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La derecha nacional e
internacional más
reaccionaria y
antipopular ha
concretado un golpe de
Estado en Honduras. Un
calco, más violento, de
lo que aconteció aquí en
abril de 2002.
Intervención
estadounidense solapada,
silencio mediático y
episcopal, corte de
servicios, secuestro del
Presidente. Con el
agravante de que se
concreta en el marco de
una actividad de
participación del pueblo
hondureño, convocada por
ese mismo pueblo y sin
carácter vinculante: Una
simple encuesta, pues.
Pero la derecha,
aterrada ante el avance
de los pueblos en la
conquista de sus
libertades y sus
derechos, empujada por
el egoísmo atávico que
la mueve para
monopolizar todo lo que
produzca dinero, recurre
a la violencia
antidemocrática. Primero
Venezuela, luego
Bolivia; ambos pueblos
pudieron neutralizar el
ataque artero de la
derecha y salvar la
democracia participativa
y protagónica. También
intentaron, e intentan,
desestabilizaciones en
Ecuador y Paraguay,
quizás con menos ímpetu,
con menos dólares…
Pero ahora le tocó a
Honduras, heroico pueblo
centroamericano, uno de
los más pobres de
América, uno de los más
saqueados y expoliados
del mundo. Honduras
estableció un proceso
político de
participación
protagónica de su pueblo
bastante interesante.
Nadie esperaba que una
persona, empresario para
más señas, como Manuel
Zelaya, pudiera dar ese
giro sorprendente.
Zelaya aceptó la
colaboración de
Venezuela con diversas
alcaldías de su país;
luego se incorporó a
Petrocaribe; y más tarde
al ALBA; y en su momento
expulsó al Embajador de
los Estados Unidos en su
país por
intervencionista; todo
lo cual pareció aceptar,
de mala gana, sí, la
derecha oligarca
hondureña.
Mas, dos gotas
derramaron el agua
pútrida de la
oligarquía. Una, el
levantamiento de la
suspensión de la hermana
República de Cuba del
sistema de la
Organización de Estados
Americanos. Y la peor,
la segunda, el
llamamiento al pueblo
para que se expresara,
para que participara,
para que opinara en
torno a la posibilidad
de refundar y
democratizar las pétreas
estructuras del Estado
hondureño, para
adaptarlas a los nuevos
tiempos de libertades y
conquistas de derechos
inalienables e
irrenunciables.
A la hora de redactar
esta nota, se reciben
informes de la represión
que se lleva a cabo en
el país centroamericano.
Por una parte, expulsan
al presidente Manuel
Zelaya en ropa de
dormir. Por la otra, el
secuestro y prisión de
altos funcionarios de su
gobierno, como la digna
ministra Patricia Rodas;
y el secuestro y
atropello contra
embajadores como los de
Cuba, Nicaragua y
Venezuela.
Mientras tanto, el
pueblo hondureño, en la
calle, dando la batalla
por la libertad, por la
democracia, y por los
pueblos de América.
¡Que viva Honduras,
carajo! ¡Patria,
socialismo o muerte! |