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En la madrugada de este
domingo 28 de junio
fuerzas militares
secuestraron al
presidente de Honduras,
Manuel Zelaya, con lo
que se perpetró un golpe
de Estado contra el
mandatario
centroamericano, que
había convocado a una
consulta popular para
decidir sobre el
establecimiento de una
Asamblea Constituyente
que habilitara una
reforma constitucional.
Zelaya fue expulsado del
país de inmediato, según
fuentes citadas por una
radioemisora local.
"Ignoramos a qué país
fue enviado, pero
fuentes fidedignas
confiaron que Zelaya ha
sido sacado de
Honduras", dijo la
cadena local de radio
HRN. "Aparentemente
viajó en su avión
presidencial a
Venezuela", agregó la
estación. Ninguna fuente
militar ni estatal
confirmó la versión de
la radio. Un aliado del
presidente, el dirigente
campesino Rafael
Alegría, dijo a Radio
Cadena de Noticias: "Se
trata de un golpe de
Estado... eso es
lamentable". "Hubo
disparos, pero no
sabemos mucho lo que
pasó", agregó. "Pero los
asaltantes sacaron por
la fuerza al gobernante
y se lo llevaron a un
sitio que ignoramos
aún". Todo parecía
tratarse de una venganza
contra el mandatario
derrocado. ¿Por qué?
Zelaya destituyó el
jueves 25 de junio al
máximo jefe militar,
general Romeo Vásquez,
por negarse a cooperar
en su consulta para
impulsar reformas
constitucionales. Aceptó
la renuncia por igual
motivo del ministro de
Defensa, Edmundo
Orellana, pero la Corte
Suprema y el Congreso
restituyeron al oficial.
La consulta no era
supervisada por el
Tribunal Supremo
Electoral, el único
organismo estatal para
hacerlo. No obstante, f
ue rechazada por la
Corte Suprema, la
fiscalía general, el
Congreso, la
procuraduría general.
"Volvimos a los golpes
de Estado, eso es
lamentable", sostuvo
Alegría. Por otra parte,
ya la Organización de
Estados Americanos
condenó esta situación:
e l secretario general
de la OEA , José Miguel
Insulza, condenó
"severamente" el golpe
militar y pidió la
colaboración del mundo
contra esta crisis
política.
La consulta popular,
para determinar si se
convoca a una Asamblea
Nacional Constituyente,
debía iniciarse este
domingo en Honduras con
la apertura de los
centros de votación que
fueron habilitados en el
parque de las
principales ciudades de
ese país
centroamericano. La
consulta, convocada a
partir de la firma de
más de 400 mil
ciudadanos hondureños,
ha sido objeto de
rechazo por parte de
ciertos sectores
políticos y sociales de
Honduras, lo que les ha
llevado incluso a
intentar un golpe de
Estado contra el
presidente de ese país,
Manuel Zelaya. En
declaraciones a la
prensa, Insulza, que ha
convocado a una reunión
urgente del Consejo
Permanente de la OEA
para analizar la crisis,
exigió a los golpistas
dar a conocer "de
inmediato" el paradero
del presidente Manuel
Zelaya y que la
comunidad internacional
se una en contra de esta
"grave alteración del
proceso democrático del
continente". Pero, ¿será
que estamos ante una
nueva oleada de
inestabilidad política
en una región donde
vuelven agitarse
fantasmas de golpes
cívico militares contra
gobiernos que se
pronuncian contra viejos
modelos que siguen
persistiendo? ¿Cómo es
posible que la historia
hondureña se repita en
este año 2009?
