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Compadre Rodolfo:
Ya debés saber del golpe
militar contra Mel
Zelaya. Lo acusan de
querer reelegirse. Lo
derrocaron porque,
mediante una encuesta
nacional que se iba a
celebrar el 28 de junio,
se le preguntaría a la
población si quería o no
que en las elecciones de
presidente, diputados y
alcaldes de finales de
noviembre se colocara
una cuarta urna en la
que la ciudadanía dijera
si deseaba o no la
celebración de una
Asamblea Constituyente
que abriera en la
constitución un espacio
de participación,
consulta y decisión
ciudadana sobre aspectos
cruciales de la vida del
país, de los que en la
actualidad está excluida
la población. La
Asamblea Constituyente
se realizaría cuando Mel
Zelaya ya hubiera
entregado el poder. No
había, entonces,
posibilidad alguna de
reelección.
De lo que sí Mel es
culpable es de haber
incitado la
participación ciudadana
y haber desbocado ese
deseo entre la gente
común. Para sólo
mencionar dos puntos
críticos, las
modificaciones
constitucionales habrían
posibilitado replantear
los leoninos términos de
los contratos de
generación de energía
térmica con el
empresariado élite del
país o de las
concesiones telefónicas
y habrían permitido la
representación
democrática a través de
otros sectores sociales
más allá de los partidos
políticos tradicionales,
votados por menos de la
mitad de la población
electoral y, por
consiguiente, con baja
legitimidad social.
¿En qué se basa la
confianza que
aparentemente de pronto
se vuelca sobre la
propuesta de Zelaya y
hace de él un inesperado
líder con amplísimo
apoyo, confianza que
muchos de nosotros,
dentro o fuera del país,
no le otorgábamos en lo
más mínimo?
Hoy, compadre, en
retrospectiva, me doy
cuenta que esa confianza
y apoyo no brotaron de
improviso, sino que se
fueron gestando como
resultado de su gestión
económica gubernamental,
que no supimos entender
tempranamente.
Fijate que Mel hizo dos
cosas. Puso en práctica
medidas económicas
orientadas a
estabilizar, reducir o
impedir que aumentara el
costo de vida de la
gente y llevó a cabo
otras que buscaban
mejorar el ingreso de
las personas.
Entre las primeras,
recordá que desde
inicios de su gobierno
se dio a la tarea de
reducir el margen de
intermediación de la
cadena de distribución
de los combustibles a
favor de un ahorro en el
precio de la gasolina y
los otros derivados del
petróleo. Esto molestó
mucho a las petroleras y
su molestia aumentó
cuando se concretó el
contrato concesionario
de abastecimiento de
petróleo con Venezuela.
El acuerdo, además,
permitió pagar una
porción del costo en un
plazo dilatado y
significó menor presión
de la factura petrolera
sobre la disponibilidad
nacional de divisas. La
otra gran medida fue el
subsidio al precio de
los combustibles,
duramente criticado por
la ortodoxia
antisubsidio. El ahorro
y el subsidio abarataron
el precio de los
combustibles y evitaron
el aumento del costo del
transporte de las
personas y de todos los
productos que se
movilizan en el
territorio nacional. Sin
el ahorro y el subsidio
habría sido más caro el
transporte y más caro
todo lo que se
transporta y consume en
el país y habría sido
mayor la inflación y el
costo de vida.
¿Estamos de acuerdo,
amigo Rodolfo, con este
encadenamiento lógico y
real que ha sido
escamoteado por los
analistas nacionales? La
tercera medida fue la
reducción de la tasa de
interés de los créditos
para vivienda ¿Vos
sabés, hermano, la
diferencia entre pagar
intereses entre el 24 y
el 32 por ciento anual
(como en el caso de La
Vivienda, desaparecida
por incapacidad
competitiva y gerencial)
y luego tener la
posibilidad de pagar la
mitad o un tercio de
eso? A Mel le gustaba
decir en privado, “le
torcí el brazo a los
bancos para que bajarán
los intereses”. Tampoco
esta medida fue del
gusto de los banqueros.
