|
El 16 de junio de 1959 nació en
La Habana un proyecto
comunicacional de alcance
internacional para proponer una
visión de la realidad
latinoamericana diferente a la
de los monopolios mediáticos de
entonces.
La nueva organización surgió
bajo la influencia de la
triunfante Revolución cubana y a
uno de sus principales
impulsores, el comandante
Ernesto Ché Guevara, se le
atribuye su nombre: Prensa
Latina, una agencia de noticias
objetiva pero no imparcial,
creada para hacer la revolución
en el periodismo latinoamericano
como afirmaba su primer
director, el periodista
argentino Jorge Ricardo Masetti.
“Ahora –señalaba Masetti- ya
nadie podrá ocultar la verdad de
nuestra lucha. No va a pasar
como cuando en 1950 se levantó
el pueblo de Puerto Rico contra
el opresor imperialista y las
agencias yanquis informaron al
mundo que ‘un pobre loco –el
patriota Pedro Albizu Campos-
con un grupo de jóvenes
revoltosos, había tratado de
perturbar el orden’. No se dijo
nada de los cientos de muertos,
de la represión al pueblo, de
los bombardeos de punta a punta
de Puerto Rico, ni de los
asesinatos que cometieron las
tropas del imperialismo yanqui”.
(Masetti:1960)
En esa época, el telégrafo y las
ondas hertzianas eran los medios
más avanzados en el campo de las
telecomunicaciones y un grupo
reducido de agencias de noticias
controlaban la mayor parte de
los flujos informativos
internacionales desde la
posición privilegiada que
ocupaban, y siguen ocupando, en
la cúspide del sistema de
medios, como receptoras,
seleccionadoras y distribuidoras
de los objetos de referencia de
interés público que configuran,
en buena medida, la agenda de
sus abonados.
Las agencias de noticias fueron
las primeras organizaciones
mediáticas de alcance global,
estuvieron entre las primeras
corporaciones transnacionales y
han jugado, desde su aparición
como modelo comunicacional a
mediados del siglo XIX, un papel
protagónico en la globalización
(BOYD-BARRET: 1998,1) del
sistema capitalista y en la
construcción de su hegemonía a
nivel internacional.
Coincido con Oliver Boyd-Barret,
cuando afirma que las agencias
de noticias fueron de las
primeras organizaciones globales
productoras y distribuidoras de
“conciencia”, mediante la
mercantilización de la
información noticiosa con
implicaciones significativas
para nuestra comprensión y
reconocimiento del tiempo y el
espacio (BOYD-BARRET: 1998,7). A
esta afirmación habría que
agregar que las agencias no han
actuado solas en ese proceso,
sino que lo han hecho como parte
de las industrias culturales en
el concierto de las
instituciones creadas por el
sistema para su producción y
reproducción en un orden social
determinado.
Tales circunstancias explican
por qué los creadores de Prensa
Latina pensaron en una agencia
de noticias como el medio más
eficaz para generar una visión
emancipadora de la realidad. Si
la Revolución cubana hubiera
triunfado un cuarto de siglo más
tarde, tal vez habrían optado
por un canal de televisión
internacional como Telesur.
Alternativos respecto a qué,
para qué, con qué y cómo.
¿Es Prensa Latina un medio
alternativo, o puede ser ubicada
en la categoría de la denominada
comunicación alternativa?
Al margen del debate sobre qué
es lo alternativo en el ambiente
mediático contemporáneo, es
bueno recordar que lo hegemónico
en cada momento histórico fue
alguna vez alternativo, aunque
no todo lo alternativo haya
llegado a ser hegemónico, ya sea
porque fracasó en el intento,
porque se resignó a ocupar un
lugar secundario respecto a un
referente principal, o porque
terminó siendo asimilado por
éste. Para saber cuáles son
nuestras aspiraciones debemos
preguntarnos ¿alternativos
respecto a qué, para qué, con
qué y cómo?
Una vez respondidas estas
preguntas podremos identificar a
nuestros adversarios, conocer
cómo operan y de qué fuerzas
disponen; definir nuestros
propósitos estratégicos; saber
con qué recursos contamos para
alcanzarlos; y determinar cómo
lo haremos.
Desde su fundación, Prensa
Latina ha estado presente en la
cobertura de los acontecimientos
noticiosos más importantes de
nuestra región y del resto del
mundo, procurando siempre la
construcción de una agenda y un
marco interpretativo propios,
opuestos a la estrategia
homogeneizadora y de pensamiento
único de la hegemonía
capitalista.
