizar a Emilio Comas Paret
para esta entrevista.
Llegué a usted a través de la
anécdota de unos espejuelos…
Fui compañero de trabajo de
Onelio Jorge Cardoso durante
muchos años. Fue un privilegio
que tuve. Él tuvo muy buenos
amigos en la UNEAC y yo, entre
ellos. Un día con mi locura,
dejé caer mis espejuelos al piso
y yo los necesito mucho para
leer, no así para ver de lejos.
Los espejuelos se cayeron y se
rompieron. Todo el mundo sabe
que la reparación de los
espejuelos demora y yo estaba
como mutilado. Entonces Onelio
me dijo que tenía un par de
espejuelos en casa que ya no
usaba porque le quedaban largos
y fuimos a su casa para ver si
me servían. Cuando los vi, me di
cuenta de que esos espejuelos
aparecen con él en muchas fotos,
son unos espejuelos con el aro
dorado o de oro, no sé bien. Era
muy simpático porque eran
bifocales y solo podía leer por
la parte de arriba; lo que a él
le servía para ver de lejos, a
mí me servía para leer. Me quedé
con los espejuelos, incluso
después de que repararon los
míos. En eso llegó el accidente
de Onelio y al cabo de unos
días, yo fui y se los llevé a
Cuca, la viuda y ella me los
regaló. Yo los atesoro como el
recuerdo de un amigo entrañable.
Cuentan que en sus últimos días
escribía “La presea”…
Sí, “La Presea” fue su último
cuento, y a la vez, el primero
después de un gran bache como se
dice en el béisbol, un gran slum.
Onelio quizá se pasó años sin
escribir y eso lo atormentaba, a
veces decía que ya estaba seco y
nunca más volvería a escribir un
cuento y así llega “La presea”.
Una tarde me invitó a su casa
diciéndome que me leería lo que
tenía escrito, sacó una botella
de ron muy vieja y llena hasta
la mitad y sirvió dos tragos,
uno para él y otro para mí.
Onelio no bebía, bebía muy poco,
a mí sí me gustaba y él lo
sabía. Entonces brindamos por
aquel cuento y me lo leyó, aun
sin terminarlo, y me contó como
lo terminaría. Era un cuento muy
simpático que ya tenía en la
cabeza. Yo le dije ―bueno por
qué no te sientas y lo escribes,
y ya sales de eso, y me dijo que
―no, estas cosas hay que
hacerlas poco a poco. Hay que
medir muy bien las palabras que
se ponen―. Eso para mí fue una
experiencia, fue una lección
tremenda porque cuando uno lee
profundamente a Onelio se da
cuenta de que aquella
simplicidad aparente en la forma
de su literatura, tiene en el
fondo un enorme trabajo de
oficio de artesano, y no hay
palabra que sobre ni que está
mal situada ni mal ubicada. Eso
me demostró lo cuidadoso que era
Onelio con la estructura de sus
cuentos. “La presea”, por otra
parte, no es un cuento que yo
crea que sea de los mejores. Lo
pensé y se lo dije. A veces yo
me he puesto a pensar y creo que
es un cuento de transición para
iniciar una nueva línea en su
cuentística, más relacionada con
el humor, ya presente aunque de
manera muy sosegada, en alguno
de sus cuentos. Tenía que ver
con un sarcasmo muy fino con lo
que llamaríamos chabacanamente,
“la jodedera criolla”.
Creo que su cuento “El verano es
así” donde pinta diferentes
tipos humanos es clara evidencia
de su gran poder de observación…
Yo creo que una de las mejores
cualidades que tenía Onelio era,
precisamente, el poder ver lo
que los humanos comunes no
vemos. El era capaz de
vislumbrarlo, él tenía un
sentido de la observación
increíble y tenía una facilidad
para asimilar esas
peculiaridades en el accionar de
distintas personas. Y eso, uno
lo observa no solo conociendo a
Onelio, también a los personajes
de sus cuentos que no son nada
arquetípicos, están muy bien
definidos, muy genuinos, tienen
una forma muy particular de ser
y hacer. En estos momentos me
recuerdo de Moñigueso, por
ponerte un ejemplo, un personaje
tan bien definido al punto de
que a mí me pasa algo curioso.
