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La historia de Honduras
puede escribirse en una
lágrima. País de pinos
en primavera eterna y de
montañas difíciles, por
él han corrido largos
ríos de sangre en una
larga noche de odio y de
temor.
El golpe militar contra
el gobierno de Manuel
Zelaya, ha sido
justificado por la
derecha internacional
como el resultado
"natural" de la sociedad
hondureña ante la
pretensión de Zelaya de
"violar la Constitución"
al proponer una encuesta
para justificar su
reelección en 2010, así
se pondría fin, dicen
ellos al expansionismo
chavista en
Centroamérica. Sin
embargo, lo que estas
interpretaciones ocultan
es que el golpe fue
diseñado y preparado por
el empresariado
neoliberal, los
monopolios imperialistas
y la cúpula militar a su
servicio, opuestos a los
intentos de cambio y
democratización que el
gobierno de Zelaya y los
movimientos sociales
hondureños impulsan. El
golpe constituye una
seria amenaza para los
pueblos de la región que
como Nicaragua y El
Salvador buscan un orden
distinto al
neocolonialismo impuesto
por Estados Unidos a lo
largo del siglo XX.
El presente escrito,
ubica el golpe militar
en un escenario nacional
e internacional
caracterizado por la
pugna entre el proyecto
de las clases dominantes
respaldadas por Estados
Unidos, que defienden el
sistema de privilegios
históricos y se
enfrentan al emergente
sector democratizador de
Honduras que durante el
gobierno del liberal
Manuel Zelaya, logró una
recomposición político
social, creando nuevas
oportunidades de
democracia e igualdad.
Una lágrima de temor y
miedo como historia
nacional
Honduras es un pequeño
país centroamericano,
con 112.088 km2 de
extensión y casi 8
millones de habitantes.
Gran parte de su
población tiene en la
piel la herencia de los
Mayas, mientras las
clases dominantes están
conformadas por un
pequeño núcleo de
terratenientes,
burgueses intermediarios
y una casta militar
conformada por migrantes
de origen europeo. Su
nombre, Honduras se
debe, según los
historiadores, a la
manera en que los
colonialistas españoles
desde el siglo XVI se
refirieron a lo profundo
del mar en la costa
norte del país.
A comienzos del siglo
XX, el país se convirtió
en el modelo de "Banana
Republic", primero bajo
el dominio omnímodo de
Sam Zemurray que fundó
la Cuyamel Fruit
Company, principal
competencia de la UFCO.
Luego, a partir de 1930
cuando Zemurray fusionó
su empresa con el
monopolio imperialista
de la UFCO, Honduras fue
el modelo de
republiqueta neocolonial
norteamericana. Fue
desde Honduras que se
planeó el derrocamiento
del presidente
democrático Jacobo
Arbenz de Guatemala en
1953.
Hacia la década de 1980
Honduras era un enclave
militar estadounidense,
a tal punto que en los
medios internacionales
se referían a esta
nación como "un ejercito
con país". En 1984,
Honduras fue ocupada
como base militar del
ejército de los Estados
Unidos para detener la
Revolución Sandinista y
el avance de los
movimientos populares en
El Salvador y Guatemala.
Al comenzar la década
dos acontecimientos
marcaron el panorama
político hondureño: en
1981 se creó la
Asociación para el
Progreso de Honduras
APROH, una organización
corporativa presidida
por el jefe de las
Fuerzas Armadas y los
grandes empresarios, la
APROH se convirtió en el
verdadero poder de
Honduras, para lo cual
usaba, según las
circunstancias a los dos
partidos tradicionales
(Nacionalista y Liberal)
o al Ejército. El
Presidente de APROH era
el jefe de las fuerzas
armadas y el
vicepresidente el
empresario más poderoso
del momento. Su
prioridad era la lucha
contra el comunismo
internacional, el
mantenimiento del
sistema de privilegios,
la alineación con los
Estados Unidos, la
exclusión política de
las organizaciones
populares y la negación
sistemática de los
derechos del pueblo. La
APROH estuvo acompañada
por dos de las
corrientes de la
fanática derecha
internacional: la secta
cristiana "Iglesia de
Unificación" del
reverendo Moon y la
Fundación Cubana –
Americana.
