|
 |
Prensa Latina
surgió al calor de la Operación
Verdad. Cuando el naciente
gobierno cubano intentaba
presentar sus credenciales ante
el mundo, y para abrir una
brecha en el muro de
desinformación con que querían
satanizar a los rebeldes,
invitaba a La Habana a más de
400 periodistas de distintas
afiliaciones y nacionalidades.
Eran los inicios de la
Revolución, y el país tomaba
cada proyecto con un amor y un
espíritu de colaboración nunca
antes visto. Por ello la idea de
crear una agencia al servicio de
los pueblos latinoamericanos
cuajó en menos de seis meses, y
el 16 de junio de 1959 ya PL
transmitía su primer cable de
manera oficial.
“A 18 meses de su
creación tenía filiales en cada
capital americana, en Londres,
en París, en Ginebra, en Praga;
convenios firmados con Tass,
CTK, Hsin Sua, las agencias
egipcias e indonesa”, según
constató el escritor Rodolfo
Walsh a su arribo a la oficina
central en La Habana, a donde
llegó para colaborar como
periodista.
Ese crecimiento prodigioso se
debió, en gran medida, al
desinteresado apoyo de
escritores latinoamericanos de
la talla de Walsh, a la
inventiva de Jorge Ricardo
Masetti para levantar de la nada
una empresa, y al coraje de
decenas de profesionales que
aprendieron a escribir
escribiendo, después de terminar
sus horarios de trabajo como
secretarios o auxiliares de
limpieza.
De aquellos tiempos de gloria
son estas anécdotas. Estampas de
la rutina productiva que recrean
las hazañas, pero también los
tropiezos. Historias que bien
pudieran encajar en cualquiera
de los años de PL, porque a
pesar del tiempo, Prensa Latina
no perdió su carácter
experimental, su efectividad
probada en la guerra contra la
desinformación, ni el filo
revolucionario de sus letras.
Inexperiencia
La agencia aún llevaba sobre sí
el olor de las cosas recién
estrenadas, y en sus pasillos y
oficinas, jóvenes con ansias de
periodistas, recién salidos de
las escuelas, soñaban con tener
su primera oportunidad como
reporteros.
Dicha oportunidad llegó para uno
de ellos durante una visita del
ex campeón de peso completo Joe
Louis a La Habana, y cuenta el
periodista Juan Marrero que,
“como un bólido, alegre y
entusiasta, (el recién graduado)
partió, llevando consigo su
libreta de apuntes y lápiz”.
El tiempo pasaba. Una hora, y en
la redacción el trabajo
continuaba a su ritmo. Dos
horas, y ya el jefe comenzaba a
preocuparse por la suerte del
novato, que ni regresaba, ni
llamaba.
Ante la incertidumbre, refiere
Marrero, llamaron al hotel Riviera y pidieron que
localizaran al periodista de
Prensa Latina.
—¿Lograste entrevistar a Joe
Louis? —le preguntó el jefe
cuando lo tuvo del otro lado del
auricular.
—¡Qué va!, ni lo he podido ver
—fue la respuesta.
—¿Cómo, no está ahí?
—Sí, pero no está en su
habitación. Me dijeron que está
dando una conferencia de prensa
y aquí lo estoy esperando en el
lobby.
Combativos
Desde los primeros días de 1959,
la Agencia Central de
Inteligencia, los grupúsculos
descontentos de terratenientes,
esbirros y propietarios cubanos,
y las tiranías caribeñas, se
dieron la mano para conspirar
contra la Revolución Cubana.
Para prevenir un ataque, o un
sabotaje que sacara del aire a
Prensa Latina, Masetti organizó
un grupo especial que
garantizara el flujo informativo
en cualquier circunstancia.
|
 |
“Había que aprender de todo
—escribió el periodista Roberto
Agudo al recordar aquellos
tiempos—, desde tirar
fotografías hasta operar un
teletipo, conocer clave morse, y
entrenarse en marchas y en tiro
con distintos tipos de armas.”
Todo ello había que hacerlo sin
abandonar la rutina
periodística, y a intervalos del
trabajo, los elegidos debían
asistir a la Universidad para
superarse. “Allí, con Masetti a
la cabeza, se desarrollaban
largas marchas por la pista y
ejercicios de todo tipo”.
Además, una o dos veces por
semana los periodistas elegidos
tenían práctica de tiro en La
Cabaña y los fines de semana
terminaban caminando por la
Cordillera de Los Órganos, en
Pinar del Río, con toda clase de
equipos al hombro.
Cuando el cansancio hacía mella
y el ánimo decaía, Masetti era
el primero en dar el ejemplo, y
arengando al grupo les recordaba
a los vacilantes, “Esta es
nuestra trinchera, y tenemos que
defenderla a toda costa”.
Impotencia
“Quienes se tomen el trabajo de
leer la historia de las agencias
imperialistas, van a ver que
desde principios del siglo
pasado (siglo XIX) se
repartieron el mundo como un
pastel, para que cada imperio
pudiera ocultar a los pueblos
que oprimían las noticias que
más le interesaban”.
Así explicaba Masetti el odio
que sentían el gobierno y los
medios de prensa norteamericanos
por Prensa Latina. Dicha
antipatía, según contara el
propio director, llegó a niveles
ridículos, como cuando invitaron
a criminales de guerra y
esbirros del gobierno de
Fulgencio Batista para que
difamaran a la agencia en el
Senado de Washington.
La impotencia era tal, que un
día llamaron al teniente coronel
Manuel Ugalde Carrillo, jefe del
servicio de inteligencia
militar, para que explicara a
una comisión interna la
influencia comunista en el área
del Caribe. Al hacerlo, obviaban
la responsabilidad del testigo
en la muerte y tortura de
cientos de jóvenes cubanos.
Ya en el Congreso, Ugalde dio fe
de que, cuando colaboraba para
el gobierno de Batista, pudo
comprobar la existencia de PL
como una empresa al servicio de
los ejércitos comunistas de
China, obviando por completo que
la agencia nació seis meses
después de la huida del tirano. |