Tal vez, a los lectores les
suceda igual. Los personajes de
Onelio viven delante de uno,
adquieren forma, una manera de
expresión, de caminar, una
manera de mirar que uno les
reconoce fácilmente.
Usted habla de amistad
entrañable, como debían ser los
amigos de Onelio.
Bueno, el problema de la amistad
es muy complejo. Hay un viejo
proverbio que dice que el amigo
es más que el pariente que se
admite, pues el amigo se escoge.
Yo tuve la suerte de ser amigo
de Onelio, de muchas maneras me
lo demostró siempre. Onelio era
una gente encantadora,
desprendida, te daba mucho
espiritualmente, pero también
exigía mucho, era celoso con la
amistad, y resultaba muy
simpático porque era muy
susceptible, ofrecía tanta
sensibilidad que sufría también
sensibilidad. Tenía que sufrir
por cualquier cosa porque era
capaz de vibrar con cualquier
cosa, y era así un amigo
entrañable, excelente, Onelio me
llevaba unos cuantos años, y
nosotros nos llevábamos como si
fuéramos compañeros de la misma
generación, de la misma edad,
nosotros disfrutábamos con él y
él con nosotros a partir de una
manera muy espontánea y
cariñosa.
Entonces, ¿qué cualidades le
gustaban de las personas y
cuáles rechazaba?
Onelio justificaba mucho la
honestidad y la sinceridad. A
esas personas afectadas, que
quieren tratar de demostrar lo
que no son realmente, las que
quieren pasar “gato por liebre”
que se la venden de una forma y
son de otra, no las podía ver,
para él era gente deleznable.
Aborrecía hasta el sufrimiento
la burocracia y los trámites
burocráticos. Sin embargo, él se
encontraba a una persona llana,
una persona simple, franca y se
veía que se trataba con esa
persona como pez en el agua,
como si estuviera en su
elemento, se veía tranquilo,
incluso risueño porque Onelio
era de muy buen carácter y
prefería la honestidad, la
sinceridad, la llaneza en la
actuación, el no desdoblamiento
de las personas.
A pesar de la diferencia de
edades, no creo que usted lo vea
como algo inalcanzable sino
cercano, siento que conversa con
él cuando se le antoja.
Martí decía que la muerte no es
verdad cuando se ha cumplido
bien la obra de la vida, y
Onelio es de esos hombres que
cumplieron en su totalidad la
obra de la vida. Su obra está
ahí y está viva. Onelio para
nosotros no ha muerto. Lo
recordamos cada dos o tres días
en muchas conversaciones, me
parece que en cualquier momento
(a mí al menos me da esa
impresión) va a aparecer con una
de las de él, a hacerme un
cuento, a hacerme un comentario
jocoso como él hacía. Realmente
yo no lo siento como una pérdida
absoluta, sino como una pérdida
temporal.
A pesar de ser un gran
observador cuentan que era un
poco distraído.
Sí, era una de sus cualidades.
Yo pienso que él tenía que ser
distraído per se porque
era una gente tan atenta a una
serie de cosas que él veía que
el ser humano común no ve, que
tenía que ser distraído con lo
que comúnmente uno no se
distrae. Yo recuerdo que el
montarse en un auto con Onelio
al timón era jugarse la vida, lo
mismo se llevaba una roja, que
una verde o una amarilla, y que
paraba en el PARE o no paraba.
Vivíamos relativamente cerca y
me llevó varias veces a la casa
en su auto. Cada vez, yo tenía
que explicarle el camino, pues
no se lo aprendió nunca. Él era
así con cosas que no te
encuentras en una persona
completamente normal, pues
Onelio era “anormal” para bien.
