Año VIII
La Habana
13 al 19
de JUNIO
de 2009

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Retazos de PL

Ismel Enríquez • La Habana

Fotos: Archivo de Prensa Latina

 

Prensa Latina surgió al calor de la Operación Verdad. Cuando el naciente gobierno cubano intentaba presentar sus credenciales ante el mundo, y para abrir una brecha en el muro de desinformación con que querían satanizar a los rebeldes, invitaba a La Habana a más de 400 periodistas de distintas afiliaciones y nacionalidades.

Eran los inicios de la Revolución, y el país tomaba cada proyecto con un amor y un espíritu de colaboración nunca antes visto. Por ello la idea de crear una agencia al servicio de los pueblos latinoamericanos cuajó en menos de seis meses, y el 16 de junio de 1959 ya PL transmitía su primer cable de manera oficial.

 “A 18 meses de su creación tenía filiales en cada capital americana, en Londres, en París, en Ginebra, en Praga; convenios firmados con Tass, CTK, Hsin Sua, las agencias egipcias e indonesa”, según constató el escritor Rodolfo Walsh a su arribo a la oficina central en La Habana, a donde llegó para colaborar como periodista.

Ese crecimiento prodigioso se debió, en gran medida, al desinteresado apoyo de escritores latinoamericanos de la talla de Walsh, a la inventiva de Jorge Ricardo Masetti para levantar de la nada una empresa, y al coraje de decenas de profesionales que aprendieron a escribir escribiendo, después de terminar sus horarios de trabajo como secretarios o auxiliares de limpieza.

De aquellos tiempos de gloria son estas anécdotas. Estampas de la rutina productiva que recrean las hazañas, pero también los tropiezos. Historias que bien pudieran encajar en cualquiera de los años de PL, porque a pesar del tiempo, Prensa Latina no perdió su carácter experimental, su efectividad probada en la guerra contra la desinformación, ni el filo revolucionario de sus letras.

Inexperiencia

La agencia aún llevaba sobre sí el olor de las cosas recién estrenadas, y en sus pasillos y oficinas, jóvenes con ansias de periodistas, recién salidos de las escuelas, soñaban con tener su primera oportunidad como reporteros.

Dicha oportunidad llegó para uno de ellos durante una visita del ex campeón de peso completo Joe Louis a La Habana, y cuenta el periodista Juan Marrero que, “como un bólido, alegre y entusiasta, (el recién graduado) partió, llevando consigo su libreta de apuntes y lápiz”.

El tiempo pasaba. Una hora, y en la redacción el trabajo continuaba a su ritmo. Dos horas, y ya el jefe comenzaba a preocuparse por la suerte del novato, que ni regresaba, ni llamaba.

Ante la incertidumbre, refiere Marrero, llamaron al hotel Riviera y pidieron que localizaran al periodista de Prensa Latina.

—¿Lograste entrevistar a Joe Louis? —le preguntó el jefe cuando lo tuvo del otro lado del auricular.
—¡Qué va!, ni lo he podido ver —fue la respuesta.
—¿Cómo, no está ahí?
—Sí, pero no está en su habitación. Me dijeron que está dando una conferencia de prensa y aquí lo estoy esperando en el lobby.

Combativos

Desde los primeros días de 1959, la Agencia Central de Inteligencia, los grupúsculos descontentos de terratenientes, esbirros y propietarios cubanos, y las tiranías caribeñas, se dieron la mano para conspirar contra la Revolución Cubana. Para prevenir un ataque, o un sabotaje que sacara del aire a Prensa Latina, Masetti organizó un grupo especial que garantizara el flujo informativo en cualquier circunstancia.


“Había que aprender de todo —escribió el periodista Roberto Agudo al recordar aquellos tiempos—, desde tirar fotografías hasta operar un teletipo, conocer clave morse, y entrenarse en marchas y en tiro con distintos tipos de armas.”

Todo ello había que hacerlo sin abandonar la rutina periodística, y a intervalos del trabajo, los elegidos debían asistir a la Universidad para superarse. “Allí, con Masetti a la cabeza, se desarrollaban largas marchas por la pista y ejercicios de todo tipo”.

Además, una o dos veces por semana los periodistas elegidos tenían práctica de tiro en La Cabaña y los fines de semana terminaban caminando por la Cordillera de Los Órganos, en Pinar del Río, con toda clase de equipos al hombro.

Cuando el cansancio hacía mella y el ánimo decaía, Masetti era el primero en dar el ejemplo, y arengando al grupo les recordaba a los vacilantes, “Esta es nuestra trinchera, y tenemos que defenderla a toda costa”.

Impotencia

“Quienes se tomen el trabajo de leer la historia de las agencias imperialistas, van a ver que desde principios del siglo pasado (siglo XIX) se repartieron el mundo como un pastel, para que cada imperio pudiera ocultar a los pueblos que oprimían las noticias que más le interesaban”.

Así explicaba Masetti el odio que sentían el gobierno y los medios de prensa norteamericanos por Prensa Latina. Dicha antipatía, según contara el propio director, llegó a niveles ridículos, como cuando invitaron a criminales de guerra y esbirros del gobierno de Fulgencio Batista para que difamaran a la agencia en el Senado de Washington.

La impotencia era tal, que un día llamaron al teniente coronel Manuel Ugalde Carrillo, jefe del servicio de inteligencia militar, para que explicara a una comisión interna la influencia comunista en el área del Caribe. Al hacerlo, obviaban la responsabilidad del testigo en la muerte y tortura de cientos de jóvenes cubanos.

Ya en el Congreso, Ugalde dio fe de que, cuando colaboraba para el gobierno de Batista, pudo comprobar la existencia de PL como una empresa al servicio de los ejércitos comunistas de China, obviando por completo que la agencia nació seis meses después de la huida del tirano.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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