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Imposible no hablar de Benedetti.
Más ahora, que el sur también
existe. Más ahora que todos te
damos gracias por el fuego de
luz que emanó de tu alma hasta
el mundo que respiro.
Porque vos Benedetti de la
pequeña patria oriental sureña,
sois una milonga en Zitarrosa
mayor cantada a dúo de acordes
Olimareños con la flaca guitarra
de Viglietti y letra
revitalizada de Galeano. Vos
sois el Uruguay que lucha y
crea.
Decir el Uruguay, las rutas
marinas del exilio y el retorno
de gaviotas crepusculares en la
víspera eterna del último
desembarco, decir no te salves o
vamos juntos que son tácticas
distintas en la misma
estrategia, decir montevideanos
u orientalito, es hacerse uno el
inventario como pequeño verso de
un tango que espera bandoneón.
Cantarse, cantarse también se
vale en la turbulenta búsqueda
del amor, ah cálido muelle que
mientras revivo acuden
primaveras a mi memoria, como la
del hombre preso que mira a su
hijo en Milanés, las tímidas
maneras de Martín Santomé,
cantarse sobre todo las verdades
en la pausa colosal del largo
viaje.
Y si nos hablas de la revolución
posible, tu voz atlántica
recorre senderos de la
premonición carnosa, la ruptura
estrepitosa de los oscuros
dogmas.
Ya dijiste que el más triste es
el llanto de ojos secos, que
cuando la herida viene de muy
lejos la sangre derramada no se
seca, vaya manera de adelantarte
a cualquier apoteosis
oportunista.
Nosotros no hablamos sino con el
pretérito que conjugaste para
este hoy. Nosotros, los que nos
hicimos de tu palabra virgen,
nos enamoramos del bosque donde
anidó tu generosa fertilidad.
Vino el amor. Amor el vino. Amor
a calor del invierno que te
gusta, con leña de astillas de
dos cuerpos amasándose.
Un arma poderosa nos legaste. El
enemigo se retuerce por la
envidia. Digo con sentencia
histórica ante tu nombre, que la
poesía nos pertenece, el poema
es la izquierda diáfana, el sueño
de igualdad y el tesón
insistente de crearla.
Los enemigos, la pobre derecha,
su amo el imperialismo, odian
nuestra fuente de juventud sin
silicona ni quirófanos
neoliberales. Nosotros cuando
amamos es como renacer, ustedes
que ni aman, solo saben tener.
Tengan el odio.
Benedetti es del partido de
Antonio Machado y Miguel
Hernández, camarada de Neruda,
compañero de Nazoa, conmilitón
de Guillén. ¿De dónde son los
poetas? Silvio respondería, de
los parajes en que ningún amor
está perdido. Santa palabra.
Porque la sensibilidad, esa
sublime esencia de la condición
humana, habla por la piel, por
los actos, por las justas
trincheras, siempre por la
palabra poeta.
Poeta el pueblo que en los
brazos de Benedetti ha
emprendido la marcha definitiva
hacia el futuro glorioso. El
pueblo que en Benedetti se
multiplica con sones de
libertad, el candombe que al
sudor vierte sus manjares.
Poeta que nos bautizaste en las
ardientes aguas de tu
conciencia. Te queremos. Te
queremos porque sois amor
cómplice y todo, y en la calle
codo a codo, somos mucho más que
dos. |