Año VIII
La Habana

16 al 22
de MAYO
de 2009

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Somero adiós para Mario Benedetti

Yinett Polanco • La Habana

 

Mario Benedetti, uno de los autores latinoamericanos más leídos ha muerto. La noticia, que ha dado la vuelta al mundo, se ha recibido con particular dolor en Cuba, donde el poeta dejó una huella que todavía se percibe. Quienes trabajan en la Casa de las Américas recuerdan aún el período en el cual Benedetti fundó y dirigió su Centro de Estudios Literarios. Su relación con nuestro país revestía para él un carácter especial: “Cuba ha sido siempre una palabra muy importante para mí. Incluso antes de viajar a este país, la Revolución Cubana fue para muchos uruguayos una alerta, nos sacudió porque vimos la posibilidad de enfrentar de alguna manera esa presión que es política, económica, militar, cultural... de los EE.UU.”, declaraba en una entrevista que fue publicada en La Jiribilla a propósito de que le fuera otorgado el primer Premio Alba de las Letras en 2008.

Desde hacía mucho tiempo la muerte le preocupaba. A los 77 años confesaba que el libro que entonces escribía tenía “una gran cantidad de poemas que se refieren a ese tema que ahora me obsesiona. A mis años no se puede decir como a los 18, a mí qué me importa la muerte. Hay que prepararse para ella.”

Aunque recibió críticas por la aparente sencillez de sus textos, Benedetti logró el mayor de los triunfos para un escritor: confundir su voz con el pueblo, volverse anónimo para multiplicarse en grafitis en las paredes, declaraciones de enamorados, arengas para multitudes… tal vez porque hasta  esos  señalamientos  en  contra  suya eran capaces de inspirarlo: “(…) siempre me aconsejaron que escribiera distinto/ pero he decidido desalentar/ humilde/ y cautelosamente a mis mentores.

En consecuencia seguiré escribiendo/ igual a mí o sea/ de un modo obvio irónico terrestre/ rutinario tristón desangelado/ (por otros adjetivos se ruega consultar/ críticas de los últimos treinta años)/ y eso tal vez ocurra porque no sé ser otro/ que ese otro que soy para los otros.”

La poesía era, en efecto, su mayor pasión. “Tenga o no éxito, el asunto en poesía es que sea buena. Los grandes autores que han sobrevivido y se siguen estudiando, fueron en su mayoría poetas. (…)Es más probable que con esos cultores del verso que se siguen estudiando y citando, se escriba la historia de los pueblos. Por eso creo en la poesía.” A su juicio lo que distinguía a este género era la “libertad, una independencia superior que se sobrepone a las presiones del mercado, más que la prosa. El poeta escribe lo que le sale, lo que quiere decir, tenga éxito o no, tenga lectores o no, le caiga bien a la crítica o le caiga mal.” Libros suyos como Te quiero (1956), Ex presos (1980), Viento del exilio (1981), El olvido está lleno de memoria (1995), El mundo que respiro (2001), Existir todavía (2003), Adioses y bienvenidas (2005) y Testigo de uno mismo (2008) vienen a corroborar estas declaraciones.

Sin embargo, Benedetti fue capaz de dominar también otros géneros literarios. “Siempre digo que soy un poeta que además escribe cuentos y novelas. También me siento cómodo con el cuento, aunque me da mucho más trabajo.” Entre sus más de 80 libros se agrupan novelas como La tregua (1960), Gracias por el fuego (1965), Las soledades de Babel (1991), La borra del café (1992) y Andamios (1996); cuentos como La muerte y otras sorpresas (1968), Recuerdos olvidados (1988), Buzón del tiempo (1999), El porvenir de mi pasado (2003) y ensayos entre los que se cuentan Peripecia y novela (1946), Marcel Proust y otros ensayos (1951), Letras del continente mestizo (1967), El escritor latinoamericano y la revolución posible (1974), Subdesarrollo y letras de osadía (1987), La realidad y la palabra (1991), Perplejidades de fin de siglo (1993) y Vivir adrede (2007).

Aunque en menor medida, escribió además teatro (de 1979 data su obra Pedro y el capitán), guiones de cine y crónicas de humor, e incluso fue actor de reparto en el filme El lado oscuro del corazón, de Eliseo Subiela. Una buena parte de sus poemas se han vuelto canción en las voces de Pablo Milanés, Isabel Parra, Silvio Rodríguez, Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti y otros tantos cantores.

Por su extensa obra recibió premios como el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el I Premio Iberoamericano José Martí, el Premio Internacional Menéndez Pelayo y el Premio ALBA de las Letras en su primera edición, pero a estos lauros anteponía su acción política, por la que tuvo que sufrir exilio amenazado de muerte, porque “la política es también una forma del amor (aunque no viceversa)” y sus luchas por el porvenir: “Creo en las utopías. Los buenos pasos que han dado los hombres en toda su historia han sido gracias a los utópicos, entre ellos Jesús, Freud y Marx, que quizá no materializaron totalmente lo que predicaban, pero de muchas formas ayudaron al progreso de la humanidad.”

“No me arrepiento de nada por lo que he luchado aunque he cometido mis errores como cualquiera, pero las posiciones que he tomado han sido de acuerdo con lo que en ese momento me dictaba mi conciencia. No padezco de insomnio, siempre he podido dormir tranquilo, salvo cuando andaban recogiendo a la gente de izquierda para llevársela presa. Pero eso no tenía que ver con mi conciencia sino con la de ellos.”

Su muerte conmociona a sus amigos. “Es indecible el dolor de su pérdida —escribe Juan Gelman—. (…) sobre todas las cosas, fue un hombre bueno. Nunca se doblegó ante el Poder. Su muerte deja el vacío grande que dejan los grandes. De su obra nacerán otros poetas, como él siempre quiso, y seguirá vivo en el tiempo.” Joan Manuel Serrat afirmó sentir "pena por la muerte del amigo y la separación definitiva que esto significa y liberación porque en este caso la muerte se presenta como liberadora". Con un poema expresó Eduardo Galeano su dolor: “El dolor se dice callando./Pero me pregunto:/¿qué será de nuestra ciudad, sola de él?/¿qué será de Montevideo, mutilada de él?/Y me pregunto:/¿qué será de nosotros, sin su bondad inexplicable?

Cuando su ausencia física es un hecho, quedan entonces sus palabras como consuelo: “Confío en que los hombres y mujeres del futuro aprendan a salvarse y lo digo porque uno sabe que como individuo, como persona se va a morir, es ley de la vida. Pero nunca queremos que aquello que dejamos atrás desaparezca, sería horroroso. Siempre haré lo posible –sé que no puedo sobrevivir– para que la humanidad sobreviva, y para que la gente viva mejor de lo que vive.”

En la carrera por la vida, escribió su despedida antes que la muerte lo alcanzara. “(…) Te dejo frente al mar/descifrándote sola/sin mi pregunta a ciegas/sin mi respuesta rota./ Te dejo sin mis dudas/ pobres y malheridas/ sin mis inmadureces/ sin mi veteranía./Pero tampoco creas/a pie juntillas todo/no creas nunca creas/este falso abandono./Estaré donde menos/lo esperes, por ejemplo/en un árbol añoso/de oscuros cabeceos./Estaré en un lejano/horizonte sin horas/en la huella del tacto/en tu sombra y mi sombra./Estaré repartido/en cuatro o cinco pibes/de esos que vos mirás/y enseguida te siguen./ Y ojalá pueda estar/de tu sueño en la red/esperando tus ojos/y mirándote.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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