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Así escribió Pablo Neruda, el
infatigable escritor,
emulado por el Che
cuando en su otro arte
se hacía acompañar de su
Canto General en la
mochila. "Nadie sabe
dónde enterraron/ los
asesinos estos
cuerpos,/pero ellos
saldrán de la tierra/ a
cobrar la sangre caída/
en la resurrección del
pueblo…O, los
represores: "Ellos aquí
trajeron los fusiles
repletos/ de pólvora,
ellos mandaron el
acerbo/ exterminio,/
ellos aquí encontraron
un pueblo que cantaba…"
Mi mente recorría los
rostros, la profunda
convicción de los que
resisten en tierras de
Morazán. Y, de otro
lado, los del mismo
pueblo y tan campesinos,
mestizos e indios como
los fantasmas de
enemigos que escrutaban,
para apuntar o acaso
disparar por miedo, o
porque los enseñaron a
matar.
"Soldado, no sé por qué
piensas tú. Soldado que
te odio yo. Si somos la
misma cosa, tú, yo…" Era
Guillén quien me
respondía.
Aún así, la razón se
niega a creer lo que los
ojos miran. El que porta
el arma, el poder del
fuego, del escudo, de la
bota militar que se
enloda en deshonor… es
mandado a intimidar, a
reprimir, a golpear, a
encarcelar.
Comenzaron por su
mismísimo presidente,
jefe del ejército
además, afrentando los
poderes, tantas veces
escamoteados al pueblo.
Les hicieron creer que
Cuarta Urna, plebiscito,
consulta… era
inconstitucional y
merecía castigo.
Se tiene que sentir a
Fidel describiendo el
momento de la entrada
del presidente Zelaya
para rescatar las urnas
del cuartel acompañado
de su pueblo.
Los civiles implicados,
oligarcas, la minoría
que domina Honduras y,
los generales golpistas,
alumnos eminentes de la
Escuela de las Américas,
que ya han sido
denunciados al menos,
por falsificación de
documentos públicos,
terrorismo, detención
ilegal, rebelión, abuso
de autoridad, traición a
la patria y allanamiento
de morada. La barbarie.
Contra ella, la
resistencia. Entonces,
la admiración porque
Morazán vigila. El
pueblo de Morazán, no es
una horda.
Los hemos visto
solidarios, serenos,
indignados, exigentes,
organizándose,
cuidándose, pero capaces
de encontrar un policía
armado infiltrado en los
manifestantes, y sin
darle un golpe,
devolverlo a un auto
castrense. Y, las
mujeres increpando a los
uniformados con los
fusiles apuntándoles al
rostro.
No hay venganza, hay
razón exigente, aun
contra los que golpean,
intimidan, encarcelan y
torturan. De muertos son
confusas las cifras,
pero los hay.
Para asombro del mundo,
solo explicable porque
los asiste su derecho
irrenunciable y que
"Morazán vigila" se han
organizado como de
debajo de las piedras
para restituir sus
valores, con el arma de
la moral y su canto
general: ¡Queremos a
Mel! ¡Queremos a Mel!...
Reviso las imágenes
recién llegadas de
Tegucigalpa del
fotógrafo hondureño
Emilio Nataren y como
para vivir como él ha
muerto, "para vivir como
tú vives", la imagen del
Che en la muchedumbre
indica la generosidad de
los explotados y
hambreados que se han
decidido a conquistar su
libertad y sus derechos.
Eso les representa
Manuel Zelaya. Es el
respeto a sus valores, a
la dignidad atropellada.
Nos aprestamos a ver la
gran batalla final de la
resistencia contra la
barbarie cuando hoy
regrese a Honduras el
Presidente de los
hondureños.
No se sabe si habrá otra
traición, pero con
Zelaya a Honduras
entrarán todos los
demócratas del
continente. Estará
acompañado de
personalidades y la
presidenta argentina
Cristina Fernández y el
ecuatoriano Rafael
Correa.
Los responsables de lo
que suceda serán los
brutos golpistas. El
pueblo de hondureño ya
ha vencido. Resistió el
golpe militar artero, se
organizó y esa es la
victoria.
El Che ante sus
demostraciones les
diría: ¡Hasta la
Victoria Siempre!. |