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Al primer encuentro en la Sierra
Maestra, el Che le dijo que su
Patria era toda la América. Tal
vez, Jorge Ricardo Masetti,
también argentino, quedó
insuflado desde ese instante con
la vocación de pertenecer a todo
el continente y a todas las
causas que reivindicasen la
verdadera libertad de los
hombres. El joven corresponsal
de Radio El Mundo subió a
las montañas rebeldes de Cuba y
descendió con el futuro empeñado
en el devenir de la Revolución.
Ese mismo impulso lo lanzó luego
hasta Argelia, y más tarde hacia
Argentina.
En espera de la llegada de
Guevara, Masetti comandó allí
el grupo que devino, en 1963,
Ejército Guerrillero del Pueblo
(EGP). Nunca se encontraron en
su suelo natal nuevamente los
dos argentinos. El 21 de abril
del `64, el periodista
combatiente desapareció entre la
selva de Salta.
Había fundado en Cuba la agencia
de noticias Prensa Latina (PL),
en medio de una estampida
internacional que cuestionaba a
la Revolución. De 1959 a 1961,
mientras batallaba por extender
la presencia del medio en el
extranjero, plantó la semilla de
la consagración, y despejó el
sendero para la consolidación de
un periodismo nuevo, propio de
Latinoamérica. El compromiso con
los líderes revolucionarios de
la Isla, hizo que su actuación
desbordara el trabajo en PL,
para participar en los
interrogatorios a los
mercenarios de Playa Girón y en
la Lucha contra Bandidos.
Las cartas que tras la partida
definitiva escribía a su esposa
Concepción Doumois, dan fe de
que ese espíritu humanista no lo
abandonó nunca. Hoy, Conchita,
―como también se conoce a la
compañera de Masetti― ofrece, sin
duda, el testimonio mejor de
aquellos años. Aún no se decide
a divulgar las misivas que
intercambiaba con Jorge ―lo
llama así, con la intimidad del
recuerdo―, y se le quiebra la
voz por la emoción revivida.
Un intenso epistolario da cuenta
de la estrechez del vínculo
sentimental entre Ud. y su
esposo, pero esas cartas
trascendían la normal
comunicación entre la pareja,
para compartir reflexiones y
juicios sobre la Revolución y su
entrega a ella. ¿Qué puede
agregar sobre esa
correspondencia?
Tengo 11 cartas inéditas. Las he
ido dando en pedacitos, pero no
completamente. Sobre todo he
entregado las que hacen
referencia a la Revolución,
pasajes que se dieron, etc.
También está el aspecto privado
entre él y yo. Realmente a mí me
hacen mucho daño. Yo todavía las
leo o me acuerdo de ellas y me
conmueven, pero son muy
hermosas. Algún día me decidiré
a publicar una gran parte.
Al partir para siempre, Masetti
tenía solo 35 años y Ud.
compartía con él esa misma
juventud. ¿De qué forma recibió
la noticia de su desaparición,
la desesperanza de haber perdido
a su compañero tan
tempranamente?
Lo dejé de ver cuando tenía 33.
Yo era diez años más joven. Fue
muy difícil, porque Jorge se va
cuando nuestra hija Laurita
tenía 25 días de nacida. O sea,
que prácticamente no la
disfruta. En todas sus cartas
habla de la era de Laurita,
porque realmente Jorge era muy
optimista. Siempre nos
transmitió la idea de que nos
íbamos a volver a ver, que no
iba a pasar nada.
Fue tremendo, porque yo
trabajaba en un lugar donde vi
llegar los cables por los que se
supo que había caído la primera
parte de la guerrilla, que
habían caído presos otros
compañeros como Castellanos, y
de Masetti nunca se supo. La
idea que teníamos era que
físicamente no estaba bien.
Había tenido una caída muy
grande en Argelia, que implicaba
muchas dificultades: se le
inflamaba la columna, le costaba
caminar.