La medida fue efectiva
sobre todo porque nuevos
entes financieros de
origen extranjero de
reciente inserción en el
sistema nacional y con
afán competitivo por
ganar un espacio en el
país jugaron un papel
muy dinámico
(Credomatic-General
Electric, por ejemplo).
No sólo financiaron muy
ágilmente nuevos
préstamos de vivienda,
sino que compraron la
deuda de aquellas
personas que habían
adquirido créditos con
los bancos tradicionales
del país. Y lo hicieron
a tasas entre el 10.7 y
el 12.7 por ciento. Todo
esto, amigo Rodolfo, ha
abaratado el costo de
adquisición de las
viviendas y contribuido
a un costo de vida más
bajo.
La misma reducción de la
tasa de interés para
vivienda mejoró el
ingreso de las familias.
Motivó una mayor
construcción de casas,
estimuló la compra de
más cemento y otros
materiales de
construcción, aumentó la
venta de las
ferreterías, incrementó
la demanda de transporte
de materiales y, sobre
todo, dio lugar a mayor
empleo para los
trabajadores de la
construcción. Mayor
actividad económica y
más empleo significó más
ingresos para las
familias pobres, para
los pequeños y medianos
empresarios y hasta para
los grandes importadores
(Los Larach, por
ejemplo) y dueños de las
cementeras (Rosenthal,
entre ellos). Inclusive,
los bancos que
estuvieron a la cabeza
de este proceso
ampliaron sus ganancias,
porque el impresionante
aumento del volumen de
los préstamos más que
compensó la baja
inducida de la tasa de
interés. Los bancos de
la zaga pudieron ser los
afectados con la medida.
(Mire, compadre Rodolfo,
fueron muchos los que se
beneficiaron y quizás
los perjudicados hayan
sido los menos, pero eso
sí, los más jurásicos
del parque y con el
mayor poder económico.
¿Entiende, amigo, cómo
se ha ido formando la
urdimbre de apoyos y
oposiciones ciudadanas a
la gestión gubernamental
de Zelaya? Pero no crea
que porque a algunos
grandes les haya ido
bien estuvieron al
margen del golpe). Este
período ha sido
calificado como el boom
de la construcción.
El otro gran hito del
mejoramiento del ingreso
fue el aumento del
salario mínimo. Esta fue
una medida en cierta
forma reactiva.
Recordarás seguramente
el aumento de los
precios internacionales
del trigo, petróleo,
maíz, aceite de palma,
etc., del año pasado. Se
transmitieron obviamente
al mercado nacional y
afectaron la capacidad
de consumo de la
población. Los precios
internacionales bajaron
pero aquí el alza se
mantuvo. Zelaya estuvo
reiteradamente pidiendo
a los empresarios que
bajaran los precios. Se
lo solicitó a los
empresarios de la
harina, el pollo, los
huevos, el aceite (los
de complejo
agroalimentario del
país: Banco e
Inversiones Atlántida,
por ejemplo) y a todos
aquellos que al amparo
del alza del petróleo
justificaron los
aumentos de sus
productos y de algunos
servicios como el
transporte. En general
los que lo hicieron
bajaron los precios en
una proporción
nanométrica de lo que
los habían incrementado.
Zelaya respondió
entonces elevando el
salario mínimo en
alrededor de un 60 por
ciento. (Esto significó
otro reacomodo en la
correlación de apoyos y
oposiciones).
Hermano, si Ud. ahora me
acompaña en un esfuerzo
de abstracción yo le
diría que la gestión de
Mel Zelaya constituye un
punto de quiebre en la
tendencia de los
gobiernos desde 1990. Y
fíjese que ya nos
salimos del período de
Zelaya y nos situamos en
un plazo más amplio que
nos permita una
perspectiva más amplia.
