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Días después de la victoria de
Playa Girón, en el mes de abril
de 1961, en el teatro de la CTC,
algunos de los mercenarios
capturados responden ante las
cámaras de la televisión y los
micrófonos a las preguntas de
periodistas de los medios en
Cuba que buscan esclarecer las
raíces de ese episodio de
agresión militar.
Entre los panelistas, vestido de
miliciano, está Jorge Ricardo
Masetti, periodista argentino
que es el director-fundador de
la agencia noticiosa Prensa
Latina, nacida en La Habana dos
años antes como un resultado de
la Operación Verdad.
Como integrantes de la brigada
mercenaria, organizada y
financiada por el gobierno de
los EE.UU., estuvieron
tres curas españoles. Dos de
ellos, Ismael de Lugo y Segundo
Las Heras Calvo, fueron
interrogados por Masetti, quien
en más de una ocasión los puso
en aprieto y desenmascaró el
discurso de ambos sobre que
habían venido en los barcos
invasores cumpliendo una misión
espiritual.
Este es, por ejemplo, un momento
del diálogo entre el padre Lugo
y Masetti:
PRISIONERO.- Estuve un momento
en Miami unos días y ahí fue que
hice contacto con esos
muchachos…
MASETTI.- Mire, usted habla de
los “muchachos” como si se
tratase de un equipo de fútbol.
Entre esos “muchachos” hay
asesinos, entre esos “muchachos”
está Calviño; los “muchachos”
que no pueden quejarse de su
asesoría espiritual, como usted
dice. ¿Usted conoce al chino
King?
PRISIONERO.- No señor.
MASETTI.- ¿Usted no lo conoce?
Es un asesino que remató a un
soldado rebelde de una puñalada
en el corazón. Es su compañero,
y es una de las personas que
usted tiene que asesorar
espiritualmente. ¿Usted conoce a
Calviño?
PRISIONERO.- No.
MASETTI.- Pues fue un ayudante
de Ventura*.
Entonces, ya muchos episodios
ataban a Masetti con los
destinos de la Revolución
Cubana. No podemos dejar de
recordar sus luchas por la
independencia y la libertad de
Cuba. Fue el primer periodista
latinoamericano que entrevistase
a Fidel Castro y al Che Guevara
en la Sierra Maestra, en 1958,
convirtiéndose en vocero de sus
ideas en el exterior. Participó
en la organización de la
Operación Verdad que trajo a La
Habana a cerca de 400
periodistas de EE.UU.,
América Latina y Europa, para
que con sus propios ojos
comprobasen la campaña de
desinformación de la gran prensa
norteamericana contra Cuba que,
entonces, usó como pretexto los
juicios y las condenas por
fusilamiento a los más notorios
criminales de la dictadura de
Batista. Acompañó a Fidel en su
histórico viaje por EE.UU., en abril de 1959. Se le
encargó organizar y echar a
andar algo que partía de cero:
una agencia latinoamericana de
noticias que rompiese el muro de
desinformación establecido por
unas pocas agencias
transnacionales, entre ellas las
norteamericanas AP y UPI.
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El 16 de junio de 1959, Prensa
Latina lanzaba su primer
despacho. Los enemigos de la
Revolución Cubana, que no
concebían una agencia hecha al
servicio de la verdad y de las
aspiraciones e intereses de los
pueblos de América Latina, le
dieron un mes de vida. Y desde
su mismo nacimiento comenzaron a
ponerle obstáculos, perseguir a
sus corresponsales, impedir que
sus equipos de transmisión
traspasasen las aduanas,
amenazar a los periódicos,
radios y revistas que
contrataban los servicios de la
nueva agencia.
En aquellos tiempos, Masetti
denunció que muy pronto se acusó
a Prensa Latina de ser una
agencia de agitadores. “Y
lógicamente para ellos lo somos.
Porque no ocultamos la represión
a los obreros bananeros de Costa
Rica ni los atropellos de la
United Fruit, ni las concesiones
petrolífera al imperialismo.
Para ellos somos agitadores
porque decimos la verdad que les
hace perder el sueño”.
Una línea de principios guió a
Prensa Latina desde que vio la
luz: “Somos objetivos, pero no
imparciales”, porque, decía
Masetti, no se puede ser
imparcial entre el bien y el
mal, entre el explotado y el
explotador, entre el oprimido y
el opresor, entre lo justo y lo
injusto.
La verdad sobre la lucha de los
pueblos de América Latina y el
Caribe empezó a conocerse. “No
va a pasar como cuando en 1950
se levantó el pueblo de Puerto
Rico contra el opresor
imperialista y las agencias
yanquis informaron al mundo que
“un pobre loco” –el patriota
Pedro Albizu Campos— con un grupo
de jóvenes revoltosos, había
tratado de perturbar el orden.
No se dijo entonces nada de los
cientos de muertos, de la
represión al pueblo, de los
bombardeos de punta a punta de
Puerto Rico, ni de los
atropellos a los campesinos que
cometieron las tropas del
imperialismo yanqui”, dijo poco
tiempo después de la fundación
de Prensa Latina su
director-fundador.
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Tuve la inmensa dicha de
integrar el equipo fundador de
Prensa Latina. Mi experiencia
periodística era muy poca. Había
cursado la Escuela de Periodismo
Manuel Márquez Sterling y
trabajado como redactor en una
emisora de radio que daba
noticias y anuncios comerciales
cada minuto del día. A
principios de mayo de 1959,
alguien me habló sobre el
proyecto de Prensa Latina y si
deseaba participar en él. Poco
sabía entonces sobre Masetti,
excepto que era de nacionalidad
argentina y había estado en la
Sierra Maestra. Tampoco tenía
conocimiento sobre los
periodistas latinoamericanos que
le acompañaban en tal empeño.
Prensa Latina fue una escuela
para todos, incluso para Masetti
que en Argentina había sido
periodista de la radio. La
mayoría del equipo inicial no
tenía experiencia alguna en el
trabajo de una agencia de
noticias. Ahora bien, de todos
esos alumnos Masetti era el más
aventajado. Y se convirtió, en
poco tiempo, en profesor del
resto por los estudios que hacía
sobre las características de una
agencia noticiosa, por sus ideas
revolucionarias en el campo del
periodismo y por su manera de
comunicarlas. Solía, de vez en
cuando, cumplir sorpresivamente
el papel de secretario de
Redacción (así se llamaba
entonces al Editor): y encargaba
notas a los redactores y luego
las corregía, y cuando no estaba
satisfecho se disponía
rehacerlas, y daba instrucción
de cómo hacerlo. Todo ello le
sirvió para que bien pronto
elaborase un código de normas
técnicas sobre la ética que
debían seguir los redactores
para obtener y redactar las
informaciones.
Para él, trabajar en Prensa
Latina no significaba solo
ganarse dignamente el pan, sino
ocupar un lugar en un puesto de
combate en defensa del
periodismo digno de América
Latina, lo que siempre ha
formado parte de las
aspiraciones de los pueblos
latinoamericanos.
*Se refiere a
Esteban Ventura Novo, uno de los
más notorios criminales de la
dictadura de Batista. Huyó de
Cuba el Primero de Enero de 1959
y se refugió en EE.UU.,
cuyo gobierno lo protegió. Murió
en Miami varias décadas después.
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