Entonces hubo un período en mi
vida en que yo casi no podía
comer, porque pensaba que Jorge
se estaba muriendo de hambre.
Fue muy difícil, pero muy
intenso. Creo que es como una
varita mágica que te toca con
algo que no todo el mundo vive.
Ernesto Guevara visitaba con
frecuencia PL, dicen que llevaba
él mismo el dinero del
financiamiento de la agencia en
una maleta. ¿Cómo describe sus
lazos con PL, y la relación de
Masetti con el Che?
Creo que no era así del todo.
Borrego era quien entregaba los
dineros y también Celia. Pero
efectivamente eran muy
recurrentes sus visitas. El Che
llegaba a Prensa Latina a las
doce de la noche, en la
madrugada. Hermes Peña, que cae
después en la guerrilla con
Masetti, era casi siempre el
que iba allí como su escolta.
También lo acompañaba Harry
Villegas. Allí estaban sentados
en mi oficina, delante de la de
Masetti, y conversábamos
muchísimo. Si me preguntas sobre
qué no me acuerdo exactamente,
pero sé que hablábamos de la
familia, de cuestiones como
esas.
Hay una anécdota muy simpática,
que publicó hace poco el diario
Juventud Rebelde y que yo
recordé con agrado. Una noche
estaba en mi oficina y no me di
cuenta de que ellos habían
salido, porque Masetti tenía
una entrada directa a la
Redacción y salieron por allí.
Los dos empezaron a correr y a
deslizarse por los pasillos de
Prensa Latina, para ver quién
llegaba antes. Cuando yo salí
porque sentí aquel ruido, no
entendía nada. Parecían un par
de muchachos. Tenían una muy
linda amistad.
El Che conmigo fue muy deferente
siempre. Nos quiso mucho a mí y
a mi hija. Se ocupó de los otros
hijos de Jorge, quien fue muy
buen padre y siempre me pedía en
las cartas que me ocupara de los
muchachos.
Igualmente en los primeros años
de fundada, en Prensa Latina
confluyeron personalidades
descollantes tanto en el plano
de la política, como en el de
las letras. Pudiera mencionar
ahora al propio Fidel, a García
Márquez o Rodolfo Walsh. ¿Cuáles
anécdotas conserva de ese
período fundacional, del
ambiente de la agencia al darse
cita allí figuras como estas?
Había un nivel profesional muy
alto. Y la dirección de la
Revolución estaba muy al tanto
de lo que estaba pasando en
Prensa Latina, lo cual era
importantísimo. La preparación
de los que trabajaban en la
agencia era elevada. Quizá no en
cuanto al quehacer de agencia de
prensa propiamente, porque
ninguno de ellos tenía esa
experiencia, pero allí fueron
descubriendo cómo era.
Yo trabajé un tiempo con Rodolfo
Walsh en los servicios
especiales. Realmente se
contactaron personalidades muy
importantes: Sartre, Simone de
Bouvoir, vinieron personalidades
muy relevantes convocadas por la
agencia Prensa Latina. No
solamente llegaron del área
occidental, recuerdo la primera
reunión de agencias de prensa
del campo socialista, organizada
por PL. Vinieron representantes
de todos los países socialistas.
Ya después de aquella época me
quedan recuerdos lindísimos. Por
ejemplo, todavía soy amiga del
Gabo y veo lo difícil que es
para él hablar de Jorge. En un
documental realizado por los
nietos de Masetti, Gabo dice
que cuando él supo que se había
ido, sabía también que no
regresaba. Eran amigos muy
fuertes. Afortunadamente a mí me
ha quedado esa amistad de 50
años.
Conocemos que el proceso de
establecimiento de las
corresponsalías en el extranjero
fue ampliamente difícil y
adverso. ¿Cómo recuerda ese
proceso?
Hay un período en el cual es muy
complejo todo, porque empiezan a
poner una serie de trabas
burocráticas para no dejar que
se abrieran las sucursales.
