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El golpe militar
actualmente en proceso
en Honduras es un golpe
duro acompañado por
varios intentos vanos de
aparecer blando y
“constitucionalista.”
Detrás del golpe hay
varias fuerzas sociales,
económicas, y políticas,
de las cuales la más
importante es la
administración del
presidente Barack Obama.
Ningún cambio importante
puede ocurrir en
Honduras sin la
aprobación de
Washington. La
oligarquía hondureña y
las corporaciones
transnacionales
(bananeras,
farmacéuticas) están
defendiendo sus
intereses como siempre
han hecho, con un golpe
militar.
Oficiales del gobierno
estadounidense supieron
antes del golpe los
planes golpistas, en que
participaron y siguen
participando sean lo que
sean las diferencias
típicas que siempre se
encuentran en
situaciones tan
difíciles, en este caso
debido a la fuerza de
los movimientos sociales
promoviendo la
democracia y una
asamblea constituyente.
A la vez, varios
individuos y grupos de
la ultra-derecha en
Estados Unidos siguen
promoviendo golpes
militares e “incidentes”
como la reciente
detención de una vieja
pareja norteamericana
acusada de pasar
secretos del gobierno a
Cuba al momento del
rechazo por la Corte
Suprema estadounidense
del caso de los Cinco
Héroes cubanos
injustamente
encarcelados por
conspiración de cometer
espionaje. La
ultra-derecha
norteamericana ve a
Obama como “un
socialista” en su
política doméstica y “un
traidor” en su política
externa, por ejemplo
acerca de Cuba,
Venezuela, Bolivia,
Ecuador, Paraguay, El
Salvador – y,
lógicamente, Honduras,
por haberse permitido su
entrada en el ALBA. Por
eso se ven gente como
Negroponte, Reich, y
otros ex oficiales
gubernamentales
metiéndose en el golpe
hondureño y su defensa.
Esta ofensiva
ultra-derechista en
Estados Unidos es
paralela a la de Centro
América y otras partes
de lo que llamaría José
Martí Nuestra América,
donde se oyen muchas
voces y una
significativa parte de
los medios no solamente
defendiendo el golpe
gorillista en Honduras
sino promoviendo
procesos similares en
sus países.
Las fuerzas militares
estadounidenses están
presentes para coordinar
u ofrecer su ayuda en
todo esto, como se
manifestó en abril de
2002 en Venezuela y
ahora en Honduras desde
su base en Soto Cano,
antes usado en la guerra
sucia contra los
sandinistas
nicaragüenses en la
década de 1980. El líder
de las Fuerzas Armadas
de Honduras, General
Romeo Vásques, y el
Comandante de la
Aviación de Honduras,
General Luis Javier
Prince Suazo, son
graduados de la Escuela
de las Américas,
establecido por Estados
Unidos para entrenar
miles de soldados
latinoamericanos de los
cuales algunos se
hicieron dictadores
durante las guerras
sucias del silgo pasado
que han seguido hasta
hoy en países como
Colombia, Perú, y
México, y comienzan
aparecer de nuevo a
través de paramilitares
en Venezuela y otros
países.
La ambigüedad y las
contradicciones de las
declaraciones del
presidente Obama y su
Secretario de Estado
Hilary Clinton en cuanto
a Honduras y su golpe
militar “ilegal” (¿puede
un golpe militar ser
“legal”?) reflejan la
complejidad de la
política estadounidense
actual. Pero no debe ser
sorpresa ninguna, ya que
hemos visto las reversas
de promesas hechas en la
campaña electoral de
2008 representadas por
el mantenimiento de
tortura de presos o
“capturados,” la
suspensión de habeas
corpus y la posibilidad
de detener sin proceso
judicial hasta
ciudadanos
norteamericanos, la
falta de transparencia,
las guerras en Irak,
Afganistán, y Pakistán,
etcétera.
El cadáver conocido como
la OEA mostró una señal
de posible nueva vida
con su voto contra el
golpe en Honduras pero
atrás de eso hay un
intento por el gobierno
estadounidense de
ocultar su propio papel
en el golpe y usar la
OEA como un arma en una
solución “negociada” o
aún armada, estilo Haití
2004 o Santo Domingo
1965. La posibilidad de
otro escenario como
aquellos pero aún más
peligroso existe ahora,
porque la fuerza militar
estadounidense es tanto
mayor que cualquier
resistencia
civil-militar
insurreccionista o
guerrillera hondureña
que se puede imaginar,
hasta ahora por lo
menos.
Mientras tanto, los
gorilas de Honduras
consolidan su poder
sobre el terreno y los
movimientos sociales
hondureños resisten
pacíficamente y
heroicamente. En el
resto de Nuestra América
las fuerzas de la
derecha, apoyadas
económicamente y
militarmente por la
administración de Obama,
están tratando de
derrocar el ALBA y sus
gobiernos,
principalmente
Venezuela.
Es un deber moral y una
necesidad política que
los otros gobiernos
latinoamericanos y del
mundo, comenzando con
los más progresistas,
remuevan del poder los
golpistas, los traigan a
la justicia, y
restituyan el presidente
democráticamente
elegido, Manuel Zelaya.
Para la administración
de Obama, es el momento
de la verdad. |