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Ulises Rodríguez Febles es un excelente
dramaturgo. Si lee estas líneas se
sonrojaría toda su cara de muchacho de
pueblo; pero hablar de Ulises es también
decir que desarrolla en Matanzas
―espléndida ciudad cubana, cerca del mar
y al centro de nuestra cultura― una
labor formidable de preservación de la
memoria teatral, un bastión de estímulo
para investigadores de la escena.
En las artes escénicas es muy valioso
todo lo que sea retener algo de la
consustancial fugacidad del teatro o la
danza. Siempre lamento que algunas
puestas en escena no tengan ni dos
paginitas de un programa de mano para
defenderse del olvido. Ahora las
grabaciones en DVD pueden conservar un
recuerdo con cierta eficacia, aunque esa
grabación nunca podrá reproducir el
diálogo irrepetible entre el espectáculo
y su público.
No he sido muy cuidadoso para preservar
papeles o fotos. Pronto me iré hasta
Matanzas y pondré en las manos de Ulises
los recortes de años de crítica teatral
o las páginas amarillentas de la obra
teatral con la que me gradué en el
Instituto de Arte. Le advertí que no me
interesa que nadie la lea completa. Hay
obras que es mejor dejar atrás, que
forman parte de la prehistoria.
Las bibliotecas, los centros de
investigación, la memoria de los
historiadores se afanan en el presente y
tienen su mirada puesta en el futuro.
Junto con Rodríguez Febles trabajan
varios jóvenes cubanos, procedentes de
diversas carreras universitarias. Debe
ser estimulante que te dirija alguien
así, humilde hasta el pudor; padre de
tres hijos, este muchacho que uno no se
imagina sobre un escenario pero que
también ha actuado. Y toda esa variedad
de talento y de virtudes nutre su labor
al frente de los archivos. Ulises sabe
desde cómo nace el teatro desde el
amasijo de palabras y gestos de un
texto, hasta el sudor del intérprete
sobre el escenario. De todo ese proceso
quedan huellas, pistas, remembranzas
―tenues pero válidas― del momento en que
una puesta en escena estalló frente a su
público.
Nadie sabe por qué año de la enseñanza
primaria anda ahora el investigador que
se servirá de esta labor de hormiga, de
estos desvelos de Ulises y su equipo
para escribir su tesis de grado o
completar un libro erudito y eficaz. A
mi amigo eso le hace feliz. Como la mía,
su familia viene del campo y sabemos que
para que se dé bueno el arroz o los
garbanzos hizo falta que alguien pasara
la contraseña oral de las buenas
prácticas agrícolas; el pequeño secreto
que propicia que las semillas germinen
con similar vigor de una generación a
otra. El arte teatral es también así de
artesanal, colectivo, con mucho de
esfuerzo anónimo detrás del relumbre de
cada firma consagrada. |