Después, como el destino de
Prensa Latina estaba y ha estado
―50 años más tarde― tan ligado
con el de la Revolución Cubana,
cuando se empezaron a romper
las relaciones
diplomáticas con Cuba,
expulsaban a los corresponsales
y cerraban las sedes de la
agencia en el extranjero, era
toda una cadena. Ahora aún es
complicado porque permanece el
bloqueo de EE.UU., aunque
afortunadamente hay una serie de
países en América Latina que
fortalecen los lazos de amistad
con nuestro país, y Prensa
Latina ha ido creciendo.
Para mí estos son dos momentos
históricos: al inicio, en el año
1959 con las barreras de las que
habla Rodolfo Walsh, quien para
dejar abierta la corresponsalía
en Río de Janeiro, tuvo que
entregar los papeles más
increíbles del mundo. Por otro
lado, cuando se lograron
constituir las sucursales, viene
el momento de las rupturas.
Acerca del modo en que comandaba
la agencia, destaca siempre
entre las remembranzas de sus
compañeros el apego de Masetti
al principio de “ser objetivos,
pero no imparciales”. ¿Cuáles, a
su juicio, fueron los
principales rasgos de su
liderazgo en el medio de prensa
que fundara en 1959, para hacer
frente al colonialismo de la
información por los grandes
consorcios mediáticos?
Lo más destacado era su propia
dedicación. Él no pedía a nadie
que trabajara hasta el otro día
buscando la noticia, etc. Él se
sentaba a buscarla, si era
necesario ir al teletipo a
lanzar una información al mundo,
él lo hacía. Si había que ir a
Playa Girón, ahí estaba él, si
había que apoyar la lucha contra
bandidos, él iba, si había que
estar en Costa Rica, él iba al
frente de la delegación. Eso es
muy importante, es una máxima
del Comandante en Jefe y de
Raúl: estar a la vanguardia de
su pueblo siempre.
Hace poco oí una frase que me
gustó mucho: “Prensa Latina es
una Isla dentro de Cuba”, todo
lo que le va pasando a la
Revolución y al país, le pasa
igualmente a la agencia.
Masetti bebió mucho de las
enseñanzas del Comandante y del
Che y de su máxima de ponerse al
frente de las actividades, lo
cual lo llevó a tener ese
liderazgo, a ser reconocido y
respetado.
Por esos valores lo admiran
quienes conocen de su historia.
Pero si Ud. tuviera que destacar
la mayor virtud de Masetti,
aquello por lo cual le admira o
le quiere más, ¿qué mencionaría?
Su honestidad, su veracidad, su
no imparcialidad, su
objetividad. También por un amor
familiar muy grande, y un
afecto, un amor intenso hacia
sus amigos.
En sus cartas me dice que los
cubanos son sus primeros amigos,
a pesar de que sufrió mucho.
Es algo que a los extranjeros
les debe pasar en cualquier país
de mundo: cuando nos sentimos
extranjeros, nos parece que hay
siempre algo en contra de uno;
pero en realidad no era tan
complicado ese fenómeno aquí.
Masetti se va de Prensa Latina
en el año 1961.
Regresa cuando Playa Girón,
porque Fidel y Dorticós le piden
que se haga cargo de la agencia
en esa fecha. Luego, va a los
interrogatorios a los
mercenarios y ya de ahí empieza
a viajar a África, se convierte
en el primer cubano ―siendo
argentino― que hace contacto con
importantes líderes de ese
continente.
El 13 de marzo de 1962, alguien
lee públicamente en la
escalinata de la Universidad de
La Habana el testamento político
de José Antonio Echeverría y
omite una frase que tiene que
ver con Dios. Cuando Fidel
interviene, reprocha ese hecho.
El 26 del mismo mes el
Comandante habla en la
televisión, y explica lo que ha
sido el proceso del sectarismo.