La diferencia estriba en
cómo se costea el
crecimiento económico y
qué sectores se
priorizan como
receptores de los
beneficios de ese
crecimiento. El boom de
la construcción es un
buen ejemplo. Fue la
actividad cuya dinámica
imprimió a la economía
nacional una de las más
altas tasas de
crecimiento de la
presente década, se
costeó con la baja de la
tasa de interés para la
construcción de
viviendas y los
beneficios del
crecimiento de la
actividad se
distribuyeron en una
amplia gama de sectores
sociales, incluyendo a
los propios bancos de
vanguardia.
En cambio, desde 1990 y
durante unos 16 años la
devaluación ha sido
quizás el principal
medio por el que se ha
costeado el crecimiento
económico del país.
Amigo Rodolfo, ambos
sabemos cómo eso sucede,
pero recordémonoslo por
un momento. Imaginemos
que yo produzco y vendo
camisetas en el exterior
a un dólar cada una y
que ese dólar vale dos
lempiras. Imaginemos que
hoy devaluaron y por un
dólar ahora me entregan
cuatro lempiras.
Significa que por la
misma camiseta y por el
mismo dólar ahora, en
virtud de la
devaluación, yo gano dos
lempiras más. Pero, ¿de
dónde salen esos dos
lempiras? Bueno, ahora
imaginemos que Ud. vive
en Honduras y es
importador de derivados
de petróleo y un galón
de combustible lo
importa a un dólar.
Ayer, antes de la
devaluación, Ud. lo
vendía a dos lempiras,
hoy lo va a tener que
vender a dos lempiras
más, es decir, a cuatro
(estamos suponiendo que
Ud. sólo traslada el
aumento del costo en
lempiras, un supuesto
poco realista en la
lógica empresarial).
Entonces, al consumidor
el galón de combustible
le costará dos lempiras
más que es la ganancia
adicional que yo estoy
obteniendo por exportar
la misma camiseta al
mismo dólar de siempre.
Este es, compadre, un
juego suma cero, porque
lo que uno gana es lo
que el otro pierde, lo
que es ganancia por
devaluación para mí es
inflación para todos los
consumidores.
El caso de los bancos es
mucho más interesante.
Imagínese, ahora,
compadre, que Ud. es un
banquero que ayer tenía
una reserva de diez
millones de dólares o
sea veinte millones de
lempiras. Después de la
devaluación esa reserva
será siempre de diez
millones de dólares,
pero en lempiras
equivaldrá a cuarenta
millones. Esos veinte
millones de más es
inflación para los
consumidores y como a
mayor inflación mayor
será la tasa de interés
que aplique a los
préstamos que Ud. hace,
habrá pegado patada y
mordida.
Ud. cree, amigo Rodolfo,
que es gratuito que la
actividad bancaria sea
una de las que más ha
crecido desde 1990
cuando Rafael Leonardo
Callejas devaluó la
moneda nacional. Tampoco
es gratuita la notable
expansión de la
industria maquiladora de
ropa. ¿Por qué cree,
compadre, que el ex
presidente Ricardo
Maduro, propietario de
una de las principales
exportadoras de café, es
adicto a la devaluación?
¿Me entiende, entonces,
cómo opera la
devaluación y quienes
hemos estado costeando
el crecimiento de todas
estas actividades
bancarias y de
exportación y quienes
han sido los
beneficiarios? Aunque,
le voy a decir, que no
son todos los
consumidores sobre los
que ha recaído el costo,
sino sobre los
consumidores de ingresos
fijos y aquellos otros
que por el tipo de
actividad que
desarrollan no le pueden
pasar la factura de
costos a otros. En todo
caso, una importante
mayoría. Pero, debo
decirle algo más. No
sólo hemos costeado el
crecimiento de esas
actividades sino el
aumento del consumo
importado de esa élite
empresarial gobernante.
