Año VIII
La Habana

23 al 29
de MAYO
de 2009

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Gracias por… su existencia

Paquita Armas Fonseca • La Habana

Foto: Cortesía Casa de las Américas

 

Me piden que escriba sobre una visita de Mario Benedetti a El Caimán Barbudo. He rebobinado mis recuerdos hasta aquellos años 80 ―cuando dicen, con razón, que éramos felices y no lo sabíamos― y la imagen de un hombre vestido con sencillez, la mano tendida y la sonrisa llena de bondad llega a mi memoria. No puedo apuntar con certeza ni día, ni siquiera año, creo fue en 1986 y de lo que estoy segura es de que no había mucho calor.

No se trata de que nos (me) importara poco la visita del reconocido y querido uruguayo para retenerlo en la memoria, es que entonces más que ahora se veía como alguien que había trabajado hasta hacía poco tiempo en Casa de las Américas, al que se podía acceder en cualquier hora o día, sin que su estancia estuviera signada por un viaje de unas cuantas horas a la Isla. Era (si eso es posible) una estrella cercana y accesible.

Benedetti como otros intelectuales eran visita normal en la amada casona de Paseo donde El Caimán… devenía mucho más que una revista, era una institución cultural con galería incluida. No había que tener motivo especial para recibir allí a Tomás Borge, Frei Betto, Raúl Sendic, Oswaldo Guayasamín o Eduardo Galeano, por citar algunos nombres.

Llegaban y en poco tiempo, en la sala o en una de las oficinas, si había calor en la dirección por el aire acondicionado, se reunían los caimaneros que estaban en la publicación en ese momento y los que iban arribando, fueran o no trabajadores en nómina de la revista.

En esas circunstancias recuerdo aquel encuentro con Benedetti y también que no hubo constancia gráfica, porque nuestro fotógrafo Mongo (Ramón Estupiñán) andaba fuera realizando un trabajo. Me parece ver a nuestro visitante acomodado en el sofá, un brazo extendido por el espaldar y el otro moviéndose a veces al compás de sus palabras.

Habló (hablamos) de periodismo, de Marcha, aquel semanario al que se vinculó por lustros y que fuera cerrado por la dictadura en 1974 y de Brecha, su continuador, del que fue miembro de su consejo editor.  El periodismo era una de sus grandes pasiones. Hizo crítica literaria, cinematográfica y teatral, humor y, sobre todo, escribió decenas de textos defendiendo su sentido de la justicia, porque este gran hombre que se nos murió fue ante todo justo y valiente. Por eso tuvo que huir de su país, de Argentina y de Perú, lugares donde corría peligro su vida. Y vivió, entonces, exiliado en Cuba, su patria ideológica, a la que defendió incluso en momentos difíciles; cuando otros amigos actuaron confundidos, su voz solidaria siempre se pronunció a favor de la isla caribeña.

No recuerdo si fue Víctor (el uno, Rodríguez) quien le habló de su antología Poesía de amor hispanoamericana, de las exclusiones e inclusiones en el volumen. Benedetti dijo que si preparaba otra edición habría que valorar nombres y poemas. A su juicio, el tiempo, el mejor juez, había situado en un más justo lugar a cada uno de los escogidos o no para ser antologados en 1969. Así lo hizo en un volumen que preparó Casa de las Américas en los años 90.

Alguien le comentó acerca de Gracias por el fuego y charló un buen rato acerca de la narrativa, los vicios del escritor y lo importante que era para él ser entendido y asimilado por el público.

Defendió las historias y los versos de amor porque sin ese sentimiento es imposible la vida plena. Dijo no importarle los críticos que le acusaban de concesiones por haber incluido en su antología a poetas muy populares, pero poco reconocidos por los estudiosos.

Habló de lo que había significado Cuba para él y toda su generación, de las cosas buenas y de los errores, de Fidel y su grandeza, de América Latina y el letargo en el que vivía entonces.

Recuerdo que se propuso comprar una botella de ron para acompañar el té que bebíamos, y Benedetti dijo que por él no lo hiciéramos, no le apetecía ni le resultaba imprescindible para seguir charlando.

Le entregamos una colección de los últimos Caimanes y algunos de los libros que habíamos publicado, le pedimos que colaborara con  nosotros y al despedirlo le dimos las gracias por su visita y por su… existencia.
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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