Como suele suceder en
esta historia
desagradable para los
países de América
latina, Honduras aún no
ha podido desligarse de
un pasado turbulento
marcado por el golpismo,
el poder de las clases
conservadoras y el
siempre presente
intervencionismo
norteamericano implícito
y explícito. Antigua
colonia española, desde
1840 hasta el decenio de
1980 este país
centroamericano fue
frecuentemente dirigido
por dictaduras
conservadoras. Las
elecciones tenían poca
significación y las
revoluciones fueron
frecuentes. En el
transcurso del siglo XX,
la importancia creciente
de las plantaciones de
bananeros pusieron al
país bajo la dominación
de las compañías
fruteras
norteamericanas, tales
como United, Standard y
Cuyamel. La United Fruit
Company compró Cuyamel,
en 1929, e hizo de
Honduras una "república
bananera". Aún cuando
ellas contribuyeron poco
al desarrollo general
del país, las compañías
fruteras le dieron un
producto de exportación
mayor, desarrollaron las
zonas portuarias del
Caribe e hicieron,
indirectamente, de San
Pedro Sula, una zona de
población importante. En
1933, Tiburcio Carías
Andino, sostenido por la
United Fruit Company,
llegó al poder y ejerció
una dictadura enérgica
hasta 1948. Juan Manuel
Gálvez le sucedió y
emprendió la
modernización del país.
Su política engendró una
huelga general de los
obreros de las
plantaciones bananeras,
en 1954. Esta huelga
marcó la decadencia de
la influencia de la
United Fruit. Fue bajo
la presidencia de Gálvez
que Honduras adhirió a
la Organización de los
Estados de América
Central. En 1954, un
régimen democrático fue
puesto en marcha y el
liberal Ramón Villeda
Morales llegó a la
presidencia de la
República. Hizo adherir
al país al Mercado Común
Centro-Americano (MCCA)
y lanzó programas en
favor de una reforma
agraria y de la
educación. En 1963, su
discutida política,
asociada a la
aprehensión provocada
por la suba del
comunismo en Cuba,
desembocó en un golpe de
Estado, conducido por el
coronel Osvaldo López
Arellano. Y es aquí
donde comienza una
historia aún más oscura.
Los militares se
adueñaron del país,
fuertemente financiados
por Washington y muy
comprometidos en su
lucha contra el
comunismo. Los militares
se hicieron amos y
señores del país, y en
alianza con las familias
oligárquicas
tradicionales llevaron a
cabo una política de
agresión regional muy
severa. En 1969 de hecho
se enfrentaron a El
Salvador en la
tristemente célebre
“guerra del fútbol” por
cuestiones fronterizas y
problemas inmigratorios.
Pero la presión
internacional y las
protestas populares
obligaron a los
militares a llamar a
elecciones en 1981. En
noviembre de 1981, los
hondureños votaron en
las primeras elecciones
presidenciales en 18
años y fue elegido
presidente Roberto Suazo
Cordova, del P artido
Liberal. Después de que
el Frente Sandinista de
Liberación Nacional
tomara el poder en
Nicaragua el 19 de julio
1979, Honduras comenzó a
ser el privilegiado otra
vez militarmente por
Estados Unidos, quien
hizo de este país su
gendarme en América
Central, para apoyar a
la "contra" nicaragüense
y vigilar la frontera
con El Salvador, dónde
la guerrilla del Frente
Farabundo Martí de
Liberación Nacional
tomaba fuerza. Al frente
de la e mbajada
estadunidense en
Tegucigalpa estaba el
embajador John
Negroponte, un experto
en Vietnam. El hombre
fuerte era el g eneral
Gustavo Alvarez
Martínez, quien aplicó
la desaparición forzada
de personas como una de
las formas represivas.
Este g eneral se graduó
como subteniente en el
Colegio Militar de la
Nación en El Palomar,
Argentina, en los años
'60. Recibió luego
cursos de Estado Mayor
en Buenos Aires.
Paralelamente a esas
elecciones en noviembre
1981, jefes militares y
oficiales de
inteligencia de 20
países latinoamericanos
se encontraron
discretamente con
oficiales
estadounidenses en
Washington. El
secretario de Defensa
Caspar Weinberger y el
ministro de defensa
salvadoreño José
Guillermo García fueron
los oradores principales
de esta reunión en la
cual se discutió como
contrarrestar "el
terrorismo, la
subversión y la
insurrección armada" en
toda América Latina. Y
en esas fechas viajó la
embajadora ante las
Naciones Unidas, Jeane
Kirkpatrick a Argentina,
Uruguay y Chile, para
charlar sobre el
incremento del
involucramiento militar
de esos países en
Centroamérica. Mientras,
en Honduras, militares
norteamericanos
organizaban una fuerza
paramilitar
latinoamericana,
financiada con dinero de
la CIA. Esto significaba
que los militares a
pesar de las farsas
electorales seguían
siendo los señores dela
guerra que custodiaban
los intereses de los
terratenientes locales y
las inversiones
extranjeras en el país.