La nuestra es una acción
consciente de resistencia de
largo aliento, encaminada a
dotar al público de la
información necesaria para
identificar la situación de
dominación y su naturaleza.
De Marx aprendimos que “las
ideas de la clase dominante son
las ideas dominantes en cada
época; o, dicho en otros
términos, la clase que ejerce el
poder material dominante
en la sociedad es, al mismo
tiempo, su poder espiritual
dominante…” (C. MARX y F.
ENGELS:1973, 45).
En correspondencia con esa
sentencia marxiana, el discurso
de Prensa Latina tiene como
objetivo principal promover la
creación de espacios para
fomentar una visión de la
realidad crítica,
democratizadora y participativa
que contribuya a la construcción
de la hegemonía alternativa a la
cual se refería Antonio Gramsci,
cuando llamaba la atención sobre
la necesidad de superar la
visión del mundo caótica,
descentrada, incoherente,
estática y conservadora del
sentido común, “la filosofía de
los no filósofos”, la concepción
del mundo de las clases
subalternas bajo los efectos de
la dominación.
La hegemonía, concebida por
Gramsci como forma de liderazgo
intelectual, moral, ideológico y
cultural, se construye en un
intrincado y conflictivo proceso
de seducción, enfrentamiento,
negociación, alianzas y
resistencia, mediante el cual la
clase dominante logra la
dirección de la sociedad sin
recurrir, como regla, a la
violencia coercitiva.
"El ejercicio normal de la
hegemonía [...] se caracteriza
por una combinación de fuerza y
consenso, que se equilibran de
diferentes maneras, sin que la
fuerza predomine demasiado sobre
el consenso, y tratando de que
la fuerza parezca apoyada en la
aprobación de la mayoría,
expresada mediante los llamados
órganos de la opinión pública"
Gramsci (1975:1638).
En la hegemonía descrita por
Gramsci está implícita la
inmanencia social del poder,
concepción desarrollada
posteriormente por otros
pensadores como Michel Foucault
y Pierre Bourdieu.
“…El poder no es visto como una
cosa que se adquiere o se
pierde. Su estatuto no es el de
“ente objeto”, sino el de
relación. Por ende, no es
posible identificarlo sólo con
la acción represiva, de barrera
negadora de posibilidad de otra
opción. Al interpretarlo como
hegemonía, Gramsci está
destacando su positividad, su
mundo operativo, también (y
sobre todo) productivo y
posibilitador. El poder es
relación de fuerzas, actividad.
Implica confrontación
permanente, conflicto,
contraposición de vectores…”.
(ACANDA: 2002, 292).
Gramsci llegó a estas
conclusiones tratando de
explicarse por qué no se
producían las revoluciones
proletarias en países donde
existían condiciones objetivas
para el derrocamiento del
régimen burgués y descubrió que
el sistema poseía estos recursos
para manejar sus crisis y
contradicciones.
Casi un siglo ha transcurrido
desde entonces, pero la esencia
del capitalismo sigue siendo la
misma y el papel de la cultura
en la producción y reproducción
de la sociedad contemporánea ha
alcanzado una importancia
superlativa.
Las tesis gramscianas son
fundamentales para entender las
subjetividades del mundo en esta
etapa de globalización
neoliberal bajo la hegemonía de
Estados Unidos, sustentada en lo
ideológico por una poderosa y
sofisticada maquinaria
productora de sentidos.
Aunque Prensa Latina cuenta con
receptores en todo el mundo y
sus productos y servicios
informativos son multilingües,
el eje central de su cobertura
está en América Latina, con sus
complejidades socioculturales:
subdesarrollo, dependencia,
recolonización, exclusión
social, polarización extrema de
la riqueza, multietnicidad,
multiculturalidad, religiosidad,
y diversidad de imaginarios
sociales que rivalizan y se
entrecruzan en procesos de
permanente conflictividad y
crecientes mutaciones, en los
cuales “resistencia y sumisión,
autodeterminación y dominación
se entrelazan dialécticamente” (MARQUEZ
CASTRO: 2005).
En las circunstancias actuales,
nuestro mensaje está dirigido,
fundamentalmente, a audiencias
sometidas a la fragmentación
social; a la supresión de lo
público; al aislamiento de los
individuos enfrentados entre sí
en una lucha feroz y despiadada
por la supervivencia; y al
consumismo desenfrenado
estimulado por el
neoliberalismo.
