Año VIII
La Habana

27 de JUNIO
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de 2009

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El más puro gorilismo

Pablo Acosta Ríos Aporrea

 

La derecha nacional e internacional más reaccionaria y antipopular ha concretado un golpe de Estado en Honduras. Un calco, más violento, de lo que aconteció aquí en abril de 2002. Intervención estadounidense solapada, silencio mediático y episcopal, corte de servicios, secuestro del Presidente. Con el agravante de que se concreta en el marco de una actividad de participación del pueblo hondureño, convocada por ese mismo pueblo y sin carácter vinculante: Una simple encuesta, pues. Pero la derecha, aterrada ante el avance de los pueblos en la conquista de sus libertades y sus derechos, empujada por el egoísmo atávico que la mueve para monopolizar todo lo que produzca dinero, recurre a la violencia antidemocrática. Primero Venezuela, luego Bolivia; ambos pueblos pudieron neutralizar el ataque artero de la derecha y salvar la democracia participativa y protagónica. También intentaron, e intentan, desestabilizaciones en Ecuador y Paraguay, quizás con menos ímpetu, con menos dólares…

Pero ahora le tocó a Honduras, heroico pueblo centroamericano, uno de los más pobres de América, uno de los más saqueados y expoliados del mundo. Honduras estableció un proceso político de participación protagónica de su pueblo bastante interesante. Nadie esperaba que una persona, empresario para más señas, como Manuel Zelaya, pudiera dar ese giro sorprendente. Zelaya aceptó la colaboración de Venezuela con diversas alcaldías de su país; luego se incorporó a Petrocaribe; y más tarde al ALBA; y en su momento expulsó al Embajador de los Estados Unidos en su país por intervencionista; todo lo cual pareció aceptar, de mala gana, sí, la derecha oligarca hondureña.

Mas, dos gotas derramaron el agua pútrida de la oligarquía. Una, el levantamiento de la suspensión de la hermana República de Cuba del sistema de la Organización de Estados Americanos. Y la peor, la segunda, el llamamiento al pueblo para que se expresara, para que participara, para que opinara en torno a la posibilidad de refundar y democratizar las pétreas estructuras del Estado hondureño, para adaptarlas a los nuevos tiempos de libertades y conquistas de derechos inalienables e irrenunciables.

A la hora de redactar esta nota, se reciben informes de la represión que se lleva a cabo en el país centroamericano. Por una parte, expulsan al presidente Manuel Zelaya en ropa de dormir. Por la otra, el secuestro y prisión de altos funcionarios de su gobierno, como la digna ministra Patricia Rodas; y el secuestro y atropello contra embajadores como los de Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Mientras tanto, el pueblo hondureño, en la calle, dando la batalla por la libertad, por la democracia, y por los pueblos de América.

¡Que viva Honduras, carajo! ¡Patria, socialismo o muerte!

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2009.
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