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El golpe militar en
Honduras del pasado 28
de junio, contra el
gobierno del presidente
Manuel Zelaya, surgido
del Partido Liberal
quien tomó caminos
independientes,
rechazando imposiciones
como el Tratado de Libre
Comercio (TLC),
uniéndose al proyecto
latinoamericano de
integración (ALBA) y
creando alianzas con
organizaciones
populares, será desde
hoy y para siempre uno
de los mayores ensayos
del terrorismo
mediático, entre otros
modelos. Pero también
lleva muchos mensajes
detrás.
La Organización de
Estados Americanos (OEA)
actuó tardíamente. El 26
de junio debía haber
estado en Honduras, como
lo reclamó el presidente
Zelaya. Si bien tomó una
posición ante la fuerte
presencia de América
Latina, que incluso
llevó al Secretario
General, José Miguel
Insulza a entregar en
manos propias el
ultimátum a los
golpistas, algunos
sectores plantean dudas
sobre la lentitud de
esos movimientos.
Analizando el golpe en
sí, que no se diferencia
de todo lo actuado a lo
largo del Siglo XX y lo
que va del XXI por
Estados Unidos en
América Latina, este
lleva otras cargas
agregadas.
Abiertamente la
televisora CNN, hizo
todo lo posible por
legalizarlo. Burdo y
evidente ha sido el
intento.
Durante el primer día
del golpe, que comenzó
con el secuestro
extremadamente violento
del presidente y el
traslado ilegal a Costa
Rica bajo monitoreo de
las bases militares
estadounidenses en
Honduras, CNN intentó
durante todo el día a
través de una serie de
entrevistas que se
inculpara al presidente
Zelaya.
La pregunta en términos
generales era “¿Ud. no
cree que el presidente
Zelaya es responsable
por haber intentado esta
consulta que muchos
rechazaban?”. Las
respuestas
mayoritariamente fueron
contra el golpe, ante lo
cual, la primera acción
resultó derrotada. Por
no así la continuidad de
la propaganda por otros
medios.
La supuesta
“objetividad” con que se
reciben y leen mensajes,
la mayoría de los cuáles
siempre favorecen las
posiciones del discurso
hegemónico de la
empresa, es falsa. Por
una parte se descartan
mensajes contrarios y no
se informa sobre la
realidad de que la
mayoría del pueblo
hondureño no tiene
acceso a Internet y que
otros miles están
huyendo o en la
clandestinidad ante la
represión golpista.
Se contradice CNN.
Zelaya había propuesto
una consulta al pueblo
el 28 de junio para
saber si se apoyaba
instalar otra urna en
las elecciones de
noviembre próximo para
aprobar o no la
instalación de una
Asamblea Constituyente.
Si los golpistas
pensaban
—como argumentó
CNN el 4 de julio
pasado—
que Zelaya tenía
solo el 30 por ciento de
los votos.¿por qué no
dejaron que se votara
ese 28 de junio si iba a
perder?.
¿Era necesario el golpe
brutal para impedir la
consulta cuando las
urnas
—según CNN—
desfavorecían al
mandatario y cuando
incluso quedaba un nuevo
escenario donde discutir
democráticamente estas
cuestiones como son las
elecciones de noviembre
próximo?.
Si el mandatario solo
tenía un respaldo
mínimo, ¿por qué no
esperar unas horas a su
presunta derrota en la
consulta y no
presentarse a la
madrugada en su casa
secuestrarlo e imponer
un golpe que siempre
conlleva terrorismo de
Estado?.
En este intento de
razonamientos simples
debemos citar otro
ocultamiento. La
historia regional no
aparece como contexto,
ni la ocupación colonial
de esa región por
Estados Unidos a lo
largo del siglo XX, de
lo que el nombre
terrible de “repúblicas
bananeras” para las
naciones
centroamericanas, cuyos
pueblos han dado muestra
de una larga
resistencia.
La suma de víctimas en
esas resistencias contra
las dictaduras impuestas
por Washington a lo
largo de la mayor parte
del siglo XX, alcanza a
casi 400 mil muertes, si
consideramos que en
Guatemala solamente se
registraron 90 mil
desapariciones forzadas
y más de cien mil
muertos. Sumado a esto
los muertos y
desaparecidos bajo las
dictaduras de la familia
Somoza en Nicaragua y
los militares en El
Salvador, y luego en la
guerra encubierta de
Estados Unidos contra el
pueblo nicaragüense no
hay ninguna exageración
en esa cifra.