El individualismo; la falsa
percepción de libertad personal
y de oportunidades para quienes
posean las capacidades y
habilidades para insertarse en
el sistema; la pasividad y la
resignación; y el
enriquecimiento individual como
meta final son valores del
sentido común prevaleciente en
una buena parte de la humanidad,
que los acepta como naturales,
universales e inmutables.
Sin embargo, como bien advertía
Gramsci, en las clases
subalternas existe también
-opuesto al sentido común- un
núcleo positivo o buen sentido,
punto de partida para la
construcción de la hegemonía
alternativa, la cual sólo será
posible mediante una labor
paciente y sostenida de
penetración cultural.
[…] toda revolución –apuntaba-
ha sido precedida por un intenso
trabajo de crítica, de
penetración cultural, de
permeación de ideas a través de
agregados humanos al principio
refractarios y sólo atentos a
resolver día a día, hora por
hora, y para ellos mismos su
problema económico y político,
sin vínculos de solidaridad con
los demás que se encontraban en
las mismas condiciones”
(GRAMSCI: 1916).
Coincido con Rolando González
Patricio, en que la estrategia
antihegemónica desde América
Latina y el Caribe “ …necesita
de fuentes que van desde el
profundo conocimiento de las
tendencias en curso hasta la
rearticulación de la tradición
de resistencia […] El legado
martiano aporta hoy al menos
tres de los fundamentos
estratégicos necesarios para
tomar parte activa en la guerra
cultural que parece imposible
esquivar: la asimilación crítica
de las culturas externas, la
internacionalización de nuestros
valores culturales como acción
de defensa en el camino de la
independencia, y la búsqueda –en
cultura como en economía y
política- de una integración
realmente liberadora”.
(González, 2003: 257-266).
La construcción de una
alternativa mediática
latinoamericana es impensable
sin tomar en cuenta los estudios
comunicológicos realizados en
nuestra región durante los
últimos 40 años, entre ellos los
de Jesús Martín Barbero quien
alertó sobre la conveniencia de
pensar la comunicación desde la
cultura y buscar no en los
medios, sino en las mediaciones,
el papel de la comunicación de
masas en las representaciones
subjetivas que hacen los
individuos de la realidad.
Estas propuestas, y las de otros
investigadores que estudiaron la
influencia de los medios desde
la perspectiva del consumo,
representan una ruptura respecto
al “mediacentrismo”, lo cual no
significa ignorar la importancia
de los medios en la creación y
desarrollo de la conciencia, ni
despojarlos de su función
ideológica y clasista, sino
colocarlos en el lugar que les
corresponde para saber cómo
operan y cómo influyen en sus
contenidos las mediaciones que
intervienen en el proceso
comunicativo, con la activa
participación de emisores y
receptores.
Al describir las mediaciones
como espacios necesarios y
positivos de relaciones
inherentes a los procesos
comunicativos, con la activa
participación de emisores y
receptores en una interacción
dialéctica, Martín Barbero deja
atrás viejos conceptos según los
cuáles las mediaciones cumplían
sólo una función instrumental o
eran simples instancias de
interpretación intencional de la
realidad, por aquello de que
todo es según del color del
cristal con que se mira.
Pensar la comunicación desde la
cultura a través del paradigma
de las mediaciones es un punto
de partida interesante para
entender que al analizar el
impacto social de los medios de
la dominación “…no basta con
señalar –como destaca Manuel
Martín Serrano- que la
información es incompleta o está
deformada; ni con mostrar que en
ocasiones es falsa o no resulta
pertinente; ni tampoco con
probar que responde a intereses
de clase. Para comprender el
control social que se canaliza
por la información se necesita
aclarar qué aportan los
productos comunicativos y qué
ocurre en las conciencias de las
personas para que acepten como
suyas unas interpretaciones del
mundo que son contrarias tanto a
la objetividad como a sus
intereses” (MARTIN SERRANO:
1986,42).
“[…] Estas representaciones
(ideológicas) –indica- son
eficaces porque, aunque
partidarias, ni son arbitrarias
ni son gratuitas, ni están
exclusivamente destinadas a ser
asumidas por los grupos
dominados. La representación
ideológica de la realidad ofrece
un modelo del mundo reconocible
en el entorno o tácticamente
posible; sugiere a los Actores
comportamientos factibles y
aceptados; y describe
situaciones que suelen ser las
más probables […] La condición
ideológica de un modelo del
mundo que expresa un orden
político determinado procede de
que se da por supuesto que ese
funcionamiento social es el
único que merece ser conservado,
el único legítimo, razonable o
viable”. (MARTIN SERRANO: 1986,
43).
