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[Nota: En estos momentos
son las 11 y cuarto de
la mañana, hora de
Caracas. Manuel Zelaya,
presidente de Honduras,
está hablando en directo
en TeleSur desde San
José (Costa Rica). Ha
confirmado que esta
madrugada unos soldados
irrumpieron abriendo
fuego en su residencia y
lo amenazaron de muerte,
a él y a su familia, si
se oponía al golpe de
Estado. Se vio obligado
a acompañar a los
soldados, que lo
transportaron a la base
aérea, desde donde voló
a Costa Rica. Ha
solicitado que el
gobierno de Estados
Unidos emita un
comunicado en el que
condene el golpe, pues
lo contrario
significaría su
aquiescencia.]
Caracas (Venezuela).- El
mensaje de texto que
sonó en mi teléfono
móvil esta mañana decía
así: “Alerta, Zelaya ha
sido secuestrado, golpe
de Estado en marcha en
Honduras. Difúndelo.” Ha
sido un duro despertar
en un domingo por la
mañana, sobre todo para
los millones de
hondureños que se
estaban preparando para
ejercer por primera vez
su sagrado derecho al
voto en un referéndum
consultivo sobre la
convocatoria de una
Asamblea Constituyente
para reformar la
Constitución.
Supuestamente, la
disputa se centra en el
referéndum convocado
para hoy, que no es
vinculante, sino sólo
una encuesta de opinión
para determinar si una
mayoría de hondureños
desean, o no, que se
inicie un proceso para
modificar su
Constitución.
Una iniciativa de este
tipo nunca había tenido
lugar en esta nación
centroamericana, cuya
constitución es tan
limitada que sólo
permite una mínima
participación del pueblo
hondureño en sus
procesos políticos.
Dicha constitución,
redactada en 1982, en el
momento álgido de la
guerra sucia del
gobierno de Reagan en
Centroamérica, fue
diseñada para instituir
que quienes detentaban
el poder tanto económico
como político pudiesen
mantenerlo con las
mínimas interferencias
del pueblo. Zelaya,
elegido en noviembre de
2005 por la plataforma
del Partido Liberal de
Honduras, había
propuesto la encuesta de
opinión para determinar
si la mayoría de los
ciudadanos estaban de
acuerdo en que era
necesaria una reforma
constitucional. Su
propuesta fue apoyada
por la mayoría de los
sindicatos y movimientos
sociales del país. De
haber tenido lugar, y
dependiendo de los
resultados, se habría
organizado un referéndum
durante las próximas
elecciones de noviembre
para votar sobre la
convocatoria de una
Asamblea Constituyente,
pero la encuesta
prevista para hoy no era
vinculante de acuerdo
con la ley.
De hecho, varios días
antes de que tuviera
lugar, la Corte Suprema
de Honduras la declaró
ilegal a petición del
Congreso. Es de señalar
que ambos, Congreso y
Corte Suprema, están
controlados por mayorías
contrarias a Zelaya y
por miembros del
ultraconservador Partido
Nacional de Honduras (PNH).
La ilegalización dio
lugar a manifestaciones
masivas favorables al
presidente Zelaya. El 24
de junio, el presidente
destituyó al jefe del
alto mando militar, el
general Romeo Vásquez,
después de que éste se
negase a permitir que
los militares
distribuyesen el
material electoral para
la consulta de hoy. El
general Vásquez mantuvo
el material bajo
estricto control militar
y se negó a
distribuirlo, incluso a
los seguidores del
presidente, con la
excusa de que la Corte
Suprema había declarado
ilegal la consulta
prevista y, por lo
tanto, no podía obedecer
la orden presidencial.
Al igual que sucede en
Estados Unidos, el
presidente de Honduras
es el Comandante en Jefe
y tiene la última
palabra en cualquier
acción militar, por lo
que ordenó la
destitución del general.
Ángel Edmundo Orellana,
ministro de Defensa,
también dimitió como
respuesta a esta
situación cada vez más
tensa.