Cree que es gratuito que
en esa década de los
noventa las
importaciones se hayan
disparado lo mismo que
el déficit comercial del
país. Como no ha vivido
aquí, Ud. no ha visto la
proliferación de autos
europeos de lujo y de
mansiones del mismo
orden. Si Ud. hubiera
vivido aquí en todos
estos años también
tendría el cuero curtido
de costear ese
crecimiento y ese
consumo. Y, además,
estoy seguro que tendría
caldeado su ánimo o,
quizás, tendría rabia
contenida.
¿Quiere saber qué ha
significado, del otro
lado, el financiamiento
de esas actividades y el
aumento del consumo de
esa cúpula empresarial?
Pues bien, en 1989,
antes de la entrada de
Callejas, el salario
agrícola, según cifras
oficiales, era de 9.12
lempiras que a la
relación oficial de 2
lempiras por dólar
equivale a 4.56 dólares.
En el 2007 ese salario
baja a 3.97 dólares
(Lps. 75.48/19.03), o
sea el 87 por ciento de
lo que fue 18 años
antes. Y este cálculo,
como bien lo sabe colega
Rodolfo, peca por
subestimación porque se
estima en relación a la
devaluación y no a la
inflación, que siempre
es mayor. Esta
depreciación de los
ingresos y de la
capacidad de compra ha
sido igual en otros
estratos sociales, por
eso es que Ud. va a ver
cómo la compra de ropa
usada, de zapatos
usados, de
electrodomésticos usados
y de todo usado, ha
venido a ser la común
práctica antípoda del
consumo exquisito de la
élite aludida. Vea,
entonces, que el aumento
del salario mínimo que
en el corto plazo
aparece como una acción
reactiva del Presidente
Zelaya, desde esta
perspectiva más amplia
viene a ser un
imperativo de
subsistencia de una
población a la que le
han ido vaciando los
bolsillos con la
sutileza abstracta de la
devaluación. Zelaya
contribuyó a reducir ese
gran déficit social.
Con este panorama de
deterioro de vida cree
Ud., amigo mío, que ha
sido pura casualidad el
que un millón y medio de
jóvenes haya decidido
irse del país, como
espaldas mojadas la
mayoría. Si los ochenta
fue la década de los
desterrados políticos,
los noventa y la
presente han sido las
décadas de los
desterrados económicos,
de los sin empleo.
En Honduras, como en
otros países, Ud. bien
lo sabe, compadre, son
la micro, la pequeña y
la mediana empresa las
principales fuentes de
empleo. Pero su
potencial de crecimiento
ha estado limitado por
una devaluación que ha
incrementado
constantemente el costo
de la materia prima,
herramientas, maquinaria
y repuestos importados
que requieren para sus
operaciones. Este gran
bloque de empresas está
orientada básicamente a
la producción de
alimentos procesados
(micro y pequeñas
panaderías, comedores,
restaurantes), al
comercio micro, pequeño
y de mediana escala y a
la prestación de
servicios de transporte
de personas y de carga,
entre otras actividades.
Orientado al consumo
nacional, sus ventas no
le generan dólares que
compensen el aumento del
costo importado. Para un
segmento de este bloque,
el abastecimiento de
harina (de trigo y
maíz), azúcar, aceite,
huevos, leche y otras
materias primas básicas
alimentarias depende del
gran complejo
agroalimentario nacional
que maneja con carácter
monopólico los precios.
El financiamiento
bancario de todo el
bloque está sujeto a las
tasas de interés más
elevadas de
Centroamérica y el costo
de la electricidad,
telefonía y los
combustibles son
críticos en su
funcionamiento.
Como Ud., amigo Rodolfo,
hace muchos años no ha
estado aquí quizás no
sepa que además de este
bloque existe otro
formado por ese gran
complejo monopólico
agroalimentario, por las
grandes casas
exportadoras e
importadoras, por la
banca, por las grandes
corporaciones
comerciales e
inmobiliarias, por las
compañías importadoras y
refinadoras de petróleo,
por las grandes redes de
medios de comunicación,
por las cadenas de
comida rápida, etc.,
bloque al que se han
incorporado las
compañías generadoras de
energía térmica y de
telefonía. Se trata de
un breve número de
familias y empresas
extranjeras para las
cuales no hay sector
económico alguno en el
que no hayan hecho
inversiones y no ha
habido integración
vertical y horizontal
alguna que no hayan
puesto en práctica. Para
adaptar y acuñar una
frase, es el vivo e
ideal ejemplo de un
“modelo de desarrollo
urbano sostenible con
enfoque territorial”.