Un día antes, Celia llama a
nuestra casa ―en J entre 15 y 17
en el Vedado― y le pide a Jorge
que vaya a verla. Allí él estuvo
toda la tarde. Cuando regresó me
dijo: “el Comandante me explicó
todo lo que va a decir mañana”.
Fidel tuvo la gentileza de
llamar a Jorge, y de explicarle
lo que iba a mencionar al día
siguiente.
Aunque todo fue muy triste para
Jorge,
encontró una compensación,
porque siguió trabajando,
asumiendo misiones muy
delicadas.
¿Hay algún recuerdo, alguna
anécdota que no quisiera dejar
de compartir con quienes deben
conocer y reconocer más a
Masetti, como hombre y como
revolucionario?
Son muchas vivencias. Lo que
dicen las personas que lo
conocieron es que lo recuerdan
con mucho cariño. La palabra
amistad para él era sagrada. La
palabra periodismo también. No
dejaba ni un minuto de ser un
excelente periodista.
Algunos días nos íbamos de
paseo. Llevábamos un anafre,
carbón, y él hacía un asado
argentino y yo el chimichurri
como él me lo había enseñado.
Estábamos en el Salado, hubo una
explosión gigantesca y vimos la
columna de humo. Enseguida nos
fuimos, me dejó en nuestro
apartamento del Focsa y siguió a
cubrir la noticia de la
explosión de La Coubre. Para él
eso era lo más importante. Como
lo era también estar en las
tareas principales de la
Revolución.
Carlos Amat, en la entrega de un
reconocimiento a Prensa Latina,
dijo que Masetti subió a la
Sierra, casi sin conocer lo que
representaban Fidel, el Che,
Raúl, la dirección de la
Revolución Cubana. Pero cuando
bajó de allá quedó totalmente
convencido de que su papel era
estar junto con ellos. Eso lo
marcó para siempre. A partir de
ahí fue muy dedicado, muy
entregado a todas las misiones
que se le encomendaron, y
transmitía mucho optimismo.
Sorprende como la palabra
Revolución, de la que hablábamos
al principio, se fue ampliando
para Masetti: Cuba, África,
Argentina… ¿Cómo vio Ud. ese
proceso en él, esa apertura, que
tenía que ver con la vocación
por hacer justicia?
Tengo que ser sincera. Me parece
que en aquel momento no me di
cuenta como me estoy dando
ahora, que puedo mirar
retrospectivamente y hacer un
análisis. En aquellos tiempos
para mí estaba muy claro todo:
que Masetti se iba, que iba a
estar en la guerra, que era
Argentina… Lo habíamos
conversado, pero todo sucedió
muy rápido.
Yo salgo embarazada en febrero
del ´62, mientras él pasaba la
Escuela Superior de Matanzas.
Luego se va a Argelia, y después
de la liberación de este país,
regresa. Ya está con los
compañeros Furry, Hermes Peña y
Ricardo Martínez Tamayo, pero
cubanos no hay muchos, la
mayoría es de Argentina, y se
van con él. Entonces empieza el
proceso de la Crisis de Octubre.
Yo nunca pensé que él se fuera
en el año 1962. Nunca lo creí
tan apresurado como resultó.
Como te había dicho, mi hija
nació el 2 de noviembre de 1962.
El Che fue a verme al hospital
alrededor del día 4. Al día
siguiente, Jorge llegó de Pinar
del Río, y el 27 de ese mes se
fue.
No hubo tiempo. Hay una carta
muy linda de Jorge en la que me
dice: “yo me quise despedir de
todos los amigos y no nos
alcanzó el tiempo”.
Al principio ―diciembre de
1962―, cuando yo le escribí a
Jorge, él estaba en Praga. Yo
solicité a Celia ir a pasar el
fin de año con él. Ella, tan
entrañable, comenzó los
trámites, pero el Che dijo que
no era justo que fuera de visita
solo la esposa del jefe.
Después fue de Praga a Argelia,
de allí a Bolivia, más tarde a
Tarija y finalmente a Salta. |