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Cuando el Presidente
Manuel Zelaya de
Honduras fue brutalmente
secuestrado de la
residencia presidencial
en Tegucigalpa en horas
de la madrugada del
domingo, 28 de junio, el
presidente de Estados
Unidos, Barack Obama, se
disfrutaba de la paz y
tranquilidad del campo
en Camp David, la
residencia vacacional
del jefe de estado
norteamericano. Mientras
que el Presidente Zelaya
fue golpeado por
soldados hondureños y
forzado en un avión sin
saber su destino, el
Presidente Obama
desayunaba con el
relajante sonido de los
pajaritos del bosque del
estado Maryland. Y
durante el desarrollo
del golpe de estado en
Honduras ayer, que
produjo múltiples
violaciones de los
derechos humanos, el
secuestro y la violencia
contra la Cancillera de
Honduras, Patricia
Rodas, la brutalidad y
secuestro de los
embajadores de Cuba y
Venezuela en Honduras y
la toma ilegal del poder
de un gobierno de facto,
ilegítimo, el Presidente
Obama estaba tomando una
decisión muy, muy
difícil sobre la iglesia
donde él y su familia
asistirán durante los
próximos años.
El titular de hoy,
“Obama escoge a la misma
iglesia en Camp David
donde también asistía
George Bush”, está más
destacado en los medios
estadounidenses que este
titular, que además,
minimiza y manipula la
verdad, “Chávez y
aliados respaldan al
presidente derrocado de
Honduras”. Pues es
obvio, la selección de
la iglesia donde la
familia Obama pasarán
todos sus domingos
durante los próximos
cuatro años es mucho más
importante que un golpe
de estado en un país
centroamericano. Ahora
también se entiende
porque ayer las
declaraciones de la Casa
Blanca sobre el golpe en
Honduras, realizada solo
por voceros y no
directamente por el
presidente, fueron tan
ambiguas y mesuradas.
Obama no solamente
estaba de retiro en el
campo con su familia,
sino estaba tomando
decisiones de alta
prioridad sobre sus
futuras estadías
dominicales. No tenía
tiempo parar preocuparse
con asuntos ajenas de su
dominio personal.
¿Golpe, qué golpe? Obama
estaba decidiendo sobre
su propia vida y muerte,
porque según reseña un
artículo en la Revista
Time, “a pesar de que
Obama quería asistir a
una congregación en
Washington, luego de
probar varias iglesias,
decidió que ‘era
incómodo’ estar en un
lugar pública donde ‘la
gente’ se acercaba para
verlo.” Entonces, por
eso urgentemente se tuvo
que trasladar a Camp
David para aislarse de
su pueblo.
El punto es que el
Presidente Obama, a
pesar de ser el actual
Comandante en Jefe de
las Fuerzas Armadas
estadounidenses y el
presidente del imperio,
aún no está directamente
en control sobre toda la
maquinaria imperial.
Fuentes cercanas a
Washington han
confirmado que el
Pentágono, a través de
la misión militar (grupo
militar) de Estados
Unidos en Honduras, ha
estado trabajando con
los militares golpistas
involucrados en el golpe
de estado contra el
Presidente Zelaya. El
Comando Sur realiza
acerca de 55 maniobras
anualmente con las
fuerzas armadas de
Honduras. La misión
militar en la embajada
de Estados Unidos en
Tegucigalpa financia a
las fuerzas armadas de
Honduras con
aproximadamente dos
millones de dólares cada
año, y eso no incluye
los millones de dólares
que Washington
suministra a través de
otras programas de
cooperación con
Honduras, y la gran
inversión en la base
militar de Estados
Unidos en Soto Cano,
Honduras.
Ayer, miembros del
congreso golpista de
Honduras anunciaron que
estaban en reuniones
durante la semana
anterior con el
embajador de Estados
Unidos en Tegucigalpa,
Hugo Llorens. Incluso,
un congresista hondureño
declaró que el embajador
quería que dejaran que
realizaran la encuesta
programada para el
domingo pasado sobre un
futuro referéndum para
la convocatoria de una
asamblea constituyente,
porque “más adelante
podemos resolver el
problema de la reforma
constitucional, no se
preocupan”. Pero, según
el congresista, no
querían esperar hasta
noviembre y permitir que
Zelaya, junto al pueblo,
“tomaran decisiones
sobre el futuro del
país”.
Es cierto que el
gobierno de Estados
Unidos se ha unido a la
declaración contundente
de la Organización de
Estados Americanos
condenando al golpe de
estado y demandando el
regreso inmediato del
Presidente Zelaya al
poder. Pero hasta hoy,
los voceros de
Washington que han dado
la cara sobre la
situación en Honduras,
han dicho que aún no
están considerando
suspender el apoyo
económico y militar a
Honduras en caso de que
los golpistas se nieguen
a cumplir con la Carta
Interamericana y los
principios democráticos.
¿Será que plantean a un
golpe tipo Haití en
2004, cuando
secuestraron al
Presidente Arístides y
lo llevaron al exilio en
África antes de que el
mundo se enterara de la
brutal violación de la
democracia que estaba
sucediendo en el país
caribeño? Fue un avión
estadounidense que llevó
a Arístides, escoltado
por militares
estadounidenses. Y
luego, el gobierno de
Estados Unidos, junto a
la OEA, condenó a la
ruptura del orden
constitucional. Pero en
lugar de trabajar para
el regreso de Arístides
a su puesto legítimo
como presidente de
Haití, apoyaron a un
“periódo de transición”
para restablecer el
estado de derecho y
permitir un proceso
electoral “pácífico”
durante el año
siguiente. Además,
enviaron tropas de la
ONU a Haití, que
principalmente fueron
estadounidenses, para
“garantizar la paz y
orden” en el país. Hasta
hoy siguen allí.
La Agencia Internacional
de Desarrollo de Estados
Unidos (USAID) financia
a grupos de la llamada
“sociedad civil” en
Honduras con más de 50
millones de dólares al
año. A través de la
National Endowment for
Democracy (NED) y el el
Departamento de Estado,
canalizan también
millones de dólares y
ayuda estratégica a los
principales partidos
políticos y
organizaciones políticas
en Honduras por vía del
Instituto Republicano
Internacional, el
Instituto Demócrata
Nacional y otras
agencias de Washington.
Grupos como Paz y
Democracia, que salieron
a la luz pública ayer
respaldando el golpe de
estado en Honduras,
reciben parte de ese
dinero proveniente de
los auto-llamados
“promotores de la
democracia”. Tanto como
fue en el caso de
Venezuela, durante el
golpe de estado de abril
2002, el gobierno de
Estados Unidos financió
a los grupos
involucrados en el golpe
de estado, y los
continuaban financiando
a pesar de conocer a sus
planes golpistas. Tal
vez no sea el “smoking
gun” (o la evidencia
directa) que comprueba
la mano de Washington en
el golpe, pero es
suficiente para
demostrar su
complicidad.
El Vicepresidente de
Estados Unidos, Joe
Biden, declaró una vez
que el Presidente Obama
será sujeto a una prueba
internacional durante su
primer año en el
gobierno. La condenación
de Washington del golpe
de estado en Honduras
tendrá que ser mucho más
fuerte que su simple
firma al final de la
declaración de la OEA.
Si no indican que
suspenderán el apoyo
financiero al gobierno
golpista en Honduras si
este siga en el poder,
el “cambio” que tanto
avaló el Presidente
Obama con referencia a
la relación entre su
administración y América
Latina quedará como un
chantaje. |