El segundo
acontecimiento se dio en
1982, bajo la férula del
Pentágono; los militares
convertidos para
entonces en una poderosa
"burguesía burocrática"
y la burguesía
intermediaria, integrada
por familias de
empresarios y
terratenientes como los
Rosenthal, los Ferrari,
los Canahuati Larach y
los Facussé, pactaron
(redactaron) la actual
Constitución. Este pacto
consagraba el sistema de
privilegios de las
clases dominantes, que
solamente fue modificado
en 1999, cuando en pleno
auge del modelo
neoliberal se
restringió, más no se
acabó, el poder político
y económico de los
militares, siendo
relevados por la
burguesía intermediaria,
agrupada en el Consejo
Hondureño de la Empresa
Privada (COHEP).
Bajo el amparo
constitucional en las
últimas tres décadas en
Honduras se aplicaron
medidas antipopulares:
el modelo
contrainsurgente de
"Seguridad Nacional",
pues a pesar de que allí
no prosperaron las
guerrillas
revolucionarias, la
lista de desaparecidos,
torturados, encarcelados
del pueblo está
integrada por líderes
campesinos e indígenas,
estudiantes y obreros,
las listas de los
condenados eran
elaboradas por APROH.
Desde 1985 se instaló el
modelo maquilero en la
costa norte del país que
fue la base para el
cambio de modelo
económico en la década
de 1990. Este nuevo
modelo le dio un mayor
protagonismo al
empresariado y
restringió en parte el
poder económico, más no
político, de los
militares.
El lugar de Honduras en
la estrategia de
dominación neocolonial
La política neocolonial
norteamericana
contemporánea para los
países de Centroamérica
se estructura a partir
de varias piezas
articuladas como sistema
de dominación: el TLC,
que aún no ha sido
firmado por Honduras; el
control de la economía
por parte de los
monopolios
imperialistas; la
garantía de que el país
siga cumpliendo su papel
de emplazamiento militar
norteamericano en el
continente a partir de
la base estadounidense
Palmerola, (la más
grande de la región
construida por Estados
Unidos en 1985); y por
último la aceptación por
parte de las burguesías
de un lugar subordinado,
pero con algún rédito,
en el orden global.
En tal situación, las
clases dominantes de
los diferentes países
buscan estrategias para
articularse al orden
global, como socios
minoritarios y agentes
del imperialismo; esto
porque a Centroamérica
se le han asignado
ciertas tareas en la
división internacional
del trabajo impuesta por
la globalización
imperialista:
desaparición de cultivos
y producción
tradicionales, tales
como arroz, frijoles,
carne de pollo, carne de
cerdo, res y otros y su
reemplazo por "la nueva
agricultura" producción
y procesamiento de
frutas (piñas, melones,
naranjas), flores,
tallos, plantas y otras
plantaciones agrícolas
exóticas, así como
"nuevas" producciones de
carnes: tilapia, suhsi
de camarones, carne de
Codorniz, Faisán,
Cocodrilo… El turismo y
sus diversas
modalidades, se están
desarrollando
activamente; explotación
del agua y otros
recursos abundantes en
el país.
Las burguesías
centroamericanas están
en un desesperado
proceso de reconversión,
unas están metidas en el
sector de energía
denominado
biocombustibles: etanol,
biodiesel y biomasa.
Otras, se han asociado
al capital extranjero,
en el negocio del
turismo. Hay otras que
se han vuelto
empresarios fruteros,
camaroneros, etc.
Algunos están metidos en
el negocio del software,
televisión por cable,
fibra óptica, etc. Para
todas estas clases
dominantes cualquier
obstáculo a su objetivo
de ser parte de la
"globalización", es
asumido como un asunto
de vida o muerte, de ahí
el incremento de los
conflictos entre las
elites y los movimientos
populares en la región.
