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En 1965 un excelente periodista
argentino, Rodolfo J. Walsh,
escribió en la revista Marcha
sobre un colega y coterráneo
suyo, Jorge Ricardo Masetti: “Su
reportaje a Fidel en la Sierra,
casi al mismo tiempo que Herbert
Matthews, es la hazaña más
importante
―y
más desconocida―
del periodismo argentino.
Matthews tenía alrededor una
aureola que venía de la Guerra
Civil Española; llevaba consigo
el prestigio imponente del
New York Times. Masetti, no
tenía nada, Masetti era un
oscuro cronista de radio El
Mundo cuando en 1958 se mete por
la libre en el laberinto
batistiano, llega a través de
oscuros canales a ese pedacito
de manigua en que 200 barbudos
famélicos están cambiando la
historia y descubre esa
fantástica galería de héroes
risueños y terrenos, Camilo,
Barbarroja, el Che, Ramirito,
que tanto lo impresionaron y a
cuya imagen y semejanza quiso
modelar, y modeló su vida.
Masetti es otro hombre cuando de
ese Olimpo candoroso y brutal
baja a la perturbada
sofisticación de La Habana,
donde se entera que nadie ha
recibido sus reportajes
transmitidos por la emisora
rebelde. Se interna nuevamente
en la Sierra, repite todo el
trabajo, y cuando sale por
segunda vez ha visto la acción,
ha empuñado el fusil y tiene el
grado de teniente del ejército
revolucionario. El libro que
enseguida escribió, Los que
luchan y los que lloran, es
el testimonio apasionante de esa
hazaña y de un momento crucial
en la vida de los cubanos”.
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“La segunda empresa de Masetti
―agregaba
Walsh―
es aun más importante. A
comienzos de 1959, llamado por
la Revolución triunfante, crea
la primera agencia
latinoamericana de noticias que
consigue inquietar a los
monopolios informativos. Masetti
no sabía nada de agencias.
Prensa Latina es una pura
creación suya, hecha a golpes
casi geniales de intuición.
Recuerdo el asombro que sentí
cuando en julio de ese año
llegué a La Habana a
incorporarme al equipo
periodístico y vi los teletipos
funcionando mientras en cada
país de América surgía una
sucursal. El crecimiento de PL
es el más vertiginoso en la
historia del periodismo. A 18
meses de su creación tenía
filiales en cada capital
americana, en Londres, en París,
en Ginebra, en Praga; convenios
firmados con Tass, CTK, Hsin Sua,
las agencias egipcias e
indonesa, le daban un ámbito
mundial. Como negociador,
Masetti mostraba una insuperable
flexibilidad: conseguía que los
norteamericanos le abrieran
canales de teletipo (cuyo
alquiler nunca llegó a pagar)
con Buenos Aires, Santiago, Río,
Caracas, Washington, Nueva York;
que los rusos le prestaran
equipos de detección y escucha;
que los chinos le construyeran
una planta transmisora; que L
Express, de París y el
New Statesman, de Londres
cedieran todos sus derechos
latinoamericanos por ínfimas
sumas. Más de cien clientes en
América Latina y muchos
centenares en los países
socialistas; un volumen
noticioso comparable al de las
agencias norteamericanas;
colaboradores regulares de la
talla de Sartre, Waldo Frank,
Wright Mills; todo esto era
realidad a mediados de 1960.”
Es justa la valoración de Walsh
sobre Masetti y Prensa Latina.
El nacimiento de la agencia
lleva el sello de su padre,
luego guerrillero en diferentes
puntos y Comandante Segundo, en
Saltas, Argentina, donde
desapareció a los 34 años para
que su corta vida fuera un mito
más grande aún.
En ese tiempo fundacional
Masetti señalaba: “El éxito de
esta agencia ha servido para
destruir algunos mitos, entre
ellos, que es
extremadamente costosa una
agencia de noticias… Otro de los
mitos: que nadie sería capaz de
competir con las grandes
agencias de Estados Unidos”.
A menos de un año de quedar
constituida, Prensa Latina tenía
26 corresponsalías, de las que
su gran mayoría estaban en
América Latina, con
corresponsales que trabajaban
legalmente acreditados. Pero los
enemigos del norte no lo podían
permitir y, junto a los ataques
contra
Cuba y la ruptura de
relaciones con la isla
antillana, hicieron que se
cerraran las oficinas de la
agencia, que disminuyeron a diez
en 1961.
Tendrían que pasar varios
lustros para que el continente
despertara y entendiera que el
enemigo no es Cuba. Si hoy
Prensa Latina no tiene muchas
más oficinas en todo el mundo es
por razones económicas o porque
en oportunidades no es
imprescindible tener una oficina
en cada ciudad.
¿Y qué ofrece esta agencia por
encima de las otras? Seguridad.
Todos los periodistas lo
sabemos, mucho más los que hemos
trabajado en redacciones
internacionales. Cuando una está
elaborando una nota de un hecho
crucial allende los mares espera
la confirmación de Prensa
Latina. Muchas veces demora más
que las otras agencias pero
cuando el despacho dice, por
ejemplo, que hubo un golpe de
Estado o que alguien importante
murió, una lo puede difundir.
Por 50 años ha sido así. Y ese
espíritu de difundir la verdad
se lo impuso su fundador, aquel
argentino joven y fumador que
demostró que era posible parir
una gran empresa periodística
desde el vientre de la América
nuestra. |