Si el golpe en Honduras
no se evalúa en los
términos de esa
realidad, es imposible
entender el peligro que
la actual asonada
significa para América
Latina y el porqué la
única respuesta a esto
es la restitución del
mandatario.
Presidentes elegidos por
la voluntad popular
fueron derribados por
invasiones e
intervenciones a lo
largo de la historia,
tanto en los años 50,
como 60, 70, 80. A fines
de los años 90 y
especialmente en el
siglo XXI, el
surgimiento de nuevos
gobernantes, que se
escapan del
encuadramiento de la
vieja Guerra Fría,
provocó otros intentos
golpistas fracasados
como el de Venezuela en
abril de 2002 contra el
presidente Hugo Chávez o
los intentos
aparentemente “cívicos”
con fuerzas
paramilitares detrás,
como lo actuado contra
el presidente Evo
Morales en Bolivia en
septiembre del 2008.
Los golpes duros o
“suaves” se multiplican
en la tarea demoledora
de desestabilizar
gobiernos contando con
el apoyo la National
Encowment Foundation
(NED) y la USAID
(Agencia Internacional
para el desarrollo
(USAID), es decir la CIA
estadounidense,
responsable también de
la guerra contra
Nicaragua y la invasión
a Panamá en 1989, entre
otras actuaciones
“memorables” en la
región.
En 1983 el investigador
y periodista argentino,
Gregorio Selser escribió
el libro Honduras,
República alquilada
publicado en México ese
año, donde denunciaba la
complicidad de las
dirigencias políticas de
ese país con la larga
ocupación de las
transnacionales fruteras
y otras y la
intervención militar de
Estados Unidos.
Marcando su respeto por
el pueblo hondureño,
sometido a la infamia de
dictaduras y poderes
congresionales que lo
traicionaban siempre,
Selser demostró
documentadamente que
Honduras fue un país
utilizado por Washington
como plataforma de
agresión regional desde
los tiempos en que las
compañías fruteras
imponían a los
gobernantes de turno.
Por esta razón es
imposible hablar de lo
que está sucediendo en
ese país sin mencionar
la presencia de bases
militares de Estados
Unidos y el ocultamiento
de ese factor es parte
del golpe.
No es un “olvido” común
que no se registre en
los antecedentes todo lo
que sucedió en esa
región, donde la
multimillonaria ayuda
militar de Estados
Unidos sostuvo los
criminales dictadores
centroamericanos.
Está documentado que
desde esas bases en
territorio hondureño
partió en 1954 la
invasión contra el
presidente legítimo de
Guatemala Jacobo Arbenz
y lo actuado en los años
contra El Salvador, y
Nicaragua.
En esos años también ya
se había sido instalado
uno de los más poderosos
sistemas de radar en las
bases militares de
Honduras. Una de las más
antiguas es Palmerola
donde Estados Unidos
tiene ubicada la
estratégica pista de
aterrizaje de más de dos
mil 600 metros de largo,
para ingresar equipos de
ataques e instalar la
tropa que necesite.
No es el único sitio
militar en Honduras para
ubicar tropa en acciones
de “depliegue rápido”
contra cualquier país de
la región.
Con la alta tecnología
de estos últimos años,
Estados Unidos puede
vigilar un extenso
territorio, incluyendo
el Caribe, desde sus
bases en Honduras.
En los fatídicos años 80
en una sesión secreta 44
diputados del Partido
Liberal y 34 del Partido
Nacional, a espaldas del
pueblo, acordaron la
implantación del Centro
Regional de
Entrenamiento (CREM)
para “instruir” a
soldados salvadoreños,
que asesinaban y
desaparecían aldeas
enteras en su país y a
otros militares cuyas
naciones estaban bajo
dictaduras.
En los últimos años muy
cerca de la frontera con
Nicaragua tropas
norteamericanas
entrenaron mercenarios
para ir a Iraq.
El pueblo hondureño
quedó aprisionado en las
telarañas de los armados
contrainsurgentes de la
Guerra Fría, con
instalaciones militares
estadounidenses que
sirvieron y sirven como
rampas para atacar a
otras naciones.
La actual Corte Suprema
de Honduras fue una
implantación del antiguo
“virrey” de ese país
John Dimitri Negroponte,
quien nunca dejó de
mantener sus
subordinados militares,
empresariales y
políticos, desde que fue
embajador de Estados
Unidos en los años 80, y
actuó como un gobierno
en las sombras.