La calidad de los productos y
servicios informativos.
Prensa Latina elabora y
transmite sus productos
comunicativos siguiendo las
normas, estructuras narrativas y
los principios de inmediatez,
continuidad y diversidad de la
cobertura, generalmente
aplicados por todas las agencias
de noticias, independientemente
de su filiación ideológica.
La agencia difunde un promedio
de 350 despachos diarios en
español, inglés, portugués,
italiano, ruso y turco; cuenta
con miles de receptores en 150
países; ofrece también productos
y servicios de fotografía,
radio, televisión y multimedia;
produce más de 20 publicaciones
periódicas de circulación
nacional e internacional; y
mantiene 14 sitios web con una
creciente visibilidad. Uno de
esos sitios es
www.visionesalternativas.com,
un espacio al servicio del
periodismo progresista y
antihegemónico, en el cual
participan más de 30 medios
hispanohablantes.
Prensa Latina funciona en un
mercado mediático internacional
controlado por competidores
mucho más poderosos desde el
punto de vista tecnológico y
financiero, cuyos contenidos
-por lo general- no tienen que
vencer los prejuicios políticos
o la abierta oposición
ideológica de propietarios de
medios aferrados al monólogo, el
verticalismo, la
unidireccionalidad, el elitismo
y la manipulación en la relación
con sus audiencias.
Aún así, nuestros receptores se
han multiplicado en los últimos
años, debido –entre otras cosas-
a una mayor calidad de nuestros
productos y servicios
informativos y a una estrategia
de comercialización más
eficiente.
La calidad del producto
periodístico es una de nuestras
preocupaciones mayores, pues
creemos que forma y contenido
han de marchar juntos para que
el mensaje tenga el alcance
deseado, lo cual sería imposible
si nuestro discurso no estuviera
en sintonía con estructuras
narrativas y códigos de creación
e interpretación simbólicas
reconocibles por nuestros
receptores.
La información veraz y oportuna
es nuestro atributo más preciado
y al propósito de transmitir la
verdad, con la debida
intencionalidad y objetividad,
sin manipulaciones sectarias o
estrechas, sacrificamos
cualquier otra consideración.
A propósito de la búsqueda y
difusión de la verdad en las
alternativas mediáticas de
nuestro tiempo, vale la pena
recordar a Bertolt Brecht,
(BRECHT: 1934) quien describió
así las “Cinco dificultades para
escribir la verdad”:
·
El valor de escribir la verdad,
aunque en todas partes la
sofoquen.
·
La sagacidad de reconocerla,
aunque en todas partes la
desfiguren.
·
El arte de hacerla manejable
como arma.
·
El juicio de escoger aquellos en
cuyas manos resultará más
eficaz.
·
La habilidad para propagarla
entre éstos.
La modesta experiencia acumulada
por Prensa Latina durante casi
medio siglo, nos ha servido para
comprender que las alternativas
mediáticas a la hegemonía
capitalista no surgen ni crecen
por generación espontánea, sino
que deben ser construidas
mediante una adecuada
combinación de la teoría y la
práctica, teniendo en cuenta las
características de cada momento
histórico.
Cada alternativa es resultado de
momentos y experiencias
diferentes, por lo que no
existen dos iguales y en esa
diversidad reside uno de
nuestras fortalezas principales.
Sin embargo, debemos seguir
trabajando en la articulación de
esfuerzos y proyectos
aprovechando las ventajas que
ofrecen las tecnologías de la
información y las
comunicaciones, en especial las
redes.
En la búsqueda de alternativas,
habrá que evitar la tentación de
proponer una nueva visión de la
realidad a partir de
imposiciones y frivolidades de
signo contrario. Las nuevas
agendas y contenidos tendrán que
responder a un modelo
comunicativo en el que emisores
y receptores interactúen e
intercambien roles en un diálogo
constructivo, en las mayores
condiciones posibles de
igualdad.