Muchos hablan de su sencillez, y
hasta timidez…
Yo no creo que fuera tímido, lo
que tenía era una excesiva
sencillez. Era tan sencillo que
le molestaba cualquier tipo de
lisonja, cualquier tipo de
homenaje, eso lo destacaba en el
medio donde nos movemos donde la
vanidad aflora con tanta
frecuencia sobre todo en la
gente que no debiera ser por
falta de talento.
Como crítico, ¿por qué piensa
usted que la literatura de
Onelio tiene tanto impacto?
Onelio tenía mucho que decir,
había vivido mucho y había
mirado el mundo por dentro y por
fuera. Era alguien con un agudo
sentido de la observación y con
principios éticos muy definidos
y limpios. Todo el mundo es
capaz de entender a Onelio, por
eso, él tiene un público lector
tan amplio. No solo por la
literatura de corte social que
manejó con agudeza y limpieza,
sino por la otra literatura
cuando la imaginación se soltaba
al vuelo. Creo que el secreto
está en la fuerza narrativa de
su obra.
Aunque no lo reconocía, creo que
en su obra constantemente aflora
la poesía.
Onelio decía que él no era
poeta, me parece que eso era
fruto de su modestia exagerada.
Onelio fue un buen poeta aunque
nunca escribió un poema per
se, pero su prosa está llena
de belleza, esas metáforas que
él lograba hacían de su prosa un
gran poema. Recuerdo unos
reportajes que Onelio publicó
sobre el mar y los hombres del
mar y recuerdo su periodismo
literario con una fuerza y
belleza tremendas y genuinas de
cada tipo de trabajo que
escribiera.
A pesar de la amistad que los
unió, sé que nunca pudo
compartir con él la pesquería,
uno de sus entretenimientos,
pero atesora anécdotas
relacionadas con el tema.
Recuerdo que una vez le hicieron
un homenaje en Cojímar y aunque
me invitó no pude estar, pero
como parte del homenaje lo
llevaron a pescar. Ese día pescó
un pargo grandísimo y venía de
lo más contento con su presa.
Cuando me ve, se muestra
desconfiado por si el pargo lo
hubiera pescado realmente él, o
se lo hubieran puesto en el
anzuelo, cosa totalmente
ilógica. Y es que a veces se
comportaba como un muchacho y
entonces, no sabías si lo decía
en serio o también como parte de
sus bromas.
¿Qué pudiera decirle a quien no
se haya acercado a la obra de
Onelio Jorge Cardoso?
Yo creo que para un cubano no
conocer a Onelio Jorge Cardoso,
es como para un español no
conocer a Miguel de Cervantes y
Saavedra, y no creo que exagero
con la comparación, aunque no
sean las comparaciones lo más
aconsejable. Estoy seguro de que
si estuviera vivo no le gustaría
estar hablando de él, pero le
pido permiso para decirte que,
si un escritor ha sido genuino
con su país, con su gente y con
sus costumbres ha sido Onelio
con su literatura. Aun se
debiera profundizar más en la
obra de este hombre que fue tan
sencillo y que no le interesó
brillar. Onelio fue un hombre
profundamente revolucionario,
muy vinculado a los principios
de la Revolución Cubana, un
hombre de una cubanía muy fuerte
sin caer en posiciones
folcloristas. Era un hombre de
un gran humor y sabía detectar
ese tipo de cosas dentro de la
gente común, él sabía sustraer
los mundos interiores de los
seres humanos y hacerlo
literatura. Tengo un amigo que
me dice que en Cuba todo es
barroco, hasta el cuerpo de las
mujeres. Siguiendo ese criterio
pienso que la prosa de Onelio es
florida, y que como cubano al
fin encierra barroquismo en la
forma que hacía preciosa la
palabra en su pluma.
Fragmentos de una
entrevista concedida por Emilio
Comas Paret sobre
Onelio Jorge Cardoso para Radio
Ciudad de La Habana, en 1992. |