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En
una palangana vieja
sembré violetas para tí.
Teresita
Fernández
Diego deambula por las
calles de La Habana con
la mirada cargada y su
cámara a cuesta. Solo
así puede encontrar
tanta poesía en los
detalles más
insignificantes —para
nosotros, sencillos
humanos no diseñados
para ver lo que el
artista— de la
cotidianidad, en esta
bella ciudad, única
entre tanta modernidad
crecida a golpe de acero
y plástico, que trata
de salvar su urbanidad
pretérita, desgastada
por el paso del
implacable tiempo.
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"Mi jardin
secreto",
2006 |
Con Mi jardín secreto,
Diego F. Lastre (La
Habana, 1960) nos
muestra la belleza que
lo mismo puede estar en
la desvencijada fachada
de una añeja residencia
intramuros, que en el
recorrido de la yema de
un huevo entre los
adoquines de una calle o
el simple arcoiris de
colores que desborda el
petróleo sobre el
asfalto. Con esta
exposición, él nos
descubre esa belleza
otra, que solo nos la
puede regalar el ojo
avezado del artista.
Este ensayo fotográfico,
expuesto hasta hace poco
en la galería del Hotel
Occidental Miramar como
parte de las
exposiciones colaterales
de la X Bienal de La
Habana, reunió 29
imágenes, de las cien
que lo componen —la
mitad de ellas tomadas
con cámaras analógicas—,
realizadas por el autor
entre los años 2005 y
2009.
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"Jugosamente
celestial", 2007 |
La intencionalidad de
cada imagen captada
salta a la vista. Aquí
nada es fruto de la
improvisación. Es el
resultado de un trabajo
serio. Y el artista
reconoce que volvió al
lugar en más de una
ocasión, buscando la luz
o el ángulo propicio.
Aunque la casualidad
quizá deba sentirse
protagonista de estos
versos, porque pudo
suceder también que
Diego no pasara por
alguno de estos
“jardines”. Entonces los
cables enroscados que
hoy son flores o que
conforman la imagen
sugerente de una pareja
haciendo el amor,
seguirían siendo apenas
un amasijo de viejos
cables.
Porque además, con sus
más de 15 años dedicados
a la fotografía y
numerosas exposiciones
en su arete, Diego
advierte y repite, que
en ningún momento hubo
manipulación del objeto
fotografiado, ni tampoco
de la foto. Él ve lo que
nosotros no y lo
enaltece. Es decir,
estamos en presencia del
hecho artístico al
desnudo, sin la
aplicación de los tantos
“trucos” —también
válidos, por qué no— que
hoy nos regalan tantos
modernos programas de
computación.
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"Haykú",
2007 |
Como diría la curadora
de la exposición, Aylín
Cruz Enríquez, el
fotógrafo “capta
imágenes en las que
subvierte la
significación de los
objetos, los
desnaturaliza y
resemantiza,
estableciendo nuevas
interrelaciones
simbólicas con el
receptor a partir de la
autonomía que van
adquiriendo en la
continua yuxtaposición
de imágenes; el objeto
no se escapa hacia lo
infinitamente subjetivo,
sino hacia lo
infinitamente social”.
Mi jardín secreto
tuvo una excelente
acogida en salones de
Santiago de Chile y
Valparaíso. Pienso que
estas fotos deberían ser
expuestas nuevamente en
alguna otra sala
expositiva más popular
de la ciudad. En medio
de este boom de nuevos
fotógrafos que vive
Cuba, vale la pena que
ideas, proyectos,
experiencias sean
compartidas.
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"Vale
la pena", 2007 |
Y no es para menos, esta
exposición nos recuerda
esa belleza virgen,
cotidiana, que desprende
la vida misma, con sus
defectos y perfecciones.
Diego, por esta vez, ha
logrado conjugarlas,
mientras sigue por ahí,
desandando las calles de
su Habana, colectando
nuevas flores y versos
para su jardín. |