Esto también surge de su
paso como subsecretario
de Estado del gobierno
de George W, Bush por
Honduras hace un año
atrás donde después de
sus reuniones con el
actual presidente de
facto Roberto Micheletti
y con la Corte Suprema
se incrementaron los
preparativos golpistas a
través de la embajada
estadounidense en
Tegucigalpa que estuvo
todo el tiempo actuando
con la oposición
golpista. Y hay que
destacar ahora la
participación de la
inteligencia israelí
como un socio duro, que
acompaña acciones
similares en otros
países de la región.
Para las organizaciones
sociales hondureñas y
para la mayoría de
países del mundo la
única respuesta posible
es la restitución
presidencial, lo que por
supuesto ha engendrado
contradicciones internas
en Estados Unidos.
Pero hay otro punto
esencial: en este golpe
en Honduras, apoyado por
la alta jerarquía de la
Iglesia Católica, donde
se mata, persigue y
reprime a miles de
personas, entre ellos a
periodistas, clausurando
radios, y produciendo
inocultables acciones de
terrorismo de Estado, se
están probando nuevos
métodos.
De hecho la brutalidad
con que actuaron estaba
destinada a desafiar a
toda América Latina. El
desprecio de los
golpistas por las
instituciones
internacionales como la
OEA o la ONU indica que
asumen el
desconocimiento que en
tiempos del ex
presidente Bush se tenía
de las mismas.
Uno de los efectos duros
del paso de Bush fue la
desacreditación y
debilitamiento de las
instituciones
internacionales cuando
invadió Irak, con la
imposición al mundo de
gravísimas violaciones a
los derechos Humanos,
cuyos símbolos temibles
fueron y son Guantánamo
y las cárceles secretas
en todo el mundo.
Hay algo más en este
golpe de lo que poco se
da cuenta. No es sólo la
repetición de viejos
moldes golpistas, tan
antiguos que parecen
increíbles en pleno
siglo XXI, con la activa
participación del poder
oligárquico, sino que
hay ingredientes
fuertemente
provocativos, como si
hubiera sido pensado
para poner al presidente
de Estados Unidos Barack
Obama, frente a un hecho
consumado. Esto hace
difícil volverse atrás,
sin activar lo que ya se
está planteando al
interior de ese país:
algunas demandas de los
halcones, recordando su
actuación en contra del
ex presidente James
Carter, en tiempos en
que este tuvo roces con
las dictaduras de la
región y aludiendo a
“debilidades” del nuevo
gobernante. Es un
conocido juego mafioso.
En este caso se da la
aparición de algunas
figuras, voceros de esos
halcones. Uno de ellos
es el propio ex
subsecretario Roger
Noriega, quien participa
activamente de la
Fundación UnoAmérica, el
nuevo Frankestein de la
NED y la USAID.
Esta “fundación” creada
en Colombia como tal a
fines de 2008, pero
cuyos “militantes” ya
estaban actuando en
diversos países, ha
reclutado a los
militares de las viejas
dictaduras, a las
derechas más extremas y
el neonazismo y se
compromete a actuar
supranacionalmente como
antes los dictadores
coordinadamente en la
contrainsurgente
Operación Cóndor.
Esto evidencia que hay
mucho más detrás de este
golpe. El ensayo es
superador y el esquema
empresarial de los
golpistas hondureños,
que se dicen “dispuestos
a resistir”, funciona
porque hay mucho dinero
de sostén detrás de los
mismos.
Como lo hubo para
mantener el fracasado
paro patronal golpista
en Venezuela, y a los
patrones del transporte
en Chile tantos años
atrás y a los de
Bolivia. Este golpe
tiene mensajes hacia
muchas direcciones y por
eso mismo América Latina
debe ser una muralla.
Cualquier puerta
entreabierta, cuando se
desconocen y desafían
todas las reglas
internacionales, será
vista como una
“debilidad” por los
halcones que nunca se
fueron.
El golpe en Honduras, un
país ocupado
militarmente, es una
prueba dura, pero
también el mensaje de la
renovada América Latina
es fuerte, preciso y el
mundo dio su veredicto.
Para Europa también es
el mensaje como en los
tiempos de la doctrina
Monroe (1823). Les están
diciendo que América es
para los americanos
(norteamericanos) a días
de firmarse un tratado
entre el viejo
continente y esa
subregión. |