Año VIII
La Habana
13 al 19
de JUNIO
de 2009

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Una historia inolvidable

Frank Guiral Cabrera • La Habana

Fotos: Archivo de Prensa Latina

 

Prensa Latina arribó a su medio siglo de existencia.  Hubo gente que le auguró apenas tres meses de vida ante el reto de hacerle frente al monopolio de los grandes consorcios noticiosos.  Y no pocos obstáculos tuvo que superar para introducirse y ganar espacio y prestigio en ese difícil mundo.

El 16 de junio de 1959 fue transmitida la primera información.  Estaba fechada en Nueva York y recogía las declaraciones del Embajador de Tegucigalpa en la ONU refutando la aviesa insinuación lanzada por una agencia noticiosa estadounidense que implicaba a Cuba en una revuelta militar en Honduras. 

La idea de fundar Prensa Latina surgió en La Habana, cuando en la segunda quincena de enero de 1959 se reunieron centenares de periodistas para informar sobre la Operación Verdad, a raíz del triunfo de la Revolución Cubana.


En ese encuentro tomó forma la idea.  Fidel Castro y Ernesto Che Guevara estuvieron entre sus más ardientes impulsores, pues era necesario crear una alternativa noticiosa en medio de la feroz cruzada ideológica que se desarrollaba contra la pujante Revolución.

La organización recayó en el argentino Jorge Ricardo Masetti, quien en muy poco tiempo convirtió a PL en una verdadera escuela de periodismo revolucionario, porque eran pocos los que estaban familiarizados con las características de una agencia de noticias.

En ese período de aprendizaje, Masetti insistió en que las dos cualidades esenciales del periodista que labora en una agencia informativa son exactitud y rapidez, reiterando siempre que teníamos que ser objetivos, pero no imparciales.

En su medio siglo de existencia Prensa Latina se ha destacado por cumplir tareas que superan en ocasiones cualquier cálculo inicial, ya sean por el resultado alcanzado o por las dificultades encontradas durante la cobertura informativa.

Una de ellas, que recordé en ocasión del  aniversario 50 de PL y muy pocos conocen, fue realizada en conjunto por la redacción deportiva, comunicaciones y la oficina de Nueva York.

El hecho ocurrió en 1965, cuando el entonces Comisionado de Ajedrez de Cuba, José Luis Barreras, invitó al Gran Maestro Robert Fischer, de EE.UU., a participar en el IV torneo internacional Capablanca in Memoriam.

Fischer no fue autorizado por el Departamento de Estado a viajar a La Habana y jugó por teletipo desde el Marshall Chess Club de Nueva York, sirviendo de enlace las comunicaciones de la Agencia Prensa Latina, llevadas hasta el Salón de Embajadores del Habana Libre, escenario del evento.

Hoy es algo que quedó para la historia, pero ninguno de los protagonistas olvidó jamás los obstáculos a vencer, desde la propia conexión de las comunicaciones, hasta la elaboración de un reglamento especial para los movimientos de las piezas y el horario consumido por cada contrincante.
 

José Luis Barreras tuvo que “inventar” un reglamento especial, pues jamás se había efectuado un torneo internacional con esas características, “negociar” con los directivos de la Federación Internacional de Ajedrez, en particular su presidente Folke Rogard, mantener estrecho contacto con la Dirección de Prensa Latina y recibir especial ayuda de los periodistas Ricardo Agacino, Severo Nieto y Francisco V. Portela, junto con técnicos de teletipos.

Durante meses, las negociaciones recibieron una amplia divulgación por la prensa internacional, y el torneo como tal fue noticia de primera plana tanto por el retorno de Fischer a las competencias, como por las características de la transmisión de las jugadas.

El juego de Fischer debía ser supervisado por un árbitro de la FIDE en Nueva York y otro en La Habana, y se acordó que fuera José R. Capablanca, hijo de quien fuera Campeón del Mundo de 1921 a 1927, quien realizara los movimientos del norteamericano en la mesa de juego en el hotel Habana Libre, a unas 1 340 millas de distancia.

El 25 de agosto de 1965 todo quedó listo. Compañeros de teletipos estaban instalados en la sala de prensa en el Habana Libre, otro grupo atento en el Departamento de Comunicaciones ante cualquier eventualidad y, pese a la tensión, Agacino, Nieto y Barreras confiaban en que todo saldría bien.
   

Ese día Portela envió el mensaje MFS-8 desde la oficina:

     Att Agacino.- Favor hacer saber a Barreras lo siguiente:

     1.- Yo estoy en la habitación en la que está Fischer.  La única otra persona que hay en la habitación es el árbitro;

     2.- Se me invitó por el Marshall Chess Cluba a estar presente en la habitación en vista de que la cantidad de fotógrafos y camarógrafos y de público es tal que molestaban realmente a Fischer.  Con tal motivo se cerró la puerta que daba al público;

    3.- Puedo garantizar que todo transcurre normalmente;

    4.- El público ha aumentado y llena totalmente todos los salones y pasillos del Club.

    Sds, Portela.  Nueva York, agosto 25/65, 9:55 p.m.

Indudablemente esta hazaña quedará para la historia. Por cierto, Fischer no ganó el torneo. Compartió el segundo puesto con Efim Gueller (URSS) y Borislav Ivkov (Yug), quienes lo vencieron en el cotejo particular, y el triunfador de la justa ajedrecística fue el soviético Vasili Smislov.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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