Pero al día siguiente la
Corte Suprema de
Honduras restituyó en
sus funciones al general
Vásquez, tras declarar
“inconstitucional” su
destitución. Miles de
hondureños se echaron a
las calles de
Tegucigalpa, la capital
del país, en apoyo al
presidente Zelaya, como
muestra de su
determinación de
asegurar que la consulta
no vinculante tuviera
lugar. El viernes
pasado, el presidente y
un grupo de centenares
de seguidores, marcharon
a la cercana base aérea
para recuperar el
material electoral
previamente secuestrado
por los militares.
Aquella noche, Zelaya
celebró una conferencia
de prensa nacional junto
a un grupo de políticos
de diferentes partidos y
movimientos sociales, en
la que hizo un
llamamiento a la paz y a
la unidad en el país.
Ayer sábado se informó
que la situación en
Honduras era tranquila.
Sin embargo, en la
madrugada de hoy domingo
un grupo de
aproximadamente sesenta
militares armados
asaltaron la residencia
presidencial y tomaron
como rehén a Zelaya.
Tras varias horas de
confusión, empezaron a
filtrarse informaciones
según las cuales el
presidente había sido
transportado a la
cercana base aérea y
llevado a la vecina
Costa Rica. Hasta el
momento no existen
imágenes del presidente
y se desconoce si su
vida está en peligro.
Sobre las 10 de la
mañana, hora de Caracas,
Xiomara Castro de
Zelaya, la esposa del
presidente, denunció en
directo en TeleSur que
en la madrugada del
domingo los soldados
irrumpieron en su
residencia disparando,
golpearon al presidente
y lo secuestraron. “Fue
un acto cobarde”, dijo
la primera dama
refiriéndose al
secuestro, que tuvo
lugar a una hora en la
que nadie pudo
reaccionar. Castro de
Zelaya hizo también un
llamamiento para que
mantuvieran con vida a
su marido e indicó que
incluso ella desconoce
su paradero. Añadió que
sus vidas siguen estando
en “grave peligro” y
pidió que la comunidad
internacional denunciase
este golpe de Estado y
actuase con rapidez para
reinstaurar el orden
constitucional del país,
lo cual incluye el
rescate y regreso del
democráticamente elegido
Zelaya.
Evo Morales y Hugo
Chávez, presidentes de
Bolivia y Venuela, han
realizado declaraciones
públicas la mañana de
hoy domingo, en las
cuales condenan el golpe
de Estado en Honduras y
han hecho un llamamiento
a la comunidad
internacional para que
reaccione, se restaure
la democracia y el
presidente
constitucional regrese a
su puesto. El miércoles
pasado, 24 de junio,
tuvo lugar en Venezuela
un encuentro
extraordinario de los
países miembros del ALBA
(Alternativa Bolivariana
para las Américas), de
la que forma parte
Honduras, con el fin de
dar la bienvenida a la
organización a Ecuador,
Antigua, Barbados, San
Vicente y las
Granadinas. Durante el
encuentro, al que
asistió Patricia Rodas,
ministra de Exteriores
de Honduras, se leyó una
declaración de apoyo al
presidente Zelaya en la
que se condenaba
cualquier intento
socavar su mandato y los
procesos democráticos de
Honduras.
Informes provenientes de
Honduras establecen que
el Canal 8 de la
televisión pública ha
sido tomado por las
fuerzas golpistas. Hace
pocos minutos TeleSur
anunció que los
militares hondureños
están cortando la
electricidad del país.
Según ha informado la
ministra Rodas en
TeleSur: “Las
comunicaciones
telefónicas y la
electricidad están
cortadas. Las
televisiones emiten
dibujos animados y
telenovelas y no
informan al pueblo de
Honduras de lo que está
sucediendo.” La
situación es muy
parecida a la del golpe
de Estado de abril de
2002 contra el
presidente Chávez en
Venezuela, cuando los
medios jugaron un papel
clave, en primer lugar
manipulando la
información como apoyo
al golpe y, con
posterioridad,
eliminando cualquier
información una vez que
el pueblo empezó a
manifestarse y terminó
por derrotar a las
fuerzas golpistas
rescatando a Chávez, que
también fue secuestrado
por los militares, y
restaurando el orden
constitucional.