¿Usted me entiende,
compadre, verdad?
Este bloque élite además
de manejar
monopólicamente los
precios de las materias
primas nacionales y de
ofrecer las más altas
tasas de interés,
también opera con uno de
los precios más elevados
de la electricidad,
telefonía y combustibles
del istmo
centroamericano.
¿Comprende ahora, amigo,
por qué el bloque de la
micro, pequeña y mediana
empresa ha tenido
limitado su crecimiento
(además de lo que ha
significado la
devaluación), por qué
ese potencial de
generación de empleo no
ha podido desplegarse en
toda su extensión, por
qué millón y medio de
jóvenes (casi un tercio
de la población
trabajadora del país) ha
tenido que ir a buscar
empleo fuera de aquí,
por qué se puede afirmar
que ese crecimiento
económico basado en la
devaluación y en el
manejo monopólico e
irrestricto de los
precios de insumos
críticos para la
producción ha sido un
crecimiento para las
familias del bloque
élite, por qué se puede
afirmar que los
gobiernos han venido
manejando una política
económica que impulsa un
crecimiento cuyos costos
recaen sobre la mayoría
y los beneficios
fundamentalmente sobre
el bloque élite?
¿Entiende ahora,
compadre, que el
andamiaje político y la
forma de gestión
gubernamental es muy
compatible con la manera
en que el bloque élite
tiene organizada y
maneja la economía de
este país? ¿Entiende que
esta compatibilidad hace
del funcionamiento del
país una cajita que
produce constantemente
pobres en serie y a gran
escala? ¿Comprende ahora
que si a esa cajita no
se hacen los ajustes
económicos y políticos
necesarios la
polarización económica y
social va a ser cada vez
mayor? ¿Entiende que sin
esos ajustes por más
estrategias para
reducción de la pobreza,
por más ayuda
internacional bien
intencionada, por más
enfoques territoriales
de desarrollo rural
sostenible que hayan,
los esfuerzos para
abatir la pobreza van a
ser la perenne proeza de
Sísifo?
Ahora volvamos al inicio
de todo esto. Comencé
hablándole del golpe y
le he relatado todo esto
porque considero que lo
económico es marco de
referencia obligado para
el análisis político y
porque creo que la
nariz, por más grande
que la tengamos, no
puede ser el horizonte
de nuestras reflexiones;
por eso me remití a los
hechos ocurridos desde
1990, cuando se inicia
en el país esa sesgada
política económica y
peculiar forma de
gestión gubernamental.
Entiende, entonces,
amigo Rodolfo, qué
significa hacer una
gestión gubernamental
diferente queriendo que
el crecimiento del
bloque de la micro,
pequeña y mediana
empresa se costee con la
reducción del precio de
los combustibles al
revisar el margen de
intermediación y abrir
una fuente alternativa
de abastecimiento
concesionario
(Petrocaribe),
subsidiando el precio de
los derivados del
petróleo, obligando a
bajar la tasa de interés
de los préstamos para
construcción e
intentando el pecado
capital de querer
reducir los precios de
la energía eléctrica en
los contratos del Estado
con las empresas
térmicas (Miguel
Facussé, Callejas y
otros más)? Son los
contratos que han tenido
al punto del colapso
financiero a la empresa
estatal de energía
eléctrica en uno de los
más rentables negocios
junto con el de la
telefonía, beneficiaria
de concesiones que el
buró político otorgó al
bloque élite, por
decirlo así, por diez
centavos cuando costaba
un millón de lempiras?