En el decenio de 1980 la
geografía hizo
inevitable que Honduras
y sus pretorianos se
involucraran en la
guerra contra el
gobierno sandinista
patrocinada por Estados
Unidos. Ronald Reagan y
el Pentágono
convirtieron de
inmediato a Honduras en
un enclave de
lanzamiento para los
ataques de los “contra”
sobre la Nicaragua
sandinista. El terreno
hondureño pronto se vio
salpicado con pistas de
aterrizaje, almacenes de
provisiones y
campamentos base para
las tropas de los
“contra”. Miles de
unidades regulares de
Estados Unidos (y mucha
CIA y veteranos
vengativos de Vietnam) y
de la Guardia Nacional
de Honduras se turnaban
el servicio en el país y
la economía local estaba
inundada por la
afluencia de cientos de
millones de dólares.
Todas estas actividades
reforzaron el poder de
los militares
hondureños.
El gobierno civil
sobrevivió al menos
nominalmente cuando
Rafael Callejas asumió
la presidencia en 1990.
En 1993 el Partido
Liberal mantenía su
poder con el triunfo de
Carlos Reina. Tanto
Callejas como Reina se
sumaron a la ola
neoliberal del Consenso
de Washington y los
tecnócratas del FMI y el
Banco Mundial inundaron
el Ministerio de
hacienda del país. Pero
el país se vio sumido en
la decadencia económica
y la gran corrupción
venida de…los militares
dueños del país. Reina,
bajo presión popular y
delos medios
progresistas de
comunicación del país,
intentó corregir esta
situación y anunció
medidas para
contrarrestar el pode r
de las fuerzas armadas,
implicadas con
negociados turbios del
narcotráfico
internacional. También
se llevó a cabo un plan
de gobierno para
investigar los casos de
desaparecidos en los
tiempos de las
dictaduras militares y
de los años del decenio
de 1980. Inmediatamente
los hombres del ejército
desplegaron tanques a
las calles de
Tegucigalpa en agosto de
1995 como demostración
de fuerza. El despliegue
militar habló por sí
mismo.
Honduras es uno de los
países más pobres del
continente, y conocido
mucho tiempo como una
"república bananera".
Esta ubicado en América
Central, bordeado por
Nicaragua, El Salvador y
Guatemala, y tiene
costas del lado del
Pacífico y sobre todo
del lado del Caribe.
Tiene una superficie de
112.492 kilómetros
cuadrados y una
población de unos 5,5
millones. El 63% de las
familias hondureñas
sufren de desnutrición,
miles de chicos viven en
la calle y más del 55 %
está desempleado. Una
vez más esta situación
no importa y los
poderosos intereses de
los militares se
adueñaron del país.
Zelaya, quien asumió en
enero de 2006, parecía
un dirigente hondureño
más dispuesto a dejar el
status quo de Honduras,
pero sus posteriores
alianzas con la
Venezuela chavista y el
ingreso al ALBA lo
hicieron presa de la
desconfianza del
mundillo empresarial
local y las fuerzas
armadas. Washington
también se sumó a esa
desconfianza y le retiró
todo el apoyo a Zelaya.
Lo cierto que en
Honduras otra vez la
historia pretoriana se
repite y un golpe de
Estado se hace con el
poder en este país
centroamericano. Un
golpe condenable y que
hay que repudiar. Un
golpe que parece ser un
aviso de que los
cuarteles, los sectores
poderosos de siempre y
los intereses foráneos
no descansarán hasta
doblegar los nuevos
tiempos de integración
latinoamericana. H a
llegado el turno de
Honduras… ¿Cómo sigue
esta historia?
*
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UNLP. Integrante de Al
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de radio argentino sobre
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Dorso se emite los
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Almagro, Buenos Aires,
Argentina. (
www.aldorso.com.ar
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