Año VIII
La Habana

16 al 22
de MAYO
de 2009

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El jardín de Diego

Mario Muñoz Lozano • La Habana

 

                                                                         En una palangana vieja
                                                                                                           sembré violetas para tí.

                                                                                                                        
     Teresita Fernández


Diego deambula por las calles de La Habana con la mirada cargada y su cámara a cuesta. Solo así puede encontrar tanta poesía en los detalles más insignificantes —para nosotros, sencillos humanos no diseñados para ver lo que el artista— de la cotidianidad, en esta bella ciudad, única entre tanta modernidad crecida a golpe de acero y plástico,  que trata de salvar su urbanidad pretérita, desgastada por el paso del implacable tiempo.
 


"Mi jardin secreto", 2006

Con Mi jardín secreto, Diego F. Lastre (La Habana, 1960) nos muestra la belleza que lo mismo puede estar en la desvencijada fachada de una añeja residencia intramuros, que en el recorrido de la yema de un huevo entre los adoquines de una calle o el simple arcoiris de colores que desborda el petróleo sobre el asfalto. Con esta exposición, él nos descubre esa belleza otra, que solo nos la puede regalar el ojo avezado del artista.

Este ensayo fotográfico, expuesto hasta hace poco en la galería del Hotel Occidental Miramar como parte de las exposiciones colaterales de la X Bienal de La Habana, reunió 29 imágenes, de las cien que lo componen —la mitad de ellas tomadas con cámaras analógicas—, realizadas por el autor entre los años 2005 y 2009.
 


"Jugosamente celestial", 2007

La intencionalidad de cada imagen captada salta a la vista. Aquí nada es fruto de la improvisación. Es el resultado de un trabajo serio. Y el artista reconoce que volvió al lugar en más de una ocasión, buscando la luz o el ángulo propicio. Aunque la casualidad quizá deba sentirse protagonista de estos versos, porque pudo suceder también que Diego no pasara por alguno de estos “jardines”. Entonces los cables enroscados que hoy son flores o que conforman la imagen sugerente de una pareja haciendo el amor, seguirían siendo apenas un amasijo de viejos cables.

Porque además, con sus más de 15 años dedicados a la fotografía y numerosas exposiciones en su arete, Diego advierte y repite, que en ningún momento hubo manipulación del objeto fotografiado, ni tampoco de la foto. Él ve lo que nosotros no y lo enaltece. Es decir, estamos en presencia del hecho artístico al desnudo, sin la aplicación de los tantos “trucos” —también válidos, por qué no— que hoy nos regalan tantos modernos programas de computación.
 

"Haykú", 2007

Como diría la curadora de la exposición, Aylín Cruz Enríquez, el fotógrafo “capta imágenes en las que subvierte la significación de los objetos, los desnaturaliza y resemantiza, estableciendo nuevas interrelaciones simbólicas con el receptor a partir de la autonomía que van adquiriendo en la continua yuxtaposición de imágenes; el objeto no se escapa hacia lo infinitamente subjetivo, sino hacia lo infinitamente social”.

Mi jardín secreto tuvo una excelente acogida en salones de Santiago de Chile y Valparaíso. Pienso que estas fotos deberían ser expuestas nuevamente en alguna otra sala expositiva más popular de la ciudad. En medio de este boom de nuevos fotógrafos que vive Cuba, vale la pena que ideas, proyectos, experiencias sean compartidas.


"Vale la pena", 2007

Y no es para menos, esta exposición nos recuerda esa belleza virgen, cotidiana, que desprende la vida misma, con sus defectos y perfecciones. Diego, por esta vez, ha logrado conjugarlas, mientras sigue por ahí, desandando las calles de su Habana, colectando nuevas flores y versos para su jardín.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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