No basta simplemente con
construir una agenda y un marco
interpretativo propios para
abordar los temas ignorados por
los grandes poderes mediáticos
ni otorgar mayor o menor
jerarquía a otros. Una
alternativa mediática que
pretenda contribuir a
transformar la hegemonía
dominadora en una hegemonía
emancipadora tendrá que estar
acompañada por una nueva forma
de hacer periodismo, en el cual
las rutinas productivas de
nuestros medios y la cultura e
ideología de sus profesionales
juegan un papel decisivo.
Se trata de una verdadera
revolución en el periodismo
basada en la educación recíproca
y simultánea de los actores
situados a ambos lados del
proceso comunicativo, en la
aspiración suprema de alcanzar
la emancipación plena de los
seres humanos en un mundo mejor
que no sólo es posible, sino
también necesario.
Notas:
Acanda, J. L. (2002).
Sociedad civil y hegemonía.
La Habana: Centro de
investigación y desarrollo de la
cultura cubana Juan Marinello.
Berger, P.L. y Luckmann, T.
(1999). La construcción
social de la realidad.
Buenos Aires: Amorrortu.
BRECHT, Bertolt. (1934) ¨Cinco
dificultades para escribir la
verdad¨, en la publicación
digital Librínsula (2005).
Consultada el 4-10-2005 en
http://www.bnjm.cu/librinsula/2005/marzo
/63/documentos/documento229.htm
Boyd-Barret, O. y Rantanen, T. (Eds.)
(1998). The Globalization of
News
(caps.
I y II). Londres: Sage.
Consultado el día 1 de junio de
2006 en
http://www.csupomona.edu/~oboydbarrett/site/RecentPublishedArticles/
Giacomini, R. (2001). Antonio
Gramsci. La Habana: Centro
de Investigación y Desarrollo de
la Cultura Cubana Juan
Marinillo.
González Patricio, R. (2003).
La comunicación intercultural en
la valoración martiana, en
Por el equilibrio del mundo.
México, Cámara de Diputados,
vol. VI, pp. 257-266, citado por
el autor en Hegemonía y
guerra cultural: aproximaciones
a una estrategia de resistencia
desde América Latina y el Caribe,
en Cuba Socialista No. 33, pp.
24-32. Consultado el 30-01-07 en
http://www.cubasocialista.cu/texto/cs0173.htm
________________
( 2004). Hegemonía y guerra
cultural: aproximaciones a una
estrategia de resistencia desde
América Latina y el Caribe,
en Cuba Socialista No. 33, pp.
24-32. Consultado el 30-01-07 en
http://www.cubasocialista.cu/texto/cs0173.htm
Gramsci, A. (1916).
Socialismo y Cultura. I.G.P;
S.G 22-26. Consultado el 3-05-07
en
http://www.gramsci.org.ar/1/4.htm
__________ (1973). Antología.
La Habana: Editorial Ciencias
Sociales.
Gramsci, Antonio (1975):
Quaderni del carcere, Turín,
Einaudi. Citado por González
Patricio, R. en
Hegemonía y guerra cultural:
aproximaciones a una estrategia
de resistencia desde América
Latina y el Caribe,
en Cuba Socialista No. 33, pp.
24-32. Consultado el 30-01-07 en
http://www.cubasocialista.cu/texto/cs0173.htm
Márquez Castro, R.A. (2005?).
Miradas a las relaciones de
poder. Consultado el
03-05-07 en
http://misioncultura.minamb.gob.ve/descarga/01/desc69.pdf.
Marx, C. y Engels, F. (1973).
Feuerbach, oposición entre las
concepciones materialista e
idealista (primer capítulo de La
ideología alemana). C. Marx
y F. Engels, Obras Escogidas
en tres tomos, t. I, pp.
11-81. Moscú: Editorial
Progreso.
Martín-Barbero, J. (1987).
De los Medios a las Mediaciones:
Comunicación, cultura y
hegemonía. Barcelona:
Ediciones Gilí S.A.
Martín Barbero, J. (1995).
Secularización, desencanto y
reencantamiento mass mediático.
Consultado el 02-05-07 en
http://www.felafacs.org/files/7MartinB.pdf.
Martín Serrano, M. (1986).
La Producción Social de la
Comunicación. Madrid:
Alianza Editorial
Masetti, J. R. (2006). Los
que luchan y los que lloran y
otros escritos inéditos.
Buenos Aires: Nuestra América.
Sunkel, G.(2002). Una mirada
otra. La cultura desde el
consumo. Consultado el
02-05-07 en
http://bibliotecavirtual.clacso.org.ar/ar/libros/cultura/sunkel.doc |