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Ya son nueve los países
que integran la
Alternativa Bolivariana
para los pueblos de
América Latina y el
Caribe (ALBA). Como
siempre ocurre con los
empeños nobles que hacen
historia, cuando hace
ocho años el presidente
Hugo Chávez lanzó la
iniciativa parecía un
sueño. Los nuevos
miembros, Antigua y
Barbuda, Ecuador y San
Vicente y las Granadinas
ingresaron en la cumbre
extraordinaria en
memoria de la batalla de
Carabobo, con la que
Bolívar culminara la
independencia de
Venezuela hace 188 años.
Ahora el mecanismo
integracionista suma una
superficie bastante
superior a los dos
millones de kilómetros
cuadrados y una
población cercana a los
ochenta millones.
Fueron Cuba y Venezuela
los primeros en
abrazarlo en 2004, un
año después entró
Bolivia, en 2007
Nicaragua y al año
siguiente Honduras. El
ALBA (uso el artículo
“él” en lugar de “la”
por su homonimia con
alba, sinónimo de
amanecer) es la
organización de
integración regional más
diversa de América
Latina por la ubicación
geográfica y diferencias
de origen cultural de
sus miembros. Abarca
desde el área andina
pasando por América
Central, hasta el
Caribe. Desde países
marcados por su vigorosa
raíz indígena hasta los
mayoritariamente
producto del mestizaje
afroeuropeo; Venezuela,
como Honduras y
Nicaragua fruto de una
mezcla cultural
amerindia africana y
europea, y San Vicente y
las Granadinas y Antigua
y Barbuda, con
mayoritaria población de
origen africano.
Pero no es esta la
característica
definitoria del ALBA
sino las bases
ideológicas y éticas que
sustentan las relaciones
entre sus miembros. En
primer término, la
solidaridad entre los
pueblos como principio
rector, que la
diferencia de todas las
demás asociaciones entre
Estados existentes a
escala global. El
comercio y la inversión
los conceptúa como
medios y no fines,
llamados a elevar la
calidad de vida de sus
integrantes; subordina
el mercado a la justicia
social y toma en cuenta
las asimetrías y la
complementariedad entre
las economías, de modo
que las decisiones se
adopten mediante la
observancia de la
equidad y en ningún
momento movidas por el
afán de lucro de un
Estado, una empresa o un
territorio a costa de
otros. Se entiende por
qué la analogía entre
ALBA y alba es mucho más
que un accidente
lingüístico puesto que
constituye un amanecer
de la solidaridad y del
nuevo proyecto
emancipador
latinocaribeño. En su
corta historia ha
logrado realizaciones
importantes como el
Banco del ALBA, las
grandes empresas que se
están creando en su seno
y trascendentes
proyectos educativos y
culturales. El ALBA
surgió en contraposición
al fenecido ALCA,
promovido por Washington
y los sectores
entreguistas de América
Latina con el objetivo
de recolonizarla y
destruir su identidad.
El ALBA no es el único
mecanismo de integración
regional pero sí su
núcleo más dinámico, ha
dicho Chávez. En efecto,
instituciones como
UNASUR y el Banco del
Sur son también muy
valiosas. Pero el ALBA
es más que los nueve
países que lo integran
puesto que PETROCARIBE,
otra iniciativa
venezolana con la misma
filosofía, está formado
por la inmensa mayoría
de los Estados del
Caribe y tres de América
Central(16). Por cierto,
con las facilidades de
pago que otorga ha
salvado de la ruina
económica a muchos de
sus miembros, que no
habrían podido hacer
frente a sus facturas
petroleras.
En el espíritu que anima
el ALBA se llevan a cabo
por Cuba y Venezuela
otras acciones
solidarias ideadas por
Fidel Castro: la
Operación Milagro, que
ha devuelto la visión a
más de un millón 600 mil
personas, y la
aplicación masiva del
método cubano “Yo sí
puedo”, que erradicó ya
el analfabetismo en
Venezuela, Bolivia y
Nicaragua y se extiende
por el mundo.
El ALBA ha demostrado
también su eficacia como
mecanismo de
concertación y cohesión
política latinoamericano
y así se pudo apreciar
con la derogación de la
resolución que excluía a
Cuba en la reciente
Asamblea General de la
OEA
El ALBA es consecuencia
del ciclo de luchas
antineoliberales
latinoamericanas, cuyo
inicio está marcado por
el “caracazo” y hunde
sus raíces en el plan de
unidad continental
bolivariano y martiano.
Este, como el ALBA,
pareció un sueño en su
momento pero es el único
camino para que las
naciones de América
Latina y el Caribe
rompan con la dominación
imperialista y el
subdesarrollo y afiancen
su soberanía y
autodeterminación. El
ALBA crece y es su
embrión. |