¿Comprende que haber
tocado el interés de las
transnacionales del
petróleo es haber
movilizado la
animadversión de la
embajada de EUA y de
todos los recursos y
fines a su alcance para
restaurarles sus
beneficios? ¿Usted cree
que es gratuito que una
de las primeras medidas
tomadas por Micheletti
haya sido devolverles el
control monopólico del
abastecimiento del
petróleo a esas
compañías?
Y como el sentido de
propiedad del bloque
élite no se reduce a las
inversiones
empresariales sino que
se extiende a sus
inversiones políticas,
si Ud. estuviera aquí
sabría a qué familia o
corporación le pertenece
la Corte Suprema de
Justicia, el Ministerio
Público o entre quienes
está repartido el
Congreso Nacional,
obviamente con todos sus
magistrados, fiscales y
diputados. Y por tanto
se daría cuenta también
que ese bloque élite no
necesita meter
directamente sus manos
en un golpe, porque esa
élite “democrática”
puede permitir que se
juegue con el Santos
pero no con la limosna.
Mire, amigo, esa cajita
que arriba le mencioné
no sólo es una cajita
económica sino también
política y jurídica. De
manera que no sólo es su
parte económica sino
también su andamiaje
político y jurídico el
que produce pobres a
granel. Y ese andamiaje
son todas las leyes
primarias y secundarias,
las normas,
regulaciones,
estructuras,
instituciones y las
personas que las operan
como representantes de
la ciudadanía. Así que,
en la idea y propósito
de Zelaya, una apertura
participativa y
representativa más
amplia (incorporando a
sectores que han estado
excluidos), la
introducción de
mecanismos de democracia
directa como el
plebiscito que implica
la cuarta urna y la
inserción de nuevas
normas y reglas del
juego democrático son
requisitos y cambios
ineludibles sin los que
se volvería imposible
combatir la pobreza y la
exclusión. Pero, a la
vez, son atentatorias
contra el estilo de
conducción política del
Congreso y sobre todo
contra los beneficios
personales y políticos
que el puesto y ese
estilo les han venido
reportando. Fíjese,
compadre, que apenas se
hicieron pequeños
cambios en los
procedimientos de
votación y ya no
salieron electos
diputados pétreos como
Ramos Soto y otros del
mismo género. Esa
experiencia les enseñó
mucho. Entiende Ud. que
perseverar en el estatus
quo es un asunto de
supervivencia para esta
prole y la propuesta de
cambios es equivalente a
que les muevan el
petate.
Ve Ud. entonces que
ampliado el contexto y
el horizonte, esa
polarización de la
sociedad hondureña que
mira desde aquellos
lares no es un asunto
promovido por Mel
Zelaya, sino un trabajo
tesonero y esforzado que
el bloque élite y el
estamento político han
venido construyendo
desde hace dieciocho
años, para sólo hablar
de lo más reciente de
esta construcción. El
común de la gente mira
que trabaja y trabaja y
no ve avance. Mire,
compadre, esa
polarización está tan
metida en el tuétano
social y la lleva la
gente a flor de piel que
la más nanométrica
propuesta de justicia y
participación dispara
instintivamente las
ilusiones y los anhelos.
Seguramente a Zelaya y
su rol lo construyeron
también las
circunstancias, y como
pudo ser él podría haber
sido otro. Mel sólo es
parte de la ecuación.
La participación de los
militares en el golpe
merece sólo un breve
comentario. Cuando se
requirió su
participación en la
consulta popular, como
llamado de la población,
el proceso era ilegal.
Cuando el bloque élite
le designó el papel
golpista muy
solícitamente lo hizo
respaldándose en un
argumento de legalidad.
Esos militares son eso,
obedientes y no
deliberantes.
Yo te agradezco, hermano
Rodolfo, que me hayas
motivado a hacer estos
apuntes para darte una
vista panorámica y de
amplio horizonte de lo
que aquí pasa. Un abrazo
fraterno
Tu amigo
Miguel Cáceres Rivera
economista
hondureño. |