En Honduras unas pocas
familias unidas a los
monopolios imperialistas
concentran más del 90%
de la riqueza, el poder
político y los medios de
comunicación. Los
empresarios Jaime
Rosenthal Oliva y
Gilberto Goldstein
dirigen el Grupo
Continental, uno de los
más poderosos y quienes
están tras del golpe
contra Zelaya.. Este
grupo monopoliza la
banca, la agroindustria
y los grandes medios de
comunicación: Diario
Tiempo, Canal 11 y
Cable Color. Otros
ricos empresarios que se
oponen a la
democratización de la
sociedad hondureña son:
José Rafael Ferrari
(medios de
comunicación), Juan
Canahuati (maquila,
Grupo Lovable), Camilo
Atala (finanzas), José
Lamas (explotación de la
madera), Fredy Násser
(telefonía y energía
térmica), Jacobo Kattán
(textiles), Guillermo
Lippman (industria del
azúcar) y Rafael Flores
(construcción). Miguel
Facussé, condecorado por
el Senado colombiano en
2004 con la Orden Mérito
a la Democracia, es uno
de los magnates más
fuertes de
Centroamérica, quien
incursionó en el negocio
de la palma aceitera. En
1992, apoyó la ley de
Modernización Agraria
que favoreció la
concentración de la
propiedad de la tierra,
al comprar tierras a los
campesinos a menos del
10% de su valor. La
monocultura de la palma
causó una fuerte
reducción de la
producción alimentaria,
pero convirtió a Facussé
en uno de los mayores
productores de palma en
Centroamérica.
Por otro lado, 1 millón
y medio de hondureños
vive en los EEUU, la
mayoría en condiciones
de ilegalidad, se suelen
llamar "mojados" y
aportan a sus familias
con las remesas, lo que
hoy constituye gran
parte del presupuesto
del estado, al tiempo
que entidades como
Western Union, Gigante
Express se enriquecen
cobrando comisiones por
las remesas.
Además, diferentes
comunidades resisten a
la voracidad de los
empresarios, por
ejemplo, casi medio
millón de habitantes
negros, los pueblos
garífunas de la costa
hondureña se enfrentan
con el empresario
Rosental Oliva por el
control de sus
territorios, que quieren
ser reconvertidos a un
megaproyecto turístico.
También el empresario
Facussé ha expropiado
tierras de los pueblos
garífunas para sus
megaproyectos de palma
aceitera.
Los movimientos sociales
y la izquierda hondureña
Con el modelo represivo
de la década de 1980 se
produjo una debacle de
la izquierda hondureña y
de los movimientos
sociales. El Partido
Comunista se disolvió en
1990 dando origen a una
concertación
democrática, que hoy se
denomina Partido de
Unificación Democrática,
que apoya al presidente
Zelaya. El movimiento
obrero fue diezmado,
igual que el movimiento
campesino e indígena; no
obstante las
implicaciones del modelo
económico y político
actual ha llevado a los
sectores populares a
reorganizarse para
defender sus derechos
básicos. Una de las
principales coaliciones
es la Alianza Cívica por
la Democracia, en la
Zona Occidental del
país, que aglutina
diferentes sectores
sociales. Otra es la
Coordinadora Nacional de
Resistencia, tal vez la
más importante coalición
popular, al lado del
Bloque Popular. Los
indígenas han
desarrollado sus luchas
con la Confederación de
Pueblos Indígenas de
Honduras – COPINH.
Todos estos movimientos
desarrollan luchas
contra el modelo minero
depredador que está
llenando el país de
lagunas de cianuro,
contra la construcción
de represas, la
depredación de los
bosques, una política
petrolera que disminuya
los costos de la
gasolina importada,
contra la ocupación
militar norteamericana y
por la democratización
de la sociedad
hondureña.
El gobierno de Manuel
Zelaya y la aparición de
un nuevo campo en la
lucha de clases
En el año 2005 el
Partido Liberal presentó
a Manuel Zelaya Rosales
como su candidato
presidencial, el cual
triunfó derrotando al
candidato del gobernante
Partido Nacional,
Porfirio Lobo Sosa.
Zelaya asumió el mandato
en enero de 2006,
parecía que se trataba
de una nueva "vuelta de
tuerca" en el orden
neocolonial; sin embargo
la dinámica del
movimiento popular
hondureño y un contexto
internacional favorable
a los cambios
democráticos en América
Latina, llevaron a
Zelaya a un "giro
político inexplicable e
intolerable" para las
clases dominantes y el
imperialismo. Zelaya
proviene de una familia
de terratenientes
madereros, implicada en
los años 80 con grupos
de extrema derecha y
represión sobre
comunidades campesinas.
