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Tercer jueves del mes.
Prima noche. Sala 23 y
12, en el Vedado
capitalino. Un cartel
con butacas de variados
colores anuncia: "8:00
p.m.". Cine Club
Diferente. Siempre una
película diferente sobre
diversidad sexual.
Los espectadores llegan
en grupos, en parejas o
solitarios. Visten desde
muy formales hasta
festivos, con ropa
informal o de camuflaje.
No faltan quienes vienen
directamente del
trabajo, sin mudar
uniformes, para
garantizar puesto en la
platea.
Comentarios, los
acostumbrados a la
salida de cualquier
cine: que si gustó la
actuación de tal o mas
cual artista; que si la
música o la fotografía
lograron o no reflejar
el ambiente, que si el
director pudo explotar
mejor tal arista o aquel
otro drama de los
personajes...
Nadie mira a su
alrededor con morbo. No
hay supuestos ni malos
entendidos. Predomina la
transparencia y el
respeto a la diversidad
en todos los órdenes:
orientación sexual,
edad, género, fe
religiosa, color de
piel, procedencia
social...
Tanto el filme escogido,
como el debate posterior
con el público dan pie a
la reflexión, al
aprendizaje y hasta la
catarsis personal que
nace de identificarse
con los otros desde la
unicidad que nos
caracteriza como
individuos.
Dentro del recinto no
hay escarnio. No hay
ignorantes ni sabiondos.
Todas las intervenciones
ganan el aplauso, aun
cuando contradigan los
postulados del grupo,
porque están siempre
matizadas por el respeto
y la autenticidad.
Cada persona que se
anima a tomar el
micrófono de la mano de
Frank Padrón,
coordinador del
proyecto, actúa como un
verdadero crítico de
arte o sociólogo:
académicos de la vida a
quienes ha tocado de
cerca la experiencia de
ser señalados como
"diferentes" alguna vez
por cualquier razón, y
aquel dolor les labró la
virtud de trabajar por
la inclusión sin
hipocresías ni raseros estandarizadores.
Muchos se han vuelto
habituales a la cita.
Irradian entusiasmo.
Convidan a otras
personas cada mes,
convencidos de que el
cineclub nació para
quedarse. "Hace un año,
cuando comenzamos,
éramos apenas cuatro
gatos; ahora ya no
cabemos en la sala.
Habrá que pensar en un
cine mayor", comenta un
hombre maduro de Regla a
una señora de La Habana
Vieja que coinciden en
la ruta P-15 a
medianoche, de vuelta a
sus hogares después de
cuatro horas de respirar
un aire distinto,
cargado de sensibilidad.
"La vida, la mentalidad
cambia sustancialmente
después de ver estas
películas; sobre todo al
escuchar tantas personas
que hablan desde
posturas variadas, pero
siempre agradeciendo
este espacio", asegura
Hilario Rosete, colega
de Alma Máter y autor de
un amplio reportaje
publicado este mes en
esa revista sobre el
primer aniversario del
proyecto Diferente.
Coexistir y comprender
El 14 de mayo de 2008,
como parte de la primera
jornada cubana de lucha
contra la homofobia,
nació este cineclub. La
primera película
discutida fue la
norteamericana
Bent
(Desviado). Desde
entonces se han mostrado
una docena de
largometrajes y varios
cortos de ficción,
elegidos por Frank
Padrón siguiendo
criterios tanto
estéticos, como de
valores educativos.
En todos los casos el
énfasis temático reside
en la gran gama de
comportamientos sexuales
que coexisten
actualmente —y desde
siempre— en el mundo:
homosexuales,
bisexuales,
transexuales, travestis
y lesbianas, entre otras
variantes. El leivmotiv
es hacer que se
comprenda el trasfondo
de esas minorías para
contribuir a reducir las
fobias contra ellas.
También se eligen filmes
que reflejen otro tipo
de discriminaciones como
la racial, étnica, de
género o de clases, que
a la larga también
afectan la vida erótica
de tantísimas personas,
incluso heterosexuales.
Ver en pantalla esas
historias ayuda a
reconocer y desmitificar
prejuicios que durante
siglos hemos arrastrado.
De cierto modo, a través
de la empatía que genera
el filme, Padrón invita
a los espectadores a
sacudirse tales rezagos
y vestir la piel de los
demás en el momento en
que son incomprendidos o
relegados.
Todos nacemos ángeles
Cada mes es mayor el
número de espectadores
que permanecen para el
debate después de ver el
filme, para regocijo de
los especialistas del
Centro Nacional de
Educación Sexual
(CENESEX) que asisten
sistemáticamente, entre
ellos la directora,
Mariela Castro.
Cuando opina, al final
de cada debate, rebosa
entusiasmo, confianza en
la solidez del programa
de educación sexual que
dirige. "La libertad es
un acto de
responsabilidad", dice,
en alusión a la película
exhibida esta semana, la
norteamericana
Cover,
que aborda el tema de la
bisexualidad, el VIH y
las razas.
"La vida nos pone
siempre en situaciones
de aprendizaje y exige
decisiones que nos
ayudan a construir
nuestra sexualidad
constantemente",
continúa, esta vez
refiriéndose de las
diferentes experiencias
narradas por los
participantes en el
debate.
"La pubertad es clave en
ese proceso. Luego lo
más saludable es
mantener la
transparencia sobre lo
que somos y queremos,
pero no siempre la
sociedad, la familia, la
pareja están listos para
entender y aceptar. Ese
es el propósito de estos
debates: contribuir de
algún modo a la
educación de todas las
generaciones, que
aprendamos a respetar a
los demás y a hacernos
respetar."
De momento predomina la
representación masculina
en la sala, sobre todo
de adultos que frisan
los 40 años o más (la
entrada es para mayores
de 16 años). Un joven
llama la atención sobre
ese detalle y opina en
voz baja: "Qué bien, mi
generación es más
abierta, pero nuestros
padres necesitan de
espacios así, para ver y
hablar de estas cosas".
Con él coincide
públicamente Miguel
Barnet, presidente de la
Unión Nacional de
Escritores y Artistas de
Cuba (UNEAC). Admite que
unas décadas atrás
hubiera sido impensable
en este cine ver filmes
como los que se han
proyectado en el último
año. "Este era un
espacio para las
banalidades. Me parece
increíble estar aquí
ahora, en el 2009,
discutiendo con el
público estas películas,
desmontando esquemas satanizadores en materia
de sexualidad. Siento
que, gracias a la
educación, hemos
crecido". |