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Hoy es 5 de julio: una fecha de la
más trascendente
significación
patriótica. 198 años de
nuestra Declaración de
Independencia.
El 5 de julio de 1811 se
produjo una ruptura
histórica decisiva. Y
vaya que fue decisiva:
se proclamó nuestra
independencia absoluta,
na- ciendo nuestra
Primera República y el
Estado Nacional.
Ruptura, entonces, con
un claro sentido
político que ya había
sido anunciada por el 19
de abril de 1810.
El espíritu de ruptura
estuvo encarnado, en el
camino hacia el 5 de
julio, por esa real y
verdadera agrupación
revolucionaria que fue
la Sociedad Patriótica:
su sostenida labor de
agitación y su
consecuente presión
sobre nuestro Primer
Congreso radicalizaron
las cosas. Los verbos
encendidos de un
Miranda, de un Bolívar,
de un Ribas, de un Coto
Paúl, le dieron un
tremendo empuje a la
causa independentista.
Fue una ruptura
impulsada y dirigida por
un pequeño grupo de
mantuanos: aquella
Primera República
carecía de savia
popular. Ello no
disminuye, por supuesto,
la trascendencia del año
1811. A propósito,
necesario es que
atendamos a esta lúcida
y apasionada reflexión
de Augusto Mijares: "La
verdad completa es que
Venezuela se anticipó a
darle base jurídica a su
revolución con tanta
vehemencia como la que
demostró después para
defenderla".
Quiero resaltar el
profundo significado
nuestroamericano que
tiene esta fecha. Así lo
refleja la última
estrofa de una canción
que se popularizó por
las calles de Caracas en
1811: "Unida con lazos/
que el cielo formó/ la
América toda/ existe en
Nación". El sentimiento
de una sola nación.
La Constitución de 1811,
la primera de Nuestra
América, declaraba que
sus preceptos eran
inviolables. Pero, y
esto es importante, era
posible "alterar y mudar
estas resoluciones,
conforme a la mayoría de
los pueblos de Colombia
que quieran reunirse en
un Cuerpo nacional para
la defensa y
conservación de su
libertad e
independencia".
Colombia: allí está la
mano de Miranda. Es
decir, Venezuela
entendía su existencia
como Nación libre,
soberana e independiente
dentro de una unidad
mayor. Tal cual la
entendemos hoy. De allí
la Alianza Bolivariana
ALBA. De allí la Unasur:
¡Sólo unidos seremos
independientes! Hoy es
el Día de la Fuerza
Armada Bolivariana.
Vaya, a través de mi
voz, el testimonio de un
pueblo agradecido que
hoy sabe que las armas
de la República le
pertenecen. Es un
reconocimiento que el
pueblo le da al mismo
pueblo: el Día de la
Fuerza Armada
Bolivariana es hoy el
Día del Pueblo en Armas.
En este gran día, hago
un llamado a la
reflexión a los soldados
y soldadas de Venezuela:
mírense en el doloroso
espejo hondureño. Vean
la diferencia abismal
que existe entre una
Fuerza Armada unida
fraternalmente a su
pueblo, como pueblo en
armas, y una fuerza
militar convertida en un
ejército de ocupación
dentro de su propio país
y al servicio de las
burguesías sin Patria
pero con amos en el
Norte.
La unidad de Nuestra
América se consolida,
cobra fuerza en el
concierto de las
naciones y levanta su
vuelo libertario.
El zarpazo neofascista
que un grupo de gorilas
militares y civiles ha
perpetrado contra el
presidente Zelaya, hay
que pensarlo dentro de
las siguientes claves:
quieren cobrarle al
Gobierno hondureño su
incorporación al ALBA,
su identificación con
quienes aspiran a un
mundo de mayor dignidad
y justicia. Quieren
cerrarle las puertas a
una nueva historia y
salirse con sus oscuros
privilegios por el
basural del fondo.
Pero en su ceguera, no
se dan cuenta de que
están atrapados por un
fatal anacronismo y una
falta total de sentido
histórico.
Se ha dicho, con verdad,
que el golpe de Estado
hondureño es contra todo
lo que se encarna en
estas cuatro letras:
ALBA. La Alianza
Bolivariana no sólo es
una urgencia histórica
sino la vía inexorable
para hacerle frente a la
crisis estructural del
capitalismo y, por eso
mismo, el instrumento
unitario de mayor
voluntad política a la
hora de actuar en
función de la
impostergable unidad de
Nuestra América.
De allí que buscaran
golpearla, así lo he
dicho, por su flanco más
débil.
Justamente por eso, lo
más nauseabundo de la
sociedad hondureña, a
punta de fusiles, el
domingo pasado amaneció
de fiesta. Apestando a
pólvora y a soberbia,
creyeron que podían
quebrar la esperanza de
un pueblo.
Pero el sentir de un
pueblo es inocultable
cuando ha decidido ser
libre. El deseo de
transformación se siente
hasta en el aire
hondureño, por eso vemos
en las pantallas a los
soldados buscando a un
enemigo fantasmal: los
gorilas les han ordenado
sembrar el terror, por
el terror que le tienen
al pueblo.
Estos traidores a la
Patria jamás podrán
entender el fuego
sagrado de Morazán. Su
verbo acusador de ayer,
se dirige hoy contra
ellos y contra todo lo
que representan:
"Hombres que habéis
abusado de los derechos
más sagrados del pueblo
por un sórdido y
mezquino interés, con
vosotros hablo, enemigos
de la independencia y de
la libertad".
Recordemos en medio de
esta batalla por la
independencia, la voz
del joven coronel Simón
Bolívar en su memorable
intervención pública del
3 de julio de 1811 en la
Sociedad Patriótica:
"vacilar es perdernos".
"Es la hora de los
hornos", dijo Martí.
¡Es la hora de los
pueblos! ¡Es la hora del
futuro! ¡Sin vacilar,
Venceremos! |