Desde muy joven hizo
parte del
establecimiento,
militando en las filas
liberales y siendo
funcionario de carrera
en diferentes gobiernos
tanto del partido
Nacional como del
Liberal.
Durante el primer año de
su gobierno (2006)
enfrentó una ola de
protestas populares, de
parte tanto del
magisterio, que exigía
el cumplimiento del
estatuto del docente
como derecho adquirido y
conquista laboral; como
de los taxistas y otros
transportadores que
exigían una rebaja en
los precios de la
gasolina. Inicialmente
Zelaya se mostró
continuista, es decir
desconoció las demandas
populares, pero los
roces con la
administración
norteamericana y las
diferencias con sus
"hermanos de clase", lo
llevaron a reorientar
sus coordenadas
políticas.
En el año 2007 el
gobierno hondureño se
enfrentó con la embajada
de Estados Unidos que
defendía a las tres
importadoras de
derivados del petróleo
quienes durante 85 años
habían monopolizado su
importación: las
estadounidenses Esso y
Texaco y la holandesa
Shell. Zelaya las
despojó de los tanques
de almacenamiento de
combustible al comprar
los productos a otra
empresa estadounidense (Conoco
Phillips) que ganó una
licitación. Con esta
medida se logró la
disminución del precio
de la gasolina,
favoreciendo los
intereses de los
taxistas y otros
transportadores. Sin
embargo este gesto fue
interpretado por Estados
Unidos como un desafió a
su autoridad; el
embajador de Estados
Unidos en Honduras,
Charles Ford, acusó a
Zelaya de expropiación y
amenazó con esperar
"instrucciones de
Washington" para definir
que comportamiento tomar
ante el gobierno
hondureño.
Además, para hacer
sustentable esta
política de bajo costo
de la gasolina, Zelaya
se acercó a Venezuela y
a su propuesta de
PETROCARIBE como una
forma de compra de
carburantes al crédito,
con el pago del 50% y el
restante 50% pagadero en
25 años con el 1% de
interés, con la
oportunidad de invertir
una parte del capital
ahorrado en proyectos de
inversión social. Esta
fue una alternativa
criticada por la
oposición de derecha que
se quejaba de los
acuerdos de Zelaya con
el "comunismo
internacional".
Otro tema de discordia
con las clases
dominantes hondureñas
fue la intención del
gobierno de proteger los
bosques hondureños, en
contra de la voracidad
predatoria de los
empresarios que con la
tala ilegal afectan a
las comunidades
indígenas. Tampoco esta
medida fue bien recibida
por las clases
dominantes, quienes no
entienden por qué si
Zelaya proviene de la
elite maderera ahora
afecta la libertad de
empresa.
Ante la oposición
empresarial y los
cuestionamientos por
parte del gobierno
norteamericano, Zelaya
se la jugó por
fortalecer las alianzas
con gobiernos
democráticos de América
Latina, a finales de
2007 estableció
relaciones con Nicaragua
y Venezuela y en 2008
decidió hacer parte del
ALBA - Alternativa
Bolivariana para las
Américas. La reacción
del empresariado,
agrupado en el Consejo
Hondureño de la Empresa
Privada COHEP, ha sido
clara, en uno de sus
comunicados de 2008
manifestó: "El sector
privado manifiesta su
desacuerdo con esta
iniciativa unilateral
del poder Ejecutivo, que
desconociendo nuestra
historia, tradiciones y
cultura, pretende
comprometer al país en
una alianza política,
militar e ideológica
dañina para el futuro
del pueblo hondureño y
de la libre empresa".
Tanto el COHEP como los
diputados de los
partidos tradicionales,
incluido el propio
presidente del Congreso,
Roberto Micheletti (el
presidente golpista),
rechazaron la firma del
tratado que incorpora a
Honduras al ALBA y se
comprometieron a dejarlo
como letra muerta sin
ninguna viabilidad.
En el 2009 dos asuntos
tensionaron aún más el
campo de la lucha de
clases. En primer lugar
el impulso a un decreto
de aumento del salario
mínimo, que ha tenido
una beligerante
oposición del Consejo
Hondureño de la Empresa
Privada (COHEP), que se
niega a cumplir el
decreto de alza del
salario mínimo.
