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Un grupo de narradores
denuncia la dictadura del realismo
y la
censura comercial en novela
Un grupo de narradores, convocados por la 42
Feria del Libro de Valladolid para reflexionar sobre la
situación de la novela en España, ha denunciado la
dictadura del realismo frente a la imaginación y la
férrea censura comercial que rige sobre ese género.
Los escritores Andrés Ibáñez, Martín Casariego, Elena
Santiago y Pedro Sorela, posan momentos antes de
participar en la mesa redonda "¿Qué está cambiando en la
novela en España?" en el marco de la 42 edición de la
Feria del Libro de Valladolid.
Elena Santiago, que acaba de publicar La muerte y las
cerezas (Menoscuarto), ha acreditado la existencia
de "una especie de censura" por parte de "muchas e
importantes editoriales" que estudian los libros
únicamente "como posibilidades de venta", hasta el punto
de marginar a muchos escritores que no acceden a las
modas.
Entre estas, y "bastante asfixiante", ha mencionado la
preponderancia de la novela histórica desde "hace
bastante tiempo", una insistencia que no observa con
malos ojos pero sí su prolongada existencia con el
riesgo que conlleva lo que ha denominado "mucha presión"
para los creadores.
"Es cierto que existe una libertad para escribir porque
el arte debe ser libre, pero sí creo que proliferan unas
modas que en cierto modo obligan a los escritores a
seguirlas para poder tener éxito. A mí eso me parece una
frustración", ha opinado la novelista y poeta nacida en
Veguellina de Orbigo (León).
Para Martín Casariego, autor de la reciente novela La
jauría y la niebla (Algaida), en España existe una
cierta "dictadura del realismo", dentro de la cual
podría inscribirse a su juicio la actual corriente de
novela histórica y en concreto la centrada en la última
Guerra Civil española.
Las ventas editoriales ―ha explicado quien debutó en las
letras con Qué te voy a contar (1989) ―
representan "un reflejo de la cultura española", por lo
que "si en las series de televisión y en el cine no
existe fantasía, ¿por qué tendría que haberla en la
novela?" actual, se ha preguntado.
Esas tendencias o modas, en palabras de Andrés Ibáñez,
obedecen a una "obsesión por el realismo" en detrimento
de la ficción, de la imaginación, "que ha convertido a
la buena literatura en algo muy aburrido de leer, lo que
ha dado lugar a la aparición de temas más entretenidos,
vinculados a la historia, la fantasía y el misterio".
Por su parte, el colombiano Pedro Sorela ha inscrito
toda esta situación en el contexto de las aulas, donde
él acumula una amplia experiencia dentro del ámbito
universitario, al pronosticar que "en 15 años, más o
menos y tal como van las cosas, como no exista una
recuperación de las humanidades en los planes de
estudio, a este paso los jóvenes no van a poder leer ni
a Harry Potter".
Se ha referido así el ensayista y también dramaturgo a
la progresiva y acelerada pérdida, por parte de los
estudiantes, de la capacidad de interpretar o de
abstraer las ideas en un texto escrito, de poder
imaginar un escenario".
Los jóvenes ―ha añadido el autor de Cuentos
invisibles― están aquejados de la "enfermedad de la
literalidad, es decir que lo que no es literal no lo
entienden, y no porque sean tontos, ya que razonan
correctamente en otros campos, sino que no han leído un
libro, como consecuencia de planes de estudios 'delicuenciales'".
"Empezamos a entrar en una sociedad analfabeta. Los
alumnos comienzan ya a olvidarse de las palabras. Lo
demás son discusiones de mercado, de libreros y de
editores", ha concluido Sorela antes de referir, con
arreglo a su experiencia, cómo los estudiantes
universitarios se encuentran "huérfanos de
orientaciones" literarias. |