Honduras es una nación
que ha sido víctima el
siglo pasado de
dictaduras y múltiples
intervenciones de
Estados Unidos, entre
ellas varias invasiones
militares. La última
intervención importante
del gobierno
estadounidense en
Honduras tuvo lugar
durante los años
ochenta, cuando el
gobierno de Reagan
financió escuadrones de
la muerte y
paramilitares con el fin
de eliminar cualquier
“amenaza comunista” en
Centroamérica. En aquel
momento, John Negroponte
era el embajador
estadounidense ante el
gobierno de Honduras y
fue el responsable
directo de la
financiación y
entrenamiento de los
escuadrones de la muerte
hondureños que
asesinaron e hicieron
desaparecer a miles de
ciudadanos en la región.
El viernes pasado, la
Organización de Estados
Americanos (OEA) convocó
una reunión
extraordinaria con el
fin de discutir la
situación en Honduras.
Con posterioridad emitió
un comunicado en el que
condenó las amenazas a
la democracia y autorizó
el viaje a Honduras de
un grupo de
representantes de la
OEA. No obstante, el
viernes, Philip J.
Crowley, secretario de
Estado adjunto
estadounidense, se negó
a definir la posición
del gobierno
estadounidense con
respecto al posible
golpe de Estado contra
el presidente Zelaya y,
en su lugar, emitió una
ambigua declaración de
la que se desprendía que
Washington apoyaba a la
oposición al presidente
Zelaya. Mientras que la
mayoría de los gobiernos
latinoamericanos
declararon sin ningún
género de duda su más
rotunda condena de los
planes golpistas de
Honduras y su
inquebrantable apoyo al
presidente
constitucionalmente
elegido, el portavoz
estadounidense afirmó:
“Nos preocupa la ruptura
del diálogo político
entre los políticos
hondureños sobre la
consulta constitucional
del 28 de junio.
Instamos a las partes a
que busquen una solución
democráticamente
consensuada al actual
callejón sin salida
político, que sea
conforme a la
constitución y a las
leyes hondureñas acordes
con los principios de la
Carta Democrática
Interamericana.”
Hoy domingo, a las diez
y media de la mañana,
Washington todavía no ha
emitido ninguna
declaración relativa al
golpe de Estado en
Honduras. La nación
centroamericana es muy
dependiente de la
economía estadounidense,
que le asegura una de
las principales fuentes
de ingresos, las
transferencias de dinero
que envían los
hondureños que trabajan
en Estados Unidos bajo
el programa de “estatuto
temporal protegido”,
instaurado durante la
guerra sucia de
Washington en la década
de los ochenta a causa
de la enorme inmigración
a territorio
estadounidense para
escapar de la zona de
guerra. Otra fuente
importante de ingresos
de Honduras es USAID,
que aporta más de 50
millones de dólares
anuales para programas
de “promoción de la
democracia”, los cuales
habitualmente dan apoyo
a las ONG y a los
partidos políticos
favorables a los
intereses de Estados
Unidos, como ha sido el
caso en Venezuela,
Bolivia y otras naciones
de la región. El
Pentágono también
mantiene la base militar
de Soto Cano en
Honduras, con
aproximadamente
quinientos soldados y
numerosos aviones y
helicópteros de combate.
Patricia Rodas, ministra
de Exteriores, ha dicho
que ha intentado
repetidamente ponerse en
contacto con Hugo
Llorens, embajador de
Estados Unidos en
Honduras, el cual hasta
el momento no ha
respondido a ninguna de
sus llamadas. El
modus operandi del
golpe de Estado deja
bien claro que
Washington está
implicado. Ni el
ejército hondureño, cuya
mayoría ha sido
entrenada por las
fuerzas estadounidenses,
ni las elites políticas
y económicas del país
derrocarían a un
presidente
democráticamente elegido
sin el apoyo y respaldo
de Washington. Las
fuerzas conservadoras de
Honduras han sometido al
presidente Zelaya a
ataques cada vez más
frecuentes por su
creciente relación con
los países del ALBA, en
particular con Venezuela
y el presidente Chávez.
Muchos están convencidos
de que este golpe
pretende asegurar que
Honduras no seguirá
acercándose a los países
más izquierdistas y
socialistas de América
Latina. |