También a comienzos del
2009, Zelaya empezó a
promocionar una
iniciativa para crear
condiciones políticas
que posibiliten un nuevo
ordenamiento jurídico
político, impulsando
luego de las elecciones
de 2010 una Asamblea
Constituyente, que
cuenta con el respaldo
de los movimientos
sociales y de la
Izquierda. Para esto en
las elecciones de junio
de 2009 se crearía una
cuarta urna de consulta
popular. Esta iniciativa
"rebosó la copa" de la
intolerancia derechista,
el Tribunal Supremo
Electoral, la Fiscalía
General, la Corte
Suprema de Justicia, el
Congreso de la
República, el partido
Liberal (al cual
pertenece Zelaya) y los
mandos militares
declararon ilegal la
consulta, aduciendo que
era una maniobra
reeleccionista que
violaba el ordenamiento
constitucional vigente.
De parte de los
movimientos sociales,
las medidas de Zelaya
fueron vistas como
oportunidades para el
pueblo y como decisiones
que debían ser apoyadas.
Tanto el Bloque Popular
como la Coordinadora
Nacional decidieron
apoyar activamente las
iniciativas políticas
tendientes a la
democratización. En un
comunicado de mayo de
2009, el Bloque Popular
manifestaba:
"Manifestamos al Pueblo
Hondureño que a la
oligarquía y a las
transnacionales no les
preocupa la reelección o
el continuismo, lo que
les preocupa es que con
una nueva constitución
perderán sus privilegios
de dominación sobre el
trabajo y apoderamiento
de nuestros recursos
naturales, servicios
públicos y mercados para
seguir obteniendo
ganancias
multimillonarias y
atentando contra nuestra
soberanía e
independencia. Es por
eso que hacemos este
llamado a todo el pueblo
para que apoye la
consulta popular".
Todo esto alteró la
tranquilidad de las
clases dominantes,
quienes empezaron a
poner en marcha la
estrategia golpista. El
24 de junio Zelaya
destituyó al General
Romeo Vásquez, Jefe del
Estado Mayor Conjunto,
por haberse negado a
distribuir las tarjetas
de votación de la
consulta, ante esto el
Ministro de Defensa y
otros jefes militares
renunciaron. A su vez la
Corte Suprema apoyó a
los mandos militares. El
28 de junio, día de la
consulta popular,
grupos especiales del
ejército arrestaron a
Zelaya y a otros
miembros del gobierno,
maniobrando con el
argumento de que el
gobierno había
renunciado
voluntariamente, El
Congreso inmediatamente
nombró a Roberto
Micheletti, presidente
del Congreso, como
presidente encargado
hasta enero de 2010 y
estableció el toque de
queda, al tiempo que se
ha iniciado no solamente
el desmonte del gobierno
de Zelaya, sino una
nueva oleada de
persecución contra el
movimiento popular.
El 29 de junio el
Consejo Hondureño de la
Empresa Privada (COHEP)
se manifestó en favor
del golpe de Estado y
respaldó la decisión
legislativa de designar
al presidente del
Congreso, Roberto
Micheletti: "No se está
cambiando un Presidente
por otro. Se ha logrado
en un marco de unidad
nacional, mantener la
institucionalidad y el
respeto a la
Constitución y las
leyes", dice el
comunicado de los
empresarios.
Mientras tanto a nivel
internacional, es
pasmoso, por no decir
cínico el silencio
cómplice del gobierno
norteamericano de Barack
Obama, quien además de
expresar preocupación no
ha movido un dedo para
exigir el
restablecimiento del
gobierno de Zelaya.
Otros gobiernos
latinoamericanos,
principalmente los
gobiernos democrático
populares de Venezuela,
Bolivia, Ecuador,
Nicaragua, han exigido
la vuelta al gobierno
del presidente depuesto.
Los movimientos
populares de Honduras
han llamado a la
desobediencia civil y a
la movilización contra
el régimen ilegítimo que
se ha establecido. La
lucha de clases en
Honduras entra en un
nuevo periodo, el pueblo
defendiendo los intentos
de democratización y los
espacios posibilitadores
de cambio abiertos por
el presidente Zelaya y
las clases dominantes,
respaldas por Estados
Unidos, decididas a
defender sus
privilegios. |